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    Teorema de la relatividad

    La lógica de hinchadas en los partidos políticos afecta su credibilidad, hastía a la ciudadanía y daña a la democracia; sus integrantes lo saben y aun así lo mantienen vigente quién sabe con qué objetivo; el poder a cualquier costo, quizás

    Columnista de Búsqueda

    Qué cansancio, ¿no? Qué difícil salir de la lógica de hinchada en los partidos políticos. Ya me aburro de repetir que la gente se cansa, pero todos lo sabemos. La gente se cansa. Lo lamento, pero es inevitable repetirlo porque la situación no cambia y en los últimos días tuvimos dos ejemplos concretos.

    Vamos con el primero. Una semana atrás el Tribunal de lo Contencioso Administrativo falló en el caso del contrato del Estado con la empresa belga Katoen Natie y desestimó el recurso de la empresa Montecon, que había reclamado la nulidad del reglamento de atraque del Puerto de Montevideo. Este fallo —que comentaré grosso modo porque la historia es larga y compleja— no cuestiona entre otras cosas la legalidad del contrato hasta 2081 entre las partes y mantiene la prioridad en la gestión de buques portacontenedores en la Terminal Cuenca del Plata. Gol para la oposición.

    A la vez, atendió uno de los reclamos de Montecon y anuló una cláusula de un decreto del gobierno de Luis Lacalle Pou que impedía nuevas concesiones para instalar y explotar una terminal de contenedores especializada mientras la concesión de Katoen Natie estuviera firme. El TCA entiende que la cláusula 3.5.4 del decreto 114 del año 2021 asegura un monopolio para la terminal y limita la libre competencia. Entonces, queda sin efecto la cláusula que indicaba que “no se otorgarán nuevas concesiones, permisos ni autorizaciones para la instalación y explotación de una Terminal de Contenedores Especializada, durante la vigencia de la concesión, salvo que los movimientos de contenedores en la Terminal gestionada por el Contratista superen el 85% de la capacidad anual de la Terminal por dos años consecutivos”. Gol para el oficialismo.

    Desde el momento en el que el fallo del tribunal se hizo público, cada uno hizo lo suyo. La oposición dio una conferencia de prensa en la que defendió el acuerdo del pasado gobierno con Katoen Natie, defendió a las principales figuras que estuvieron tras ese acuerdo y dijo que la anulación de la cláusula que elimina el monopolio no hace al asunto. El senador Luis Alberto Heber aseguró que la anulación de esta cláusula “no cambia nada” porque no hay volumen en el puerto para otra terminal. “Hicimos una buena negociación, que ahora está ratificada por el TCA. Acá hay 90 páginas de un fallo rotundo que ratifica la política portuaria del gobierno anterior”, dijo Heber. Y agregó que quedó claro que la prórroga de concesión, de 50 años, es legítima y no es desproporcionada. Además, reclamó las disculpas a quienes lo insultaron cuando se hizo el acuerdo del puerto. La oposición lo festejó como un gol de último minuto en la Libertadores y decidió obviar una cláusula que, claramente, sí cambia las condiciones, aunque los resultados no se vean en este momento.

    Miremos a la otra tribuna. El Frente Amplio celebró la caída de la cláusula que elimina el monopolio como lo más importante de todo el acuerdo y le bajó el perfil a que el contrato queda firme hasta 2081, un punto siempre cuestionado por el hoy gobierno. Es cierto, queda firme sin la cláusula del monopolio y no es nada menor, pero el plazo tampoco era menor en otros tiempos. No olvidemos el enfrentamiento brutal que generó el acuerdo con Katoen Natie, del que ahora, según quien lea el fallo del tribunal, ganó o perdió la batalla. Los entonces senadores Mario Bergara y Charles Carrera presentaron una denuncia que luego fue archivada por la Justicia y durante una sesión posterior en el Senado, ante el descargo de Heber, Carrera insistió en que en el acuerdo se actuó con “ineptitud, ignorancia o dolo”. Se dijeron de todo. Ahora Heber reclama disculpas y permítanme aventurar que no le llegarán, porque el oficialismo también festejó como un gol de último minuto en la Libertadores la anulación de la cláusula que aseguraba el monopolio.

    Vamos al segundo caso. No voy a negar que el tema ya me ha generado un agotamiento inusitado, pero creo importante ponerlo como segundo ejemplo. Cardama. La conferencia del gobierno advirtiendo que iría por la rescisión del contrato con el astillero que construiría las dos patrulleras oceánicas. La garantía trucha. Los pagos. Los plazos que no se cumplieron. Un entrevero bárbaro y un pasaje de facturas de uno al otro lado en el que el mareo es total. El último capítulo fue el informe de la consultora Bureau Veritas, contratada por el Ministerio de Defensa para asesorar en la verificación del proyecto y construcción de las patrullas. El informe no es tan largo como para que haya un gol para festejar en cada cancha. Pero sí. No voy a aburrir más de lo que ya estas líneas seguramente han hecho. El informe señala que el astillero hasta ahora —casi un año después del inicio de la construcción— no tiene un proyecto definitivo ni planos definitivos, que hay cerca de un 43% de acero construido y montado cuando se esperaba a esta altura tener un 70%, y que no tiene capacidad para cumplir con los plazos de entrega, entre otras cosas. Pero también dice que los registros y calidad de la fabricación, soldadura y montaje de los 16 bloques ya construidos es satisfactoria a pesar de haber bloques construidos y soldados por cinco talleres distintos.

    La pregunta se responde sola. ¿Qué habrá elegido destacar cada una de las partes ignorando por completo la que no le es conveniente? Sí, adivinó. Uno a uno. El oficialismo dice que el informe técnico le da la razón y la oposición dice que los plazos no se cumplen por culpa de que el gobierno anunció en octubre que iría por la rescisión del contrato. Y dale con Pernía. Otra vez la misma historia y, según quien lea o escuche la noticia, seguirá a su líder y defenestrará al de enfrente.

    Quizás algunos no se den cuenta —o sí— de cuánto afectan estas cosas a la credibilidad en la política. Hay excepciones, siempre, y las hay en todos los partidos. Pero no alcanzan esas excepciones para dejar de ver que la lógica de hinchada perjudica a todos. A los ciudadanos, porque de alguna forma saben —sabemos— que alguien no está diciendo todo. O peor, que por seguir a uno de los “equipos” sin mirar al otro pierden la noción de ver las cosas tal como son. Y a ellos mismos, porque su mayor activo es la credibilidad. Y con estas acciones, lamento recordarles que la están perdiendo.