La evaluación del Programa Internacional para la Evaluación de Estudiantes del 2025 (PISA, por sus siglas en inglés), aplicada a los estudiantes de 15 años en lectura, ciencias y matemáticas desde el 2000, y en resolución computacional de problemas desde el 2025, constituye un laboratorio mundial de análisis y contraste de tendencias y prácticas. Más de 760.000 estudiantes tomaron la prueba en 2025 en 91 países que representan alrededor de 33 millones de estudiantes de todas las regiones del mundo.
Uruguay ha participado en las ocho pruebas PISA realizadas desde 2003 a la fecha. Se trata de una loable iniciativa de Estado, que se enmarca en una política pública de largo aliento de contar con información comparable a escalas global, regional y nacional, y que contribuye al desarrollo y evaluación de políticas y programas. Diferentes administraciones de gobierno, de los partidos Colorado, Frente Amplio y Nacional, evidencian una alta competencia profesional en dar cumplimiento a los exigentes criterios de participación en las pruebas.
Un primer apunte radica en tomar conciencia política y técnica de que los resultados de PISA en 2025, en las tres áreas —lectura, ciencias y matemáticas—, son los peores registrados desde la primera aplicación de las pruebas en el 2000. Con las salvaguardias del caso, estaríamos ante la generación más vulnerable en adquirir lo que se conocen como alfabetizaciones fundacionales, que son, a la vez, el cimiento para el desarrollo de otras competencias —por ejemplo, ciudadanas y digitales— y la condición sine qua non para gozar de autonomía de pensamiento y acción. Este estado de alerta mundial refuerza la convicción de que la educación tendría que ser la prioridad en el cerno de las políticas públicas, así como de la cooperación internacional, bajo la premisa de que la educación es la conjunción más potente de política cultural, social, ciudadana, económica, comunitaria y de familias. Estamos lejos que así se lo entienda por las élites en diversos planos de la sociedad y por la ciudadanía.
Un segundo apunte yace en reconocer las severas implicancias del hecho de que el mayor declive acaecido entre 2015 y 2025 se constata en lectura: 28 puntos de disminución entre los países de la OCDE y 16 entre otros países. La incompetencia en lectura implica, entre otras cosas, no estar preparado para comprender atenta y críticamente un texto, profundizar en su análisis, así como evaluar información cotejando diferentes tipos de evidencia. Asimismo, se constata un incremento de los lectores apresurados, esto es, de quienes pasan rápidamente por el texto y dan respuestas rápidas e incorrectas: de 7% en 2018 a 11% en 2025 en el conjunto de los países, impactados por los usos desmedidos de las tecnologías.
Una de las principales implicancias de PISA estriba en que las nuevas generaciones, en un alto número, son potencialmente vulnerables a manipulaciones, falsedades y polarizaciones, así como a regímenes políticos autoritarios y/o totalitarios, en la medida en que su capacidad de pensar por cuenta propia y ser libres está severamente comprometida por las debilidades de su competencia lectora. Esto implica deficiencias en cuanto a localizar información, comprender diversidad de textos, reflexionar sobre la información y usar la lectura para resolver problemas. La erosión de la democracia, que se extiende crecientemente en el mundo, puede ser aún peor en el futuro en sociedades donde la mayoría de la población se integre por lectores apresurados que no comprenden el sentido de lo que leen o, peor aún, no son conscientes o les da igual sus debilidades.
Un tercer apunte radica en una lectura geopolítica educativa de los resultados de PISA. El mundo no se cortaría tan tajantemente por países del sur y del norte, o desarrollados o en vías de serlo. Se estaría consolidando un nuevo ordenamiento de regiones y países que tendría en su cúspide a países y más bien potencias de Asia. Si tomamos nuevamente el indicador de lectura, varios de los diez países mejor ranqueados son asiáticos: Singapur, cuatro jurisdicciones de China, de las más ricas que no representan toda China, Taipéi, Japón, Macao (China) y Corea. Las propuestas educativas de estos países son bien distintas en cuanto a los imaginarios societales y educativos perseguidos y cuestionan, en los hechos, la idea de un modelo educativo global que debería ser apropiado por los países. No obstante lo cual, su común denominador yace en la robustez y sostenibilidad de sus políticas educativas.
También se constata que la distancia en puntos entre estos países y el promedio de la OCDE equivale a más de dos años de escolaridad en términos de aprendizajes promedios que son estimados por el equipo de PISA. Más allá de posibles ruidos asociados a la medición, la evidencia indica que estamos ante un cambio geopolítico de envergadura en el desempeño educativo de los países acaecido en el último cuarto de siglo.
Un cuarto apunte reafirma la relevancia de contar con sólidas propuestas educativas sustentadas en un uso pedagógico, pautado y moderado de la inteligencia artificial generativa (IAG). El informe de PISA asevera claramente que, si bien los resultados obtenidos no brindan una respuesta definitiva a si la IAG mejora o no los aprendizajes, una primera mirada indicaría que las y los estudiantes que usan chatbots logran resultados más bajos que aquellos que no lo usan.
Los usos más frecuentes de la IAG identificados por PISA son: las y los estudiantes resumen textos que tienen que leer, realizan una investigación preliminar sobre un nuevo tema y/o redactan un texto para tareas escritas. La exposición y tentación creciente a usar acríticamente los outputs de la inteligencia artificial generativa puede llevar a recorrer un peligroso camino de delegación y sedentarismo cognitivo.1 Su uso tendría que enmarcarse en exigir cognitivamente al estudiante reflexionar, preguntar, indagar y experimentar, y, en definitiva, contribuir a desarrollar su pensamiento autónomo, crítico, propositivo, ético y futurista.
Los hallazgos de PISA 2025 van en un sentido similar a lo ya señalado por el “Informe de seguimiento de la educación en el mundo” realizado por la UNESCO en 2023. La UNESCO argumentaba sobre que uno de los mayores desafíos que enfrenta la educación a escala mundial tiene que ver no solo con la expansión, desarrollo, evaluación y validación de las tecnologías digitales, sino también con posicionarlas a la luz de repensar el sentido y rol de la enseñanza.
El gran ausente en esta discusión es la persona estudiante y el apuntalamiento de su inteligencia como si en realidad lo único que importara es estar a tiro en la carrera tecnológica y en ofrecer la última novedad para “ganar” nuevos adeptos, así como comercializar servicios y productos. El descuido de la inteligencia humana no solo impacta negativamente en la calidad y equidad de los aprendizajes, sino también refleja una escasa confianza en la capacidad de las personas para direccionar con sentido ético y humanista a las tecnologías, y avizora un futuro lúgubre para la humanidad, supuestamente dominado por las máquinas.
Un quinto apunte estriba en constatar nuevamente que América Latina se encuentra en la escala baja de desempeño, con una pronunciada heterogeneidad entre países y entre estratos socioeconómicos. La brecha respecto a los países de Europa y América del Norte sigue siendo fuerte, pero tiende a acortarse. Sumariamente, mencionamos cuatro aspectos respecto al área de ciencias: a) la distancia entre el país con mayor y menor desempeño, Uruguay y Guatemala, respectivamente, es de casi 100 puntos, equivalentes a cuatro años de escolaridad; b) la región se encuentra cuatro años de escolaridad por debajo de la OCDE; c) la distancia de puntaje entre los grupos socialmente más aventajados y los menos es de 80 puntos (equivale a cuatro años de escolaridad); y d) según un informe del BID2 los resultados obtenidos en ciencias y matemáticas son inferiores a los esperados según el nivel de inversión y gasto realizado por los países.
En su conjunto, los resultados de PISA pueden ser leídos a la luz de tendencias de larga duración sobre la socialización de las nuevas generaciones. Estaríamos ante un cambio de proporciones en la geopolítica educativa y de consolidación del predominio de algunos países asiáticos en formar mejor a las nuevas generaciones. Por ejemplo, uno de cada dos estudiantes de las cuatro jurisdicciones de China se encuentran en la escala más alta de desempeño, ya sea de lectura, ciencias o matemáticas, y cuatro de cada diez en Singapur. Entre los países de la OCDE, la relación es solo uno de cada diez estudiantes, mientras que los valores más altos en América Latina y el Caribe se registran en Uruguay y Chile, donde tres de cada 100 estudiantes logran un desempeño de excelencia. Queda planteada la interrogante sobre si las élites más calificadas, tan desigualmente distribuidas por regiones y países del mundo, serán celosas guardianas de la democracia y de los derechos humanos, así como de una humanidad compartida en valores y espacios comunes.
En síntesis, los sistemas educativos se enfrentan a su mayor desafío, quizás de sus historias, que sería de cimentar un cambio civilizatorio que permita a las nuevas generaciones ser libres, desarrollar su inteligencia, cultivar la lectura y el pensamiento autónomo, proteger la singularidad humana, alinear las tecnologías al bien común de la sociedad, y de militar en favor de un mundo y un planeta habitables. Dentro de este panorama incierto, nuestra región presenta signos fuertes de vulnerabilidad y heterogeneidad de larga data, que muestra algunos signos de recuperación, y que arrastra el debe pendiente de que en el conjunto de los 13 países participantes de PISA, uno de cada dos estudiantes no logran, a la vez, niveles mínimos de suficiencia en lectura, ciencias y matemáticas. Difícilmente la región, con estos magros valores, pueda avanzar significativa y sostenidamente en democracia, equidad, inclusión, competitividad y justicia social.
1. Sebastián Pombo y Magdalena Tortorella, “La IA no viene por tu trabajo, viene por tu comodidad. Cómo evitar la obsolescencia cuando pensar pasó de moda”, Fundación de Cultura Universitaria, 2026, p. 228.
2. Elena Arias Ortiz, Cecilia Giambruno, Guillermo Prieto, Sonia Suárez y Pablo Zoido, “PISA en América Latina y el Caribe, ¿Cómo le fue a la región?, 2026, file:///C:/Users/Usuario/Downloads/PISA-en-America-Latina-y-el-Caribe-2025-Como-le-fue-a-la-Region-1.pdf