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    Yamandú Orsi y el desafío de la construcción del liderazgo

    Columnista de Búsqueda

    La semana pasada, Andrés Danza argumentó que la designación de Valeria Ripoll como vice por parte de Álvaro Delgado era “una jugada necesaria”: “Delgado —escribió— necesitaba mover la estantería, sacudir un poco el manto de tibieza que lo cubría y mostrar de una manera impactante que él también puede decidir y que está dispuesto a todo con tal de ganar las elecciones. Y lo hizo”. Su texto, como me suele pasar con sus columnas en Búsqueda, me dejó pensando. Me parece claro que Delgado debe pugnar por salir del cono de sombra de Luis Lacalle Pou. Es probable que esto explique, como argumenta Andrés, el riesgo que tomó proponiendo a Ripoll. Pero, si esto es cierto para el caso de Delgado, lo es, tanto o más, para el de su principal rival, Yamandú Orsi. Me explico.

    Desde mi punto de vista, también Orsi precisa “mover la estantería”. También él necesita “sacudir un poco el manto de tibieza” que lo cubre y “mostrar que puede decidir”. Hasta la fecha, el novel candidato del Frente Amplio (FA) ha demostrado poder administrar muy bien los dos legados que recibió. Orsi heredó el gobierno de Canelones una vez que Marcos Carámbula ya no pudo ser reelecto. Por cierto, desde su cargo como secretario general de la comuna, aportó al éxito de esa gestión. Orsi heredó la candidatura del Movimiento de Participación Popular una vez que José Mujica optó por dar un paso al costado. No todos los herederos saben cuidar el patrimonio recibido. Orsi administró bien sus legados. Fue electo y reelecto intendente de Canelones. Hace un mes, logró vencer a Carolina Cosse, que hizo una campaña valiente y esforzada. Otro tanto podría decirse de Delgado: recibió la posta de manos de Lacalle Pou y se impuso cómodamente sobre sus rivales en la primaria.

    Delgado ha mostrado a lo largo de su carrera política un talante sereno y dialoguista. Lo mismo puede decirse de Orsi. En sus distintos roles, como intendente y candidato, es evidente que prefiere conversar a confrontar. Una vez consumado su triunfo, Delgado optó por jugar fuerte. Orsi, por ahora, sigue apostando al perfil bajo y a minimizar riesgos. Forma parte de esa estrategia evitar el “cuatro contra uno”, es decir, la polémica decisión de no participar en paneles en los que tenga que enfrentar, a la vez, a los cuatro candidatos de los partidos de la coalición de gobierno. También insiste en privilegiar la articulación de las diferencias internas del FA a las decisiones intempestivas. Esto acaba de quedar de manifiesto, una vez más, en su posición respecto a las elecciones fraudulentas en Venezuela. Una de cal y otra de arena. Una guiñada hacia camaradas y tupamaros (que celebraron el “triunfo” de Nicolás Maduro) y otra hacia el seregnismo (que se animó a llamar a las cosas por su nombre).

    Delgado decidió arriesgar. Claro, una cosa es arriesgar y otra acertar (sigo pensando que se equivocó). Orsi, por ahora, no toma riesgos. Si el argumento de Danza es cierto para Delgado, también lo es para Orsi. En algún momento tendrá que demostrar que es más que un heredero responsable, un hombre de diálogo y un buen articulador de la interna. No debería atravesar la campaña electoral esquivando debatir y diciendo generalidades sobre asuntos cruciales para el futuro. Es el candidato del principal partido político de Uruguay. Tiene la obligación de decir con claridad qué piensa sobre los grandes desafíos del país. Durante la primaria, se le escuchó demasiadas veces expresiones como “tenemos un buen equipo estudiando el tema”. Llegó el momento de las definiciones claras. ¿Qué piensa, en concreto, sobre educación, seguridad, impuestos, innovación? ¿De qué modo concreto logrará el FA acelerar la tasa de crecimiento económico del país? ¿Qué batería de instrumentos utilizará para bajar el costo de vida, una de las preocupaciones más obvias de la ciudadanía? ¿Quiénes integrarían su gabinete?

    A diferencia de Delgado, que ha sido diputado, senador y secretario de Presidencia, y que ha estado sometido durante muchos años al intensísimo fuego cruzado de la competencia electoral a nivel nacional, Orsi transitó veinte años en la política de Canelones. La política departamental, con la excepción de la montevideana, que está mucho más expuesta a la mirada de la oposición, es menos exigente que la política nacional. No estoy diciendo que gobernar Canelones sea sencillo. De hecho, hace veinte años, ese departamento tenía problemas de todo tipo. Lo que digo es que el FA en Canelones casi no ha tenido oposición. Ni los colorados ni los blancos lograron desafiarlo. Es posible que, en Canelones, dada la debilidad de sus rivales y los superpoderes otorgados por la Constitución a los intendentes, no sea imprescindible ser preciso en las propuestas de campaña ni en las explicaciones sobre cuestiones de política pública. La competencia por la presidencia es mucho más difícil.

    La campaña de Orsi hacia las primarias fue sencilla y efectiva. Su argumento principal terminó siendo demoledor: “Orsi es el que puede vencer a los blancos”. De todos modos, hay que destacar que tomó dos riesgos no menores. A diferencia de Carolina Cosse, Orsi se pronunció claramente en uno de los temas más importantes para el futuro del país: el plebiscito propuesto por el PIT-CNT sobre seguridad social. No le fue mal. Arriesgó y ganó. También arriesgó cuando mencionó que el economista Gabriel Oddone estaba en el menú de posibles candidatos a liderar el Ministerio de Economía y Finanzas. Esto no cayó nada bien en el Partido Comunista, que manifestó públicamente, por medio de Juan Castillo, su discrepancia. En el contexto de una elección primaria, las señales de moderación suelen ser peligrosas. No le fue mal. Arriesgó y ganó.

    ¿Cómo será la campaña de Orsi durante los próximos meses? ¿Se atreverá a intentar “mover la estantería” con alguna designación o propuesta concreta? ¿Intentará “sacudir el manto de tibieza” que lo cubre, más a él que a Delgado? En el desayuno de Búsqueda, le escuché afirmar que está dispuesto a debatir con sus rivales antes de la elección de octubre. ¿Lo hará? No creo que sea bueno, ni para él como presidenciable, ni desde el punto de vista de la calidad de la democracia, la estrategia de evitar hablar. La ciudadanía tiene derecho a conocerlo más y a saber si, además de buenos instintos, tiene pasta de líder.

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