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Álvaro Carballo: “El derecho a la libertad de expresión está por encima del derecho a sentirse ofendido”

Edad: 50 Ocupación: Periodista, conductor de Historias propias en Canal 5 Señas particulares: Cocina chutney y helados con los frutos de los árboles de su jardín; le gusta el humor negro

Cumplió 50 años en noviembre del año pasado. ¿Le impactó emocionalmente­ haber alcanzado una nueva década?

Nunca me pasó con las cifras redondas. Sí esta vez los 50 me llevaron a la conciencia de que pasé la mitad de mi vida. Tuve un par de semanas en las cuales pensé sobre esa idea, y después se me pasó.

¿Qué pensó?

Pensé “¡vaya que he vivido! Y cómo me gustaría, si sigo más tiempo, estar en la mejor condición posible para disfrutar de mis hijas”.

Le gusta mucho cocinar, ¿tiene algún plato que sea su especialidad?

Sí. Va a sonar muy tonto, pero las papas fritas. Me gusta cocinar de todo, pero últimamente estoy haciendo unas focaccias que me están saliendo muy bien. También baguettes y pan marsellés, estoy con los panes ahora.

¿Cuánto hace que vive en Neptunia?

Desde 2018. Antes viví un par de años en Solymar y antes en Montevideo.

¿Se ve viviendo allí para toda la vida?

Después de la pandemia se mudó mucha gente para allá. Capaz que me veo viviendo en una zona donde haya menos gente todavía. Pero está precioso, estamos en una casa que es muy linda. Cuando fue la pandemia, Julia (su hija) tenía dos años, y tener la posibilidad de tener un terreno en un lugar con poca gente, con la desembocadura del arroyo cerca, la playa... Salíamos mucho. Prefiero bancarme un viaje largo para ir y venir pero llegar a casa y sentir que estoy en un balneario, eso está buenazo.

¿Tienen mascota?

Tenemos dos perros, Tinto y Tosca. A Tinto yo lo quería llamar Luto, porque es todo negro. Pero parece que mi humor es un poco fuerte (ríe).

¿Le divierte el humor negro?

Sí, muy negro, extremo, muy ácido. No lo puedo manejar mucho en público porque no siempre es bien entendido, no siempre cae bien.

¿Cree que hay límites para el humor?

Creo que no. Si hay límites legales, habrá que demostrar que alguien hizo algo con mala intención y con la intención de denigrar a otro. La intención de denigrar no es humor. La intención de hacer humor sí es humor. El derecho a la libertad de expresión está por encima del derecho a sentirse ofendido.

En su cuenta de Instagram lo que más publica son fragmentos de entrevistas de Historias­ propias, el programa que conduce en Canal 5. En el medio hay, por ejemplo, una publicación con fotos de árboles, la mayoría frutales: níspero, limonero, arazá, pitanga, ciruelo. ¿Todos esos árboles son de su casa?

Sí, todos de casa.

¿Usa los frutos de esos árboles para cocinar?

Sí. Son pocos árboles, pero para una familia dan un montón. Hace poco, con mi compañera hicimos unos chutneys de arazá que después usamos para acompañar una carne de cerdo. Ahora están por venir los nísperos y queremos hacer, que hace años hice y lo quiero repetir, helado de níspero, que es riquísimo. Además, son unos nísperos con un nivel de acidez interesante.

Hizo labores de ayuda humanitaria en el Congo, Haití, Bosnia y Francia. ¿Cómo surgió esa veta?

Yo qué sé, creo que es mucha suerte. Desde que decidí que quería ser periodista, leí a toneladas de periodistas y corresponsales de guerra. De Kapuscinski me leí casi todo. Y un día me crucé, por azar, con Julio Alonso, un periodista español que estuvo en Nicaragua en 1979, estuvo en los Balcanes, dos veces en Irak, en todos lados. Pegamos onda y me dijo “mirá, hay cosas para hacer en el Congo”. Y para mí era lo que había leído siempre y la oportunidad de hacer desde acá algo que era como impensado. Sigue siendo impensado, porque además es carísimo. Yo estaba soltero y tenía mi tiempo y mi dinero para disponer de lo que quisiera. Porque ir hasta el Congo y laburar allá no es barato, por más que conseguimos mucho apoyo de Naciones Unidas. Y así surgió.

En Historias propias maneja un estilo de entrevista en la que busca la profundidad y hacer sentir cómodo al entrevistado. ¿Cuáles son sus métodos para preparar las entrevistas?

Lo que más me ayuda a entrevistar es haber hecho muchos años de terapia. La terapia me ha permitido conocerme a mí, conocer mis errores, mis horrores, y no juzgarme. Entonces, eso me permite preguntar desde un lugar que creo que se nota. Lo que percibe el que está enfrente es que yo pregunto sin ningún doblez y que lo que conteste el entrevistado me va a parecer bien, porque es su vida.

Tiene en las gateras escribir un libro, ¿hay una idea concreta?

Sí, es con toda mi experiencia africana, que Julio me llevó de la nariz y me enseñó muchísimo sobre el mundo y sobre periodismo. Estuvimos investigando a un criminal de guerra congolés, presentamos material en La Haya. Hay una megacausa Congo en la que nosotros aportamos material. Ese hombre está en cadena perpetua dentro del Congo­. No sé cuánto incidimos, pero un granito de arena pusimos.

¿Tiene algún otro pendiente, en lo profesional o en lo personal?

Me gustaría retomar estas cosas en el exterior. Lo que pasa es que tengo una hija, voy a tener otra. Antes podía ahorrar dinero para destinarlo a estas causas. Si yo ahora me pongo a ahorrar dinero para ir a hacerme el bueno a cualquier parte del mundo, es algo que le estaría retaceando a mis hijas. Y no. Si esta nota la lee alguien que tenga espíritu de filántropo, que me avise.

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