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Bárbara Jorcin, música: “Me encanta Uruguay, pero a veces me queda un poco lento todo”

Edad: 31 • Ocupación: Música • Señas particulares: Duerme muy poco; le sale fácil fingir el llanto; se sabe El Principito de memoria

Redactora de Galería

Bárbara Jorcin creció en Tarariras, entre amigos imaginarios y reales. De su padre heredó el don por el canto y desde muy chiquita conoció su mejor perfil para las fotos. De su adolescencia punk conserva una tendencia a "ir con la verdad" y "tratar de no subirse a los juegos perversos" de la industria. No puede resistirse a un animal abandonado; por eso, por su casa han pasado unos 50 "bichos" de diversas especies.

Vivió en Tarariras hasta los 16 años. ¿Cómo fue esa infancia?

Me encanta haber nacido en el interior, por la libertad que te da. Iba sola en bici a la escuela. Los pueblos son grandes barrios. Tenía tiempo de hacer un montonazo de cosas. Hacía clases de órgano, inglés, ballet, gimnasia artística. Los viejos me mandaban a muchas cosas y para todo te daba el tiempo. Es muy distinta la crianza acá en Montevideo. Las madres están todo el tiempo llevando y trayendo a los hijos. Yo me manejaba sola. La niñez la pasé mejor que la adolescencia, que en el pueblo se complica un poco más.

Tenía amigos imaginarios. ¿Recuerda sus nombres?

Uno se llamaba San Martín como el prócer argentino, y andaba a caballo. Siempre me gustó mucho José Gervasio Artigas, pero se ve que no me animé a ponerle Artigas, porque le tengo mucho respeto. Y después tenía un par con nombres japoneses. Me acuerdo de pensar que algún día se me iba a ir eso de hablar sola. Y nunca se me fue. Pienso mucho en voz alta. Como que tengo conversaciones conmigo misma.

¿Era la líder entre sus amigas?

Era insoportablemente líder. Creo que era muy divertido estar conmigo, pero sí tenías que ser partícipe de mi viaje. Y creo que todas la pasaban bien, pero no sé. Y era pesada también, había que hacer lo que yo decía.

Desde muy chiquita sabe cómo posar.

A los cinco años tenía un perfil de mi cara y de mi cuerpo que me gustaba y otro que no. Entonces no quería que me sacaran fotos de ese lado. Pero me sigue pasando igual. En mi casa se burlaban mucho. Yo le decía a mi vieja dónde tenía que ubicarse para sacarme el perfil bueno.

¿Piensa que le está cumpliendo el sueño a alguien de su familia dedicándose a la música?

Mi papá en su momento estuvo en un programa de televisión y le fue muy bien. Él tiene canciones que compuso, toca el piano, toca la guitarra, canta muy bien. Cantó con Sandra Mihanovich. No sé si fue su sueño o no hacer música de manera profesional, pero creo que hay una conexión grande ahí con su sueño y con el mío. Trabaja en el campo de toda la vida, es productor agropecuario. Pero está en un coro desde hace muchos años. Él fue quien me conectó con la música.

No tiene gran trascendencia, pero creo que si los uruguayos aprendieron a decir Darnauchans pueden aprender a decir Jorcin. No tiene gran trascendencia, pero creo que si los uruguayos aprendieron a decir Darnauchans pueden aprender a decir Jorcin.

Tiene muy buena memoria. ¿En qué le ha servido y en qué la puede perjudicar?

Me perjudica en que no te perdono una. Soy un poquito resentida. He tenido que aprender a olvidar un poco. Pero para trabajar a veces es bueno ser obsesiva y recordar. Necesito recordar mis canciones y las de otros cuando estoy en Eté y los Problems. La memoria es buenísima para eso. No se me pasa ningún detalle, nunca. Da hasta un poquito de miedo, la verdad. Me acuerdo de los números de teléfono de amigas de cuando era chica. Me acuerdo de libros enteros.

Estudió música en Buenos Aires, viajaba semanalmente y en el último año vivió allá. ¿Volvería a residir en Argentina?

Sí, me encantaría. Viviría allá cuando mejore un poquito la situación en Argentina. Me volví porque quería sacar mis primeras canciones y mi primer disco en mi país. Me encanta Uruguay, pero a veces me queda un poco lento todo.

Dice que de adolescente era medio punk. ¿Qué de la punk queda en usted?

La música que escucho es la misma: los Ramones, Led Zeppelin, Sum 41, Blink-182. En mí quedan cosas que no te puedo contar. Pero sobre todo creo que hay una actitud y un posicionamiento político, que no tiene por qué ser político-partidario, pero es un poco ir con la verdad, tratar de no subirse a los juegos perversos que la industria te propone como artista. Lo más punk ahora es tratar de salirse un poco de la pavada en la que estamos los artistas metidos de filmar un challenge, hacer música para TikTok y, sobre todo a las mujeres, de sexualizarnos y vendernos con todo lo que no hay que vender. No quiero que me apuren para componer, no quiero que me hagan hacer una colaboración con Chorolo porque la pega más que yo.

Padece de tinnitus desde hace años. ¿Pudo sacar algo bueno de eso?

No. Al principio empecé a escuchar una nota sola muy aguda, que era un la 7, entonces me empezó a servir de referencia para saber en qué otras tonalidades estaban las canciones; para estudiar intervalos y eso. Pero la verdad es que estar aturdido y no escuchar el silencio es un infierno. Me acostumbré, pero le recomiendo a la gente que se cuide mucho los oídos. A mí me pasó por estar bailando al lado de un parlante en una fiesta.

Mucha gente pronuncia mal su apellido, que es de origen francés. ¿Los corrige?

No los corrijo, pero aviso antes cómo se dice. Me embola el tema del apellido porque en Colonia es muy conocido. Y la gente lo pronuncia bien. Entonces cuando vine acá pensaba: “¿Qué le pasa a esta gente?”. Para mí es gracioso. No tiene gran trascendencia, pero creo que si los uruguayos aprendieron a decir Darnauchans pueden aprender a decir Jorcin.

¿Su banda se llama Los Barbitúricos solo porque rima con su nombre?

La verdad es que Mauri Sepúlveda, el trombonista, fue el que le puso el nombre. Obviamente, a mí me dicen Barbie y tuvo que ver con eso. Pero sí, los barbitúricos son somníferos y me gustó la asociación con bajar la ansiedad, que es un objetivo mío en la vida.

Es muy perrera, tiene dos perras rescatadas y da hogar transitorio a animales abandonados. ¿Cómo se las arregla con eso?

Es difícil porque ellas no tienen tantas ganas ya de recibir. Pasaron como 50 perros por acá, un par de gatos, una gaviota, dos ratones, palomas y algunos bichos más. Bicho que encuentro, bicho que meto acá. Hubo uno que me arrancó todas las cortinas, otro se quiso tirar por el balcón. Una vez traje una perra con nueve cachorritos. O sea, es una locura. Soy una vieja loca. Pero me manejo, me gusta mucho y la verdad es que tampoco lo pienso mucho. O sea, no hay chance de que yo deje un animal abandonado en la calle. No puedo pasar en el auto y verlo y no subirlo. Me complico la vida. Pero mucha gente con muchos menos recursos que yo que lo hace también.