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Clara Laborde: "La lesión me vino bien para pensar que capaz no me quería dedicar al tenis"

Edad: 37 • Ocupación: Diseñadora de moda, directora de Clab Studio. Señas particulares: compitió en tenis internacionalmente; el primer vestido de novia que diseñó fue el suyo; nunca se vio trabajando en una oficina

Dirige su propio estudio de novias, su hermana fundó y dirige una florería, y su hermano tiene una cuchillería. ¿De dónde cree que viene la veta emprendedora familiar? Mis padres siempre trabajaron de forma independiente. Fuimos criados en un ambiente en el que nuestros padres tenían horarios más flexibles. Pienso entonces que fue en la búsqueda de eso. Mi padre era profesor de tenis, y mi madre escribana y abogada independiente, cada uno con su empresa en sus rubros. Admiro a la gente que puede estar ocho horas en una oficina. Yo no podría. Mamá siempre hizo hincapié en lo bueno de tener tus horarios y organizarte.

Es muy apasionada por su trabajo. ¿Le cuesta no pasarse de rosca? Cuando tenía Monaqueda­, que era una marca con otros ritmos, que estás corriendo atrás de la temporada, el verano, el invierno, sacando la colección, y que empieza el sale, ahí estaba más en la rosca. Esto es más un slow fashion. Era algo que buscaba entre todos mis cambios.

¿Esa decisión tuvo que ver con haberse convertido en madre? Los cambios se dieron bastante juntos cuando tuve a mi primera hija (tiene dos hijas). Hoy tengo que tratar de tener el día un poco más libre porque si el sábado me voy a trabajar… al final hay que tratar de estar. En este trabajo la gente generalmente puede venir a verme en el horario en que mis hijas salieron del colegio. Es difícil que alguien pueda venir a las dos de la tarde. Entonces es un tire y afloje. Trato de decir que la última entrevista la doy a las seis y media de la tarde, si no al final no compartís nada.

Se casó hace 12 años. ¿Diseñó su propio vestido? Ahí tenía la marca, pero no hacía novias ni se me había ocurrido que podía hacer novias. Diseñé mi vestido por ser diseñadora de indumentaria.

Dicen que es muy pilchera. ¿Se guía por la moda? Me compro un montón de ropa, un problema grande. Ahora tengo mucho para vender. Hago limpiezas y vendo. Pero no miro tanto la tendencia, no es que tengo el pantalón animal print. Tengo mi estilo, me gustan pila las estampas, la ropa distinta. Para ir a trabajar me visto más monocromo por como está puesto el local, porque no quedaría armónica con las estampas.

Se dedicó al tenis de adolescente y hasta compitió internacionalmente­. ¿Por qué lo dejó? Dejé de jugar cuando me lesioné. Mi padre era profesor, entonces desde los tres años tuve una raqueta en la mano y jugué mucho tiempo, viajé, competí por Uruguay, hice giras por Sudamérica­. Competí bastante hasta los 15 años. Ahí me fracturé la lámina de una vértebra y dejé de jugar. Estuve mucho tiempo sin jugar; después tuve el embarazo y dejé. Pero el año pasado volví y ahora estoy jugando un montón. En su momento di clases de tenis, cuando tenía el local (Monaqueda­), y hacía las dos cosas en paralelo. Iba a facultad, salía, daba clases de tenis, y cuando terminaba me iba al local. Después fue difícil congeniar las tres cosas. He tenido novias a las que yo les daba clases de tenis cuando eran niñas.

Si no se hubiera lesionado, ¿habría seguido jugando a nivel profesional? Creo que no. Creo que la lesión me vino bien para pensar que capaz ya no quería más eso. Era muy duro, entrenaba mucho tiempo, doble horario. Es muy solitario, muy sacrificado. Estar entrenando, viajando. No podía ir a fiestas de 15 porque jugaba un torneo. Al final me vino bien la lesión.

¿Algo que haría si tuviera más tiempo? La verdad que tengo pila de tiempo. Todas las mañanas juego al tenis, juego al hockey­, hago spinning; de mañana en general hago dos horas de deporte y trabajo más en la tarde. Siento que tengo bien distribuido mi tiempo. No tengo grandes pendientes. En algún momento dije que quería hacer pintura, podría ser. Pero no me puedo quejar.

Dicen que es impulsora de los viajes anuales con amigas. De hecho, nunca dejó de hacerlos. Somos todas madres y terminamos yendo poquitas. Pero como somos muchas en el grupo, siempre alguna puede. Este año estábamos pensando a dónde ir. A mí Nueva York siempre me viene bien porque puedo comprarme telas y después hacemos viaje de amigas. Una se va a ver a los Rolling mientras yo voy a ver las telas. En familia vamos mucho a Brasil. Me gusta porque es cerca y las nenas no tienen tantas horas de vuelo, que se cansan.

¿Qué tanto de psicóloga tiene su trabajo? Es más una idea que la gente tiene de cómo es la novia, con tanta película de novia loca. Pero siempre las veo tranquilas. Son más relajadas. Obviamente a veces alguna tenés, pero el perfil es supertranqui, van confiando en el proceso.

Es muy unida a su abuela, que tiene 93. ¿Qué significa ella para usted? Es una de mis personas favoritas. Tenemos mucho en común y creo que por eso congeniamos tan bien. Es un ejemplo: siempre alegre, cariñosa, atenta, disfrutona y muy familiera. Ojalá yo pueda tener ese espíritu a los 93.