La ley le da el “derecho” a “transcurrir dignamente el proceso de morir” a “toda persona mayor de edad, psíquicamente apta, que curse la etapa terminal de una patología incurable e irreversible, o que, como consecuencia de patologías o condiciones de salud incurables e irreversibles, padezca sufrimientos que le resulten insoportables, en todos los casos con grave y progresivo deterioro de su calidad de vida”. Tienen que ser, además, ciudadanos “uruguayos naturales o legales y los extranjeros que acrediten fehacientemente” su residencia en el país. Hecha la solicitud a un médico, este tendrá hasta tres días para controlar si el paciente cumple los requisitos, y luego una segunda opinión médica dispondrá de cinco días para evaluar la misma situación. Si no coinciden, se debería dirimir con una junta médica de tres profesionales. Una vez cumplidos esos requisitos, el procedimiento se realizaría “cuándo y dónde el paciente lo decida”. Además de poder realizarse en la instituciones del Sistema Nacional Integrado de Salud, también se incluyó a los hospitales Clínicas, Policial y Militar para esta práctica. Se admite la objeción de conciencia y se deroga el artículo del Código de Ética Médica que considera a la eutanasia “contraria” a la profesión. Se crea también una Comisión Honoraria de Revisión de procedimientos que elaborará un informe anual al Ministerio de Salud Pública (MSP) y al Parlamento.
Ninguno de los aditivos y sustitutivos presentados por legisladores de la oposición fueron contemplados en el articulado final. Uno de los más notorios era el impulsado por el nacionalista Marcos Grezzi —informante por la minoría—, quien proponía la integración de un “comité de garantías” compuesto por un psiquiatra, un especialista de la enfermedad que afecta a quien pide la eutanasia y un asistente social que evalúe al implicado y a su entorno previo a la concreción del procedimiento. “Incluir eso hubiera sido un Frankenstein burocrático que hubiera generado una tranca a la gente para acceder al derecho”, dijo Preve a Búsqueda. A lo largo del debate, sus impulsores pusieron énfasis en el concepto de “derecho”. Para el blanco Rodrigo Goñi, uno de los principales cruzados contra esta iniciativa, aprobar la eutanasia es, por el contrario, “la muerte, el final de todos los derechos”.
PROYECTO APROBADO EN PLENARIO C.133 12 de agosto.25 00082
No fue el único cruce de una sesión que incluyó invocaciones religiosas, afirmaciones de diputados médicos sobre pacientes que no soportaban más sus sufrimientos (Gallo), más afirmaciones de diputados médicos que nunca escucharon a ningún paciente que le pidiera morir (Federico Casaretto, del Partido Nacional), variadas interpretaciones sobre el batllismo y hasta analogías con el nazismo, como hizo Gustavo Salle, de Identidad Soberana.
Batllismos
Los dos diputados de Identidad Soberana y los dos de Cabildo Abierto se pronunciaron en contra. A la hora de la votación, cuatro de los 26 legisladores nacionalistas presentes lo hicieron a favor (Mónica Pereira, Napoleón Gardiol, Diego Echeverría y Fabricio Núñez), así como tres de los 12 colorados lo hicieron en contra (Gabriel Gurméndez, Juan Martín Jorge y Martí Molins). Pese a que esto último podría dar a entender un importante consenso, la previa a la sesión vino cargada. Y el durante no estuvo tanto más tranquilo.
No es que eso sorprendiera. Luego de las elecciones, el entonces senador electo Andrés Ojeda anunció el 31 de octubre en la sede colorada que el sublema Unir para Crecer, que formaba con sus colegas Robert Silva y Gustavo Zubía, también se iba a convertir en un bloque parlamentario. En referencia a un futuro inmediato, expresó: “Yo aspiro a que el Partido Colorado de estos cinco años siempre tenga cinco votos iguales”, aludiendo a los dos senadores electos de Vamos Uruguay, Pedro Bordaberry —el líder de ese sector— y Tabaré Viera. A un importante dirigente ojedista presente entre el público, ubicado cerca de Búsqueda, no se le escapó la ironía: “Imaginate cuando se vote la eutanasia…”.
La postura contraria a la eutanasia de Bordaberry es bien conocida, algo que está muy lejos de ser compartido por el total de Vamos Uruguay. El lunes 11, a la salida del Comité Ejecutivo Nacional (CEN) colorado, el secretario general del partido, Andrés Ojeda, dijo que se trataba de un proyecto “de raigambre netamente batllista con amparo en la libertad” que se decidió “respaldar y reivindicar”, más allá de “respetar todas las posiciones divergentes” dentro del colectivo, al tiempo que se valoró la paternidad del exdiputado Ope Pasquet en esta iniciativa. Pasquet fue el autor del primer proyecto para despenalizar la eutanasia que se presentó en el período legislativo pasado, luego fusionado con otro similar del Frente Amplio.
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Diputado Luis Gallo, del Frente Amplio
Javier Calvelo, adhocfotos
Ese mismo día, apenas horas después, un comunicado de Vamos Uruguay retrucó señalando que los legisladores colorados “ejercerán su derecho y deber de votar conforme a su conciencia y a su leal saber y entender”, al tiempo que subrayó que “en su ámbito orgánico”, el partido “no ha adoptado resolución alguna en apoyo ni en rechazo” al proyecto.
En varios pasajes de la sesión, esa interna se trasladó al hemiciclo. A su turno, el diputado Gurméndez, uno de los tres colorados que votaron en contra (todos ellos de Vamos Uruguay, donde hubo, empero, ocho manos alzadas para la aprobación), cuestionó “la raigambre batllista” del proyecto, señalando nunca haber podido encontrar “expresiones de (José) Batlle y Ordóñez a favor de la eutanasia”. En lugar de eso, leyó un fragmento del poema Cómo se adora a Dios de 1879, del histórico referente colorado, que reza: “Se adora a Dios viviendo en los hospicios, consolando al enfermo, difundiendo la salud del alma”.
La interna salió incluso de la interna. El diputado frenteamplista Fernando Amado, excolorado, señaló —en sintonía con Ojeda— que se trata de un proyecto “netamente batllista”, refirió —en alusión a Gurméndez, al que no nombró— que Batlle y Ordóñez “escribía dios con minúscula” y aludió a la disciplina partidaria que en 2011 Bordaberry impuso sobre el Partido Colorado —cuando Vamos Uruguay era hegemónico— para votar en contra de la despenalización del aborto en 2011. “No puedo dejar de celebrar la libertad de voto (actual) de los legisladores colorados, en especial de Vamos Uruguay, como sí ocurrió y padecí” en esa ocasión, subrayó.
A tres años
“Es lindo sentirse reconocida y representada. Fueron varios los legisladores que hicieron referencia al caso de mi padre, el de Beatriz (Gelós), el de Pablo Cánepa”. Florencia Salgueiro, del colectivo Empatía Uruguay, estuvo todo el tiempo en las barras, así como había estado en otra maratónica sesión de octubre de 2022, cuando un proyecto muy similar, con el mismo objetivo, lograba también la media sanción en Diputados. Ella es una de las principales militantes en favor de la eutanasia, luego de que su padre, Pablo, falleciera en 2020 a los 57 años a causa de ELA. “Nos están reivindicando…, aunque hubo otros (diputados) que parecía que nos estaban tomando el pelo. Incluso hubo quien nos acusó de nazis, fue un montón”.
La votación que culminó el miércoles fue mucho más holgada que la de 2022. En esa ocasión, el proyecto presentado obtuvo una media sanción en Diputados por 57 votos a 39. La historia posterior es bien sabida: el gobierno de Luis Lacalle Pou pidió a legisladores aliados que la iniciativa quedara congelada en la Comisión de Salud del Senado, lo que hizo que naufragara.
“Ahora tenemos más esperanza que pase en el Senado. Espero que no se dé un proceso lleno de demoras”, agregó Salgueiro a Búsqueda.
Hoy, de nuevo en una situación similar a la de octubre de 2022, la expectativa es muy distinta. Al tener el Frente Amplio la mayoría en el Senado, sus impulsores, como el diputado Preve, aspiran a que la Cámara Alta la apruebe antes de fin de año, que el Poder Ejecutivo lo reglamente en el primer semestre del próximo —con especial énfasis en los procedimientos y en la afinación de los equipos intervinientes— para que ya pueda ser puesta en práctica como prestación para la segunda mitad de 2026.
Uruguay se transformaría así en el noveno país del mundo y el tercero en América del Sur en despenalizar la eutanasia.
La presidenta de la Comisión de Salud del Senado, la frenteamplista Patricia Kramer, dijo a Búsqueda que aún no se sabe exactamente cómo será el trámite en ese organismo, la escala inmediata siguiente del articulado. “Pero todo será considerado y recibiremos a toda delegación que no haya asistido a la Cámara de Representantes o haya cambiado alguna consideración o tenga algo que sumar a esa competencia”, afirmó.
Esa comisión está integrada por cinco miembros del oficialismo, tres blancos y un colorado. Este último es el vicepresidente de ese organismo, Bordaberry.