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Una viuda, un taxista, un amor prohibido y dos cineastas condenados

Filmar una cita entre dos septuagenarios puede llegar a ser un acto de rebeldía; de esa y otras películas desobedientes vamos a hablar en esta entrega de Películas para la vida

Editora de Galería

Fervor. Admiro fervorosamente a la gente fervorosa. Qué gran palabra, y qué gran cualidad. Pasar por la vida sin fervor, sin pasión, ¿es vivir?, me pregunto a veces. Amar fervorosamente a alguien, defender fervorosamente algo, comprometerse fervorosamente con una causa.

Hay quienes en pos de ese compromiso arriesgan la continuidad de su carrera, de su vida tal como la conocen; la posibilidad de vivir en su tierra, y hasta su libertad.

Soy Patricia Mántaras, periodista y editora de Galería. Espero que esta nueva entrega de Películas para la vida te encuentre bien. Me podés escribir con comentarios o sugerencias a [email protected]. Estaré encantada de leerte y responderte.

Un sábado de tarde abrí la plataforma MUBI y le di play a Un pastel para dos (Keyke mahboobe man en farsi, la traducción literal sería Mi torta favorita). Tenía varios ingredientes que me atraen de una película: independiente, prometía una historia de amor distinta, la antecedían buenas críticas, y tenía la palabra pastel en el título. La historia es la de una mujer viuda de unos 70 años, Mahín, que lleva una vida solitaria en Teherán. Sus hijos viven lejos y a sus amigas las ve cada tanto. Es una mujer sociable —es evidente que la soledad no fue una elección—, así que se propone empezar a salir más. El primer día, a la cafetería de un hotel de lujo. Después, a un restaurante para jubilados. Allí conoce a Faramarz, un taxista igual de solitario, sereno y abierto a las emociones nuevas. Esa misma noche lo invita a su casa. Faramarz tiene que estacionar el auto lejos, los vecinos no deben verla entrar con un hombre desconocido. La charla fluye de una manera asombrosa. El entendimiento es tan profundo que parecen conocerse de siempre: bailan, comen, ríen y esa misma noche se declaran su amor.

El final es algo inesperado, debo reconocer. Dejó a mi mente y educación occidental desconcertadas. Hasta que entendí que tal vez era el único final posible cuando me topé con la noticia de que Maryam Moghadam y Behtash Sanaeeha, los directores de la película, están condenados a prisión en Irán por esta película. Los acusan de propaganda contra el régimen, violar las normas islámicas (“al hacer una película vulgar”, según contaron los directores, que siguen dando entrevistas vía Zoom mientras esperan que los vayan a buscar para encarcelarlos, a The Guardian) y difundir la prostitución y el libertinaje. Cuando vi la película desde este lado del mundo, sentada en el sofá de mi living, no noté que estaba viendo una película revolucionaria.

Mi postre favorito
Un pastel para dos

Un pastel para dos

Cuántos deseos de contar una historia, de hacer visible una realidad, de mostrar una verdad pequeña, particular, de una mujer, que a la vez es la verdad de muchas. Cuánta valentía, pensé; uno a duras penas puede hacerse cargo de las verdades propias.

Y me acordé de Saviano. Después de casi 20 años, Roberto Saviano, el escritor y periodista italiano que escribió en 2006 Gomorra (seguramente te acuerdes de que fue un éxito, ha vendido más de 10 millones de ejemplares), logró la justicia que estaba esperando. En esa novela, la primera que escribía, se basó en hechos reales para meterse en la cocina de la Camorra (la organización criminal de Campania, al sur de Italia) y exponer sus negocios, sus vinculaciones con la política y el impacto en la vida cotidiana de la región. Desde el momento en que Gomorra estuvo en librerías, Saviano tuvo que vivir con escoltas.

Para el presidente del momento, Silvio Berlusconi, Saviano fue un “antipatriota”; para Umberto Eco, “un héroe nacional”. En 2008 el libro se adaptó al cine y fue candidato a la Palma de Oro en Cannes.

“Me han robado la vida, y yo me la he dejado robar”, dijo a la prensa Saviano (ahora de 45 años) el 14 de julio, cuando dictaron sentencia contra Francesco Bidognetti, el mafioso que lo amenazó de muerte. Le dieron un año y medio de cárcel. Pero la condena es simbólica: la vida de Saviano aún corre peligro.

Y me acordé de Hamdan Ballal (fotógrafo, agricultor y activista palestino), que acababa de ganar un Oscar por codirigir el documental No Other Land (junto con el abogado, periodista y activista palestino Basel Adra, el periodista de investigación israelí Yuval Abraham y la directora de fotografía israelí Rachel Szor), cuando fue atacado por colonos y luego arrestado por la policía israelí en la Cisjordania ocupada a fines de marzo. El documental sigue a Adra y Abraham mientras recorren las aldeas destruidas de Masafer Yatta, al sur de Cisjordania, y registran el desplazamiento forzado de los palestinos a causa de la ocupación israelí. A Ballal lo retuvieron un día en una base militar para interrogarlo y después fue liberado.

Qué poderoso es el cine en particular, y el arte en general, cuando alza la voz y cuenta historias incontables. No me refiero a cuando un director se sube al escenario a recibir un premio y lanza mensajes adoctrinantes al mundo desde una supuesta superioridad moral (del tema me hablaron Mariano Cohn y Gastón Duprat en una entrevista que se publicará el próximo jueves a propósito de Homo argentum; una de las historias que integran esa película gira en torno a esto, y a la hipocresía del doble discurso), sino de cuando las obras hablan —o gritan— por sí mismas.

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No Other Land

No Other Land

Desobedientes e inolvidables

A veces la memoria hace sus propias conexiones. Al traer estas tres historias para hablar del coraje de mostrar una verdad oculta, de poner en imágenes y sonido una injusticia, se asomaron (sin invitación) otras dos películas, también recientes. Debe ser porque me calaron hondo cuando las vi.

En ellas los rebeldes mueren, pero no se olvidan. Y son sus familias quienes los honran.

A Héctor Abad Gómez lo recuerda su hijo, Héctor Abad Faciolince, en El olvido que seremos (ganadora del Goya a Mejor película, está en Netflix). Tengo pendiente el libro, que es una biografía novelada, pero la película, dirigida por Fernando Trueba, es hermosa. La vi por recomendación de mi padre.

Héctor Abad Gómez fue un médico colombiano impulsor de una política de salud pública y muy involucrado en la lucha por los derechos humanos en las décadas del 70 y 80. Llegó a ser precandidato a la Alcaldía de Medellín por el Partido Liberal, pero lo asesinaron los paramilitares antes de las elecciones. La historia que se cuenta no es, sin embargo, la de la muerte, sino la de la vida de un hombre empático, comprometido, culto y de gran sensibilidad, vista desde los ojos de su hijo. La película acompaña el crecimiento del niño, que va entendiendo las luchas de su padre —interpretado por Javier Cámara, impecable como siempre— y las preocupaciones de la familia entera, conscientes de los peligros de su militancia.

—Te importan más los problemas de los demás que los de tu propia familia —le reprocha el hijo, ya adolescente.

—Ningún problema es solo de los demás.

El olvido que seremos 2
El olvido que seremos

El olvido que seremos

A Rubens Paiva también lo recuerda su hijo, Marcelo Rubens Paiva, en el libro de memorias Aún estoy aquí. En él se inspira la película del brasileño Walter Salles que ganó el Oscar a Mejor película internacional este año. El relato empieza en 1970, cuando Rubens, exdiputado, vuelve a Brasil luego de seis años exiliado por el golpe de Estado de 1964. Este padre de cinco hijos, esposo de una mujer excepcional, dueño de una casa con vista privilegiada a la playa Leblon en Río de Janeiro, disfruta de su familia mientras sigue colaborando clandestinamente con otros exiliados. Cuando lo detienen los militares, su esposa, Eunice, mueve cielo y tierra para encontrarlo, y esa búsqueda se vuelve el motor de su vida. La película es un homenaje a Rubens, y también a esta mujer que retoma su carrera de abogada para sacar adelante a su familia y termina especializándose en derechos humanos para ayudar a otras víctimas.

Aun estoy aqui pelicula
Aún estoy aquí

Aún estoy aquí

Gracias al cine por estas películas. Y gracias a los cineastas por estos actos de rebeldía.

Este domingo, Día del Niño, te dejo dos sugerencias de lectura. La primera es la columna de Carolina Villamonte sobre el regalo más caro (que en realidad no cuesta nada). La segunda es la entrevista que Federica Chiarino le hizo a Luc Besson antes del estreno en Uruguay de su adaptación al cine de Drácula. Pero, primero, disfrutá de los niños.

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