¿En qué características de Géminis se reconoce?
Edad: 33 • Ocupación: cocinera, maestra asadora y asesora gastronómica • Señas particulares: ayudaba a sus padres a vender chorizos en la feria de Piedras Blancas; tiene una obsesión por comprar libros; se crio dentro de la peluquería de su madrina
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáDicen los astrólogos que los geminianos somos muy dispersos, hacemos 500 cosas a la vez. He estudiado de todo, hecho de todo. Soy un poco colgada. Creo que ahí viene la parte creativa que se refleja en la cocina.

Empezó a trabajar muy joven. ¿Siente que eso la marcó?
Sí. Empecé a trabajar a los 16 años en un centro comunal y nunca paré. Creo que eso me dio una estructura muy fuerte, pero también una exigencia constante. Siempre tuve responsabilidades grandes para la edad que tenía, desde manejar plata hasta tener gente a cargo. Aprendí a resolver, a gestionar, a hacerme cargo.
Creció en una familia numerosa y muy móvil. ¿Qué recuerdos le quedan de esa infancia?
Fue una infancia muy divertida porque mi padre era gerente de marketing de una empresa y trabajaba haciendo temporada. Entonces viajábamos mucho, a La Floresta, Rocha, Punta del Este. Mamá se llevaba una casa rodante, un tráiler carpa, y pasábamos viajando, de noviembre a marzo. Y también los fines de semana. Además, pasé mucho tiempo con mi madrina, que hasta el día de hoy tiene peluquería, secaba el pelo y las señoras me dejaban propina.
Cuando sus padres se separan, queda en un lugar clave dentro de la casa.
Tenía 13 años y tuve que ayudar a mi madre, que empezó a trabajar. Mis hermanos eran chicos y tenía que organizar la casa, las compras, la comida, la plata. Ahí aprendí a administrar un hogar.
¿Cómo era su relación con la cocina en ese momento?
En un momento me peleé con la cocina. No quería cocinar ni limpiar. Entrando en los 18, cuando me fui a vivir en pareja, todavía tenía rechazo por todo ese trauma, por decirlo de alguna forma. Hoy disfruto cocinar para otros. Para mí sola, no. Yo puedo comer fideos con manteca y queso feliz.
¿Cómo maneja la ansiedad en el día a día?
Con mucho trabajo, tengo una terapeuta que maneja mucho mi estrés. Mi carrera creció muy rápido y ahora me encuentro en un momento en el que estoy eligiendo las batallas para bajar un poco la intensidad y darle orden y foco.
¿Esa exigencia interna tuvo un costo físico?
Sin dudas. Tuve problemas de salud. Primero, el hígado graso, tuve que hacer dieta sin gluten durante cuatro años. Después tuve un preinfarto. Me desmayé sola en mi casa. El cuerpo no me rendía más, estaba con arritmia. Estuve cuatro meses parada y fue devastador.
¿Ese parate cambió algo?
Me cambió todo. Empecé a darme cuenta de que había normalizado cosas que no estaban bien, no tener vínculos, no ver amigos, no ir a cumpleaños. La terapia fue fundamental. Creo que todo el mundo debería hacer terapia, sobre todo en gastronomía.
¿Por qué especialmente en gastronomía?
Porque es un ambiente hostil. Mucha presión, mucha noche, mucho estrés. Hay mucha gente que termina deprimida, con adicciones, muy rota.
¿Cómo se lleva hoy con la exposición?
Me costó un montón. Las fotos, las entrevistas. Hice un curso de stand up que me ayudó mucho, tanto a nivel terapéutico como de improvisación. Siento que todavía estoy trabajando eso.
Desde aquella medalla de bronce que ganó con Las Charrúas en el Mundial de Asadores Ancestrales 2022, le ha tocado representar a Uruguay como asadora por el mundo. ¿Cómo ha sido esa experiencia?
Es impresionante cómo Uruguay a veces no se da cuenta de la cultura de carne que tiene. Damos por obvias muchas cosas, y cuando salís al mundo te das cuenta de que el ritual, lo que hacemos con la carne, cómo la tratamos, todo lo que para nosotros es normal, para el resto no lo es. Además, la calidad de la carne, porque hasta la carne más barata, congelada, sigue siendo mejor que la carne de otros países.
En lo personal, ¿en qué momento siente que está hoy?
Más equilibrada. Durante muchos años prioricé la carrera y estuve sola. Hoy estoy en pareja, con alguien que no es del rubro, y eso me ordena. No es fácil bajar un cambio, pero estoy mejor.
Habla mucho de energía, de espiritualidad.
Sí. Vengo de una familia en la que mi tía y mi madre siempre creyeron en la energía. Siempre Dios ante todo, pero no con una Biblia, sino con rezos. Creo que hay una energía superior, llamale como quieras. Estudié distintas religiones y vi que coinciden en determinadas cosas. He probado reiki, constelaciones, regresiones a vidas pasadas, rituales con una chamana, sin tomar ayahuasca ni nada de eso. La alquimia me encanta, toda la simbología. Hoy estoy menos obsesionada con todo eso, pero sigo creyendo que la energía existe. Creo en la energía que uno emana. Y lo tengo comprobado: cuando alguien cocina sin amor, se nota.
¿Le pasa con la gente?
Sí, y a veces tengo que sostener cosas con personas con energías que no vibran igual que yo, pero por trabajo lo tengo que hacer.
¿Hay algo que quiera hacer y todavía no ha hecho?
Me gustaría escribir un libro. No solo de recetas. Algo más profundo, más humano. La alimentación es un problema diario para todos y nadie nos enseña a comer ni a cocinar de verdad. Es una carga cotidiana enorme.
Si tuviera que definirse hoy, fuera de los títulos, ¿qué diría?
Que soy una persona intensa, curiosa, que está aprendiendo a cuidarse.