¿Le iba bien en matemática y en física en el liceo?
Edad: 54 • Ocupación: Ingeniero electricista, Ministro de Turismo • Señas particulares: es hincha del Club Atlético Universitario de Salto, es muy puntual
¿Le iba bien en matemática y en física en el liceo?
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáMe gustaban y me iba muy bien. En la facultad perdí un montón de exámenes de física. A partir de un comentario de un gran profesor de física, Gonzalo Perera —quien luego fue vicepresidente de Antel— sobre las series de Fourier, una expresión matemática, tomé la decisión de a qué rama me dedicaría. Él decía que los ingenieros electricistas convivirían casi toda su vida con las series de Fourier, y esa idea me fascinó, porque me encantaban.

¿Significa mucho Salto para usted?
Totalmente. Me vine a Montevideo a los 17 años. A partir de los seis años tenía claro que quería venir a estudiar a Montevideo. Mi papá era contador. Falleció cuando yo tenía seis años. Siempre tuve esa curiosidad por saber cómo era la vida estudiantil. Sabiendo, además, que iba a ser una herramienta de desarrollo para mi futuro.
Su madre quedó viuda con un hijo de apenas seis años. ¿Fue muy difícil?
Claro, se tuvo que reinventar. Era ama de casa y salió a laburar. La ayudó muchísimo el papá de mi papá, que tenía estudios contables. Juntos, pusieron una gestoría. A partir de ahí cambió la vida familiar. Me iba en ómnibus desde mi casa hasta la escuela. Mi madre le avisaba a mi bisabuela los viernes a qué hora iba a viajar a visitarla el sábado y ella me esperaba en la parada. No teníamos teléfono, me subían al ómnibus y, al bajar, ahí estaba ella.
¿Vivían muy lejos?
En los suburbios de Salto, en el barrio Arralde, y mi bisabuela en el Centro. Mi madre no se enteraba si había llegado hasta la tardecita cuando me iba a buscar. Eran otras épocas. Mis amigos eran del barrio. Mucha calle de tierra, pedregullo, jugar al fútbol en el campito, en la calle.
¿Mantiene su barra de amigos?
De la época del barrio no, perdí mucho contacto, pero del liceo sí, y de la facultad también. De la barra que se vino de Salto a estudiar a Montevideo, más o menos de esas generaciones, también.
¿Conoció a su señora de adolescente?
En el liceo, a los 15 años, y desde entonces estamos juntos.
¿Se imaginaba que iba a ser la mujer de su vida?
Sí, claro, desde antes de arreglarnos.
Tienen dos hijas montevideanas.
Florencia, de 27, y Eugenia, de 22. La diferencia de edad es porque en el ínterin tuve las operaciones que terminaron conmigo en silla de ruedas. Florencia es previa a la silla de ruedas y Eugenia es posterior.
¿Buscaron al varón?
Nunca, al contrario, vino lo que vino y tengo dos hijas maravillosas. Dos era el número ideal. Florencia es licenciada en Comunicación por la Facultad de Información y Comunicación, está haciendo una maestría, y Eugenia está estudiando Facultad de Ingeniería. Las dos siguieron nuestra trayectoria, mi esposa es química farmacéutica. Escuela, liceo y facultad pública.
¿Cuándo llegó el primer Menoni a Uruguay?
Llegó a Salto en 1874 de Bosco di Rossano, en el norte de Italia. Somos todos medio parientes.
Como ministro de Turismo, pero también como salteño, ¿qué lugar de Salto recomendaría visitar?
La respuesta cliché son las termas. Pero te diría aguas abajo de la represa de Salto Grande, el atardecer en el río Uruguay, la represa, el lago, las canteras de Salto Grande, el Teatro Larrañaga, el Museo Gallino, el Museo Histórico, el Parque Solari.
De joven fue muy deportista, ¿lo sorprendió su enfermedad?
Sí, claro. La enfermedad se llama siringomielia. El síntoma es que se te inflama la médula y perdés sensibilidad, sobre todo, de miembros inferiores. Me hicieron una derivación, que es un conducto que va de la médula al peritoneo y se me infectó. La secuela se llama paraparesia de miembros inferiores. No puedo mover las piernas. Tenía 28 años, mi hija Florencia tenía uno.
¿Fue difícil de aceptar?
No, lo aceptás y listo. No tiene solución, no hay otra. Así como adaptamos la forma de andar, adaptamos la forma de funcionamiento familiar. Con el tiempo nació Euge, para ella esto es de toda la vida. Bien solución ingenieril. ¿Se arregla? No. ¿Cómo se lleva para adelante? Con una silla de ruedas.
¿Qué aporta su cabeza ingenieril en su trabajo en turismo?
Metodología. Trabajar siempre con base en ideas. Se terminaron los me parece, deberíamos. Observamos, planificamos, actuamos, volvemos a medir y corregimos si hay que corregir. Particularmente en turismo, entendemos que toda la inversión o todo el gasto que hagamos es medible. Aplicamos el método científico a la gestión pública.
¿Le gusta la música?
Sí, en mi Spotify vas a encontrar rock and roll de los 70, 80, 90, tangos, heavy metal, me gusta mucho AC/DC, Adele, música brasileña, Los Fabulosos Cadillacs y, por supuesto, The Rolling Stones y The Beatles. Me gusta la música cuando la letra se entiende.
¿Viaja con su familia?
Sí, nos encanta. Recomiendo enfáticamente viajar. Primero, conocer Uruguay y después el exterior.
¿El uruguayo conoce su país?
No. Creo que conocemos algo de la ruta 3, algo del litoral, especialmente los montevideanos. Hay contextos socioeconómicos a los que queremos apuntar, porque para nosotros el turismo es un derecho humano. La semana pasada trajimos unos gurises de sexto de liceo de Paysandú, a conocer, entre otras cosas, el mar, el Estadio Centenario y el Palacio Legislativo.
¿Qué le gusta leer?
Sobre todo, temas de micro y macroeconomía, e innovación. El último libro que leí fue El despegue, de Gabriel Oddone. Otro que recomiendo es Leones y corderos, de Germán Deagosto.
¿Volvería a vivir en Salto?
No sé qué me deparará el futuro. En los próximos cuatro años no.