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Pancho Dotto: “Yo lograba que las modelos fueran conocidas, eran top siendo ellas mismas”
El agente de modelos argentino dejó las pasarelas y los flashes por una vida en la que prioriza la paz, y tiene intenciones de radicarse en Punta del Este
Por la rambla de la Mansa sorprende el andar de un Rolls Royce blanco descapotable. Pancho Dotto, con lentes de sol y un sombrero Panamá, conduce un Corniche II del año 1989 con chapa de Miami. Intenta estacionar frente a Café de la Mansa mientras una señora con el celular le saca fotos y se ofrece a correr su auto para dejarle lugar al convertible de lujo de casi cinco metros de largo. Mientras tanto, el creador de la agencia de modelos más conocida de Punta del Este y de Argentina saluda al cuidacoche y al fotógrafo de Galería. Naturalmente comienza a posar al tiempo que dos jóvenes interrumpen para sacarse una selfie y aprovechan a conversar un par de minutos. Con sus casi dos metros de altura y 70 años cumplidos en setiembre, Dotto mantiene el andar elegante y sutil de sus inicios como modelo.
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Su pasión por la estética, la comunicación y el trabajo convirtió a Dotto Models en la principal agencia de Argentina, que lanzó a las modelos más famosas de los años 90 y 2000. Dedicó más de tres décadas a descubrir mujeres de belleza singular para convertirlas en mundialmente conocidas. En su apogeo, Pancho Dotto firmó contratos millonarios mientras marcaba el ritmo de la temporada de verano en Punta del Este. En 1993, se estableció en La Fontana, una chacra marítima en José Ignacio, donde se alojaban las modelos, hacían notas y producciones de fotos.
En la actualidad, retirado del negocio del modelaje, dejó de lado el glamour para vivir, con cuasi bajo perfil, en Punta del Este. Sus días transcurren entre reuniones de amigos, caminatas en la naturaleza y el disfrute de conducir sus autos preferidos. Lucha con la necesidad de disfrutar del ocio al tiempo que su cabeza continúa proyectando varias ideas, como un documental sobre su vida o una nueva agencia. Al repasar su vida en fotografías y anécdotas, enfatiza sentirse agradecido por todas las experiencias vividas, incluso las difíciles, y en esta nueva etapa reconoce que nada es permanente, que las relaciones no duran para siempre y que el camino es la evolución.
Pancho Dotto
Mauricio Rodríguez
Punta del Este es parte de su vida. ¿Está instalado definitivamente aquí?
Me quiero quedar a vivir, me cuesta mucho irme de Punta del Este. Cuando me voy me pregunto ¿por qué me fui? En realidad yo no tengo ningún compromiso, no tengo mujer, no tengo hijos, así que me puedo quedar. Acá se vive más humanamente. Para mí, Punta no se compara con nada, veo el atardecer y estoy tranquilo. Tengo una casa tremenda en San Fernando, que la tenía vendida pero al señor se le cayó un negocio; lo estoy esperando porque a mí me gusta vender a personas con las cuales tengo onda. Por ejemplo, el día que venda este auto (señala el Rolls Royce Corniche II), si es que lo vendo, me gustaría que fuera a una persona que lo cuide, no a un revendedor. Yo lo compré en Miami a un señor que se lo había regalado a la mujer, ella nunca lo había dejado al sol y nadie se había sentado atrás. Amo los autos y los cuido pero no a tal extremo. En el asiento de atrás va mi perro Crack, que es parte de mi familia. Hace nueve años que mi auto está acá y lo disfruto.
De la colección de autos, ¿el Mercedes Pagoda es el preferido?
Acá tengo tres autos en la casa de un amigo. Traje la Pagoda, que fue el amor de mi vida, del año 1969. Después me traje otro de mis amores, un (Mercedes) 250 gris con tapizado rojo, convertible. Mi intención era usar uno cada día pero la verdad es que el andar del Rolls no se compara absolutamente con ningún otro auto.
Ahora que ya no está trabajando, ¿sigue vinculado a la moda?
En Punta del Este tengo varios amigos y hay mucha actividad, aunque elijo a dónde ir. Hoy voy al desfile de la calle 20 porque va Carlitos Cámara, que es mi amigo, lo conozco hace 40 años, y desfilarán sus modelos, si no, no voy ni loco. Espero que este desfile sea otra cosa porque ahora se ha perdido mucho criterio estético. El desfile de Giordano a uno le podía gustar o no, pero el tipo se mataba haciendo algo único que tuvo un éxito tremendo. En mis desfiles yo trabajaba para que no faltara absolutamente nada, cuidaba mucho la estética. Y hoy cualquiera hace cualquier cosa. Entonces, en Punta disfruto de amigos y del lugar, geográficamente es único. Además, ahora me ocupo de mí,trato de pensar en mí, en mi silencio, en mi tranquilidad. Conozco muchos lugares del mundo y a Punta no hay con qué darle. La paz y la tranquilidad que hay aquí todavía son reales. En ninguna parte de la costa de Argentina podríamos estar charlando llevando este reloj, que ya me han robado ocho o nueve, y con un auto como el mío. Esto es único, esta paz no se encuentra en casi ningún lugar del planeta.
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El conductor, actor y modelo Iván de Pineda recorrió sus primeros pasos con Pancho Dotto.
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Carola del Bianco fue una de las modelos más importantes de los años 90.
A los 14 años se fue de su casa y trabajó en un taller de autos, ¿cómo llegó a ser modelo?
Un día estaba con amigos en una confitería en la calle Juramento y pasó un señor, Héctor Ortiz, me vio y me dijo que podía trabajar de modelo. Tenía 17 años, el pelo mucho más largo que ahora y barbita. Los pibes que estaban conmigo se empezaron a reír. Agarré su tarjeta, en esa época todos andaban con tarjetas, y la guardé. A su vez, mi amigo Marcelo Hernández se había ido a Río de Janeiro con una modelo muy conocida, Maggie Miller, y me mandó una postal contándome lo bien que lo estaban pasando y me fui a Río. Cuando ella abrió la puerta, no le gustó nada que yo apareciera. Tres días después, para tener buena onda con ella, me ofrecí a acompañarla a su agencia a cobrar. Al día siguiente, la llaman, no había celulares en ese momento, fue hace 53 años, y le preguntaron por el argentino flaco alto. Me ofrecieron trabajo como modelo y me quedé seis meses. Me fue muy bien, se ganaba muy buena plata. Hasta que decidí volver y ahí agarré la tarjeta de Héctor Ortiz y me contrataron como modelo exclusivo de Levi’s, hacía comerciales de televisión y gráficas.
Y su facilidad para negociar, ¿de dónde salió?
Siendo modelo, mientras grabábamos una campaña para los cigarrillos L&M. Éramos cuatro parejas de modelos que fuimos a San Martín de Los Andes y en vez de quedarnos cuatro días como estaba programado, terminamos quedándonos casi un mes. Ahí se armó lío, entonces yo manejé la negociación por el pago y así arranqué.
Con la agencia Dotto Models, ¿cómo fue el primer año en Punta? Abrí la agencia en el 84 y en el 89 vinimos con Andrea Burstein, Karina López, Julieta Kemble y Valeria Mazza. Alquilé un apartamento de un ambiente en el edificio Tolimán, en la parada 14 de la Roosevelt. En la habitación dormían Julieta Kemble y su novio. Mi novia, que era Elizabeth Márquez, estaba en España, yo dormía en el piso cerca de la heladera, al lado mío dormía Valeria y a su lado Andrea. La camita tipo sillón era para Karina López, la más chiquita. Ese fue el primer año. Después fue toda una explosión.
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Valeria Mazza y María Inés Rivero con Pancho Dotto durante una campaña de Caro Cuore.
¿Cómo era la vida en La Fontana, la chacra donde se instalaban en José Ignacio?
En aquellos años todo era una locura, estaríamos haciendo esta nota allí o en Paraíso de Mar, mi chacra que vendí hace 12 años para dejar de trabajar. Las chicas vendrían a preguntar cosas, entrarían los bookers, otro periodista me estaría esperando y, seguramente, habría una producción de fotos. Todos los medios, desde la revista Para Ti, que fue la biblia de la moda de Argentina durante 90 años, hasta las revistas dominicales de Clarín, La Nación, todos tenían a la mano los modelos top sin tener que pagarles pasajes ni nada. Dotto las tenía en La Fontana, donde había caballos, autos clásicos, la playa, tenían toda la producción armada, se les resolvía todo al instante. Y después todos estaban invitados a un asado multitudinario, venían entre 100 y 300 personas. Esa grandilocuencia es impensada ahora. En esa época yo vivía el presente sin proyectar en el futuro. Porque si hubiese proyectado, en vez de hacer tres asados más de los que hacía, a diez mil dólares cada uno, con esa plata hubiera comprado tres terrenos en José Ignacio, que ahora cuestan dos, tres millones de dólares.
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Durante 20 años, Dotto tuvo su oficina en Arenales 1942; las tapas de revistas muestran a Daniela Urzi, Dolores Barreiro, María Inés Rivero, Analía Maiorana, entre otras.
Pero esos asados eran parte del negocio y la pasaba bien.
Sí, la pasaba bien porque recibía clientes y amigos.En esos asados también muchos se conocieron, otros hicieron negocios. Hay mucha gente que tiene 100 veces más plata que yo, pero no se atreven a andar con este auto por la calle. Cualquiera que me vea con este auto dice: Pancho es millonario, ¡millonario nada! Lo fui cuando vendí el Paraíso, agarré millones pero ya me los gasté, no me los gasté todos, tampoco soy tonto.
Ahora esas cifras no se podrían afrontar.
Por ejemplo, para la Dotto Beach en el 95 tenía 700.000 dólares de sponsors y gasté un millón cien, 400 míos, que era lo único que tenía en el mundo. No me di cuenta. Tenía 95 personas a mi cargo que trabajaban, comían y se trasladaban, era una exigencia muy grande económica y física. Fue un desgaste importante.
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En José Ignacio, la chacra marítima La Fontana fue la base de Dotto Models por 15 veranos. En la foto, el staff en la casa que alquiló en Manantiales por dos años.
En 1999, Maitena publicó una viñeta: “Antes en 5o año tenías que encontrar tu vocación. En cambio ahora lo único que tenés que lograr… ¡es que te descubra Pancho Dotto!”. Las chicas soñaban con que las descubriera, ¿qué tenían las elegidas?
El proceso era así: buscaba gente antes de armar el scouting permanente, iba a Rosario, Córdoba, Misiones, Posadas, Mendoza, recorría el país con prensa de cada lugar y nacional, y con la revista Para Ti. En ningún lugar se presentaban menos de 500 chicas. Las veía una por una, me llevaba entre 15 y 17 horas por día.
¿Pero cuál era el diferencial que buscaba?
Primero hablaba con ellas, de dónde eran, qué hacían, porque para ellas era una fantasía conocer a las modelos de Dotto y poder convertirse en una de ellas. Además, estaba el esfuerzo económico que hacía la familia para ir hasta allí. Escuchaba las historias de todas aunque supiera que no la iba a elegir. Y así reconocía a la que tenía potencial.
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En uno de los asados en La Fontana, Carolina Pampita Ardohain sirve el postre.
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Pancho Dotto con Marina Marré, Antonella Garnero y Roxana Zarecki.
¿Su experiencia como modelo le resultó útil? Sí, cuando veía a una chica en la calle o en una fiesta y reconocía su potencial, la mandaba a la agencia en la que yo trabajaba y funcionaba muy bien. Te cuento una anécdota. Un día en Rosario vi casi 700 chicas y de repente me quedé un minuto charlando con una bajita con una nariz rara. La llamamos, vino a la agencia y se convirtió en la Kate Moss argentina, se llama Flor Salvioni. Trabajó en New York, gracias a que llamé al booker Cory Bautista, que siempre creyó en mi ojo y no importaba si la chica medía menos de 1,78 en el exterior, que es un poco el criterio que usan las agencias top de la Argentina hoy. Si medía menos de 1,76 no pasaba el filtro, o sea, Carola del Bianco, Deborah de Corral, Pampita, Betiana Wolenberg, Flor Salvioni no hubieran pasado. Sin embargo, Pampita mide 1,68 y cuando la vi pensé: “a esta chica no la para nadie”. Cuando le mandé a Deborah (de Corral) decían que estaba loco, que cómo les había mandado una chica con semejante nariz.
Y esa era su personalidad.
Lo mismo pasó con Carolina Peleritti, hasta el día de hoy somos superamigos, y siempre me dice: “conmigo hiciste magia”. Pero ¡la vi y su expresión me quemó la cabeza! Otro, Iván de Pineda. Lo mandé a la revista Elle en Estados Unidos y la persona que lo recibió le dijo: “¡con esos dientes y esa cara, ¿cómo vas a pretender ser modelo?”. Otra, Valeria (Mazza). Para mí, Valeria era espectacular, cuando la conocí era una chica un poco excedida de peso pero impresionante, así fue y lo es. Cuando empecé, Ricardo Piñeiro, que en paz descanse, tenía tomado el mercado, era la única agencia a la que respetaban la gente de las editoriales y de la alta costura. Yo me dedicaba más a modelos de comerciales pero también se destacaron en alta costura, eran una combinación tremenda, facturaban en desfiles, comerciales y campañas. Y enseguida esas chicas se transformaron en nombre y apellido. Entonces, ¿cuál es la definición de top? Top es la modelo que llega a ser conocida. Yo lograba que las modelos fueran conocidas, eran top siendo ellas mismas siempre. A mis modelos siempre les aconsejé que fueran ellas mismas, que no inventaran un personaje.
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Mauricio Rodríguez
Estuvo en pareja con varias modelos, ¿en este momento quisiera compartir la vida con alguien?
Ojalá. Lo que pasa con las personas de mi edad es que hay una gran contradicción: la soledad nos lleva a estar solos. Por un lado, uno quiere encontrar a alguien y cuando se lo cruza se autoconvence de que esa es la persona ideal y, por otro lado, nadie quiere ceder nada, ni en sus espacios de libertad, ni que el otro le marque la cancha.
¿Le gustaría volver a organizar un megadesfile?
El año pasado había hablado con Cipriani para hacer algo pero finalmente no lo cerramos. Ahora agradezco no haberlo cerrado porque estaría bajo presión. Pero sí, me gustaría organizar un superdesfile. Es muy probable que también pueda tener una agencia virtual, una agencia madre para cuando descubra alguna mujer divina acá en Punta del Este y manejarla para todo el mundo. También estoy en tratativas para hacer mi serie en una plataforma y otro proyecto que tengo es transformar mi chacra en Entre Ríos, que no la vendería ni loco porque es mi otro lugar en el mundo, en turismo rural.
Si abre una agencia, ¿eso sería volver al inicio?
Sí, también estoy viviendo sobre la calle Roosevelt en un departamento en la parada 8, y en la parada 14 fue donde comenzó todo.