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Daniel Caggiani: el gobierno está en una etapa de “reconstrucción nacional”, aunque en la actual coyuntura no se le pueden exigir “transformaciones profundas”
El senador del MPP dice que hay que evitar que la oposición termine dominada por los sectores más “destructivos” que se “radicalizan” contra el gobierno; sostiene que la discusión sobre el impuesto al 1% es “bienvenida”, pero pide a sus impulsores que sostengan el “archivo”, porque un año atrás criticaban a quienes querían priorizar la infancia sobre las jubilaciones
Daniel Caggiani en su oficina del Palacio Legislativo en Montevideo.
Pese a que el Parlamento se ha mantenido activo en el verano con varios ministros convocados a la Comisión Permanente, la pausa de las actividades legislativas ordinarias permite hacer balances y ordenar la hoja de ruta para el año que comienza. Para el coordinador de la bancada de senadores del Frente Amplio, Daniel Caggiani, el oficialismo logró superar con éxito el desafío de no tener mayorías en el Parlamento gracias a que trabajó con “cabeza abierta” y negoció con “partidos, sectores e individuos” para lograr acuerdos. Dice que una tarea clave de este año será evitar que “la parte más destructiva de algunos sectores que integran el Parlamento no termine siendo la voz cantante” de la oposición.
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El senador del Movimiento de Participación Popular (MPP) afirma que el gobierno está en una etapa de “reconstrucción nacional” y que el 2026 será un año “de concreciones” que van a “mover la aguja” en el crecimiento económico, el salario real y la pobreza infantil. No obstante, considera que no se le pueden exigir “transformaciones profundas” al gobierno porque no se comprometió a eso en la campaña y porque la actual coyuntura nacional e internacional es compleja. Opina que las declaraciones de la oposición sobre la intervención de Estados Unidos en Venezuela dan “vergüenza ajena” y defiende que la izquierda ya cuestionó “millones de veces” la falta de democracia en el país caribeño.
A los promotores del impuesto adicional al sector más rico —entre ellos el PIT-CNT— les pide que sostengan el “archivo”, porque un año atrás querían priorizar “a los viejos” y ahora a la infancia, y que no “achiquen la cancha” del debate, porque no es el único instrumento para reducir la desigualdad. También cree que la izquierda debe dar estas discusiones sin alimentar a la “ultraderecha” y tratando de representar al mayor conjunto de uruguayos posible.
—¿Qué balance hace del primer año de esta legislatura?
—Fue un año de mucho trabajo. Hubo niveles de exigencia mayor. Había mucha expectativa acerca de cuáles podían ser los resultados en un contexto político diferente, por el cambio de gobierno y la falta de mayoría. Se intentó construir mayorías nacionales para temas importantes, no solo por una necesidad numérica. Se votó la salida de la Caja de Profesionales Universitarios, del Casmu, la Rendición de Cuentas. Y el Presupuesto fue un trabajo importante de ambas cámaras.
—¿Qué proyectos serán prioritarios este año?
—Vamos a reunirnos las bancadas del Senado y Diputados y ahí van a surgir algunas de las propuestas importantes. Hay temas que quedaron pendientes, como lo vinculado a una institucionalidad nueva para las infancias y cómo jerarquizamos un tema que a Uruguay le está costando mucho solucionar. Después habrá iniciativas que tienen que ver con temas productivos y cómo mejoramos el financiamiento de institucionalidades que históricamente han sido de menor porte, como el Instituto Nacional de la Leche, junto con una serie de políticas que se están desarrollando para potenciar la lechería. Hay aspectos que tienen que ver con mejorar el financiamiento para compra de tierras. En el tema educativo tenemos dos proyectos muy importantes, uno sobre la reincorporación de los trabajadores y las trabajadoras de la educación a los consejos desconcentrados, y la universidad de la educación.
—Con la universidad de la educación van a enfrentar la vieja discusión sobre la gobernanza. ¿Qué margen hay para negociar?
—El proyecto que mandó el Poder Ejecutivo establece el cogobierno. Para crear el ente autónomo se necesitan dos tercios. No así para establecer la gobernanza, que requiere mayoría absoluta. Estamos dispuestos a considerar una propuesta que permita, por un lado, obtener las mayorías especiales para la creación del ente autónomo y después ver qué posibilidad existe por parte de la oposición. Tener una profesionalización de los cuadros docentes es una necesidad histórica. Desde partidos que hoy están en la oposición presentaron proyectos en ese sentido, como Pedro Bordaberry y Robert Silva... Ahí puede haber alguna punta para ver si se puede conseguir.
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—¿La designación del titular de la Fiscalía de Corte y de los integrantes de los organismos de contralor será una prioridad?
—El año pasado logramos designar a dos de los cinco integrantes de la Institución Nacional de Derechos Humanos. Y eso se logró mediante un acuerdo interpartidario. No se llegó a un acuerdo aún para la designación del nuevo comisionado penitenciario; ahí quizás faltó trabajo desde las coordinaciones. Nosotros hemos hecho el esfuerzo y aceptamos una propuesta que hicieron algunos integrantes de la oposición de crear un ámbito para debatir estos temas. Después decidieron retirar esa propuesta porque, en particular el Partido Nacional, querían primero debatir entre ellos. Nosotros vamos a insistir porque nos parece importante. Pero entendemos que es un acuerdo general, no se puede ir uno por uno.
—¿Cómo se logrará destrabar eso cuando la oposición se muestra abroquelada detrás de la fiscal subrogante Mónica Ferrero?
—Para empezar, hay que reconocer los resultados electorales. Hay un gobierno que tiene la legitimidad que la ciudadanía le dio y, por lo tanto, quien puede proponer un nombre para la Fiscalía de Corte no es la oposición, sino el gobierno. Se negocia, por supuesto, pero, si digo que mi nombre es este y no hay otra solución, no estoy negociando, estoy imponiendo. No puede ser que la oposición bloquee. Tiene que haber, por lo menos, un talante diferente de algunos actores de la oposición, porque hay otros que van por otro andarivel. Lo que tenemos que lograr es que la parte más destructiva de algunos sectores que integran el Parlamento no termine siendo la voz cantante del conjunto de partidos, porque en algunos temas terminan siendo la voz oficial. Creo que eso es lo peor que les puede pasar a los partidos y al sistema político. El Poder Ejecutivo va a hacer un esfuerzo importante. Cuánto de eso va a terminar resultando no depende solo de nosotros. También es verdad que cuanto más lejos estás del comienzo y más cerca del final del gobierno, cada vez va a ser más difícil.
—¿Descartan nombrar a Ferrero como titular?
—Por ahora no hay ninguna definición al respecto.
—También quedaron pendientes el Ministerio de Justicia y la reforma del Código del Proceso Penal, que, al inicio, el gobierno señaló como prioridades. ¿Lo siguen siendo?
—Todavía no han venido los proyectos al Poder Legislativo. Cuando vengan van a ser considerados. Hay que trabajarlos. Si caen fríos, pueden generar una problemática mayor, sobre todo en el procedimiento de aprobación. Hay algunos más prioritarios que otros. Los que hoy están arriba de la mesa tienen que ver con temas que son urgentes. También es verdad que ha habido posicionamientos duros, sobre todo respecto al Ministerio de Justicia, que por lo menos hay que escuchar. Si eso termina siendo la posición homogénea del conjunto de la oposición, puede ser un problema para lograr la mayoría necesaria. Más allá de que algunos de los que hoy dicen que están en contra, están en contra por quien lo promueve y no tanto por la idea, ¿no? Porque hicieron campaña por el Ministerio de Justicia.
—Cabildo Abierto, un partido que uno podía imaginar más distante de la izquierda, terminó siendo un aliado del Frente Amplio en la votación de proyectos importantes como el Presupuesto. ¿Cómo sucedió eso?
—Nosotros trabajamos con cabeza abierta. Cuando empezó este gobierno se decía que la oposición era una, nosotros decíamos que había varias. Lo que ha hecho la bancada del Frente es acordar con partidos, con sectores o con individuos para vehiculizar las normas necesarias. Con Álvaro Perrone y Silvana Pérez Bonavita hemos tenido algunas coincidencias y otras no. Hemos tenido coincidencias con el Partido Nacional, como el ingreso por concurso a las intendencias departamentales. Y también acordamos con parte del Partido Colorado la integración de la Institución Nacional de Derechos Humanos. Una de las principales tareas que vamos a tener este año es tratar de lograr que no se termine configurando una fuerza destructiva en contra de todas las propuestas del oficialismo. Eso es algo que se termina amalgamando de manera muy fácil en algunos sectores de la oposición, que se radicalizan.
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—Hace un año, en entrevista con Búsqueda, decía que mejor hacer que anunciar, pero, pasado el primer año, a este gobierno se le reclama que no tiene grandes buques insignia y la aprobación de la gestión cayó. ¿El próximo año será de mayores concreciones?
—Está bien que uno exija cuando hay un gobierno nuevo y que genera cierta expectativa. El gobierno de Yamandú generó una expectativa importante porque es un cambio de signo político. En la campaña se comprometieron cuarenta y pico de medidas y la revolución de las cosas simples. ¿Cuál es la etapa en la que estamos hoy? En una etapa de reconstrucción nacional. En un contexto internacional muy complicado, con un contexto nacional acotado desde el punto de vista de los números macro y con desafíos importantes, y con una situación política diferente a los últimos 15 o 20 años, es exigirle mucho al gobierno pedir transformaciones profundas. Cuando ni siquiera nos comprometimos a eso y, además, tampoco es posible hacerlo en términos políticos. ¿Eso quiere decir que no se va a hacer nada? No. El gobierno del Frente Amplio ganó para cambiar. Este va a ser el año de las concreciones importantes en dos o tres áreas. Una es el crecimiento económico. Este debería ser un año en el que se mantengan niveles de crecimiento económico superiores a los de los años anteriores. La inserción internacional juega un rol clave. Tenemos el acuerdo cerrado con la Unión Europea y el acuerdo EFTA. Ahora es la primera visita de Estado que hace Orsi a China, que abre un marco de posibilidades a nivel comercial. Otro eje importante es el crecimiento del salario real. Es una de las cosas que queremos que se empiece a sentir en este año. Y otro es la pobreza infantil. El conjunto de políticas que se van a empezar a instrumentar en este año tienen que tener un impacto, no letal, pero sí verdadero en disminuir los niveles de pobreza infantil. Creo que eso va a mover un poco la aguja.
—Dice que la gente no le puede exigir tanto al gobierno en una coyuntura como la actual. ¿Pero la gente entiende eso?
—Hay un conjunto de uruguayos que tienen necesidades de urgencia y eso es lo que estamos intentando atender. Esa es una de las condiciones primordiales para cualquier gobierno de izquierda: empezar por los más débiles. Luego, ir atendiendo los temas más estructurales y a largo plazo. Este año es el año de empezar con los más embromados. Y después, seguramente, hay temas que el gobierno —pero sobre todo el Frente Amplio— tiene que discutir, vinculados con transformaciones que tiene que tener el Uruguay. Con cómo nosotros aportamos ideas para que la sociedad discuta no solamente la realidad concreta, que es importante, sino también cuáles son las expectativas de cambio. En eso la izquierda tiene un debe. En 15 años el Frente Amplio logró la reforma tributaria, la reforma de la salud, la reforma de las relaciones laborales, la agenda de derechos. ¿Eso alcanza? No. Creo que tenemos que pensar cómo podemos lograr tener el bochazo un poco más largo.
—¿Cree que la medida tomada por EE.UU. para frenar las visas a inmigrantes para Uruguay es una represalia por el comunicado que firmó junto con otros países condenando la intervención en Venezuela?
—Esto es como cuando un marido violento le pega a la mujer y los vecinos la culpan a ella porque hizo algo que le molestó. Es culpabilizar a Uruguay por una decisión que toma el gobierno de Estados Unidos, que, además, no tiene ningún tipo de racionalidad porque Uruguay no es de los países que más aporta migrantes. Por otro lado, si mirás el listado de países incluidos, hay algunos muy amigos de Estados Unidos. México y España firmaron el comunicado y no están en la lista. No hay ningún tipo de correlación entre el comunicado y la inclusión en esa lista. El propio embajador transmitió a Orsi que no estaba enterado y se comprometió a hacer gestiones para que se pueda solucionar. Y la tesis de algunos seudoanalistas y de algunos integrantes de la oposición de que esto es una mala decisión de la política exterior de Uruguay, como si Uruguay tuviera que pedir permiso para sacar un comunicado... Hablan de independencia, soberanía, dignidad, y ponen la cola entre las patas cuando Uruguay tiene una posición soberana sobre un tema.
—La declaración sobre Venezuela aprobada por el Frente Amplio en el Parlamento no habla del régimen de Maduro ni de los presos políticos ¿Por qué?
—Porque lo que se estaba discutiendo era la intervención estadounidense en suelo venezolano, no la situación de fondo. Es un tema muy complejo sobre todo para quienes sentimos que la bandera del antiimperialismo tiene una vigencia. ¿Eso quiere decir que la situación en Venezuela es perfecta? No. El gobierno y varios integrantes de la fuerza política nos hemos expresado millones de veces. Las elecciones no fueron claras y el Frente Amplio no reconoció el gobierno. Además, en las horas posteriores quedó claro que muchos de la oposición que salieron a tuitear como locos y a festejar la intervención porque iba a venir la democracia quedaron en offside, tuvieron que ir al VAR. Porque había una conferencia de prensa de Trump diciendo que en realidad su problema era el petróleo, que la presidenta que él había designado era Delcy Rodríguez y que le interesaba muy poco la democracia. Todos esas grandes expresiones de deseos generan hasta vergüenza ajena. El único que tuvo un poco de tino fue (Luis Alberto) Lacalle Herrera.
—El comunicado del Partido Nacional cuestionó la intervención.
—Después de que (el expresidente Luis) Lacalle Pou salió a decir “esto es un cambio, llega la democracia”. En ningún momento se habla de democracia, hay un gobierno electo ilegítimamente por parte de Estados Unidos. Hay una detención arbitraria de un presidente que ha tenido muchos cuestionamientos acerca del proceso eleccionario, pero que es un presidente constitucionalmente establecido por las autoridades de Venezuela.
—Si ya han expresado críticas sobre el gobierno de Maduro, ¿por qué no hacerlo en el comunicado para conseguir una declaración conjunta con la oposición?
—Quien puso freno para no sacar una declaración en conjunto fue el Partido Nacional, que trancó una resolución que cuestionaba la intervención. No fue el Frente Amplio ni el Partido Colorado. Lo otro ya se había expresado varias veces. El problema de Venezuela sigue estando. Sigue habiendo un gobierno que carece de legitimidad de origen en una elección, sigue habiendo un gobierno que tiene niveles de dependencia muy embromados y sigue habiendo una situación en la que democracia es todo lo que falta. En eso ya estamos muchos de acuerdo. ¿Ahora, porque eso no está, no te podés expresar?
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—¿Uruguay corre el riesgo de quedar aislado con su estrategia de inserción internacional? Ya se le fue un socio, Chile, y pueden escapársele otros en próximas elecciones.
—Sostener la bandera de la democracia, de la vigencia de los derechos humanos, el principio de no intervención, de la soberanía de los Estados, son principios cardinales de la política exterior. Si lo hacemos en conjunto, mejor, y, si lo tenemos que hacer solos, lo vamos a hacer solos. Es parte del ADN de Uruguay. ¿Eso quiere decir que tenés un alineamiento ideológico? No.
—¿Cómo ve la discusión sobre un impuesto adicional al 1% más rico? ¿Cree que hay que dar el debate ahora?
—En términos futbolísticos, no hay que achicar la cancha, y también hay que aguantar el archivo. Las dos cosas. Discutir sobre cuáles son los mejores niveles de igualdad en Uruguay necesarios y posibles, bienvenido sea, eso es oxígeno puro para la izquierda. Pero ese es uno de los instrumentos, no el único. El gasto público y la inversión pública es uno, generar condiciones para el crecimiento económico es otro. Discutir sobre un instrumento es acotar la discusión, sería por lo menos reduccionista. Por otro lado, lo del archivo es importante. Pasó menos de un año de la última elección, donde algunos de los que hoy están proponiendo este debate nos planteaban que era necesario aumentar tres puntos del PBI para financiar las jubilaciones para los viejos de nuestro país, porque, si no, el Uruguay no avanzaba en materia de equidad. Quienes dijimos que sí había que hacer una priorización, pero en la infancia, nos dijeron prácticamente que trabajábamos para el capital transnacional. Si hace un año estabas diciendo una cosa y ahora estás diciendo otra, también hay que tener cierta gradualidad. Bienvenida sea esta discusión, bienvenida sea la priorización de los recursos en infancia. Hay que ver cómo no achicamos la cancha y cómo al mismo tiempo no generamos un antagonismo entre los que estamos de acuerdo en mejorar los niveles de igualdad. Eso también es parte de cómo, en un mundo en el que la ultraderecha pulula en la región —en Uruguay también andan ganando terreno discursivamente y en algunos parlamentarios—, la izquierda, al mismo tiempo de representar las visiones más clásicas de la izquierda, tiene la capacidad de ser lo más amplia posible y representar a ese conjunto de uruguayos y uruguayas que no se identifican con los sectores más radicalizados de la ultraderecha.
—Este año pueden avanzar investigaciones sobre Cardama, ASSE, la entrega del pasaporte al narcotraficante Marset. ¿Cree que las autoridades pasadas quedarán expuestas?
—No sé cuánto de eso puede impactar en el gobierno anterior, pero sí hay necesidad de conocer la verdad sobre algunos temas que han quedado poco claros. Cuáles son los motivos que llevaron a tener un endeudamiento tan extremo y en qué se gastó, porque no hubo un impacto en la mejora de la atención en los servicios de salud del Estado. Más cuando tenés en cuenta que algunas de las instituciones que se beneficiaron tenían vínculos con las anteriores autoridades. En el caso de Cardama también, ¿por qué se decidió contratar, de manera directa, a una empresa española que no tenía antecedentes en el rubro, que nunca había construido una patrullera oceánica? Hay que echar luz. Puede haber chamboneadas o negligencia. ¿Puede haber otra cosa? Eso es lo que no sabemos y lo que queremos averiguar mejor.
—¿Es un objetivo del MPP ganar la interna del Frente Amplio este año?
—No. De hecho, la última elección no la ganamos. Hay una discusión más de fondo que es cómo las estructuras de las organizaciones políticas terminan siendo más representativas del conjunto de los electores, no solamente de los militantes, que son los focos fundamentales y quienes construyen día a día. El Frente ahí tiene un debe. Ha logrado construir algo muy importante, un partido político que tiene sus diversidades, pero también una identidad propia y un conjunto de mecanismos de resolución que a veces son medios engorrosos. Tiene un sistema de decisión que tenés que tener nueve décimos. El que lo puso es para no decir que tenía que ser por consenso. Porque es imposible. Y en una sociedad en la que vos tenés tanta dispersión, y en el sistema político empieza a pulular más la política identitaria, todas esas cosas terminan generando exigencias. Y en una sociedad en la que la forma de participación de la gente es diferente. La gente está medianamente informada, en términos comparativos con otros países, pero no participa activamente en la política todos los días. El Frente tiene que poder modernizarse. Eso es parte del trabajo que tiene que realizar la fuerza política.