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    El acuerdo Mercosur-UE es una “pequeña luz” en un “panorama internacional oscuro”

    La implementación del capítulo comercial del tratado va a “animar a los países del Mercosur a trabajar de forma más coordinada para abrir su mercado” y demostrará que los temores en Europa sobre sus impactos negativos son infundados, dice el embajador Petros Mavromichalis

    La Delegación de la Unión Europea (UE) en Uruguay eligió festejar el Día de Europa en el edificio Mercosur. El motivo es evidente: el 1° de mayo, después de 25 años de negociaciones y una ratificación veloz, el acuerdo entre la UE y el bloque sudamericano comenzó a funcionar. Y si bien es una aplicación provisional, el embajador Petros Mavromichalis cree que su puesta marcha dará buenos argumentos para su futura ratificación del Parlamento Europeo.

    El diplomático griego, que ocupa el cargo en Montevideo desde el año pasado, dice que la implementación del capítulo económico del tratado es una “pequeña luz de esperanza” en un “panorama internacional oscuro”. Es, además, una manera de desacoplarse de Estados Unidos, ahora que ese país quiere “cambiar las reglas del comercio”.

    Mavromichalis reconoce cierta “falta de preparación” para aplicar el acuerdo, que la atribuye a la velocidad con la cual los países del Mercosur lo ratificaron y a cierta incredulidad en que finalmente la implementación provisional tendría lugar.

    A continuación, un resumen de la entrevista que el embajador de la Unión Europea mantuvo con Búsqueda.

    —¿Qué significado tiene el acuerdo Unión Europea-Mercosur en el contexto geopolítico actual?

    —Es una pequeña luz de esperanza, de que hay países que creen en la cooperación y en estrechar lazos en un período bastante oscuro, en un panorama internacional oscuro. Cuando otros están erigiendo muros, nosotros decidimos construir un puente para la amistad, la cooperación y el comercio. No hay ningún reto importante al que se enfrente la humanidad que pueda ser resuelto por un país, dos o tres solos; se necesita la colaboración de todos. La Unión Europea, con sus 27 Estados miembros y sus 450 millones de habitantes, y del otro lado el Mercosur, con sus cuatro países y sus casi 300 millones de habitantes, somos juntos una alianza considerable. Más allá del Mercosur, ahora tenemos acuerdos con casi todos los países de América Latina y el Caribe, y Canadá también; entonces, creo que juntos podemos hacer más, representamos a un tercio de los miembros de las Naciones Unidas. Sé que el hecho de tener un acuerdo no implica que estemos alineados en todo, pero nos ayuda a aproximar posiciones.

    —Usted decía que son tiempos oscuros, ¿este tipo de acuerdos le da una espalda mayor a la Unión Europea para pararse en un mundo donde Estados Unidos, China y Rusia ejercen algún tipo de presión sobre Europa?

    —Estos acuerdos demuestran que somos un socio muy codiciado. No solo este acuerdo del Mercosur, en los últimos años hemos hecho acuerdos también con India, Japón, Australia, Suiza, y tenemos un montón de negociaciones en curso, todo lo que demuestra que están interesados en negociar con nosotros, en concluir acuerdos, intercambiar. Somos un socio importante. Hay quienes dicen que la Unión Europea no cuenta. Bueno, si no contara, ¿por qué tantos países quieren hacer acuerdos con nosotros?

    —Hay quienes plantean que la Unión Europea debe desacoplarse más de Estados Unidos en términos de comercio y seguridad. ¿Es el acuerdo también una señal en ese sentido?

    —El desacoplar no lo hemos provocado nosotros. Son los Estados Unidos los que nos dicen que ya no somos tan prioritarios como antes, nosotros solo podemos tomar nota y adaptarnos. Ellos quieren cambiar las reglas del comercio, por ejemplo. Nosotros seguimos siendo un socio confiable y creemos en las reglas del multilateralismo; ahora, si otros quieren alejarse de esto, no podemos sino lamentarnos. Pero eso tampoco nos sirve de mucho. Tenemos que buscar otros socios y estrechar nuestros lazos, a pesar de que la relación con Estados Unidos desde un punto de vista estratégico, económico, político sigue siendo importante. Nadie nos pide a nosotros, ni a Uruguay ni al Mercosur escoger, podemos ser socios de Estados Unidos y también tener otras relaciones.

    —Es un acuerdo que se negoció durante muchos años, pero su implementación se hizo a la carrera, como se dice en Uruguay. Todavía el Mercosur tiene negociaciones abiertas y hay cosas que se resolvieron contra reloj. ¿Cómo se explica?

    —Negociaciones abiertas entre las dos partes no hay, lo que hay son negociaciones en el grupo del Mercosur para decidir cómo se van a distribuir las cuotas que hemos acordado. ¿Por qué no se hizo esto antes? Habría que preguntarles a los socios del Mercosur, yo no se lo puedo decir. Lo que sí le puedo decir es que había mucha gente que no creía que después de tantos años el acuerdo iba a ser una realidad, que lo íbamos a ratificar y que iba a entrar en vigor la parte comercial, aunque sea de manera provisional. Eso explica quizás cierta falta de preparación. Hasta hace pocos días me preguntaban realmente si eso iba a suceder o si se iba a postergar.

    En cada inicio hay siempre problemas de adaptación, nuevas estructuras, nuevos acuerdos, nuevos mecanismos, y eso es un camino, un aprendizaje que ambas partes tienen que hacer. Este acuerdo va también a animar a los países del Mercosur a trabajar de forma más coordinada para abrir su mercado. Nuestros exportadores van a venir aquí no por el mercado uruguayo de 3 millones o 4 millones de consumidores, sino porque les da acceso a un mercado más grande, por eso habría que eliminar algunas barreras que todavía existen.

    —La Unión Europea tiene un mercado común ya establecido…

    —Sí, y sabemos que el camino de la integración regional es a veces difícil, pero es algo que vale la pena.

    —El acuerdo entró en vigor de manera provisional, todavía tiene pendiente un cuestionamiento en el Tribunal de Justicia y tampoco fue aprobado por el Parlamento Europeo. ¿No es un comienzo débil?

    —No diría eso. El Parlamento pidió un dictamen del Tribunal de Justicia, para lo cual tiene derecho. Pero como eso tardaría dos años y como el acuerdo se negoció durante 25 años, la Comisión decidió —y es su derecho— que no íbamos a esperar dos años más. Entonces, empezamos con la aplicación provisional. Esto puede hasta ser positivo, porque va a permitir que se den cuenta todos los que tienen temores de la parte europea de que este acuerdo no va a causar daños irreparables a ningún sector, y espero que eso vaya a facilitar la aprobación del Parlamento Europeo en dos años. Si me preguntas si tengo dudas, el Parlamento Europeo es un órgano legislativo soberano, son directamente elegidos por el pueblo, y por eso nadie puede predecir con absoluta certeza cómo va a ir el voto. Confío en que es un acuerdo que va a beneficiar a ambas partes y que el Parlamento Europeo va a entender eso y a aprobarlo.

    —Algún actor económico puede pensar que es mejor no invertir en el Mercosur bajo las reglas de este acuerdo porque quizás quede sin efecto. ¿No es un temor posible?

    —No estoy al tanto de que exista este tipo de temores por parte de nuestros inversores, que no crean en la entrada en vigor de este acuerdo. Hay que recordar que tuvimos algo bastante parecido con el acuerdo con Canadá; hubo muchos temores, incluso rechazos. Hoy nadie en Europa habla del acuerdo con Canadá.

    —¿Nadie quiere revertirlo?

    —Nadie tiene desastres causados por el acuerdo a los que puedan señalar. Se oían los mismos temores que hoy en día: pesticidas, reglas fitosanitarias, los agricultores que van a sufrir, pero nada de eso ha sido confirmado en la realidad.

    —La lógica es que los hechos hablarán a favor del acuerdo y que, cuando en dos años el tribunal falle, el Parlamento tendrá evidencia para ratificarlo.

    —Exacto.

    —¿Qué cree que mostrará esa evidencia?

    —Ciertamente, un aumento de los flujos comerciales, de las inversiones, un aumento también de los contactos a nivel político y económico para reforzar estos lazos. Espero, como digo siempre, que haya más Europa en Uruguay y más Uruguay en Europa.

    —¿Cree que la oposición que levanta el acuerdo en Francia bajará cuando vean esos resultados?

    —Espero que sí, porque Francia es un país exportador que tiene intereses en el mercado del Mercosur, y espero que vean que salen beneficiados con el acuerdo. Hay sectores de la agricultura francesa, como lácteos y vinos, que quieren exportar al Mercosur. Está también el área de servicios y de automotores; hay muchos autos de marcas francesas en Uruguay y espero que haya más.

    —Como si fuera una política de Estado en Uruguay, la posición a favor del acuerdo fue muy amplia en el sistema político y empresarial, lo que permitió que su ratificación fuera rápida. ¿Cómo se enmarca la relación bilateral en el acuerdo?

    —En Europa se nota y se aprecia mucho la celeridad con la cual Uruguay ha conseguido ratificar el acuerdo, nos ha sorprendido a todos. Cuando usted decía al inicio que después de la negociación todo se precipitó un poco y la implementación provisional nos tomó por sorpresa, también fue por eso. El acuerdo se ratificó en pocos días, lo que realmente nos sorprendió. Felicito al pueblo uruguayo y a todas las fuerzas políticas de haber demostrado esa unanimidad a favor del acuerdo y que haya políticas de Estado que estén apoyadas sea quien sea que esté en el gobierno, ojalá fuera así en otros muchos países. Es una señal de responsabilidad, de madurez y de sentido del Estado, de que lo que interesa es el bien del país más que el bien de un partido o sector.

    —Usted decía que este acuerdo tiene un aspecto político, además de comercial. ¿En qué pueden colaborar los dos bloques? ¿Hay una intención de cooperar para defender ese mundo “basado en reglas” que usted planteaba?

    —Debemos cooperar en todo. Y cooperar no quiere decir que una parte impone algo a la otra, tenemos que dialogar más para intentar contribuir a resolver los grandes desafíos del mundo. ¿Cuáles son? La paz, la protección del medio ambiente. El buen funcionamiento de nuestra economía, que depende de que las cadenas de valor, que son ahora muy integradas y que van a ser más integradas entre nuestras dos regiones, puedan funcionar de manera satisfactoria, sin trabas. Todo eso está ligado. Una guerra en Oriente Medio, el precio del petróleo aumenta, la inflación aumenta, los fertilizantes no pueden llegar a sus destinos; todo eso puede causar hasta hambre en algunas regiones. Juntos podemos intentar ver qué podemos hacer para resolver eso.

    —Hay temas globales en los que hay discrepancias. La Unión Europea tiene una posición sobre la guerra entre Rusia y Ucrania que es distinta a la de Brasil; en cuanto al cambio climático, el gobierno argentino tiene una mirada distinta. ¿Se pueden alinear esas miradas?

    —Con el diálogo podemos, por lo menos, intentar acercar posiciones. Quien no quiere ser convencido quizás no va a ser convencido, pero con el diálogo podemos explicar por qué, para nosotros, la lucha contra el cambio climático es importante. Además, son cuestiones científicas, no tanto políticas. En cuanto a la invasión de Rusia a Ucrania, explicaremos por qué pone en riesgo la paz mundial, no solo la europea. Imagino que todos pueden convenir que cambiar fronteras por la fuerza no es una buena idea, es una buena receta para que haya más guerras en todo el mundo.