—Hubo una provocación. Hubo hasta gente que estaba allí, desde la bancada, preparando una filmación de todo esto.
—¿Y Da Silva entró en la “emboscada”?
—Lo que digo es que hubo una provocación y a Sebastián le saltó la térmica y dijo algo que es negativo y que todos rechazamos. Ahora, seamos claros, hubo 12 horas. Y de lo que se habló después de la interpelación fue de los tres minutos finales. Y una provocación que claramente también es un agravio: tratar de estafador a una persona es un agravio inadmisible. Entonces, fueron hechas disculpas públicamente. Preguntaban si era necesaria para nosotros una nueva sesión. No, la convocatoria del martes fue unilateral por parte del Frente Amplio, que dejó sin efecto la coordinación interpartidaria ese lunes de tarde. Se nos dijo que era una manera de darle cierre, la forma de terminar el tema. Unas disculpas recíprocas ante el cuerpo. Pero después nos enteramos de que —y nos llamó la atención porque es una falta a la palabra— en verdad no era un punto final, sino que por la espalda se estaba procesando algo que era tratar de activar el artículo 115 sin votos ni fundamentación. Entonces suena más a un intento de censura y amenaza política que a otra cosa. Me parece que no es el camino. Por un lado se habla de diálogo y por otro se quiere censurar las opiniones diferentes. Suena más a la falta de liderazgo político en el Frente Amplio que a otra cosa. Creo que hay una disociación notoria entre la bancada parlamentaria y la Torre Ejecutiva. Van en caminos diferentes porque no hay liderazgo político en el gobierno ni en el Frente Amplio y cada cual cree que puede hacer lo que quiera.
—¿En qué ve esa disociación?
—En que por un lado el Poder Ejecutivo insiste con los diálogos y en el Parlamento te activan el artículo 115. En el Parlamento están más preocupados por el enfrentamiento que por respaldar al gobierno. En la interpelación a Fratti se optó por el enfrentamiento y no por respaldar a su ministro, porque la sesión la levantó el Frente Amplio; si hubiera tenido como prioridad respaldar al ministro, no hubiera levantado la sesión. Van dos interpelaciones y en las dos sus ministros se fueron sin respaldo parlamentario.
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Javier García en su despacho del Palacio Legislativo.
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—¿Ustedes se enteraron por la noticia de Búsqueda de que la bancada del Frente quería que se evaluara aplicar el artículo 115 a Da Silva?
—Por Búsqueda. Yo había hablado con (el senador) Daniel Caggiani y me había dicho que no lo descartaba. Y yo le dije que era un profundo error, que eso era un camino que terminaba en un nuevo enfrentamiento político. Días después vino esta sesión y allí plantearon que era el cierre del tema y que había un acuerdo político para eso. Está claro que ese acuerdo no fue cumplido.
—Esto pasa justo en la previa a votar un nuevo Presupuesto, ¿complica las negociaciones con el oficialismo?
—Ahí pasan dos cosas: el gobierno no tiene liderazgo y, como no tiene liderazgo, no tiene rumbo. Y por eso se han abrazado al enfrentamiento, al retroceso y a la revancha. Y en estos meses en verdad no hemos visto una acción positiva, un rumbo. El gobierno y el Frente Amplio se han transformado en una empresa de demoliciones. Se tira para atrás el proyecto de Neptuno, se retrocede en el proyecto de la ANII (Agencia Nacional de Investigación e Innovación) en Jerusalén, se retrocede en el gobierno de la educación, se retrocede en la seguridad social, en las viviendas promovidas, relaciones laborales y hay amenazas a la libertad —tenemos el conflicto de la pesca—, dejamos de tener un ministro de Trabajo y ahora tenemos un ministro de los sindicatos. Se retrocede en la transparencia, ahora el Ministerio del Interior oculta información, se retrocede en seguridad pública. Todas las acciones que ha tenido el gobierno del Frente Amplio son las de abrazarse al pasado. Es un gobierno de retroceso. Todo su accionar es demoler. No han entendido que los países viven procesos de evolución.
—La Ley de Presupuesto es clave para el gobierno, ¿cuál va a ser la actitud de los blancos?
—El Partido Nacional va a tener posición política de absoluta coordinación y de un trabajo muy profesional desde el punto de vista de las asesorías. Vamos a convocar al ministro de Economía, Gabriel Oddone, para escuchar su presentación. Vamos a tener una reunión donde vamos a establecer las prioridades del partido en el marco de la negociación. También vamos a trabajar en mucha coordinación con la coalición. Y después, un análisis primario: el país va a tener Presupuesto. El Partido Nacional y los de la coalición somos partidos de gobierno. El país va a tener Presupuesto. Tenemos una actitud positiva no con el gobierno, con el país. Después habrá que discutir cada inciso y vamos a tener nuestras propuestas. Dependerá del Poder Ejecutivo y del Frente Amplio si quieren que haya un diálogo efectivo o eligen la confrontación. Nos gustaría el camino de la construcción y que abandonen por un rato la empresa de demoliciones.
—La previa entonces no es muy auspiciosa.
—¿En qué sentido?
—Por todo este escenario de confrontación que está describiendo.
—Pero nuestra actitud es que el país tenga Presupuesto. Ahora, el que tiene que elegir el clima es el gobierno. En términos de truco, el gobierno es mano.
—Cuándo dice que el país va a tener Presupuesto, ¿se refiere a que el Presupuesto del gobierno va a salir? ¿O a que, si no sale, queda el Presupuesto anterior?
—Sería una decisión que tendremos que tomar en su momento, pero el Partido Nacional es un partido de gobierno. Pero a nosotros no nos corresponde elegir el tono. El gobierno es el que elige las reglas de juego y ahí yo creo que la falta de liderazgo del Frente Amplio, que lo digo con enorme respeto, es la falta de liderazgo del presidente… El presidente tiene que alinear su bancada parlamentaria con el gobierno porque no puede desde la Torre Ejecutiva convocar a diálogos y en el Parlamento vivir de la agresión en agresión. Y tratando de censurar a senadores de la oposición.
—¿Responsabiliza al presidente Orsi de la falta de liderazgo?
—El presidente ha cedido a las presiones que ha recibido. El episodio de la ANII es evidente. Hay declaraciones de Cancillería diciendo que el proyecto seguía. Y todos sabemos que los sectores del Frente Amplio le doblaron la mano al presidente. Y tuvo que reconocer que hubo una razón política para suspender un acuerdo científico donde el que ganaba es Uruguay. Hay una disociación entre el discurso de la Torre Ejecutiva, el Parlamento y el Frente Amplio.
—También es complejo establecer quién es el líder del Partido Nacional. Hay un líder en ausencia, que es Luis Lacalle Pou.
—No conozco liderazgo de licencia.
—Pero está ausente. ¿Usted lo reconoce como líder?
—Sí, sin dudas. Luis ha logrado algo histórico, que es un liderazgo que reúne a todos los sectores del Partido Nacional. Dicho esto, agrego: un partido “luisdependiente” es una equivocación porque somos hijo de la diversidad política. Y el primero que lo comparte es Luis.
Javier-Garcia-Palacio-Legislativo
Mauricio Zina / adhocFOTOS
—Usted marcó en la campaña rumbo a la convención un estilo diferente al presidente del Directorio del Partido Nacional, Álvaro Delgado. Incluso desde la Torre Ejecutiva se lo veía como más confrontativo. ¿Cuál debe ser el rol de los blancos en este proceso tras las elecciones?
—Creo que el problema que tuvimos después de las elecciones es que no entiendo por qué es tan difícil decir “me equivoqué”. Yo me equivoqué. Ahora hablamos mucho de la autocrítica, creo que es muy sano asumir que las personas nos equivocamos. Yo tengo una cuota de responsabilidad en la derrota. Y no tengo ningún inconveniente en decir que me equivoqué. Obviamente todos tenemos responsabilidades diferentes. Yo asumo las propias. Dentro de esas responsabilidades está que no tuvimos la capacidad o la inteligencia de mostrar claramente que tenemos proyectos políticos distintos. El mensaje fue que éramos más o menos lo mismo. Y no somos lo mismo. Uruguay está construido sobre dos pilares: un proyecto que se funda en la libertad y que representa la coalición republicana, y un proyecto que se funda en el socialismo, con todas las variantes que pueda tener. Y esto es absolutamente objetivo. Cuando uno rasca y ve cuales son las ideas en las cuales se funda cada bloque político, está esto. El horcón del medio de nuestro proyecto es la libertad, y el horcón del medio del Frente Amplio son las ideas del socialismo. Y quizás lo que nos pasó es que no supimos mostrar la diferencia de los proyectos. No alcanza con tener una buena gestión de gobierno. Es necesario, pero no es suficiente. Se vota por la esperanza, no se vota por el pasado.
—Es más fácil decir “me equivoqué” si no fui el candidato. Pero, si lo fuiste, asumir los errores puede ser más difícil… ¿Cree que es necesario ese “yo me equivoqué” de Delgado?
—Esto no es un tema personal. Pero no podemos construir para adelante si no corregimos. No puedo obligar a nadie a que diga lo que quiero que diga. Son cosas que cada uno tiene que asumir. Estamos todos creciditos como para hacer lo que tenemos que hacer. Pedí en la Comisión de Asuntos Políticos del Partido Nacional hace dos semanas que había que abrir la posibilidad de que los compañeros se expresen. Perdimos una elección que no podíamos perder. ¿Por qué? Porque llevamos adelante un gobierno que fue exitoso en lo económico, en lo humano y en lo social. Los números están a la vista. Que pudo haber sido mejor, sí. Tuvimos imponderables como la pandemia y la crisis hídrica. Pero nadie duda de que fue un gran gobierno. Y todos teníamos previsto que ese gran gobierno continuara, porque el proceso iniciado no podía quedar trunco. Nos parecía que había un ánimo popular para continuar. No sucedió. Algo pasó. Algo no hicimos bien. Entonces creo que con madurez, con respeto y con fraternidad tenemos que asumir nuestros errores, porque si no los asumimos tenemos el peligro de volver a cometerlos. Uno de los errores que cometimos fue que no escuchamos, nos ganó un poco la soberbia. Creímos que teníamos la verdad en un puño y eso nos llevó a no escuchar a los militantes, a compañeros y compañeras que nos decían cosas. Y lo segundo fue que quizás el creer que la gestión sola ganaba la elección nos llevó a no escuchar a muchos sectores de la sociedad que tenían insatisfacciones con el gobierno.
—Aire Fresco está atravesando movimientos importantes, como la salida de Martín Lema, ¿cómo lo ve?
—Si algo aprendí es a no meterme en la vida de otro sector. Tengo un sentido partidario muy profundo. Y, por lo tanto, creo mucho en la vida de los sectores del partido. Hay que tener claro que sectores y partidos en el Partido Nacional nunca fueron contradictorios. Y hoy menos que antes. Porque hay un liderazgo único. La reconfiguración de sectores es natural en la vida interna del partido. Lo que aspiro es a que la decisión de un sector no afecte a la unidad partidaria. Mientras eso no suceda, es todo legítimo.
—Decía que no puede obligar a nadie a que reconozca errores. Pero ¿sería deseable que hubiera algún tipo de mea culpa por parte de Delgado?
—El término no sé si es deseable… Creo que es lo natural, cuando tenemos un resultado que no es ni el que queríamos ni el que preveíamos de acuerdo a cómo veníamos, decir “en algo nos equivocamos” y con humildad reconocer qué fue. Yo me hago cargo de mis responsabilidades, no puedo hacerme cargo de las de los demás. Pero es natural. Y que se haga con participación, porque los partidos no son la voluntad de los dirigentes. Los partidos son la acción y el amor que tienen los militantes. El tener la capacidad de reconocer una equivocación y haber tomado decisiones no acertadas es una señal de respeto con el Partido Nacional y con sus militantes. Y tenemos que tener la humildad de escuchar no solo cuando nos palmean el hombro, sino también cuando nos critican.
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Un cuadro de Wilson Ferreira Aldunate acompaña el despacho de Javier García.
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—Los colorados aceptaron integrar un espacio de coordinación de la coalición en el ámbito parlamentario. ¿Cuáles son los objetivos y cuándo se pondrá operativo?
—Va a ser la primera vez desde que salimos del gobierno y quizás la primera vez desde que se conformó la coalición en octubre de 2019 —porque uno de los reclamos que hubo en los partidos de coalición es que no había una coordinación— que va a existir una instancia formal de coordinación de la coalición. Tendrá un triple fin. Primero, el mensaje político que significa que exista una institucionalidad de la coalición y que exista en un espacio donde la coalición tiene un accionar cotidiano, que es el Parlamento, porque acá tomamos decisiones todos los días en las comisiones y en el plenario. Segundo y tercer objetivo: poder coordinar y acordar las coincidencias y las disidencias. Porque participar de una coalición no significa estar siempre de acuerdo, significa tener la capacidad de entender que una coalición la integran partidos diferentes y por ser diferentes habrá instancias donde tenemos matices. Si fuéramos iguales, no habría una coalición, habría un partido único. Respetar esas diferencias es parte de la madurez de la coalición. Entonces, como tenemos la vocación de existencia en un mismo espacio político, cuando discrepamos tenemos que tener la madurez para acordar las disidencias y las formas de disentir que no lastimen a la coalición.
—¿Cabildo Abierto también va a participar de esa coordinación?
—Hay que partir de que la base son los partidos que integran la coalición. Hay que invitar a todos por una sencilla razón: la coalición. Esta es mi opinión personal. Ya no está en poder de los dirigentes. La coalición es una entidad política de la cual se apropió la gente. Existe un espíritu coalicionista, más de una encuesta ya lo revela. Yo pedí una con respecto al votante del Partido Nacional en octubre, que me da 82% a favor de la coalición. Se apropió la gente, que tiene un espíritu coalicionista superior al partidario. Esto es como una casa, el techo común es la coalición, después veo qué cuarto elijo. Pero, si tú no entras en esa casa, no te eligen.
—¿Eso quiere decir que hay que ir a un lema único?
—Creo que deberíamos caminar hacia eso. Pero entiendo que hay otras opiniones, que hasta por propia eficacia política plantean otras ideas. Vamos a escuchar. Tenemos que discutir cuál es la mejor configuración, sin preconceptos. Hay que escuchar mucho, gastar mucha cebadura de mate. Lo que no puede pasar es tomar una decisión que vuelva a reiterar lo que sucedió en octubre de 2024, cuando los partidos de la coalición tuvimos más votos que número de bancas. La legislación electoral uruguaya premia, desde el punto de vista de las bancas, los lemas comunes. Estoy convencido de que lo que sucedió en octubre de 2024, de no tener mayoría en el Senado, condicionó la elección de noviembre. Si hubiéramos ido unidos —esto es contrafáctico—, pero, quizás, si hubiéramos tenido la mayoría nosotros, el resultado hubiera sido otro. Me parece que hay que tener la inteligencia y la sensibilidad para ir generando, sin prisa, pero tampoco sin pausa, estos razonamientos. Empieza a generarse una opinión pública que sabe que después de octubre hay coalición. Quizás, este camino anticipado lleva a que a octubre haya coalición. Veremos.
—¿Cuándo se va a instalar formalmente este ámbito?
—Uno tiene el ánimo de que esto sea en el más corto plazo posible, vamos a ver si podemos acelerar los plazos y dar una señal a la brevedad.
—¿Van a hablar con Guido Manini Ríos para ver si a través de él los diputados de Cabildo se suman?
—Uno tiene que partir de una base, y la base es los partidos que la integramos. Después son decisiones del partido.
—El diputado Álvaro Perrone no se ha mostrado con ánimo coalicionista…
—Parto primero de las buenas intenciones y parto de algo que ya dije, hoy la coalición ya no está en poder de los dirigentes, por suerte. Hoy está en manos de la gente. Yo soy menos libre para tomar una decisión porque hay una opinión pública nacionalista, el 82% de los blancos de octubre quiere que haya coalición. Yo tengo menos libertad si quiero tener una opinión que vaya en línea con la de mis propios votantes. Lo lindo de la política es que no es una ciencia exacta, es un arte.