—El Ministerio de Salud ha estado en el centro de la tormenta por la sucesión de renuncias de jerarcas y asesores. ¿Cómo han sido estas semanas para usted?
—Para mí, tranquilas. Pensé que me podía afectar, pero no. Leí y escuché algunas cosas, muchas opiniones, cosas que no me describían, que no tenía que responder. Estoy desde hace mucho en política, desde el comité de base de Shangrilá, a los 13. Esta es mi primera vez en un cargo. Yo estuve en la OPP (Oficina de Planeamiento y Presupuesto) con Enrique Rubio y con Conrado Ramos, en la creación de la Agesic (Agencia de Gobierno Electrónico y Sociedad de la Información y del Conocimiento), en el sector forestal, el audiovisual… Pero además fui consultor en recursos humanos, gestión, calidad. Trabajé mucho para empresas. Siempre me dividí entre lo público y lo privado. Incluso cuando Cristina era diputada y me pidió para ir como pase en comisión, como cumplía medio horario en ANDE, tenía tiempo para hacer cosas a nivel privado.
—¿Cuál es el rol de la Dirección General de Secretaría (Digese)?
—Es la unidad de gestión, donde nace y cierra todo, o al menos donde debería: las compras, las erogaciones y la distribución presupuestal salen de acá y vuelven las resoluciones de las direcciones técnicas. También depende de qué ministerio se trate. Salud Pública maneja un presupuesto más grande que otros, tiene muchas comisiones y organismos. Digese coordina el gabinete y hace el seguimiento de la planificación estratégica y las prioridades, si se cumple, se avanza o no. No tiene injerencia directa en políticas de salud. Sí cogestionamos con la Dirección General de la Salud (Digesa) la Acción País por la Salud Mental, donde quizá lleguemos a 140 proyectos aprobados. Dentro de Digese hay una unidad de proyectos que hace el seguimiento. Con (la exdirectora) Fernanda (Nozar) habíamos acordado hacerlo juntos.
—Ya que la nombra, ¿qué pasó en el ministerio en estos días? ¿Por qué renunció la cúpula de la Digesa, Nozar y Gilberto Ríos?
—Son situaciones distintas. Con Fernanda estaba planeado desde un inicio que iba a agarrar el grado 5 (de la Clínica Ginecotológica B), aunque pensé que iba a ser más a fines de 2027. Tenía claro que no había muchas ganas de que dividiera tiempo entre lo académico y la Digesa, eso era real. Con ella tenía y tengo una relación muy dinámica. No tuve más diferencias que de gestión, nunca personales. Teníamos un trato muy cercano porque la Digesa y la Digese son muy grandes. La Digesa ejecuta mucho presupuesto y en algún momento su administración tenía algunos problemas de gestión, como en la ejecución de vacunas. Lo digo porque lo hablé con ella. Lo hablamos con Fernanda, por eso lo puedo decir.
—Relación “dinámica”, ¿es una relación correcta?
—Buena, personal. No nos conocíamos de antes. No digo amistad, pero había una buena relación.
—Nadie agarra un cargo tan importante para irse al año y poco, es difícil pensar que algo no se rompió.
—Indudablemente había algún nivel de inconformidad con lo que estaba haciendo. Eso lo debería responder ella. En algunas cuestiones evidentemente no teníamos sintonía.
—¿Por ejemplo?
—A ver… La Digesa en este ministerio funciona de manera como muy… fuera de él. Y es voluntad de esta gestión modificarla. Por eso se va a hacer una agencia para mejorar la parte de medicamentos, cosméticos y demás. La reestructura, la modificación del organigrama es la voluntad de este ministerio. Eso hace que la Digesa cambie su rol y pase a ser la dirección a cargo de la rectoría de la salud. Hoy diseña las políticas, sus criterios y sus controles; pero si lo pensás tenés otras 19 “Digesas” más que son las direcciones departamentales de Salud. Ahí hay una superposición. Lo que queremos es seguir la descentralización, que cada una tenga su espacio. Entonces, toda esa reestructuración está ocasionando confusiones internas y malestares.
—Gilberto Ríos podría haber quedado a cargo de la Digesa, ¿por qué se fue?
—No tenía tanta relación directa como con Fernanda, pero creo que él planteó que trabajaba bien con ella (Nozar). Eso es algo que estamos corrigiendo con las nuevas autoridades de la Digesa, Laura (Llambí) y Gerardo (Bruzzone). Antes de iniciar la gestión, la ministra y el subsecretario (Leonel Briozzo) acordaron temas para este último. ¿Por qué? Porque, si no, después el subsecretario está en todo o está en nada. Quizá en la Digesa no se hizo así.
—Como número tres del MSP, ¿qué objetivos pasan por usted?
—Mi objetivo actual es que el ministerio se enfoque en lo que tiene que hacer y no en lo que no debe. El ministerio no hace prestaciones, no tiene que vacunar, por ejemplo. El ministerio tiene que velar que los prestadores, que son los que te tienen que asegurar tu salud, te vacunen. Hay una confusión histórica que viene de cuando no se había creado la Administración de los Servicios de Salud del Estado (ASSE), que luego se separó. Entonces, es prioritario tratar de que el MSP oriente sus recursos a lo que tiene que hacer. Otro tema es que este ministerio tiene propiedades cedidas a muchas organizaciones; luego tengo que buscar una casa para un centro de salud mental para ASSE y no la tengo. Mi rol es reorientar los recursos del ministerio para su cometido. Queremos una reestructura. El MSP tiene solo una persona nombrada en su estructura: el director de Recursos Humanos. Yo puedo venir y sacar todas las direcciones y poner otras. Una cosa son los cargos de confianza, pero otra cosa son la gente que tiene que asegurar la continuidad de las gestiones, la acumulación técnica.
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Director general de Secretaría del MSP, Rodrigo Márquez.
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—Habló de “opiniones” sobre usted y la gestión. Muchas de ellas son de dirigentes del Frente Amplio que lo señalan o como el “protegido” de Lustemberg o una barrera para llegar a ella. ¿Qué piensa usted de eso?
—Me hace reír que digan que hay una “barrera” para llegar a ella, es increíble. Ella le da el teléfono y el email a todo el mundo. Que luego atienda es otra cosa, ¡es ministra, no tiene por qué hacerlo! Dicen que trabajo con ella en un montón de temas, ¡y sí, obvio! Vengo del Parlamento con ella y estoy en la Digese porque está Cristina. Si no, no estaría. Confío en ella y creo que propone cosas buenísimas.
—¿Y lo del “protegido”? Muchos dicen que hace y deshace acá adentro.
—La ministra es Cristina. Yo soy el director general de la Secretaría. ¿Trabajo a un ritmo determinado? Sí.
—Fuerte ritmo.
—Sí, claro. Vine para llevar adelante los proyectos. Entiendo que la gestión del cambio en la administración pública a veces es compleja y dolorosa. No me toca gestionar el cambio como cuando era consultor, me toca impulsarlo. Eso genera amores y odios. Lo del protegido me causó gracia porque… ¡hay memes del protegido! No creo honestamente necesitar protección. Ahora, no es secreto que con Cristina trabajamos muy cerca. Hicimos la ley de infancia juntos, la peleamos ocho años, los corredactores fuimos Cristina, (la abogada) Natalia Nan y yo.
—Natalia Nan hoy está en la Asesoría Jurídica del MSP, está usted, se suman Zaida Arteta, el presidente de ASSE, Álvaro Danza, Alicia Ferreira, del Fondo Nacional de Recursos, Martín Rebella, que también es asesor del ministerio y que como Arteta fue presidente del Sindicato Médico (SMU). ¿Eso alimenta la idea de la camarilla, todos los hombres de la ministra?
—O mujeres, porque son más las mujeres… Las personas que acceden a los ministerios traen gente de su confianza. Ojalá que en todos los casos tuvieran un acumulado técnico importante, además.
—Hace dos semanas, consultamos a la ministra por las tensiones internas y dijo: “No entro en rencillas menores ni mucho menos en cuestiones político-electorales”. ¿Esto que pasó es fuego amigo?
—No y sí, tampoco vamos a ser inocentes. Es real que el MSP es un foco de atención, un punto sensible, si querés darle palo le vas a dar, la gente se muere todos los días, hay complicaciones de años y deficiencias de hace medio siglo. Hay una oposición que hasta hace poco fue oficialismo, también. Y el fuego amigo no lo descarto. No descarto ningún fuego. Es lo que hay. Cristina es una figura interesante y proyectable a futuro. También tiene un valor agregado muy grande en este contexto político: propone cosas buenísimas en salud. Logró que primera infancia, infancia y adolescencia, que no eran un botín electoral hace 10 años, fueran relevantes. Cuando empezamos con el proyecto, ¿sabés cuántos nos dijeron para qué lo hacíamos si no servía para nada en temas electorales?
—Yendo a su actividad privada, ¿está en stand-by? Tiene un consultora en la web, Ferreira-Márquez.
—Yo tengo una unipersonal. No tengo restricción de hacer asesoramientos puntuales. La consultora, que en realidad no era una consultora, está cerrada desde 2023. Yo soy consultor y voy a seguir siendo consultor cuando termine esto.
—En esa consultora figuraban junto con usted Gabriela Ferreira y Darío Ubilla. Los dos trabajan ahora también con usted, fueron contratados por el MSP por Comisión de Apoyo. Ubilla incluso es su secretario. ¿Eso no produce ningún conflicto de interés?
—¿Por qué? Entraron como asesores. Entran y salen conmigo. O con Cristina.
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Director general de Secretaría, Rodrigo Márquez.
Mauricio Zina, adhocFotos
—Desde su función pública, estan en contacto con empresas. Por eso.
—Como todo el mundo que trabaja en esto. Nunca trabajamos con ninguna empresa de salud. Lo nuestro fue siempre más el comercio exterior, organismos multilaterales o alguna empresa privada por fuera de la salud. Los traje a ambos, sí. Pero hoy en lo privado no tenemos ningún vínculo.
—Volviendo a lo público. Se ha hablado mucho de un mal vínculo entre Lustemberg y Briozzo, ¿qué es lo que ve?
—A Leonel no lo conocía de antes. A mucha gente de la salud no la conocía de antes. Cristina y Leonel sí tenían una relación previa de muchos años. Se fijó un acuerdo de trabajo con división de temas. No veo que tengan una relación complicada, conflictiva. No te puedo decir mucho más. Yo trabajo bien con ambos y ellos se hablan todo el tiempo.
—Otro tema de difícil explicación es el relacionado con la renuncia de buena parte de la Comisión Honoraria de Salud Pública, ¿cuántos se fueron al final?
—No lo sé. Son unos 10, confirmaron ocho… Quizá renuncien todos. Pasa que no pueden renunciar hasta que no asuma otro. Entonces, en paralelo hay que ver quiénes ingresan. Estamos evaluando perfiles. La razón es de público conocimiento, un caso muy particular que está en proceso…
—En el caso de una anestesista que esta comisión inhabilitó por cinco años tras la muerte de una paciente, sanción que la ministra rebajó a tres, todo el mundo se pregunta por qué, si la propia ministra no cuestionó a la comisión, cambió el quantum sancionatorio.
—Sí, el quantum es la discusión, no la sanción. Lo ha vuelto a explicar Cristina: la actuación de la comisión tuvo algunas deficiencias de procedimiento. Eso llevó a que la implicada presentara recurso de nulidad ante el Tribunal de lo Contencioso Administrativo (TCA). El procedimiento todavía está ahí, evaluando qué se hizo bien o mal. O se deja la sanción o el procedimiento empieza de nuevo. También hay que decir que la ministra se respaldó en la evaluación de la División Jurídica del MSP. Además, lo que se hizo fue rebajar la pena, no quitarle la culpa.
—El MSP va a elevar a la Fiscalía una investigación que señala irregularidades en la firma del convenio entre ASSE y el Círculo Católico. Apuntan al diputado José Luis Satdjian, exsubsecretario de Salud en el gobierno anterior, ¿es una decisión jurídica, es política, o ambas?
—Yo investigo expedientes, no hago política. Este es un hecho, no una suposición de intenciones. Como no podemos sancionar, porque las autoridades anteriores no son funcionarios del ministerio, entonces Jurídica sugiere enviarlas a Fiscalía. Todavía no resolvimos hacerlo, pero calculo que lo haremos. El tema es que el exsubsecretario (Satdjian) no debería firmar lo que firmó, no había una delegación hecha, no sabemos administrativamente si el ministro, que estaba en funciones, lo avalaba.
—Volviendo al “protegido”, ¿cómo es el ambiente de trabajo acá?
—En todo el MSP, no sé. En la Digese y demás, creo que sí. Y en otros lados hay cambios y ambiente de cambio. Yo tengo reuniones casi periódicamente. El otro día llamé a la gente de Medicamentos, 40 técnicos, porque se va a crear una agencia. Cuando hay un ruido, rumores, los llamo a todos a hablar, soy muy de aclarar. Acá trabajan 1.100 personas, alguna gente estará enojada y otra estará contenta. Lo que sí creo yo es que hemos tratado de imprimir un ritmo de trabajo que no sé si el ministerio lo tenía.
—¿Nada le molestó en estos días?
—En realidad, sí. Si la ministra fuera ministro, la mitad de las cosas que se dijeron no se decían. Si trabaja de una forma u otra, si hace más horas, si llora o no, si habla fuerte o no, si exagera, si dramatiza, si está loca. Yo veo varones que tienen exabruptos más grandes y sin embargo… Eso sí me enojó. Yo siempre he militado con mujeres y creo en el rol de las mujeres en la función pública. Lo veo en redes: los que dicen que hace falta firmeza en la administración pública, en el caso de Cristina, decían “ah, es otra faraona (sic)”. Eso me afectó. También pensé en mi familia, que es apolítica, lo que pudiera sufrir. Pero digamos que no les pegó mal. Lo de Cristina me pareció injusto porque yo creo que propone un buen proyecto. No soy objetivo con ella, pero no estoy cegado. Y el ataque lo vi muy dirigido a alguien que tiene buena aceptación de la gente.
—Acá volvemos al fuego amigo.
—Amigo o enemigo, en general. No va para ninguno en particular, pero, sí, me molesta más de los propios que de los de enfrente. Me molesta mucho más el que te abraza, te dice “ah, andan bárbaro” y después…