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    Tupamaros homenajean a uno de sus fundadores, que acusó al MLN de “graves deformaciones”, “autoengaños” y de ser “una federación de chacras”

    Alejandro Sánchez y Lucía Topolansky estuvieron en la presentación de una biografía de Jorge Manera

    El secretario de la Presidencia, Alejandro Sánchez, la exsenadora Lucía Topolansky, el dirigente del MPP Camilo Cejas y el excoordinador de Inteligencia Augusto Gregori, junto con el homenajeado y familiares, participaron el martes 3 en un asado donde fue presentado el libro Jorge Manera Lluberas. El Ingeniero. La historia sólida y silenciosa de uno de los principales fundadores del MLN, del periodista Linng Cardozo.

    La publicación, que se presentará también el 10 de marzo en el Teatro El Galpón, es una biografía de Manera, quien nació en Salto hace 96 años y que desde fines de la década de 1980, cuando formuló fuertes críticas al MLN-Tupamaros y abandonó la militancia, se ha mantenido en silencio, aunque cercano al MPP.

    Manera ha sido reconocido como un referente ético para el movimiento derrotado por el Ejército en 1972, pero que llevó a uno de sus integrantes a la Presidencia de la República.

    “Tendemos a transformarnos en una federación de chacras, llámense estas zonales, comisiones u órganos diversos”, escribió en una carta que presentó al Comité Ejecutivo del MLN el 6 de junio de 1988, cuando dejó de militar en el movimiento que había fundado, al que acusó de “debilidades y deformaciones” como consecuencia de “tolerancias, postergaciones, autoengaños y equivocadas expectativas”.

    Manera advirtió entonces que “este tipo de ceguera permitió en el pasado que trepara (el exdirigente Héctor) Amodio, lo mismo que otros individuos no tan peligrosos, aunque también nocivos, lo que, junto a otras desviaciones más generalizadas, llevaron a (…) una situación de verdadero desquicio en el 71”.

    En su carta de despedida afirmó también que “nos deslumbramos con nuestro propio brillo visto desde el exterior, que es el reflejo de una imagen ficticia sobre una leyenda construida por otros y quizás ahora refrendada por nosotros mismos, cometiendo una irresponsabilidad histórica que un día nos costará cara”.

    No era la primera vez que el ingeniero se ocupaba de estos temas. Durante su última prisión fue autor de un documento que circuló en las cárceles, en forma clandestina, primero oral y luego escrito, que otro preso, Ventura Rébori, transcribió, y en el cual se formulan los llamados valores ideológicos básicos (VIB). Estos tuvieron amplia difusión interna y fueron retomados muchos años después por la organización en noviembre de 2018 en un folleto aprobado durante la XI Convención Nacional.

    “Me atrevo a decir que ese trabajo es necesario, más necesario que nunca para una izquierda que se ha ido destiñendo en una práctica cada vez más camaleónica”, opinó el tupamaro Onito Ayala, entrevistado por el autor del libro.

    El creativo Inge

    Manera era un joven ingeniero socialista de UTE en 1964, cuando fue detenido por participar en el frustrado asalto a un banco. Liberado de esa primera detención, después de alrededor de un año en la cárcel de Miguelete, perdió el puesto de ingeniero en la empresa estatal y pasó a trabajar en el diario de izquierda Época. Al mismo tiempo, desarrolló su militancia en el Movimiento de Liberación Nacional-Tupamaros, del cual fue uno de sus fundadores, junto con otros dos socialistas: Raúl Sendic y Julio Marenales. Con Sendic se parecían en el carácter hermético y con Marenales, el Inge, como entonces comenzaron a llamarlo sus compañeros, estuvo especialmente vinculado. Según el testimonio de algunos entrevistados, formaban una dupla perfecta porque el ingeniero era de pocas palabras y su compañero todo lo contrario.

    Manera, que se casó dos veces y tuvo tres hijos, permaneció en total 15 años preso y fue uno de los tupamaros que se fugaron del penal de Punta Carretas en setiembre de 1971. Aunque la historia de la operación El Abuso y del MLN en general ya fue contada por Eleuterio Fernández Huidobro, Samuel Blixen y otros, el libro de Cardozo recoge por primera vez algunos pasajes de la trayectoria de Manera en su fase creativa.

    La fama, alentada por los diarios de la época, llegó a ser tan grande que le fue adjudicado, erróneamente, haberse recibido con medalla de oro en la Facultad de Ingeniería de la Universidad de la República. Sin embargo, este hombre austero pero de firme compromiso con la acción directa, junto con sus colega Juan Almirati, Héctor Amodio Pérez, José Mujica y otros, fue el artífice de la fuga histórica.

    Jorge-Manera-Lluberas
    Recorte de diario sobre Jorge Manera Lluberas.

    Recorte de diario sobre Jorge Manera Lluberas.

    En el libro se cuenta que, como especialista en estructuras, Manera accedió a la celda de un preso común ubicada en el segundo piso de Punta Carretas desde donde pudo hacer el cálculo de la trayectoria que debía tener un túnel construido desde el interior, una idea que al principio parecía descabellada, pero que finalmente él mismo aprobó como factible.

    “Apoyó un papel en el alféizar de la ventana y trazó una línea paralela al muro y otra en dirección a la casa. Ese fue el ángulo a seguir, una vez que hicieron el boquete en el muro, bajo el nivel del suelo”, explica el libro.

    Manera no solo hizo los cálculos, que resultaron básicamente correctos, sino que también ayudó a comunicar las celdas por dentro y fabricó algunas herramientas, como niveles y linternas con jaboneras, cuentagotas y otros elementos comunes disponibles en una cárcel.

    “A mí siempre me gustó andar entre fierros. Allá en Salto arreglaba cachilas”, ha dicho Manera para explicar sus capacidades puestas al servicio de la organización, pero también de sus militantes y seres queridos. Internado en el Hospital Militar, hizo una aguja de tejer con una espina de pescado para regalar a las compañeras que también estaban allí. En el rancho de Pajas Blancas, que llamaban Marquetalia en homenaje al campamento de Tirofijo en la guerrilla colombiana, Manera hacía piezas para berretines y explosivos, pero también torneó una muñeca de madera para regalarle a su hija, a la que vería de forma clandestina.

    “Les presentamos a la Tupita”, contó Samuel Blixen que le dijeron miembros de las Tropas Especiales del Ministerio del Interior cubano durante un entrenamiento en Pinar del Río, a unas dos horas de La Habana. Según Blixen, se trataba de un subfusil diseñado por Manera en Punta Carretas y que los cubanos estaban probando, junto con el uruguayo Walter Sanzó.

    Manera-Lluberas
    Jorge Manera Lluberas en su taller.

    Jorge Manera Lluberas en su taller.

    En 1968 Manera había estado entrenándose en Cuba. Unos años después, ya preso en Punta Carretas, había diseñado un subfusil “que incorporara las mejores características de la UZI, la Sten, la MP 40 y las Kalashnikov”.

    “Fiel a su humildad, nunca se hizo ‘cartel’ con la Tupita”, que, según Blixen, fue construida luego en un taller del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP) en Argentina.

    Entre otros aportes del ingeniero, figuran una pistola con luz para practicar puntería sin munición y diversas mejoras para la tatucera en el departamento de Maldonado que terminó con la vida del trabajador rural Pascasio Báez.

    Según relató Ricardo Pose desde Venezuela, Manera también elaboró un plan llamado Mamboretá para organizar una fuga del Penal de Libertad, muy parecido a uno que llevaron a cabo luego dirigentes del Frente Patriótico Manuel Rodríguez en Chile.

    Pose recuerda a Manera como “aquel tipo ‘raro’ al decir de los cañeros, que en los médanos y montes de pinos de la costa de Canelones debatía con Julio Marenales sobre la mejor forma de construcción de las cabañas, que serían los primeros cantones de la organización insurgente, al ritmo de música clásica mientras fumaba su pipa”.