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    Europa otra vez en emergencia por la cocaína que llega de Sudamérica: “crece a niveles sin precedentes”

    Europol alertó por métodos fluviales de narcotráfico que las autoridades no pueden detectar, algunos de los cuales usan grupos criminales desde Uruguay

    Las advertencias de las agencias de seguridad de Europa se intensificaron en los últimos años. Primero, sobre el récord de incautaciones de cocaína que amenazan el normal flujo de cargas en los principales puertos del continente; luego, sobre el aumento de funcionarios públicos corruptos vinculados al narcotráfico, y el año pasado, sobre el deterioro de la seguridad pública en varias ciudades, especialmente en barrios cercanos a las zonas portuarias. Desde la Unión Europea se coordinaron baterías de medidas para contener esos problemas, pero más amenazas emergen.

    “El tráfico de cocaína hacia Europa evoluciona a un ritmo superior al de los sistemas tradicionales de detección y control”, indica un informe de la Agencia de la Unión Europea para la Cooperación Policial (Europol), el organismo encargado de apoyar a las fuerzas de Policía de la UE en la lucha contra el crimen organizado transnacional.

    Publicado el 27 de enero, el estudio señala con preocupación que el narcotráfico de Sudamérica a Europa “crece a niveles sin precedentes”, fomentado por tres factores: la expansión y el aumento de la eficiencia en el cultivo de coca en América Latina, lo que acrecentó los niveles de producción de cocaína; el aumento de consumidores de esa droga en varios países de la Unión Europea, que mantiene en alza la demanda, y la capacidad de adaptación del crimen organizado frente a las medidas que adoptan las autoridades de seguridad.

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    El puerto de Nynäshamn, Suecia, uno de los puntos en los que se ha detectado e incautado cocaína tras el desplazamiento de rutas del narcotráfico marítimo en Europa.

    El puerto de Nynäshamn, Suecia, uno de los puntos en los que se ha detectado e incautado cocaína tras el desplazamiento de rutas del narcotráfico marítimo en Europa.

    El estudio se centra justamente en la diversificación de los modus operandi utilizados por los grupos delictivos para enviar cocaína desde Sudamérica hacia Europa, un flujo que se realiza mayoritariamente por vía marítima, aunque en los últimos años también se ha registrado un crecimiento de los envíos postales aéreos. “Cada innovación de las redes criminales explota debilidades en las interfaces entre las tecnologías y las instituciones de aplicación de la ley. Las redes criminales han demostrado una preocupante capacidad para explotar vulnerabilidades, ajustando rápidamente sus operaciones para adelantarse a las autoridades”, indica Europol.

    Puertos tradicionales y de enormes movimientos de carga, como los de Amberes (Bélgica), Hamburgo (Alemania) y Róterdam (Países Bajos), lograron en los últimos meses mejorar sus controles de contenedores con cocaína, manifestado en una disminución de las incautaciones de la droga en los tres puertos. Para Europol, sin embargo, eso no responde únicamente a estrategias de combate al narcotráfico, sino a un corrimiento del negocio a otras rutas y métodos de tráfico “más complejos y encubiertos”.

    En cuanto a las rutas, la agencia europea advierte que es probable que las organizaciones criminales hayan desplazado parte de sus operaciones hacia puertos de menor envergadura, como efecto del denominado waterbed effect. Este término anglosajón describe cómo el refuerzo de controles en un punto provoca el desplazamiento delictivo hacia otro menos vigilado, de forma similar a lo que ocurre con el agua en un colchón: mientras Amberes, Hamburgo y Róterdam mejoraron su seguridad, hay más incautaciones en puertos alternativos de la Unión Europea, del sur de España, Portugal, Italia, Francia e incluso Suecia.

    ¿Cuáles son las modalidades para mover cocaína en alta mar?

    En 2023 el Puerto de Amberes, el más importante de Bélgica, incautó un récord de 116.000 kilos de cocaína. El número respondió principalmente a droga proveniente por buques mercantes desde Sudamérica, entre ellos, barcos salidos desde el Puerto de Montevideo. Ante una situación similar en Hamburgo y Róterdam, en 2024 la Unión Europea lanzó la Alianza Europea de Puertos, una asociación público-privada que aglutinó a los puertos más relevantes del continente —gestionados todos de manera independiente— bajo un fondo de 200 millones de euros y que financió comunicaciones más fluidas y nuevos equipos de escaneo de contenedores y control de importaciones.

    Más allá de los puertos de destino, puertos de salida de la droga, como Montevideo, también reforzaron su seguridad con la incorporación de escáneres de alta tecnología para optimizar los controles aduaneros sobre contenedores.

    Iniciativas de ese tipo derivaron en que el narcotráfico gire hacia otros métodos de comercio, como las transferencias en alta mar, el uso de semisumergibles y el ocultamiento profundo de la droga, que, para Europol, “ha creado nuevos puntos ciegos en la vigilancia marítima, el rastreo financiero y los regímenes de inspección”.

    Hasta hace poco tiempo, el sistema más habitual para comercializar cocaína que utilizaban los grupos delictivos era el denominado within the load: crear o adquirir empresas exportadoras legales como fachada, con un historial limpio de operaciones marítimas, para ocultar la droga dentro de un contenedor cargado con mercadería lícita. Ese envío iba desde puertos en Sudamérica —entre ellos, el de Montevideo— a otro en Europa, con escalas que en ocasiones incluían países del oeste de África.

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    Los nuevos escáneres del Puerto de Montevideo buscan frenar el ingreso de droga ocultada en cargas legales mediante empresas fachada.

    Los nuevos escáneres del Puerto de Montevideo buscan frenar el ingreso de droga ocultada en cargas legales mediante empresas fachada.

    Ante el endurecimiento de los controles portuarios, incluida la incorporación de escáneres más sofisticados para detectar contenedores contaminados, las redes criminales comenzaron a desplazarse hacia el método rip-on/rip-off. Esta modalidad no requiere contar con una empresa exportadora, sino con acceso a las áreas portuarias y, en algunos casos, connivencia de funcionarios o personal vinculado a navieras o aduanas. Una vez que un contenedor supera los escáneres, es abierto para introducir la droga y colocar precintos apócrifos que disimulan la manipulación.

    En su informe, Europol señala que el método rip-on/rip-off perdió protagonismo frente a la transferencia directa en alta mar, también conocida como ship-to-ship transfer. En este esquema, portacontenedores, petroleros, remolcadores o graneleros son utilizados como “buques nodriza” para trasladar la droga desde Sudamérica hasta puntos previamente acordados en aguas internacionales: la cocaína es cargada a estos buques comerciales fuera del puerto de origen —mediante pesqueros, yates y veleros recreativos o lanchas rápidas— y, antes de culminar su ruta, es trasbordada otra vez en alta mar a embarcaciones de menor porte (“hijas”), por lo cual el cargamento nunca ingresa a terminales portuarias para exponerse a controles aduaneros.

    En 2024, la Dirección General de Represión al Tráfico Ilícito de Drogas (DGRTID) de la Policía Nacional de Uruguay llevó a cabo la operación Faro, que incautó 1.070 kilos de pasta base con un valor final estimado en aproximadamente 13 millones de euros, una vez procesada la droga y vendida como cocaína en su mercado de destino en Europa. La droga iba a ser transportada, entre otras formas, por ship-to-ship transfer a través de una embarcación pesquera atracada en la playa del balneario San Luis. Oficiales de la Policía Nacional mantuvieron vigilancia encubierta sobre el barco, que estaba listo para navegar hasta alta mar para subir la pasta base a un buque contenedor que había partido del Puerto de Montevideo.

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    Además de este, otro de los métodos en auge que advierte Europol —aún no detectado en Uruguay— es el uso de semisumergibles construidos específicamente para el tráfico de cocaína. Son cargados en ríos, estuarios o zonas costeras de Sudamérica y navegan de forma continua a través del océano Atlántico hasta Europa. Al acercarse a la costa de destino, la tripulación trasborda la droga a embarcaciones menores o la desembarca directamente en playas aisladas.

    El rol de Uruguay en el narcotráfico global

    A inicios de año, la Policía Nacional de España abordó un buque mercante que transportaba 9.994 kilos de cocaína ocultos entre un cargamento de sal mientras navegaba por el Atlántico desde Brasil. El operativo se llevó a cabo a 535 kilómetros de Canarias, luego de que las autoridades detectaran que los narcotraficantes planeaban recoger la droga con lanchas en alta mar.

    Es la mayor incautación de cocaína en la historia de España, en una operación coordinada con Europol, la Administración de Control de Drogas de Estados Unidos (DEA), la Agencia Nacional contra el Crimen del Reino Unido (NCA), la Dirección General de Seguridad Nacional de Marruecos (DGSN), la Policía Federal de Brasil, el Mecanismo Conjunto de Operaciones Atlánticas del Norte (MAOC-N) y agencias de seguridad de Francia y Portugal.

    Una de las hipótesis de los investigadores españoles es que detrás del alijo está el clan de los Balcanes, una organización criminal compuesta por miembros originarios de Albania, Bosnia y Herzegovina, Croacia, Eslovenia, Montenegro y Serbia, dedicada al tráfico de droga a gran escala, incluida la financiación y distribución de cocaína desde Sudamérica hacia diversas ciudades europeas. La Policía Nacional de Uruguay estima que la organización también opera en el país y sospecha que está vinculada con la operación Faro, que intervino el barco pesquero en San Luis.

    Otro operativo policial reciente en Uruguay, realizado en agosto de 2025, involucró a una organización dedicada al ingreso, almacenamiento, preparación y envío de grandes cargamentos de cocaína, que planeaba trasladar 2.000 kilos por vía marítima hacia Europa, con un valor final estimado en 50 millones de euros. Durante la intervención, las autoridades incautaron elementos para el acondicionamiento de la droga —como paquetes de cinta adhesiva, film, flotadores y bolsos náuticos— que hacen prever que estaba destinada para una transferencia en alta mar. La operación, denominada Nueva Era, derivó en otros procedimientos posteriores y culminó con el arresto de Luis Fernando Fernández Albín en Argentina.

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    Parte de una carga de 2.000 kilos de cocaína decomisados el año pasado en Uruguay a través de la operación Nueva Era, acopiados para ser enviados por mar hacia Europa.

    Parte de una carga de 2.000 kilos de cocaína decomisados el año pasado en Uruguay a través de la operación Nueva Era, acopiados para ser enviados por mar hacia Europa.

    La última incautación de relevancia de cocaína con origen en Montevideo y destino a Europa ocurrió en noviembre, aunque mediante un método más tradicional. Se trató de 381 kilos de cocaína ocultos en un contenedor de arroz parbolizado, cargado en el buque mercante Grande Nigeria, de la empresa naviera Grimaldi. La carga salió de Uruguay y fue escaneada por los nuevos equipos de la Dirección Nacional de Aduanas. Tras realizar escalas en los puertos de Zárate (Argentina), Paranaguá, Santos y Río de Janeiro (Brasil), Tenerife (España) y Hamburgo, la droga finalmente fue detectada en Amberes.

    “El contenedor fue sometido a control no intrusivo por selección de riesgo y no se identificaron marcas sospechosas ni irregularidades en la estructura del contenedor. La morfología de la carga correspondió con lo declarado, el tiempo de viaje estuvo dentro de los parámetros establecidos y la factura no tuvo observaciones”, informó Aduanas en un comunicado de prensa, en el que precisó que la carga posiblemente se haya contaminado mediante método rip-on/rip-off.

    Según Aduanas, la ausencia de irregularidades en el escaneo inicial, las escalas posteriores a su salida de Montevideo y la habitualidad de las operaciones de comercio exterior del operador, entre otros factores, “permiten inferir” que los contenedores fueron contaminados durante su tránsito a Bélgica.