En 2019, la desaceleración de la economía se consolidará, y no habrá una reactivación del empleo ni de la inversión privada. Además, en el año electoral se mantendrán los desafíos en el frente fiscal y los problemas de competitividad. La situación podría ser más auspiciosa si perduran las buenas condiciones para la cosecha de soja y hay avances en materia de obras de infraestructura, o si las economías de la región retoman vigor a corto plazo, aunque eso no asoma como muy probable. Ese escenario general es el que vislumbra para el año que se inicia un grupo de analistas de consultoras, del ámbito académico y bancario, que elaboran proyecciones macroeconómicas propias y fueron encuestados por Búsqueda.
En promedio, sus estimaciones anticipan que el Producto Bruto Interno (PBI) en 2019 crecerá 1,3%, que el desempleo se ubicará en torno a 8,4% de la población económicamente activa y que el incremento de los precios minoristas se moderará ligeramente. El déficit en las cuentas fiscales se ubicará en 3,6% del PBI y el endeudamiento público aumentaría tanto en términos brutos como netos respecto del Producto. A su vez, se profundizará el desequilibrio de la cuenta corriente de la balanza de pagos respecto a los niveles actuales.
Esta 12ª edición de la encuesta que realiza Búsqueda recogió 14 respuestas. De esos, 11 son analistas locales: Santiago Rego y Germán Deagosto (CPA/Ferrere), Lucía Rosich (Centro de Investigaciones Económicas-Cinve), Pablo Moya (Oikos), Gabriela Mordecki (Instituto de Economía de la Facultad de Ciencias Económicas y de Administración de la Universidad de la República), Alejandro Cavallo y Soledad Castagna (Equipos Consultores), Aldo Lema (Vixion Consultores), Matilde Morales (PwC), Antonio Elías (Red de Economistas de Izquierda), Marcelo Sibille (KPMG), los asesores independientes Gustavo Michelín y Horacio Bafico, y Michele Santo (Michele Santo & Asociados). Los otros tres son analistas de bancos internacionales: Juan Barboza (Banco Itaú), Diego Pereira (J.P. Morgan) y el equipo de BBVA Research.
El 2019
Ningún analista prevé un escenario recesivo (con caída en el nivel de actividad) para la economía uruguaya, aunque la mayoría espera un crecimiento relativamente magro. En promedio, las respuestas arrojan una expansión del PBI de 1,3%. Eso significa una desaceleración respecto a 2018, (cuando la economía habría crecido en torno a 2%) y bastante menos del 3,3% previsto por el gobierno como base para la última Rendición de Cuentas.
Los más optimistas son Rosich y Pereira, que auguran una expansión del PBI de 1,9% para el año que se inicia. En el otro extremo, Santo estimó que el crecimiento será de solo 0,9%.
Rego indicó que la “desaceleración se consolidaría” porque del lado regional no habrá un “derrame positivo en el corto plazo, incluso teniendo en cuenta el escenario más benevolente (Brasil reencauzando el crecimiento y avanzando sobre reformas clave, y Argentina más estable y avanzando en el reordenamiento macroeconómico)”.
Rosich visualiza un contexto regional “delicado” y Santo ató su proyección a que la economía argentina “no explote”, lo que, a su juicio, es un “supuesto que aparece cada vez más heroico”.
El menor crecimiento de Uruguay en relación al 2018, además del impacto en el turismo por la devaluación argentina, también estará explicado, según Sibille, por el deterioro en el mercado de trabajo. Sostuvo que ya comenzó a verse una afectación de los salarios reales del sector privado y “posiblemente continúe dicha tendencia, con lo cual el consumo interno también debería mostrar una desaceleración, alimentado a su vez por una depreciación de la moneda en un contexto de mayores tasas de interés en el mercado internacional”. Él, al igual que Mordecki y Rego, cree que un diferencial “positivo” en el nivel de actividad y ocupación vendría del lado de las inversiones en obras vinculadas al proyecto de la segunda planta de UPM en el país, como el Ferrocarril Central.
Ningún analista prevé un escenario recesivo (con caída en el nivel de actividad) para la economía uruguaya, aunque la mayoría espera un crecimiento relativamente magro.
Según el promedio de las respuestas relevadas, la desocupación cedería del actual 8,6% (último dato a octubre) a 8,4% al cierre de 2019. Es que, si bien para algunos el mercado laboral mostraría cierta mejoría, otros entienden que las dificultades se profundizarían y la tasa treparía hasta 9,2%, como estiman en Equipos.
Con la actual ronda de negociación colectiva ya casi finalizada, Castagna indicó que la masa salarial se mantendrá “estancada”, como consecuencia de la menor tasa de empleo y un “crecimiento leve de los salarios reales”. Morales apuntó que los actuales niveles de ocupación son “similares” a los que el país “tenía una década atrás”.
En cuanto a la evolución de los precios minoristas, los analistas esperan para 2019 una desaceleración de su ritmo de aumento: en promedio, prevén una inflación de 7,7% (con lo que volvería a incumplirse el objetivo del gobierno de ubicarla en entre 3% y 7%). Estiman, siempre en promedio, que el tipo de cambio se incrementará 7%, por lo que los precios en dólares se mantendrían.
“La recomposición de precios relativos no será significativa” y Uruguay seguirá “caro en dólares, y eso continuará tensionando los márgenes del sector productivo en general”, opinó Rego.
Pereira, del banco de inversión estadounidense J. P Morgan, alegó que su proyección de inflación a diciembre de 2019 (7,7%) se basa en que espera que los aumentos de las tarifas públicas sean “moderados” y que la actividad crezca “por debajo de su potencial”, con lo que el mercado laboral no generará “presión sobre los precios no transables”.
En materia fiscal, las proyecciones —en promedio— no auguran mejoras significativas: el déficit global se ubicaría en 2019 en el equivalente a 3,6% del PBI, si bien los más pesimistas consideran que será del orden de 4%. El Ministerio de Economía informó que a noviembre hubo un resultado fiscal negativo de 2,7% del Producto, aunque si se depura del efecto de los ingresos extraordinarios generados por la llamada ley de “cincuentones”, fue –3,5%.
Para Rego, la sostenibilidad fiscal es uno de los “principales desafíos” a encarar en 2019. Opinó que la mejora reciente en los números “es un espejismo” vinculado a dicha ley, que habilitó a cierto colectivo a desafiliarse de una AFAP y llevar sus ahorros acumulados al Banco de Previsión Social. Y advirtió que, dado que los “efectos intertemporales” de esa reforma “son negativos (las erogaciones superarán los ingresos a mediano plazo), el riesgo es que se interprete la mejora reciente como señal de mayor holgura (lo que podría arriesgar el mantenimiento del grado inversor)”.
En la misma línea, Morales, de PwC, dijo que es “condición necesaria” reducir el desequilibrio fiscal tras la “luz amarilla” que en octubre encendió la agencia Fitch Ratings al poner una perspectiva “negativa” a la calificación de la deuda pública uruguaya.
En materia fiscal, las proyecciones —en promedio— no auguran mejoras significativas: el déficit global se ubicaría en 2019 en el equivalente a 3,6% del PBI, si bien los más pesimistas consideran que será del orden de 4%.
El analista de J.P. Morgan evaluó que las cuentas fiscales “seguirán siendo el principal foco de preocupación. No por el déficit per se, sino por el combo déficit y elevado stock de deuda bruta”. Y añadió: “Confiamos en que el Uruguay tomará las medidas necesarias para evitar el riesgo asociado a perder el grado inversor”.
Respecto al nivel de endeudamiento público, los expertos auguran un deterioro (aunque no todos dieron una proyección): en términos brutos representará 68% del PBI. Y al descontar las reservas (y en el caso de Lema dejando de lado también los encajes), esa relación quedará en 38%.
En cuanto a la cuenta corriente, todos los analistas prevén que se revierta el superávit que se registró en buena parte del año pasado. En promedio, estimaron un saldo en “rojo” equivalente a 1,2% del PBI para 2019. BBVA Research hizo el peor pronóstico (déficit de 2,4%) y Moya, de Oikos, el más optimista: –0,4% del Producto.
Pereira consideró que la mejora en la cosecha y exportación de soja podría ayudar a que la cuenta corriente converja hacia el equilibrio, si bien indicó una proyección con signo negativo (–0,5%).