“La apertura hacia afuera se afianza”, señaló Sofía Loureiro, dueña de El portón de San Pedro, que además de vender a los uruguayos radicados en el exterior cuenta con clientes de Estados Unidos, España, Argentina, Brasil, Francia, Sudáfrica y Portugal. Con una oferta de más de 300 artistas y un acervo de 6.000 obras, su galería —también ubicada en la Ciudad Vieja— comenzó con el e-commerce en 2002, en plena crisis económica en el país.
Para los que se enfocan principalmente en el mercado interno, la actividad atraviesa “un parate”. Diana Saravia, de la galería que lleva su nombre y que empezó como La Marquería de cuadros hace casi dos décadas, este año es de “receso”. “Hay semanas que no vendo un cuadro”, reconoció a Búsqueda en su local ubicado en el Centro. Pero, aunque considera que no es el mejor momento, planifica abrir en pocos meses otra galería en Ciudad Vieja con la que aspira a llegar a los turistas con su propuesta de artistas jóvenes.
En octubre de 2016, su galería saltó a la fama por exponer la obra Génesis Uruguay, en la que el artista Julio de Sosa retrató al exmandatario José Mujica y a su mujer, la hoy vicepresidenta Lucía Topolansky, semidesnudos en un jardín, emulando las figuras bíblicas de Adán y Eva.
Saravia asegura que aún conserva la pieza y que prefiere no exponerla. “Esa bola gigantesca que se armó hizo que fuera un cuadro muy famoso. ¿Por qué lo voy a vender?”, afirmó.
“Bajón”.
Para los galeristas, el mercado de la pintura a escala mundial está cada vez más sólido, pero ese no es el caso de Uruguay. Explicaron que la comercialización de obras de arte no escapa a la realidad económica del país —que visualizan como menos dinámica—, a pesar de que se ofrecen cuadros de buena calidad desde US$ 200.
Este año empezó con uno de los veranos más flojos en materia de venta, evaluó Guerra, que también tiene una galería en Punta del Este. “Vino mucho argentino, pero está lejos de lo que era” como comprador de obras de arte, dijo. A su juicio, desde 2014 “ha habido un bajón” en el nivel de actividad de su sector.
Ciudadela cumplió 36 años de presencia en la Ciudad Vieja y aunque tiene una cartera de clientes “que están más allá del bien y del mal” por su nivel de ingresos, Guerra añora la fluidez que había en el mercado de arte en la década del noventa.
El menor dinamismo hizo que varios establecimientos dedicados a la comercialización de obras artísticas cerraran sus puertas.
“En esta época de casamientos teníamos seis colectivos; hoy todos quieren plata en una cuenta bancaria. Las empresas que hacían regalos de cuadros a fin de año —llegué a enviar más de 20 en un día— hoy compran laptops o tecnología”, comparó.
El menor dinamismo hizo que varios establecimientos dedicados a la comercialización de obras artísticas cerraran sus puertas, como Galería Latina, Bruzzone y Moretti, entre otras, y aun así, con menos competidores, es “difícil mantenerse”, comentó Guerra.
Las casas de remate también ofrecen pinturas al mejor postor.
En abril, una subasta de 110 obras en Castells Remates tuvo buen nivel de ventas (80%), aunque a valores, “en la base”, de entre US$ 300 y US$ 6.000, informó el especialista en pinacoteca Francisco Gallinal. Reconoció que si bien los precios alcanzados fueron razonables, la venta a precio de base no era lo habitual seis años atrás.
Trabas.
Como el mercado uruguayo es reducido y cada vez se vende menos cantidad de obras —aunque a precios algo más elevados—, algunos galeristas dependen de que surjan ventas puntuales a ciertos clientes del exterior para mejorar la ecuación de su negocio. Señalaron que muchos uruguayos radicados afuera, o ciudadanos extranjeros pero que visitan el país, están entre los principales compradores de arte.
Si bien el avance de las comunicaciones y la tecnología les ha facilitado el acceso al mercado internacional, tienen problemas para sacar las obras del país por controles y regulaciones vigentes.
“Es una burrada, porque vienen contenedores llenos de China y no se puede promover la cultura uruguaya afuera. Son obras únicas, se está coartando una industria con muchas posibilidades de expansión afuera”, se quejó Loureiro. Así se refirió a que solo se puedan mandar obras vía couriers por precios menores a los US$ 1.000, lo cual significa poner un límite a las ventas de intermediarios y artistas. La galerista no quiso revelar las cifras de “exportación” de arte que tiene actualmente y las que podría lograr si esa regulación no existiera.
Igualmente, destacó que se está frenando una industria que mueve diversos rubros. “Consumimos madera, papel, alambre, clavos, telas, pinturas, óleos, soportes, cartón, nylon. Si no puedo vender más afuera, todas esas industrias también pierden trabajo”, ilustró.
Como el mercado uruguayo es reducido y cada vez se vende menos cantidad de obras —aunque a precios algo más elevados—, algunos galeristas dependen de que surjan ventas puntuales a ciertos clientes del exterior para mejorar la ecuación de su negocio.
Por su parte, Guerra dijo que ante los topes a los envíos a través de couriers, que en algunos casos son de US$ 200, debe recurrir a despachantes de Aduana, lo que encarece la transacción y afecta su comisión.
En general, las galerías se hacen de entre 30% y 50% del valor de la pieza y el resto le corresponde al artista.
“En una venta de US$ 5.200 a Estados Unidos, gané US$ 800, le pagué US$ 3.000 al dueño del cuadro, el despachante me facturó US$ 800, y el resto fue el marco y costos”, contó. “Si no se favorece el desarrollo del arte y cada vez hay más trabas, es difícil” sostener la actividad, acotó.
La venta de pinturas está exonerada de IVA.
Guerra también se refirió a trabas que Argentina pone al ingreso de pinturas y al giro de dinero como forma de pago de arte. “Es el peor país para enviar algo, porque no sabés ni lo que piden y te trancan el ingreso”, señaló.
En otro orden, mencionó las consultas de bancos sobre ventas a clientes para prevenir el lavado de activos a través de obras de arte. “Esas cosas dificultan la fluidez, embroman”, se quejó. En su opinión, “acá en arte no hay lavado, es una fábula”.