Umpiérrez, que asumió el martes 7 la titularidad de la comisión mencionada, criticó a Ganadería porque “no ha defendido al sector agropecuario”.
A continuación un resumen de la entrevista.
—¿Qué temas priorizará en la Comisión de Ganadería de Diputados?
—Son tres temas centrales a debatir este año.
El primero es la cadena de formación de precios en el mercado de haciendas. Es conocida la queja de los productores respecto a la transferencia o no de los precios internacionales en el resultado final del productor.
Otro es el sector arrocero, que está en niveles de subsistencia con pérdidas acumuladas en las últimas dos zafras, con un techo de productividad pero con costos que no dejaron de subir. Entonces hay que discutir cómo podemos ayudar a un complejo agroindustrial que es modelo de avanzada, de tecnología, de calidad y de inserción internacional.
El sector lechero está en una situación parecida, aunque más compleja por la caída de precios pero con costos más bajos en comparación con los arroceros. El objetivo es buscar alternativas para bajar los costos de producción en esos dos sectores.
–Usted es de Lascano, ¿qué tan grave es el tema de los costos para los productores arroceros?
–El precio más bajo del combustible en Brasil tienta a los productores. En el sector arrocero sucede algo terrible, que los productores ven como el combustible cruzando la frontera cuesta 33% menos que en Uruguay. Cuando se da esa situación empieza a aparecer el contrabando de gasoil y gente que aparece procesada por eso, cuando que en realidad se está jugando la subsistencia de la familia del productor.
El Estado no puede terminar criminalizando este tipo de conductas, sino que debería generar determinadas condiciones de competencia reales y no utilizar a Ancap como una mera empresa recaudadora para tapar el déficit fiscal.
El productor de arroz llegó a una productividad superior a 8.000 kilos por hectárea, que es de los más altos del mundo, pero igual no le cierran los números por los costos internos que tiene.
—¿Cuál es el objetivo al debatir sobre la formación de precios del ganado?
—La idea es poner a los distintos actores del complejo cárnico, como son las gremiales agropecuarias, las asociaciones de la industria frigorífica y los consignatarios de ganado, entre otros, a discutir sobre cómo se forma el precio en la cadena cárnica. Ver cómo se equilibra una balanza que dé garantías a los frigoríficos para tener una ganancia razonable y a los ganaderos que tengan un precio justo por sus vacunos.
Hubo avances con la creación del novillo tipo en el Instituto Nacional de Carnes (Inac), pero se debería avanzar un poco más. Por ejemplo, el mecanismo de fijación de precios en la cadena arrocera. Si bien la complejidad del cultivo arrocero es menor porque se tiene una zafra anual, en comparación con lo que es el proceso de producción de ganado, en el complejo cárnico los precios de referencia en un mundo tecnológico, con virtualidad inmediata y valores que cada día se manejan en el mercado de haciendas, también se debería crear un mecanismo que intente recrear el sistema arrocero para adaptarlo al sector cárnico.
Algo donde las partes transparenten costos, se pacten márgenes de utilidades y de esta manera poder zanjar de manera negociada y civilizada lo que es la fijación del precio de un producto.
—¿Tiene previsto que ese mecanismo sea establecido por ley?
—Quiero poner a discusión esto. Hacer un mecanismo por ley sin el consenso de las partes es algo muy difícil. Queremos incentivar ese debate del tema, porque va a canalizar beneficios para ambas partes.
—¿La discusión será sobre la idea de llegar a una conciliación de precios?
—Sí. Tengo una percepción que también es la idea de que pase a ser conocimiento genuino en esto, y voy a pedir los aportes de los organismos que trabajan con los números del negocio de la carne, que tienen un manejo regional de los precios del mercado cárnico. En Uruguay no se refleja la realidad de un mercado local sino uno regional donde las empresas brasileñas, mediante las distintas plantas de faena que tienen en la región, vienen jugando un peso decisivo en los mercados e interviniendo en la formación de precios. Los mercados dejan de tener transparencia. Somos defensores del libre juego de la oferta y la demanda en tanto existan mercados transparentes, pero si pierden transparencia creemos que desde el Estado hay que abogar para que sea transparente.
No es solamente por eventuales comportamientos colusorios en el mercado interno, sino que hay una incidencia importante de la industria frigorífica a escala regional.
Hay mecanismos históricos que han tenido los frigoríficos para tratar de regular la faena y los precios, como el cierre, el mantenimiento y el seguro de paro. A eso se sumó el tema del feedlot, que lo utilizan algunos frigoríficos como un stock regulador.
Se ha perdido la transparencia en el mercado cárnico, donde la oferta y la demanda no son los factores que están regulando el precio en definitiva.
—¿Qué otro factor de preocupación advierte en este tema?
—Uruguay tiene el sistema de trazabilidad, para la identificación individual de los vacunos, que debería darle una ventaja comparativa respecto a los demás competidores de la región. Sin embargo, eso se transforma en desventaja porque la trazabilidad le significa un costo operativo y burocrático muy importante al productor.
En los mercados regionales eso no se refleja como una diferencia de precios cuando se está exportando a los mismos mercados. Paraguay vende a igual o mejor precio (que Uruguay) y no tiene ninguno de estos condimentos tecnológicos y burocráticos como la trazabilidad.
—El ministro de Ganadería, Tabaré Aguerre, dijo que la trazabilidad permite diferenciar la carne uruguaya para posicionarse en ciertos mercados y que ayudó en el acceso a la cuota europea 481.
—Las ventajas tecnológicas de la trazabilidad están fuera de cuestión. Lo que estoy diciendo es que no tienen un reflejo en los precios que reciben los productores en el mercado.
Los valores por tonelada de carne exportada, si bien bajaron en los últimos tiempos, siguen siendo importantes y superiores a los históricos, pero la rentabilidad no está beneficiando al productor.
Deberíamos pelear para que esto se traduzca en precios efectivos no solamente para la industria frigorífica, sino también que sean trasladados a los productores. En Uruguay hay 45.000 productores ganaderos que son la base del complejo cárnico, y que no solo tienen que ser generadores de producto sino también receptores de utilidades.
—¿El productor asume el costo de la trazabilidad y el frigorífico exportador se queda con la ganancia?
—Hay una utilidad que está quedando en manos de los frigoríficos que podría estar perfectamente en las manos de los productores.
Por eso hay que abrir los ámbitos de debate, transparentar la discusión, exhibir los costos industriales y los productivos. Lo que genera confianza es el conocimiento de la estructura de costos reales.
Sin perjuicio de la competencia entre los frigoríficos, que juegan entre sí, hay elementos que como pasa en el sector arrocero pueden ser puestos sobre la mesa para transparentar una discusión, y los productores recibir un justo precio por la carne que generan.
—¿Qué opina del rol que está teniendo el INAC respecto al funcionamiento del mercado ganadero? El actual presidente de ese organismo apenas asumió dijo que el precio del ganado no se continuará discutiendo en esa instancia.
—El Inac está volcado más a una actividad de promoción de la exportación y colocación en el mercado externo, lo cual es correcto. Pero hay otros roles que debería cumplir que están establecidos en la ley de creación. En el proceso de discusión previsto en el ámbito parlamentario el Inac debe participar y también el Ministerio de Ganadería.
Como productor rural creo que hace largo tiempo los productores venimos sintiendo que las gremiales agropecuarias están un tanto remisas en lo que es la defensa de los intereses ante el Poder Ejecutivo. Hay una actitud de contemplación y condescendencia con el Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca por parte de las gremiales agropecuarias, de la Federación y de la Asociación Rural. No han tenido una actitud de férrea defensa de los intereses de los productores por una cuestión: hay una valoración técnica positiva de Aguerre, es un buen interlocutor, y ha habido un gran temor de que la salida de ese ministro pueda retrotraer las políticas agropecuarias a personas del estilo de (José) Mujica, (Ernesto) Agazzi o (Andrés) Berterreche. Entonces, ese temor hace que no haya ningún cuestionamiento al MGAP. Eso es un error. Porque además es un Ministerio que no ha defendido al sector agropecuario, permitió el incremento de la Contribución Inmobiliaria Rural, el recálculo del Impuesto a la Renta de las Actividades Económicas (IRAE), equivocó el camino con Venezuela dejando en su momento en el horno a las empresas de lácteos, luego de haberlas impulsado a que exportaran a ese mercado.
En su momento se equivocó el Ministerio cuando Estados Unidos rechazó contenedores con residuos de etión, ya que debería haber un laboratorio local para detectar eso.
El sector agropecuario no se queja, a través de sus organizaciones gremiales, porque prefiere tener a Aguerre, antes que perderlo y que venga otro. Hubo un aflojamiento en la defensa de los intereses de los productores y esta es una queja muy común entre los productores de a pie.
—¿Las acciones y discursos de los directivos de las gremiales del agro no representan el sentir de los productores que las integran?
—No voy a hablar por el pasado pero en el futuro puede darse una crisis de representatividad, por un conjunto de cosas que se van dando. En el sector agropecuario hay una sensación de que crecen los costos, los precios de los commodities agrícolas cambiaron, y hay una situación en la cual no se están sintiendo reflejados por las autoridades.
Muchos productores piden una actitud más combativa, que no debe entenderse como una actitud antigobierno, sino de defensa de intereses sectoriales, de la misma lógica que cuando el PIT-CNT se para frente al gobierno desde una lógica corporativa. Y no dejan de ser tan frenteamplistas como los propios gobernantes.