Sr. Director:
Sr. Director:
Accedé a una selección de artículos gratuitos, alertas de noticias y boletines exclusivos de Búsqueda y Galería.
El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáEl mensaje político. Cuando a Kant se le preguntaban qué elementos hacen posible el conocimiento respondía: “Son las formas a priori de nuestro intelecto, lo que hace que organicemos la multiplicidad de mensajes que nos proporcionan las sensaciones y que organicemos las cosas de tal o cual manera”. La contribución del genial filósofo a la gnoseología, complejiza el análisis de la interrelación humana, lo cual tiene su claro correlato en la comunicación política. El punto es que el receptor decodifica e interpreta internamente los mensajes del emisor de acuerdo a su propia estructura intelectiva previa. Popularmente es aquello conocido del “color del cristal con que se mira”.
Dejando por un momento a Kant, hagamos algo de historia política reciente. El electorado uruguayo ha transitado de un bipartidismo tradicional blanco-colorado a la conformación de dos bloques; el Frente Amplio y los partidos de oposición. Este proceso se consolida antes y después de la crisis del año 2002, básicamente con el trasvase progresivo del voto batllista-socialdemócrata del Partido Colorado al Frente Amplio, principalmente por la puerta de Asamblea Uruguay y migrando internamente luego hacia otros sectores, en especial el MPP. Casi dividido en mitades, con prevalencia del Frente Amplio en las tres últimas elecciones, cada bloque de ciudadanos ha estructurado un conjunto de presupuestos, valores, sentimientos y creencias que son los que determinan la lectura que hace de los mensajes y metamensajes que recibe del liderazgo. Hasta la última elección, los mensajes políticos (incluidos los correspondientes “relatos”) se alinearon razonablemente bien con la subjetividad de cada grupo, es decir, sus categorías de pensamiento, sentimientos y expectativas particulares y distintivas. La pregunta es: ¿está funcionando correcta y fluidamente en la actualidad esta arquitectura de comunicación entre partidos y ciudadanía? En mi opinión, la respuesta es negativa. El punto central es que los hechos políticos y la comunicación explícita e implícita que los liderazgos transmiten, está provocando una incómoda sensación de divorcio entre lo que la “gente espera” y lo que está recibiendo. Veamos:
Frente Amplio: Ha sabido desarrollar desde su creación y en sus primeras administraciones, un constructo sólido en la valoración de su electorado basado en tres atributos principales: diferenciación de los partidos tradicionales (la derecha), unidad de acción y mística partidaria. Los tres elementos han conformado un particular sentido de pertenencia, con énfasis en un cierto sentimiento de superioridad ético-histórica. Al momento actual, no está logrando transmitir con éxito ese posicionamiento. Consideremos tres casos. El primero: el affaire Sendic, la errática defensa del ex vicepresidente por algunos sectores y el cuestionamiento cuasifrontal por otro, dejando mella tanto en la autopercepción de “superioridad ética” de la izquierda como en su unidad de acción, en un tema tan caro a todos los ciudadanos. El segundo: la política de inserción internacional, en la cual se ve a un canciller alineado al presidente en una visión más cercana a la de los partidos tradicionales, con una oposición cerril de las mayorías internas y sus aliados sindicales. Tercero: la política económica, tal vez el más crítico, pues se han hecho objeto de áspero debate público las dos visiones que hasta ahora habían conciliado a la interna, las que podríamos denominar; la “promercado y gestión” y la de la “izquierda ideológica tradicional”.
La oposición: Podría darse por cierto que de haber balotaje, quien concurrirá por la oposición será el Partido Nacional. Este es un primer escollo, puesto que deberá unir en segunda vuelta a distintos partidos con quienes competirá en la primera. Adicionalmente, el liderazgo nacionalista también emite señales confusas para un retador que aspira a suceder al actual gobierno. Nuevamente tres áreas de análisis. En primer término, una vez que había logrado anclar un discurso en defensa de la ética pública con las denuncias hacia Sendic y otros casos (ASSE, negocios con Venezuela, Pluna, etc.), surge el tema Bascou, con reacciones muy similares a las del Frente en su momento: un sector que condena y otro que defiende, siendo ambos aproximadamente la mitad del partido cada uno. Difícilmente pueda hacer foco en la ética de cara a las elecciones, aunque el intendente finalmente se aleje del cargo. En segundo término, los claros mensajes que llegan de parte de la dirigencia del interior, disconforme con su representación en la toma de decisiones y conducción política de la cúpula partidaria, lo que se ha procesado a la par del debilitamiento del liderazgo del senador Larrañaga. El tercero y a mi juicio el más importante, es que no ha sabido hasta ahora conformar nítidamente un proyecto-discurso alternativo sólido que encolumne a todos los nacionalistas y satisfaga razonablemente a los votantes de los otros sectores de la oposición y ciudadanos indecisos. Tal vez la mayor corroboración de esto han sido las dudas que expresara en su momento el propio senador Larrañaga sobre la capacidad de la oposición y su propio partido para ser alternativa de gobierno. En el caso del Partido Colorado la situación es aún más compleja. Estando en etapa de reposicionamiento y ya sin el senador Bordaberry en la cancha, no ha logrado aún definir una propuesta consistente, diferenciadora y atractiva. Es sugestivo que la figura relevante que intenta reorientar la estrategia y discurso colorado sea la del expresidente Sanguinetti, casi en solitario. El Partido Independiente mantiene su coherencia, pero no logra “encantar” mayorías y Novick se sitúa a sí mismo como un outsider de difícil previsibilidad y propuesta programática aún incierta.
Este apretado resumen, discutible por cierto, prefigura a mi juicio un escenario novedoso respecto a las últimas elecciones, con electorados en parte desencantados de sus propias fuerzas políticas y ciudadanos desentendidos de la política y los políticos; una variante nada deseable del “son todos iguales”. Pero convengamos que a la luz de lo expuesto, este panorama luce como justificado y hasta lógico. Pareciera razonable que, en mayor o menor medida, los actores políticos reconocieran que la situación actual tiene como uno de sus principales causantes la falta de análisis profesional, reflexivo y consistente de la toma de decisiones y la comunicación con la ciudadanía. Los hechos políticos se procesan de acuerdo a su propia dinámica, son difíciles de prever y a veces perjudiciales, pero si no se dispone de una estrategia sólida, metodología analítica y equipos técnicos que asesoren a la dirigencia con criterios objetivos, es ostensible que los resultados serán los que se observan: desconcierto y descrédito. Al respecto confieso que no soy optimista, pues constato que prima en buena parte de la dirigencia política (no en toda), el “talenteo” y la acción intuitiva, inmediatista e irreflexiva, con cierta pátina de desprecio hacia el tratamiento profesional de las estrategias y criterios profesionales en la comunicación, so pretexto de que “las encuestas siempre se equivocan”, los “tecnócratas no entienden de política” u otras consideraciones peyorativas similares. No obstante, los antecedentes y estado de situación señalados más arriba desacreditan a mi juicio esta postura. Naturalmente no descarto que lo que pueden parecer errores u horrores, sean fruto de cálculos sectoriales o personales, pero en todo caso debieran estar acotados por las estrategias y metodologías de acción comunes de las colectividades políticas, que hoy no parecen existir. ¿Quiere decir esto que la elaboración de estrategias y procesos de toma de decisiones y comunicación analíticos y profesionales aseguran el éxito? Ciertamente no, pero seguro acotan el margen de error y en elecciones que se definen por pocos puntos hacia un bloque u otro no debiera despreciarse.
Retomando a Kant y conceptos de psicología básicos, si los humanos respondemos a los hechos y mensajes en clave de categorías subjetivas (sentimientos, conceptos, valores, etc.) y la dirigencia política tiene señales claras que no está “sintonizando” con el electorado, ¿no se hace necesario conocer y valorizar las expectativas de los ciudadanos antes de continuar enviándoles mensajes erráticos y desestimulantes? ¿No sería el conocimiento de esas expectativas sobre las cuales debieran construirse programas y estrategias? En mi humilde opinión, este enfoque es uno de los aspectos —y no menor— que definirá el éxito de los políticos y partidos a futuro.
Ing. Gabriel Vitar