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Estrenada el 17 de febrero de 1904 en el Teatro alla Scala de Milán, resultó un fracaso que obligó al compositor a efectuarle algunas modificaciones. En su segunda presentación en mayo del mismo año fue un éxito. Puccini continuó retocándola hasta 1907, cuando concluyó su quinta y definitiva versión. El éxito la acompañó hasta hoy, situándola entre las 10 óperas más representadas del mundo entero. Madama Butterfly es el primer acercamiento del autor a lo exótico, que tanto le atraía y que luego reeditará con La fanciulla del west y Turandot.
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El espectáculo que vimos el domingo 2 en el Auditorio Adela Reta es de nivel internacional en todos sus rubros. En lo escénico-teatral, una escenografía sobria, estilizada y muy bien iluminada del argentino Enrique Bordolini, subdivide el escenario en nueve rectángulos superpuestos de a tres. La escena atravesará esos nueve espacios que se abren y cierran con las típicas puertas corredizas de una casa japonesa. Los espacios cerrados ofician a la vez de pantalla, donde se proyectan imágenes.
La dirección de escena del argentino Pablo Maritano extrae de los protagonistas principales una convicción que redunda en la absoluta credibilidad dramática de los personajes. La silenciosa y fiel Suzuki (mezzosoprano uruguaya Cecilia Díaz) que va creciendo sin pausa en gestos y en voz durante todo el segundo acto; el contrariado y compasivo cónsul Sharpless (barítono argentino Omar Carrión) y el siniestro agente matrimonial Goro (tenor uruguayo Gerardo Marandino), todos, además, impecables en lo vocal.
Ni que decir de la pareja estelar compatriota, la soprano Eiko Senda como Cio Cio San y el tenor Carlo Ventre como Pinkerton. Vocalmente brillante, poseedor de un timbre de inusual dulzura en su tesitura, Ventre da la justa medida del yanqui impostado en medio de la cultura nipona y culmina el primer acto haciendo un dúo magistral con Senda (Viene la sera/ Bimba dagli occhi pieni di malia). Senda hace un maravilloso tour de force desde la felicidad y la ilusión del primer acto al desengaño y la desesperación del segundo. Una voz plena, bien timbrada, nunca estridente aún en los agudos más exigentes y un temperamento dramático a flor de piel, hacen de su Cio Cio San un verdadero paradigma.
Desde el foso, Diego Naser al frente de la Ossodre manejó todos los matices. Con un fraseo siempre intenso, supo recurrir cuando debía a la vehemencia que este drama de Puccini reclama y que tantas veces se le escatima.
Madama Butterfly va hoy jueves 6 a las 20, en la última función, con Eiko Senda, Carlos Ventre, Omar Carrión y Cecilia Díaz en los roles principales. Es una oportunidad que los espectadores rezagados no deberían dejar pasar.