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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáEsta semana se cumple ya un año del fallecimiento del Dr. Jorge Batlle; parece increíble lo rápido del transcurrir del tiempo.
No tengo intenciones de hacer una semblanza ni un obituario sobre él, muy molesto se sentiría si lo hiciera, pero sí recordar algunas cosas que provocan que se lo extrañe.
Intento ser lo más objetivo posible y por eso aclaro de antemano que no comparto sus colores políticos, pero siempre respeté sus ideales y su persona.
Batllista, si los hay, por sus actos, sus pensamientos y su apellido. El más tozudo que he conocido, presentándose cinco veces ante la ciudadanía para ser elegido presidente y lográndolo increíblemente con la ayuda de los votos de su tradicional oponente: el Partido Nacional vía balotaje.
Muchos hubieran sucumbido ante los terribles obstáculos, como fueron en simultáneo la aftosa y la crisis bancaria del año 2002, pero para Jorge no había barreras que lo detuvieran. Su amistad cultivada con el presidente Bush desde el 2001 lo llevaron a lograr salvar la situación cuando todos le aconsejaban entregarse, ya sea declarando un default o renunciando a su cargo o vaya a saber cuántos disparates más.
Pero no, la peleó como peleó toda su vida intentando salvar a su querido Uruguay, con aciertos y con errores pero siempre con audacia y sin rodeos. Y salimos y el Uruguay siguió fiel a sus compromisos internacionales cumpliendo a carta cabal.
Cómo hablar del Dr. Batlle sin recordar su pasión por el turf, fundamentalmente por la crianza de caballos, y que fue además, por donde tuve la suerte de conocerlo mucho más gracias a su estrecha relación con un familiar. En 1997 había cerrado el Hipódromo de Maroñas ante la quiebra del Jockey Club y pasó a manos del Estado, donde quedó juntando yuyos y perdiendo revoques.
Fue Jorge quien se puso al frente de la utopía de reabrirlo, licitación de por medio, y no solo le devolvió la alegría a la gente de la hípica sino que logró la apertura de miles de puestos de trabajo, directos e indirectos, una inversión de US$ 30 millones y la conservación de un monumento histórico. También le dio una impronta internacional a nuestro turf con su participación en diversos organismos internacionales. Como pasa muchas veces, a nuestra gente la reconocen más fuera de fronteras que dentro, y el Dr. Batlle era uno de estos ejemplos.
Su repertorio de anécdotas evidentemente es interminable. Un 6 de enero él se encontraba en Maroñas, (¿dónde podía estar el día del Gran Premio Ramírez?) y durante el intervalo que se produce entre carrera y carrera sonaban conjuntos musicales. Nos encontrábamos departiendo en una mesa y él estaba muy molesto. Un periodista se acercó para realizarle algunas preguntas y entre ellas le dijo:
—¿Doctor, que le parece la asistencia de estos conjuntos musicales para amenizar durante las carreras?
— Horroroso —contestó Batlle.
— ¿Y qué pondría usted entre una carrera y otra?
— Otra carrera, esto es un hipódromo no el Teatro de Verano…
Así era Jorge, el Dr. Batlle, el expresidente, el criador de Haras Flanquedores, el esposo, el padre, el abuelo, el amigo.
El hombre con mayúsculas que aún algunos vemos entreverarse con nosotros.
Sergio Barrenechea