“A los uruguayos, ¡atención! Porque no todo lo que viene se hace con buenas intenciones. Y si no se establece un mecanismo por el que se respeten las buenas prácticas agrícolas, como la rotación de cultivos, la zanahoria de la soja dura poco”. En el inicio de una nueva cosecha de ese grano —que se augura como récord—, el presidente de la Asociación Argentina de Productores en Siembra Directa (Aapresid), Gastón Fernández Palma, realizó esa advertencia respecto a la llegada de empresarios de su país para invertir en el agro uruguayo y la sostenibilidad del cultivo de soja.
En la conversación que mantuvo con Búsqueda Fernández Palma prefirió no identificar a los productores que según él, emplean prácticas inconvenientes para los suelos agrícolas en el país al plantar soja.
El cultivo de esa oleaginosa tuvo una fuerte expansión en Uruguay en los últimos 10 años, al pasar de 12.000 hectáreas plantadas a aproximadamente un millón. Ese crecimiento fue liderado por grupos procedentes de Argentina.
Este año el precio de la soja durante la cosecha (más de U$S 520 la tonelada) es superior al del momento de la siembra (unos U$S 450 por tonelada).
En el marco del foro internacional Croplife Latin America, que se realizó el 29 de marzo en el hotel Conrad de Punta del Este, ese empresario señaló que “forzar una producción de soja en zonas donde no corresponde, sin reponer los nutrientes en el suelo es una hipoteca a corto plazo”. Agregó que eso hace que “muchas veces” no se cumpla “con las buenas prácticas agrícolas porque se busca exclusivamente obtener las rentas” del negocio.
Fernández dejó en claro que esa situación no es exclusiva de Uruguay y que también ocurre en otros países de la región como Argentina, donde hay 18 millones de hectáreas sembradas con soja. Y “muchos que siembran en los campos alquilados argentinos no respetan la rotación de los cultivos y se produce un verdadero remate de las propiedades para el monocultivo de soja”, se lamentó.
Dinero y suelo.
Las perspectivas de la agricultura en el Cono Sur para 2030 fue el tema central de ese foro organizado por CropLife, una organización integrada por ocho de las principales compañías internacionales de biotecnología y agroquímicos.
El presidente de la junta directiva de CropLife Latin America, Carlos Guimaraes, manifestó que la expectativa es que en los próximos 40 años se duplicará la demanda agrícola en el mundo y afirmó que en la región la agricultura crecerá más rápido que en otras partes del mundo.
En 2011 Uruguay ocupó el sexto lugar en el ranking de los principales exportadores de soja en el mundo, con 860 millones de toneladas colocadas en los mercados, según datos incluidos en un informe sobre los granos publicado recientemente por el Instituto Uruguay XXI. Tres años antes era el octavo exportador mundial, con 327 millones de toneladas.
Cuando se inició la siembra de soja en la presente zafra, por la tonelada de ese producto se pagaban unos U$S 450. Ahora, cuando se inicia la cosecha, la cotización se estabilizó algo por encima de U$S 520 en el mercado de Chicago, que es la referencia para ese grano. Dicho valor se acerca al récord de U$S 548 registrado en 2008.
Considerando esos factores vinculados a los precios y la demanda, el subsecretario de Ganadería, Enzo Benech, dijo en el foro de CropLife que “hay intereses legítimos de ganar dinero” con esa actividad, pero instó a que “esta oportunidad de producir alimentos no se vuelva en contra del futuro de los recursos naturales, suelo y agua”.
Recordó que el Ministerio de Ganadería implementó los planes de uso y manejo del suelo —cuya fase piloto se extendió a este año— que serán obligatorios en 2013. En esos planes los agricultores deberán informar sobre la rotación de cultivos en sus campos que permita reducir el impacto de la erosión del suelo.
Analistas del agro manifestaron a Búsqueda la dificultad para cumplir el objetivo del gobierno de que se pueda al mismo tiempo “ganar dinero y cuidar el suelo”, considerando el contexto de valorización de la soja y la expectativa de menor producción mundial de ese grano debido a la falta de lluvias en Brasil, Argentina y Paraguay.
En el caso de Uruguay, en parte gracias a las lluvias verificadas en febrero y marzo, el área cosechada de soja registrará un nuevo máximo histórico de 950.000 hectáreas este año y un volumen de 1,9 millones de toneladas, señala un reciente informe de Uruguay XXI.
Según relevamientos hechos por empresas agrícolas a los que accedió Búsqueda, se plantaron casi 1,1 millón de hectáreas del grano, lo que confirma que se romperá el récord de la temporada anterior, cuando se superó ligeramente el millón de hectáreas.
En la presente cosecha de soja los dueños de los campos se quedarán con algo más de la mitad de la renta obtenida “sin correr riesgos”, comentó a Búsqueda el analista agrícola Marcos Carrera. Eso considerando que el costo de arrendamiento de un predio en Soriano es de 1.200 quilos de soja por hectárea y considerando un rendimiento promedio de 2.000 quilos por hectárea en esos campos.
“Plato volador”.
En Uruguay, el crecimiento del cultivo de soja en los últimos diez años se dio por una expansión en superficie plantada y no la productividad, que osciló entre los 1.700 y 2.000 quilos por hectárea, según registros de la Dirección de Estadísticas Agropecuarias.
Para mejorar esos rendimientos, el decano de la Facultad de Agronomía estatal, Fernando García Prechac, planteó la necesidad de reinstalar un programa de investigación en soja para determinar una variedad y tipo de soja adaptada a las condiciones climáticas, del suelo y de la topografía de Uruguay. “Acá se trasplantó un modelo de producción de la pampa húmeda argentina y los resultados están a la vista: los campos uruguayos dan unos 1.000 quilos menos de rendimiento por hectárea” que en el país vecino, comentó ese académico a Búsqueda.
“Esto es un plato volador llamado soja que llega a nuestra ecología de suelos, clima y topografía, que no es tan amigable como la de Brasil y Argentina”, graficó.
Afirmó que el cultivo de soja nunca fue central en la investigación, al punto que en 1998 el Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria decidió cerrar el programa de investigación que tenía.
Otros cultivos agrícolas se desarrollaron en base a investigación local, sostuvo. “En el trigo los rendimientos han crecido por la tecnología de manejo de variedades que se desarrolló en Uruguay y el arroz también es toda tecnología local; estamos en el nivel más alto de rendimiento mundial”, destacó García Prechac.
En la última década la productividad en quilos por hectárea del trigo pasó de 1.500 a poco más de 3.000 y del arroz saltó de 6.000 a 8.400. El promedio de rendimiento del arroz en 2011 fue el más alto de la historia del cultivo en el país y el mayor entre los productores mundiales de ese cereal.
En cuanto al cuidado de los recursos como el suelo, opinó que “un problema central que casi no se discute en el país es que la mayoría de las tareas agrícolas son realizadas por empresas contratistas en tierras arrendadas”.
Opinó que los planes de uso y manejo del suelo no representarán “ninguna autorización previa”, sino que más bien apuntan a poner “un limite a la ambición desmedida en función de preservar un recurso”.