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La Orquesta Juvenil Nacional del Sodre y el Coro Nacional de Niños del Sodre celebraron sus aniversarios con una emotiva gala sinfónico-coral en el Auditorio Nacional Adela Reta
Director Ariel Pintos y la Orquesta Juvenil Nacional.
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Valentina Weikert
Directora académica de la Orquesta Juvenil del Sodre Claudia Rieiro, vicepresidenta del Sodre Alejandra Moreira, director general del MEC Carlos Varela, consejera del Sodre Natalia Schiavone y presidente del Sodre Luis Pérez Aquino.
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Miguel Demasi, Enrique Iglesias y Eduardo Bartfeld.
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Arturo Gazzara y Sylvia da Silveira.
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Nancy Calisto y Oscar González.
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Alba Ayres y Laura Llaguno.
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María Noel Saldías y Fabiana Wilson.
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Federico Rivas y Paola Moreira.
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Susana Bernasconi, María de Luján Torre y Julieta Lens.
El viernes 19, el Auditorio Nacional Adela Reta fue escenario de una noche de Gala Aniversario de la Orquesta Juvenil Nacional del Sodre (OJNS) y el Coro Nacional de Niños del Sodre (CNNS), que ofrecieron un concierto sinfónico-coral para celebrar sus respectivas trayectorias.
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La instancia conmemoró los 15 años de la OJNS y los 10 años del CNNS, dos proyectos que han marcado a generaciones de jóvenes músicos y cantantes y se han convertido en espacios de formación artística, crecimiento personal y construcción colectiva.
Durante la celebración, se destacó que estos aniversarios representan mucho más que una cifra. Son años de historias compartidas, de esfuerzos sostenidos y de vidas entrelazadas por la música. A lo largo de este tiempo, cientos de niños y jóvenes han encontrado en estas agrupaciones un lugar para desarrollar su talento, pero también para crecer como personas, fortaleciendo valores como el compromiso, la disciplina, el trabajo en equipo y la sensibilidad artística.
Asimismo, desde el Sodre recordaron que detrás de esta celebración existe una historia aún más amplia: los 30 años de la Fundación Orquestas Juveniles e Infantiles del Uruguay, impulsora del programa Un Niño, un Instrumento. Una iniciativa que ha llevado la música a distintos rincones del país, promoviendo la inclusión, la formación y el desarrollo de comunidades a través del arte.
La gala reunió un repertorio especialmente seleccionado en torno a una idea central: el poder transformador de la música. Las obras interpretadas invitaron al público a reflexionar sobre la paz, la esperanza, la espiritualidad y la renovación, utilizando la voz humana y el lenguaje musical como herramientas para generar encuentro y emoción.
Entre las piezas destacadas, estuvo El hombre armado: una misa para la paz, una obra de profunda carga simbólica que plantea una reflexión sobre los conflictos y la necesidad de construir sociedades más justas y pacíficas. También formó parte del programa Adiemus, composición reconocida por su atmósfera etérea y su lenguaje universal, que propone un recorrido interior en el que lo humano y lo espiritual convergen sin fronteras.
La noche culminó con la energía y vitalidad de Danza de la lluvia, una obra que evoca los ritmos de la naturaleza y la capacidad de renovación que emerge después de cada dificultad, cerrando una celebración que puso en valor no solo el talento artístico de sus integrantes, sino también el impacto social y humano que la música puede provocar.