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Fantásticamente inestables

Esta edición de Películas para la vida va sobre las mujeres y la locura. La cordura se puede evaporar definitivamente o aparecer y desaparecer de a ratos, de diferentes maneras, así de juguetona es; estas películas son ejemplo de ello

Editora de Galería

Algunas películas llegan a Netflix sin mucho aspaviento y son las que más me llaman la atención porque, cuando son buenas, son un hallazgo. Así llegó Las locuras, de Rodrigo García, el hijo mayor de Gabriel García Márquez, que se forjó una trayectoria más que sólida en el cine y que, personalmente, sigo muy de cerca. El colombiano se ha enfocado declaradamente a explorar en sus películas la experiencia femenina. Seguro viste alguna de ellas: Con solo mirarte, Amor de madres, El secreto de Albert Nobbs, Nueve vidas.

Las locuras transcurre en Ciudad de México en un solo día que no es cualquier día para las seis mujeres protagonistas. La historia de una de ellas, Renata (Cassandra Ciangherotti), es el hilván que une todas las demás: en ella confluyen, de ella parten. Sin mucha demora sabemos que Renata atraviesa una crisis de salud mental y que está bajo la custodia de su padre —un padre amoroso pero agotado por las circunstancias— después de un incidente que no se revela hasta el final y que la tiene con tobillera electrónica en prisión domiciliaria.

Habla rápido, es provocadora, se rebela (siempre seductoramente y con simpatía) contra las órdenes de su padre, transgrede límites. Uno no sabe si encontrarla encantadora o amenazante. Así puede verse la locura. “Me tienen miedo”, dice Renata en un momento, entre orgullosa y apenada.

Rodrigo García se enfrentó al intríngulis de retratar una enfermedad de salud mental en esta película, coqueteando con cruzar una frontera peligrosa: romantizar la locura. No la cruza. Los ojos de Renata siempre son intimidantes, se percibe otra vida del otro lado, algo a lo que no accedemos. Y ya sabemos lo magnético que resulta lo inaccesible.

Las locuras me hizo volver sobre algo en lo que a menudo pienso: lo fácil, lo involuntario e inhabilitante de perder, de pronto, el contacto con la realidad. Cualquiera que haya tenido una crisis de ansiedad sabe a lo que me refiero.

Esta edición de Películas para la vida va sobre las mujeres y la locura (entendida como la pérdida del juicio, como la define la RAE, no de acuerdo a criterios médicos). La cordura se puede evaporar definitivamente o aparecer y desaparecer de a ratos, de diferentes maneras, así de juguetona es. Estas películas son ejemplo de ello.

Soy Patricia Mántaras, periodista y editora de Galería. Espero que estos últimos días del año te encuentren bien, con la energía necesaria para afrontar diciembre con gracia y sin mayores crisis. Me podés escribir con comentarios o sugerencias a [email protected]. Estaré encantada de leerte y responderte.

Anne-Hathaway
Anne Hathaway en el episodio Take Me as I Am, Whoever I Am de Modern Love.

Anne Hathaway en el episodio Take Me as I Am, Whoever I Am de Modern Love.

Antes de ver a Anne Hathaway entrar al supermercado a plena luz del día vestida de lentejuelas y con un abrigo de piel, había leído en The New York Times el ensayo que inspiró ese episodio de la serie Modern Love (está en Prime Video): Take Me as I Am, Whoever I Am (Acéptame como soy, quienquiera que sea). Lo escribió en primera persona Terri Cheney, una abogada de Los Ángeles que decidió a través de esta pieza salir del clóset con su bipolaridad. Ni en su trabajo ni sus amigos sabían de su condición, así que la tenían como una persona explosiva, supercreativa, vivaz, chispeante, de humor agudo y siempre entusiasta. No conocían su lado B. “Sin medicación, estoy a merced de mis propios y espectaculares cambios de humor: ‘animada’ durante días (encantadora, habladora, efusiva, divertida y productiva (...), luego ‘deprimida’ y esencialmente inmóvil durante semanas”, escribe en el ensayo.

La verdad, sin embargo, era imposible de ocultar a sus potenciales parejas:

“Me puse crema, me depilé e hice todo lo posible para recrear el atractivo maquillaje de Rita Hayworth en Gilda. Mientras me aplicaba sombras, recordé su conmovedora frase sobre la película: ‘Todos los hombres que he conocido se han enamorado de Gilda y han despertado conmigo’. Me carcomía tanto, que me temblaba la mano y no pude terminar de aplicarme el rímel”. Se acuesta y no se levanta por días. Nadie responde al timbre cuando el hombre al que sedujo entre las góndolas con su abrigo de piel y blusa de lentejuelas la pasa a buscar para ir a cenar. Esa mujer no existirá por varios días más.

La catártica risa de villana

De chica siempre le pedía a mi hermana, cinco años mayor que yo, que me hiciera la “risa de villana”. Ella se ponía en personaje, cambiaba su postura, hacía un silencio y emitía unas carcajadas que sonaban como las de Cruella de Vil. Todavía le pido que lo haga a veces y trato de imitarla, pero no me sale como a ella.

Cuando se trata de personajes femeninos, la risa con carcajadas estridentes se asocia en el cine, muchas veces, al colapso nervioso, a los desbordes emocionales, o directamente a la maldad. Las carcajadas son sinónimo ya no solo de falta de recato y elegancia, sino de insanía (qué injusticia, con lo saludable, lo liberador que es reírse).

Bertha Rochester, la esposa “loca” del Sr. Rochester en Jane Eyre, es un ejemplo (la adaptación al cine más reciente, de Cary Fukunaga, está en Prime Video). La mujer se ríe aterradoramente en las noches desde el ático en que su marido la tiene encerrada por considerarla peligrosa. Charlotte Brontë define la risa en la novela como “demoníaca”, al punto que inquieta a Jane Eyre, la niñera recién contratada y futuro interés romántico del dueño de casa. Lo cierto es que Bertha sí ha tenido algunos exabruptos y se ha excedido en el uso del fuego con algunos “accidentes” piromaníacos, pero de ahí a tenerla encerrada en el ático…

Las esposas malvadas, las madres malvadas, las niñeras malvadas; lo doméstico se vuelve aterrador con algunos personajes femeninos del cine a través de los que se han satanizado los desequilibrios mentales. Si no, pensemos en Carrie, la película de Brian De Palma basada en la novela de Stephen King (está en Mubi). Esta chica (Sissy Spacek), que termina convirtiéndose en asesina para vengarse de sus hostigadores de la secundaria, es hija de una madre maltratadora y desquiciada. En Carrie la villana es la hija, pero antes lo fue su perturbada madre.

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Kathy Bates en Misery.

Kathy Bates en Misery.

Stephen King nos dio también a otra de las villanas trastornadas más icónicas del cine: la enfermera Annie Wilkes, de Misery (la película está en Mubi). El fanatismo obsesivo de Annie por el escritor Paul Sheldon la lleva, primero, a rescatarlo de un accidente automovilístico, y después a mantenerlo en cama a la fuerza, incapaz de moverse, para que le dé a su próximo libro el final que ella quiere.

Desbordes cotidianos

“Me envidian la libertad”, dice Martha Hoffman (interpretada por Marilú Marini). Es la protagonista de 27 noches, la última película dirigida por el uruguayo Daniel Hendler (está en Netflix). Tiene 83 años, una gran fortuna y dos hijas tan preocupadas de que la dilapide que quieren internarla. Tiene, además, un diagnóstico no concluyente de demencia frontotemporal. Y tiene aventuras con hombres 35 años menores y una vitrina llena de esculturas fálicas y unas ganas irrefrenables de seguir bailando. Para determinar si está en sus cabales, entra en escena el perito Casares (Hendler), que no tarda en darse cuenta de que Martha está más cuerda que todos y que su único problema es que quiere vivir los años que le quedan, como quiera.

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Marilú Marini en 27 noches.

Marilú Marini en 27 noches.

El colombiano Rodrigo García (también cocreador de la serie In Treatment, en la que Gabriel Byrne interpreta a un terapeuta) consultó a psiquiatras tanto en el proceso de escritura como en el montaje de Las locuras. Aunque el atractivo personaje de Renata se roba gran parte de la atención, las otras cinco historias de esta película coral hablan de mujeres que, sin una condición médica —al menos clara o explicitada—, son llevadas al límite. “Me interesan las personas inteligentes, cabales, de alto rendimiento profesional, que pueden perder la cordura y tener ataques de locura, no literalmente médicos como el de Renata, sino arranques de falta de control”, dijo el director a El País de España. Así que en un día en particular en el que los astros parecen alinearse, estas mujeres se desbordan, y en un rapto de locura o de lucidez (ustedes elijan), se rebelan contra las presiones familiares, las expectativas ajenas o las censuras propias, y dan un volantazo espectacular y necesario.

“Nunca me había sentido tan fantásticamente inestable en toda mi vida”, dice Franny Glass en el libro Franny y Zooey, de J. D. Salinger. A veces, vivir se siente así.

Te recomiendo algunas notas de Galería para esta tarde de domingo. María Inés Fiordelmondo estuvo en el conversatorio por el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, en el que Thelma Fardin habló de la reparación en víctimas de abuso sexual; Milene Breito entrevistó a Angelina Ferreira, directora nacional de la Guardia Republicana, primera mujer en ese cargo, y, si estás buscando libros para los próximos días (o las vacaciones), estas 5 novelas exploran las relaciones, la sexualidad y la soledad.

Ahora sí, ¡feliz diciembre!

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