Pink Floyd en 1968: David Gilmour, Syd Barrett, Nick Mason, Roger Waters y Rick Wright.
A mediados de los 60, cuando en Estados Unidos se gestaba un movimiento pacifista encabezado por cantantes como Bob Dylan o Joan Baez y en Reino Unido destacaban las bandas vanguardistas convertidas en ídolos de masas como The Beatles o The Rolling Stones, era casi imposible no querer formar parte de esta eclosión cultural para quienes les interesaba la música.
Sus primeros miembros fueron Syd Barrett como vocalista y guitarrista, Roger Waters como bajista, Nick Mason como baterista y Richard Wright como tecladista, todos ellos jóvenes de entre 19 y 22 años, estudiantes universitarios inquietos que querían formar parte de la nueva ola de rock que más tarde se vería marcada por el Verano del Amor, aquel fenómeno contracultural y sociopolítico de 1967 en San Francisco, California, en el que cerca de 100.000 jóvenes, conocidos como “hippies”, se congregaron para protestar contra la guerra de Vietnam, promover el amor libre y celebrar la música, el arte y el consumo de drogas psicodélicas.
Sin embargo, en una época de experimentación, movimiento hippie y nuevos caminos para la música, el LSD causaba estragos entre la gente joven. Fue el caso de Barrett, cuya salud empeoró por su elevado consumo del estupefaciente unido a una situación crítica de esquizofrenia. David Gilmour, su amigo de la infancia, pasó a sustituirlo en los directos hasta su abandono definitivo en 1968, año en el que Pink Floyd prescindiría de su vocalista original y comenzaría su ascenso definitivo.
La década de los 70: rock sinfónico y consagración
El proyecto recopilatorio 8-Tracks define los mejores años de la banda enmarcados entre 1971 y 1979, y el álbum Meddle es el que pone nombre al comienzo de esta nueva etapa a principios de los 70, sobre todo con su canción de apertura, One of These Days, un sencillo sin letra en el que se daba rienda suelta a la experimentación que los caracterizaría años posteriores.
Su verdadera fama mundial llegaría dos años más tarde con The Dark Side of the Moon, cuya portada pocas personas no reconocerían: un prisma triangular que transforma un rayo de luz blanca en múltiples colores tras su paso y que define perfectamente lo que estaba por venir para la banda. El cambio de ser un grupo silencioso a ser reconocido internacionalmente.
Mason escribió en su libro de memorias, Dentro de Pink Floyd, que el disco quería ser un reflejo de la vida moderna y el estrés por el trabajo, quizá por ello acabó llamándose El lado oscuro de la luna y quiso representar esa parte oculta de la vida adulta y capitalista envuelta por el deseo de ascender constantemente.
Este álbum tuvo tal éxito que cuenta con el reconocimiento de Billboard de ser el trabajo que más tiempo ha permanecido en su lista de 200 éxitos desde abril de 1973 hasta el 29 de octubre de 1983, lo que supuso un total de 491 semanas. Además, la canción Money, presente en 8-Tracks, alcanzó el número 13 de la lista Hot 100.
Es difícil superar un éxito de tal calibre, pero se consiguió apenas dos años después con Wish You Were Here, un álbum con tan solo cinco canciones, pero con casi 45 minutos de duración. Esto se debe, sobre todo, por sus canciones de apertura y cierre: Shine On You Crazy Diamond (Pts. 1-5) y Shine On You Crazy Diamond (Pts. 6-9), de 13 y 12 minutos respectivamente.
Este álbum estuvo dedicado a Barrett, el exvocalista que abandonó la formación por sus problemas de salud mental y adicciones, así como una crítica a los ritmos de la industria musical, una de las razones por las que el miembro se vio tan presionado y colapsado. El sencillo Wish You Were Here es una clara dedicatoria a su amigo y a lo mucho que lo añoraban en el momento.
Los siguientes proyectos no podían bajar su nivel, y menos aún cuando se habían consagrado como un grupo que utilizaba el rock para experimentar y hacer una crítica casi imperceptible de la sociedad del momento. Animals, de 1977, fue el ejemplo del desgaste por pertenecer a una industria que cada vez les exigía más y mejor.
Al verse convertidos en unos músicos acomodados, entregados a su éxito y a las ventas, lo que tanto habían criticado y evitado años atrás, decidieron utilizar la creación de su propio espacio de grabación, los Britannia Row Studios, y el descontento social de Reino Unido debido a la crisis energética e industrial, para dar a luz un álbum mucho más crudo y crítico.
Cinco canciones, tres animales y la inspiración en Rebelión en la granja de George Orwell fueron la canalización de esta nueva etapa para ejemplificar a las clases sociales prominentes del momento. Los perros de Dogs representan a los cínicos empresarios de las grandes corporaciones, los cerdos de Pigs (Three Different Ones) a los políticos y las ovejas de Sheeps al pueblo.
Y, a casi un mes de cerrar la década de los 70, The Wall llegó para poner la guinda del pastel en esta etapa gloriosa de Pink Floyd. Publicado en noviembre de 1979, se trata del disco con más canciones y tiempo de duración de la banda: un total de 26 temas que suman una hora y 21 minutos.
Another Brick in the Wall, Pt. 2, Comfortably Numb o Mother fueron los sencillos más comerciales. El disco fue escrito e ideado casi de manera total por Waters y narra la historia de Pink, un alter ego del bajista que tuvo que soportar una dura infancia afectada por la pérdida de su padre en la Segunda Guerra Mundial, la sobreprotección y esfuerzo de su madre, y una educación casi asfixiante.
En este disco no cabe prácticamente la experimentación que se dio años antes y en pleno auge del punk en Reino Unido. Se puede apreciar el dolor, la ira y la rabia del vocalista en una etapa de desesperación y mala relación de sus miembros: fue el comienzo del declive de Pink Floyd tal y como se había conocido hasta ese momento.
Pink Floyd en 1980, en plena gira del disco The Wall.
El muro que separó la leyenda
Las décadas de los 80 y 90 fueron muy diferentes para la banda en comparación con el éxito cosechado antes. Únicamente se publicaron tres discos de estudio más: The Final Cut (1983), A Momentary Lapse of Reason (1987) y The Division Bell (1994) y en el documental de la BBC Pink Floyd: Behind the Wall se explica que el primero de ellos fue una especie de capricho de Waters uniendo muchos descartes del anterior e interpretado a regañadientes por la banda.
Es en estos años cuando menos conexión había entre sus miembros y en el documental se explica que no compartían camerinos y que incluso existía un muro invisible entre ellos. Waters abandonó la banda en 1985 y Gilmour aseguraba que sería capaz de seguir liderando Pink Floyd sin su presencia, pero The Division Bell, ya entrados los 90, fue una especie de éxito a medias.
La crítica, según se cuenta en el documental, lo tachó de ser un disco demasiado preparado, sin la misma magia de antes y hecho a medida para ser tocado en estadios. Así, el álbum debutó como número uno en Reino Unido y Estados Unidos, y fue acompañado de la gira Pulse en 1995 con un grandísimo despliegue de tecnología para convertirlo en una experiencia multimedia.
Gilmour y Waters, los pedazos de Pink Floyd
Tras la salida de Roger Waters de la banda en 1985, la relación entre el bajista y el cantante David Gilmour no ha sido la misma y, de hecho, ha estado acompañada por peleas constantes. Años de disputas y luchas legales por el uso de la marca Pink Floyd y sus canciones terminaron en 2024 con la cesión de los derechos musicales y de nombre a Sony Music por 400 millones de dólares, tal y como explicó la revista Variety.
Este acuerdo legal ha permitido que tanto Waters como Gilmour puedan interpretar por separado sus canciones para seguir llevando, de alguna manera, la imagen de Pink Floyd a los estadios, aunque no sea tal y como se dio en su momento.
The Division Bell de 1994 y la gira que luego quedó reflejada en Pulse marcaron la última gran etapa activa de Pink Floyd, aunque el último álbum de estudio publicado por la banda fue The Endless River en 2014. Durante los 2000, los miembros principales siguieron caminos muy distintos y mantuvieron sus tensiones, con la excepción del rencuentro puntual para cerrar Live 8 en 2005.
Por una parte, Gilmour se limitaba a tocar su propia música en alguna gira en solitario y, por otra, Waters revivía la leyenda de Pink Floyd en apariciones puntuales, como en 2006 con una serie de conciertos dedicados a The Dark Side of the Moon o la reposición de canciones emblemáticas en concierto entre 2017 y 2023, que lo trajo a Uruguay.
Mientras tanto, la marca en sí ha seguido publicando trabajos, como el álbum de su concierto en el festival británico de Knebworth en 1990 o el propio recopilatorio 8-Tracks porque, más allá de disputas y malentendidos, Pink Floyd sigue siendo uno de los ejemplos más acertados sobre la grandeza de la música sin necesidad de ceñirse a lo comercial y a las tendencias de la industria.
El significado de su música no suele ser explícito, sino todo lo contrario: los instrumentos y sus miembros han sido capaces de crear narrativas completas a través de un álbum o de conciertos en directo usando solamente melodías, metáforas y visuales. Si Pink Floyd puede seguir ostentando el título de ser uno de los grupos más influyentes en la música en general, así como de publicar un recopilatorio a más de 50 años de su fundación, es porque su legado se ha mantenido impoluto y su espíritu visionario ha encajado con cualquier momento histórico.