El living y el balcón están llenos de plantas. De varios tipos y tamaños. Interiores y exteriores. Hay potus, helechos, lirio de la paz y un gran y frondoso palo de agua junto al sillón. Dice que su alter ego en redes es Lady Clorofila. “Tengo un viaje con las plantas. Me comunico con ellas. Siento cosas con el mundo vegetal. Entro en una, conecto muy fuerte con lo vegetal. Esa conexión con la naturaleza es una forma que encontré para canalizar las metáforas en mis canciones, me ha ayudado a construir las letras. La naturaleza es mi plataforma metafórica. Incluso creo que este vínculo con lo natural es algo que me ha sostenido en mi vida y me ha conectado con lo intangible. Soy supermística, aunque no tengo ninguna religión. Voy directo a la fuente, sin intermediarios más que las plantas. Entonces, creo que la naturaleza es mi vínculo con lo inefable, el misterio, lo que no conocemos ni se puede describir ni explicar. Lo que no tiene nada de racional. Llamale como quieras (ríe). Y me provoca una gran emoción saber que yo también soy parte de ese mundo natural”.
La charla fue y vino entre el teatro, la música y su “viaje” con la naturaleza.
—Al escuchar canciones como Pez del cielo queda la sensación de que te movés a un plano surrealista, lisérgico, donde las reglas son bien distintas a las de nuestra realidad tangible, donde todo es posible...
—Sí, pienso en mundos que cruzan y se juntan. En este mundo occidental en el que vivimos tenemos una manera de interpretar la realidad donde todo está muy clasificado y ordenado. El tiempo, el espacio, la materia, la historia, la geografía. Necesitamos compartimentar la realidad para entenderla. Etiquetarla y guardar cada parte bien identificada en un cajón. No es una crítica, yo soy la primera. Es una manera que tenemos para ordenarnos y funcionar en el mundo. Pero siento que las cosas son mucho más complejas y menos comprensibles. Que esas son las reglas que nos inventamos los humanos occidentales, pero intuyo hay otras reglas posibles en el universo, que las cosas pueden ser más fluidas, más mezcladas, más difusas.
—Estás en el medio de un gran cambio en tu vida. Dejás la Comedia Nacional y comenzás un camino en la música, como solista. Estás dando un golpe de timón cuando podrías seguir un buen tiempo más en la línea que transitabas. ¿Cómo lo vivís?
—Me voy de la Comedia después de 30 años con una obra del francés Pascal Rambert que se llama El teatro. Él vino la semana pasada y ya empezó a trabajar con nosotros en los ensayos. La escribió especialmente para los 30 integrantes del elenco, que estaremos juntos, y ahora vino para dirigirla. Es una línea de trabajo que tiene, de escribir para elencos completos. Si bien es una coincidencia que se haya producido esa obra y mi partida de la compañía, él sabe que yo me voy; nos fue pidiendo información mientras iba escribiendo, le mandamos fotos, tuvo una entrevista por videollamada con cada uno, y eso está presente en la narrativa de obra. La estuvo escribiendo hasta hace pocas semanas. Hay varias historias que se cruzan, es una obra muy coral, y una de esas historias es la de una actriz que se va del elenco. Hay historias de amor, hay otras personas que se van, están como fondo algunos episodios de la historia del Uruguay. Es todo lo que puede pasar adentro de un elenco, detrás del telón. Es la historia de un elenco ficticio que se cruza con la historia del elenco real. Es una casualidad que justo se haga esta obra cuando yo me voy. Aunque, bueno, yo no creo mucho en las casualidades (ríe).
Javier Calvelo / adhocFOTOS
—Es una coincidencia bastante fuerte. Es casi obvio y muy inevitable que todas las miradas estén sobre vos ¿Te sentís un poco protagonista de la obra?
—Sí, es verdad, mi personaje es bastante central, pero en realidad todos tienen un buen desarrollo. Mi personaje tiene un par de monólogos grandes, pero lo que tiene de particular es que recibe mucho, es la destinataria de muchos parlamentos, porque es su despedida. Todos le hablan a ella. La obra refleja la locura que es una compañia grande por dentro. Puede ser la Comedia o cualquiera y juega con esa dualidad. La obra tiene que ver conmigo, pero no soy la protagonista excluyente. La despedida de Alejandra es una excusa para que pasen un montón de cosas.
—Te vas de la Comedia por decisión propia, no por haber llegado a la edad del retiro. ¿Por qué te vas?
—No fue un impulso, fue una decisión muy pensada. Me voy porque se cumple un ciclo, son 30 años de trabajo. Hice esta ecuación: me siento muy bien, muy sana, muy fuerte. Tengo ganas de muchas cosas, la música es una de ellas, y me gustaría darle mas aliento, más libertad. Poder mover la banda, viajar más. Tener más libertad, algo que, al trabajar en la Comedia, no tengo porque los compromisos con las obras son muy grandes. He hecho muchos malabarismos para poder hacer música. La Comedia me dio mucho, pero también absorbe mucho, se lleva el cuerpo, la voz, la mente. Tenés que estar en forma, no podés estar rengo ni mal del hígado ni con dificultades de memoria. La Comedia te come el cuerpo, el tiempo y las emociones.
—Pero esa exigencia también te permite estar en buen estado...
—También, sí. Son las dos cosas. Estar saltando de papel tiene algo lúdico, algo que te tiene como en un juego de niños constante. Te da y te quita, es la realidad. Es hermoso y también no te permite otras cosas que también son hermosas. Eso lo sé, lo veo y tuve que ponderarlo. Acabo de cumplir 60 años, llegué a los requisitos para jubilarme de la Comedia. Hice cuentas y tengo, por una cuestión de estadística, al menos otros diez años por delante, a pleno en lo físico y lo mental. Puedo ir a cantar en otra ciudad y dormir en un colchón en un hostel si es necesario. No pasa nada con eso, mi cuerpo va a responder. Esta salud y estas ganas que tengo pueden durar bien hasta los 70. Eso es lo que quiero hacer antes de decir, bueno, ya está, ahora sí, me quedo en casa y me dejo de dar vueltas. O bien, voy a achicar y cada tanto hago algo puntual. Ya va a llegar el momento en que no tenga más ganas. Puede pasar. Me parece bien no tener ganas también y parar la pata. Pero como ahora me siento fuerte, voy a aprovechar para sacarme las ganas de hacer lo que me quedó pendiente por estar en la Comedia. ¡Algún viaje, por ejemplo! Pienso seguir haciendo teatro también, cuando quiera.
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—Ser actriz de la Comedia implica una entrega total y casi nunca poder elegir los papeles...
—Y bueno, estás cambiando de piel todo el tiempo. Un personaje en otoño, otro en invierno y otro en primavera. Exige una gran disponibilidad, pero una tiene un cuerpo, una voz y una vida (ríe). El personaje te come toda, sobre todo cuando estás preparando la obra, y al saltar de uno a otro podés correr el riesgo de repetirte demasiado. La memoria emotiva es siempre la misma, la mía. Cuando estás ensayando te despertás y estás pensando en el personaje, y lo estás creando hasta que te vas a dormir. Estás en la feria eligiendo los zapallitos y pensás y hablás como el personaje. ¡Elegís los zapallitos como el personaje! (ríe). Se te ocurren boludeces todo el tiempo. ¡Soñás con el personaje! Y estudiar la letra es la cosa más aburrida del mundo, hay que decirlo. Sentarse horas en el sillón a decir lo mismo durante horas, sin interpretar. Solo letra, sin énfasis. Es lo básico. Repetir, repetir, repetir. ¡Letra! ¡Letra! Lo tenés que hacer antes porque al ensayo hay que llegar con la letra aprendida sí o sí. Después viene la creación, con la dirección, que es asociar esa letra con lo que sentís. De la emoción al texto y del texto a la acción. (Interpreta) Agarro la copa y sé que hay una pausa porque estoy triste y cuando te miro me llega la otra emoción que me dice dónde tengo que ir (en ese momento se desconcentra porque el fotógrafo dispara la cámara y deja de interpretar). ¡Me fui del personaje! (risas).
—¿Cuando estrenás empieza el alivio?
—Se alivia una parte y el público viene a terminar, a dar el cierre. Es como hacer el amor. Se precisan dos. Sin el público lo que hacemos arriba no significa nada. El que le da sentido a todo es el público. Y el público, además, te da claves, con las reacciones de la gente terminás de entender al personaje. Y terminás de entenderlo después que baja la obra. Por eso las obras maduran hacia el final de las temporadas.
—Volviendo al presente y al futuro, esa atracción por la metáfora es la que predomina en Pez del cielo. Además de las letras, ¿sos la autora de todas las músicas?
—Sí, a diferencia de mi disco anterior, Primer ángel, en el que las músicas son de Gabriel Brikman. Aquí las melodías son mías y los arreglos son obra de los músicos y del productor, Pablo Soñora. Los de guitarra son de Gonzalo de Lizarza (también guitarrista de Jorge Nasser y de Níquel) que es un músico maravilloso. Yo tenía las semillas de las canciones y con los músicos germinaron y crecieron. Siento que en este disco soy más yo que en el anterior.
—¿Cómo describís conceptualmente el disco?
—Cada canción del disco tiene su alma. Es un disco variado, con diferentes estilos y ritmos. Predomina el pop y el rock y eso tiene que ver mucho conmigo, con mis gustos. A mí me aburre lo que es todo igual y me gusta la diversidad en todo. Por eso quise transmitir diferentes estados de ánimo, diferentes historias, diferentes colores también. Pero por sobre todo creo que el disco me refleja a mí tal como soy. Ese amor por la naturaleza está reflejado en el disco. En un momento decidí dejar de bloquearme a mí misma, dejar de cortarme el vuelo y dejar que saliera lo que saliera. Dejé de autocensurarme, dejé de pensar si hablé mucho del tronco del árbol y de la hoja verde y decidí que fluyera todo lo que estaba dentro de mí, traté de conectar con mi interior. Cuando le mostré este puñado de canciones a Pablo Soñora y decidimos hacer un disco, me planteó que era muy importante encontrar un sonido que me representara, que me hiciera sentir reflejada. Cuando Gonzalo me mostró los primeros arreglos de guitarra me emocioné hasta las lágrimas por cómo captó el espíritu de las canciones y lo tradujo en notas y acordes de su guitarra. Fue perfecto, superó todo lo que me podía imaginar. Asterión es la única canción en la que toca otro guitarrista, que es Pablo Crossa, que también hizo un trabajo encantador.
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—¿Creés que es un disco de canciones luminosas, optimistas?
—Sí, siento que es un disco luminoso y alegre. Me gustaría que la gente que escuche el disco se sienta acompañada o identificada. Que se sienta mejor al escucharlo. Es una fantasía, una aspiración. Pero también es cierto que, como toda persona, tengo una zona de luz y también, claro, una zona de oscuridad. Y tal vez este disco es un intento de trascender a los demonios que uno tiene, que yo tengo, que están ahí. Es como un “me agarro de esta zona de luz mía, eso en lo que creo, en lo que confío, lo que me da fuerza de mí misma”. Me aferro a esta historia de que me siento una viajera por el universo, muy conectada a la naturaleza y de que tengo la fuerza para reinventarme. Pero creo que todo eso lo hago para no permitir que mi zona oscura me gane. Siempre estoy en esa pulseada, buscando el equilibrio sin negar la realidad, sin negar esa oscuridad. Hay que meterse en ella, sin dudas y saber canalizarla y darle el lugar. Entonces, con estas canciones creo que voy con mi luz tratando de calmar mis demonios.
—¿Cómo será la presentación en vivo en la Camacuá?
Estaré con una banda a la que quiero mucho, con músicos muy talentosos: Gabriel Araújo, el bajista y director musical; Gonzalo de Lizarza, el guitarrista, un verdadero virtuoso; Clarisa Prince, la reina de las teclas y una gran cantante y entrenadora vocal; en la batería está Israel Zerbino, nuestro benjamín, que se toca todo, y después estará como invitada Bettina Sánchez, cantante de la banda de metal Nameless, y Tabaré Rivero. El show lo abre Dantres, una banda de fusión integrada por Gabriel Araújo, Pablo Soñora, productor musical de mi disco y, además, mi sonidista y mi gran amigo que tanto me ayudó a generar este disco, y Dante Soñora, su hijo de 11 años. Los visuales serán de Gustavo Antúnez y estoy muy contenta de trabajar también con los técnicos de sonido de Sala Camacuá, los hermanos Cresci. Es un lugar muy lindo para ir a ver un concierto. Se ve muy bien y se oye muy bien también.