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    El escritor inglés Ian McEwan presentó en rueda de prensa virtual su última novela, ‘Lo que podemos saber’, que llegará a fin de año

    “Esta novela no es una predicción, sino una manera de especular sobre cómo escribimos la historia”, dijo el escritor a propósito del presente y de esta novela ambientada en el siglo XXII que trata, entre otros temas, sobre la pérdida del pasado y el misterio de un poema

    Aparece en la pantalla y tiene de fondo una enorme biblioteca y un gran ventanal iluminado. Allí, desde su casa en la campiña inglesa, el escritor Ian McEwan (Hampshire, Inglaterra, 1948) conversó el jueves 10 por Zoom con periodistas de América Latina y de España sobre Lo que podemos saber, su última novela. El encuentro fue organizado por la editorial Anagrama, que publicó prácticamente toda su obra traducida al español. Recientemente, la novela se lanzó en España y llegará a fin de año a Uruguay.

    Considerado uno de los mejores escritores británicos, McEwan comenzó a publicar en 1970 y sus primeras narraciones resultaron polémicas al contar, con aparente naturalidad, historias de obsesiones sexuales o perversidades. Así lo hizo con sus relatos reunidos en Primer amor, últimos ritos (1975, Premio Somerset Maugham), que no dejaron a nadie indiferente. Novelista potente, llegó a integrar la lista de los más destacados narradores que hicieron eclosión en el ámbito literario inglés de los años 80. Escribió novelas memorables como Amsterdam (1998, Premio Booker), Sábado (2005), Expiación (2001), Solar (2011), Cáscara de nuez (2017) o La ley del menor(2015). En 2023 publicó Lecciones.

    Además de escritor, McEwan es un activo defensor de los derechos humanos y ha participado en numerosos actos en contra de la guerra y a favor de la libertad de prensa o el ecologismo, algo presente en Lo que podemos saber.

    Ambientada en 2119, en una gran Gran Bretaña inundada por una catástrofe ambiental, el protagonista es un investigador literario que hurga en el pasado, entre 1990 y 2030, en busca de un poema del escritor Francis Blundy que fue leído una sola vez en 2014 y desapareció. En ese futuro hay mucha información sobre 100 años atrás a través de los archivos y mensajes digitales, pero allí no se encuentra lo esencial de las personas y de su época. Entre la pérdida del conocimiento histórico, el futuro y el misterio de un poema se desenvuelve esta novela que desde su título lleva implícita la pregunta sobre lo que conocemos, lo que interpretamos y lo que perdimos.

    A continuación, un resumen de las respuestas que McEwan dio en la conferencia de prensa a la que asistió Búsqueda.

    “Primero tengo que decir que esta novela no es una predicción, sino una manera de especular sobre cómo escribimos la historia”, dijo McEwan al responder la primera pregunta. Si bien se mostró como un lector y amante de la biografía literaria, reivindicó la importancia de la novela. “Es una máquina fantástica que nos permite explorar la condición humana. Recuerdo que cuando empecé a escribir en 1970 todas las revistas estaban publicando que la novela estaba muerta. Sin embargo, sigue siendo nuestro principal medio para examinar las vidas y las mentes de otros y la nuestra propia. Mi percepción es que la novela seguirá siendo la persecución apasionada de una minoría. Volveremos a la época en la que escritores como Dickens, Tolstói, Flaubert o Cervantes representaban a una nación en la ficción”.

    Para McEwan es fundamental también la escritura de la historia y su enseñanza, que se ha perdido en el sistema educativo británico. “Me refiero a enseñar a pensar desde una perspectiva histórica, cómo leer la historia, cómo leer un periódico”. Piensa que actualmente se vive en una especie de “alzhéimer social”: “Se dice que la historia no se repite, sino que rima, que hay situaciones paralelas con el pasado”. Contó entonces sobre un ensayo que escribió uno de sus amigos sobre las actuales empresas tecnológicas de Estados Unidos y su parecido con la East India Company, empresa privada que empezó a actuar como un “Estado dentro de un Estado” y se convirtió en punta de lanza del imperialismo británico. “Ahora estamos viendo como una repetición de esto con compañías privadas que se infiltran en todos los aspectos de la política. Por eso, cuanto más viejo me hago, más leo historia. A veces me siento impaciente porque estamos mirando las sombras de una ignorancia sin fin”.

    Las huellas digitales y las de un poema

    Muchas de las preguntas de los periodistas apuntaron hacia las huellas que vamos dejando a través de correos electrónicos, mensajes de WhatsApp y archivos digitales, y cómo se leerán en el futuro. McEwan respondió que no le importa dejar esos rastros. “Los correos electrónicos que escribí desde 1996 al 2013 los di a una biblioteca de la Universidad de Texas. Nunca escribí nada significativo allí, mucho menos en mensajes de texto”.

    Sí considera como una pérdida la escritura de cartas manuscritas. “Si consideramos las cartas de Napoleón, que escribía 3.000 palabras al día, o las cartas de Charles Darwin, en cierto modo tenemos más perspectiva del siglo XIX de lo que podrán obtener personas del futuro de nuestras conversaciones por internet. Solo algunas personas comunican por internet pensamientos realmente íntimos. Por eso creo que es más divertido investigar a alguien que escribía cartas y vivía en el siglo XVIII o XIX. Los investigadores del futuro tendrán material muy copioso si internet sobrevive, pero a expensas de falta de profundidad. No vamos a ver el alma desnuda de las personas”.

    Para el escritor, no solo la privacidad está amenazada, sino la soledad, y el gusto por la soledad. “Pensamos que podemos vivir libremente, pero hay menos silencio y privacidad, menos capacidad de dejar libre tu mente, imaginar, navegar”. De allí, la importancia que adquiere el poema perdido de Francis Blundy, el germen de su novela. “Un personaje del libro dice que el 99% de las personas hablan de un poema que nunca han leído, y como está fuera de alcance, se vuelve muy atractivo”.

    McEwan señaló su biblioteca y dijo que una pared entera es de libros de poesía, para él una forma superior de literatura. “Fue mi primer amor como adolescente, pero ser poeta es una vocación muy seria. Hice dos o tres intentos de escribir poesía, pero me di cuenta de que soy solo lector, no poeta. Esta novela es un himno a la poesía. Pero también a la constatación de algo fascinante: el poeta Francis Blundy no es un buen tipo, pero ha escrito un poema fantástico, y esa es la paradoja con la que hay que vivir. Pienso que quienes ahora estamos aquí amamos novelistas que no siempre fueron gente estupenda. Casi todos los escritores del siglo XIX tuvieron un gran desprecio de clase. Cuando era joven leí una novela de (Louis-Ferdinand) Céline y después descubrí la historia de este hombre que simpatizaba con el nazismo, pero eso no desmerece su literatura”.

    Desde su novela anterior, Lecciones, dejó de investigar para sus ficciones, porque tiene “una multitud de pensamientos” como para “googlear” en su mente. “Para volver al tema de la soledad, ando mucho por el campo y la montaña, muchas veces solo. Cuando entro en ese ritmo, empieza a generarse una historia en mi mente. Al hacer esas caminatas ya no necesito la investigación como antes”.

    Las preguntas derivaron en los peligros del presente, sobre todo, de la inteligencia artificial (IA) generativa. “La diferencia principal entre ahora y hace 30 años es que hay una sensación de que el futuro será peor que el presente. El cambio climático y los problemas de la IA traen un pesimismo colectivo que tiene un efecto paralizador, una especie de pegamento metafísico, algo contra lo que tenemos que luchar”.

    Sin embargo, en su novela introdujo algo de optimismo en medio de tanta preocupación. Citó a Peter Medawar (1915-1987), escritor y filósofo de la ciencia, ganador del Premio Nobel de Medicina en 1960, quien afirmaba que abandonar la esperanza del progreso es la última etapa del espíritu. “Estoy de acuerdo con esta idea. No sé si es una cuestión de edad o por el hecho de tener nietos, pero creo que mantener el optimismo es lo que le debemos al futuro, a las personas que nunca vamos a conocer”.