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    Alta fidelidad: Buenos Aires vibró con Iron Maiden en el Palacio Ducó y la Filarmónica de Berlín en el Colón

    La capital argentina vivió una semana de grandes espectáculos musicales, a cargo de la proverbial banda británica de metal y de la orquesta sinfónica alemana considerada la más importante del mundo; además, los 75 años de Charly García se celebraron con varios conciertos, muestras y publicaciones de libros

    Buenos Aires vivió días de alta intensidad. La frase puede parecer una obviedad, una sentencia redundante que podría pronunciarse cualquier día del año y siempre sería estrictamente correcta. Vamos de vuelta: la semana pasada Buenos Aires vivió tres días de música especialmente intensos, en los géneros más variados, con dos visitas extraordinarias y la celebración del cumpleaños de —quizá y sin quizá— la máxima figura viva de la música argentina. Iron Maiden, la Filarmónica de Berlín y Charly García fueron los grandes protagonistas de la semana. A esta trilogía estelar podría sumarse el desembarco de BTS, el fenómeno mundial de k-pop, pero los coreanos van a quedar afuera de esta página.

    La Doncella y la horda de melómanos

    La banda británica, fundada hace 51 años por el bajista —y principal compositor del grupo— Steve Harris y liderada en el escenario desde hace 45 años por el cantante Bruce Dickinson, actuó por enésima vez en Buenos Aires el martes 20 y el miércoles 21 en el hermoso estadio Tomás Alfredo Ducó, perteneciente al club de fútbol Huracán, en el barrio Parque Patricios, una joya arquitectónica de los años 40, enclavada en la zona sur de la capital argentina.

    No en vano, este coqueto escenario para 45.000 personas diseñado integralmente en estilo art déco, y con perfecta forma de cero, es denominado popularmente Palacio Ducó. Como la Torre de los Homenajes del Centenario, cuenta con un pequeño obelisco en el centro de la tribuna oficial, y sus fachadas exteriores, en admirable estado de conservación tras una reciente restauración, exhiben una gran riqueza ornamental.

    Bruce Dickinson y Steve Harris, de Iron Maiden

    Bruce Dickinson y Steve Harris, de Iron Maiden

    Durante dos horas y diez minutos the Irons, como se autodenominan coloquialmente, dieron un concierto sencillamente soberbio. La excelencia musical de esta verdadera orquesta de rock total se sostiene en tres pilares.

    Uno: la base rítmica de Harris, de 70 años, con el baterista Simon Dawson (de 63 años, el más nuevo y joven del combo) funciona como la caldera de una locomotora, por lo general a toda marcha y en ocasión regulando la presión para volver a arremeter.

    Bruce Dickinson

    Bruce Dickinson

    Dos: El carisma vocal y teatral de Bruce Dickinson, quien a los 68 años y tras superar un cáncer ¡de garganta! exhibió una prodigiosa condición interpretativa. El también esgrimista y piloto de avión bien podría ser un cantante lírico. Su voz es un trueno cuando quiere y si lo desea se transforma en un órgano de iglesia, con una sonido tan limpio como poderoso. De hecho, el jueves 22 se viralizó una escena del concierto en la que sostuvo la misma nota, inmaculada, durante casi 35 segundos. Convertido en un cantante de ópera, Dickinson actúa las canciones, con un vestuario único para cada tema. Enfundado en el uniforme militar británico para The Trooper o con las gafas y gorra de piloto aéreo de la Royal Air Force en Aces High.

    Tres: el trío de guitarristas: Adrian Smith, Dave Murray y Janick Gers, tres genios virtuosos de las seis cuerdas que a los 69 años se divierten como si tuvieran 20 años. Los tres se sacan chispas, todo el tiempo, entre los riffs protagónicos y los extensos pasajes solistas y, al mismo tiempo, cuando es necesario, cualquiera de los tres se pone el overol y sostiene el edificio en sus hombros para que sus compañeros se luzcan.

    Steve Harris

    Steve Harris

    El repertorio de este acorazado de acero templado durante el último medio siglo, el mismo para toda la etapa latinoamericana de su gira, fue un arsenal de temazos que en su mayoría tiene la épica histórica, literaria, religiosa y bélica como denominador común. Basta echar un vistazo a los títulos de la discografía maideniana para comprobar que allí tienen su canción Ícaro, Alejandro Magno, Genghis Khan, Winston Churchill, Ramsés y Tutankamón, la II Guerra Mundial, la guerra de Crimea y los marinos que inspiraron a Melville para Moby Dick.

    Otra porción importante del cancionero, como mandan las santas escrituras del metal, está signada por el horror clásico. En la primera parte estuvieron The Ides of March, inspirada en el pérfido asesinato de Julio César; Murders in the Rue Morgue, basada en el célebre relato parisino de Poe; Killers, otra crónica policial hecha canción; Phantom of the Opera, la icónica leyenda parisina que conquistó Broadway y el West End, y The Number of the Beast, la que dice “666”, el clásico más “satánico” del grupo. Un comienzo demoledor.

    Bruce Dickinson

    Bruce Dickinson

    El segmento central continuó con una bomba atrás de otra: la faraónica Powerslave, la apocalíptica (literal) 2 Minutes to Midnight, la indigenista Run to the Hills, que narra la batalla desigual entre los conquistadores británicos y los aborígenes norteamericanos, con el punto de vista poético en estos últimos (y además da nombre a la gira), y una oda a las batallas marinas llamada Rime of the Ancient Mariner (Leyenda del viejo marino), que dura 14 minutos y puede oírse como una pieza de música clásica, con varios movimientos que llevan al público por diferentes estados y emociones.

    Para el tramo final, otra avalancha de leyendas del rock: Seventh Son of a Seventh Son, la espiritual Hallowed Be Thy Name; la fundacional Iron Maiden; la aviadora Aces High, que relata la batalla de Inglaterra entre los aviones ingleses y alemanes en la II Guerra Mundial; la terrorífica Fear of the Dark y la luminosa Wasted Years, un tema ideal para cerrar cualquier concierto, que se podría definir como metal de autoayuda, que hizo concluir este concierto extraordinario con estos versos, desbordantes de optimismo: Entonces, comprende / No malgastes tu tiempo buscando recuperar esos años desperdiciados / Levanta el rostro, ponte de pie / Y date cuenta, estás viviendo tus años dorados.

    El concierto perfecto

    Una de las mejores orquestas sinfónicas del mundo —para muchos, la mejor— en uno de los mejores auditorios del mundo —para muchos, el mejor— es una fórmula inmejorable.

    El jueves 22 la Filarmónica de Berlín, que se presenta oficialmente como Berliner Philharmoniker, dio el segundo de tres conciertos en el Teatro Colón. La segunda visita de la orquesta alemana fundada en 1882 a Buenos Aires, 26 años después de la primera, fue todo un hito en la escena musical argentina. Con entradas agotadas en las tres funciones, fue presenciada por unas 7.500 personas, a precios que fueron de 70 dólares las más baratas, en las galerías superiores, a la friolera de 780 dólares en las plateas. Con una formación de casi un centenar de músicos, el organismo europeo fue dirigido por el rusoaustríaco Kirill Petrenko, su conductor estable desde 2019.

    La Berliner Philharmoniker, dirigida por Kirill Petrenko, en el Teatro Colón.

    La Berliner Philharmoniker, dirigida por Kirill Petrenko, en el Teatro Colón.

    En el panorama sinfónico mundial, junto con las de Viena, Ámsterdam, Londres y Chicago, la de Berlín es una de las cinco principales orquestas sinfónicas del planeta. Por lo general es considerada en el primer lugar, seguramente debido a que en 140 años solo tuvo ocho directores, y entre ellos, los cuatro últimos, antes que el siberiano actual, fueron Wilhelm Furtwängler, Herbert von Karajan, Claudio Abbado y Simon Rattle, todas batutas proverbiales.

    La importancia de presenciar un concierto de esta orquesta se reflejó en la asistencia en el principal teatro argentino de una gran cantidad de directores e integrantes de diversas orquestas argentinas y latinoamericanas. El miércoles 21 y el viernes 23 el programa estuvo dedicado a obras de Johannes Brahms (Concierto Nº 1 para piano y orquesta), Richard Strauss (Así habló Zaratustra), y el jueves 22, en la función presenciada por Búsqueda, la orquesta tocó dos piezas muy conocidas del repertorio occidental: Variaciones sobre un tema original, del británico Edward Elgar, conocida como Variaciones enigma, y la Sinfonía Nº 4 de Chaikovski.

    El despliegue de la orquesta fue apabullante, principalmente por el imponente alcance del sonido de una orquesta como esta en una sala con la perfección acústica que ostenta el Colón (considerado entre los auditorios de todo el mundo donde se oye mejor la música desde cualquier ubicación). La calidad de los músicos, sumada a la de sus instrumentos y la mano precisa y experta del conductor ruso, se tradujo en una admirable variedad de matices sonoros, desde el fortissimo al pianissimo, como se denomina el tipo de interpretación del cuerpo musical. Además, los ensambles colectivos sonaron siempre como si se tratara de un instrumentista solo, cualidad sumamente valorada y muy pocas veces apreciada en tal grado.

    Filarmónica de Berlín.

    Filarmónica de Berlín.

    Después del concierto, varios cientos de personas se agolparon en la puerta del teatro por donde salen los músicos, para saludarlos e incluso ovacionarlos. Se dieron escenas dignas de los teatros de la cercana calle Corrientes. Allí, el musicólogo argentino Juan Manuel Texeira, que comparte su residencia entre Suiza y Argentina, describió a Búsqueda sus sensaciones: “Conciertos como este ocurren cada mucho tiempo. Es sorprendente comprobar cómo la calidad técnica se traduce en emoción; cómo sube de un pianissimo impresionante a un fortissimo con una precisión y una pasión en la orquesta que francamente fue muy conmovedor. Me hizo llorar”.

    Por su parte, Mariano García, trombonista de la orquesta sinfónica de Entre Ríos, que viajó a Buenos Aires para presenciar el concierto, compartió así su emoción: “Salgo fascinado, vengo regularmente a ver muchos conciertos y la verdad es que este fue increíble. Esta orquesta en vivo suena igual que en las grabaciones. Uno siempre escucha estas formaciones por YouTube o Spotify y hoy sonaba como si estuviera todo grabado. Los matices superpiano, los fuertísimos, la emoción que transmite la orquesta es increíble. La verdad que me voy con el corazón contento”.

    Kirill Petrenko y la Filarmónica de Berlín.

    Kirill Petrenko y la Filarmónica de Berlín.

    En tanto, el director del Teatro Colón, el uruguayo Gerardo Grieco, consultado sobre su balance tras la visita de la orquesta alemana, respondió: “Estos días están llenos de sentido, son un hito extremadamente significativo para un teatro como este, no solo por los tres conciertos a sala llena, por los números y por la repercusión nacional e internacional que tuvieron, sino por la razón y la motivación de lo que hacemos”.

    Charly 75

    El viernes 23 Charly García cumplió 75 años y recibió un homenaje múltiple, con varios conciertos tributo. Si bien hace ya bastante más de una década que el gran músico, compositor, pianista y cantante, por razones notorias, no forma parte del presente de la música argentina, su figura es una continua fuente de inspiración y movilización de proyectos musicales. Entre las muestras de fotografías y presentaciones de libros dedicados a su vida y obra, como el reciente La indómita luz, del periodista musical argentino Pablo Plotkin, el viernes 23 a las 19 la cantante Ligia Piro presentó Inconsciente colectivo, un concierto basado en el repertorio de Charly en el hermoso anfiteatro Eva Perón, una sala a cielo abierto construida pocos años atrás en el parque Centenario, en el barrio de Caballito.

    Charly García

    Charly García

    La cantante actuó junto con el Ensamble XStrings, un cuarteto de cuerdas y guitarra, liderado por los violinistas Érica di Salvo y Juri Nakamura, y por el chelista Pato Villarejo, quienes grabaron y tocaron con Charly en varios de sus proyectos, entre ellos, en el recordado disco Hello! MTV Unplugged.

    El recital, presenciado por unas 2.000 personas que agotaron el auditorio, incluyó muy buenas y celebradas versiones de clásicos de García, de Sui Generis, Serú Giran y de su larga obra solista. Entre las más logradas estuvieron Ojos de videotape, Desarma y sangra y la que dio nombre al recital.