Cincuenta años atrás, muerto finalmente el dictador español Francisco Franco, como un indicador de nuevos tiempos llegó a los quioscos la primera edición de El País. Javier Cercas era entonces un muchacho de 14 años que estaba lejísimos de las redacciones e incluso de los diarios, porque en su casa no los compraban.
Al avanzar en los estudios pronto se hizo un fiel lector del periódico madrileño. En la ciudad catalana de Gerona, mientras cursaba la universidad, el joven nacido en Extremadura leía cada día la nueva publicación al tiempo que secretamente comenzó a soñar con ser escritor. Logró publicar dos novelas sin mayor repercusión y hasta muchos años después —luego del éxito de su libro Soldados de Salamina— siguió viviendo de las clases de literatura.
En su más reciente obra, El periódico de la democracia (Penguin Random House, 2006), el autor, entre tanto traducido a más de treinta idiomas, cuenta su propia versión de la historia del diario nacido junto con la España que había recuperado la democracia.
El pliego, de apenas 16 páginas, que salió de la rotativa aquel 4 de mayo de 1976 era un producto moderno, diseñado por el alemán Richard Guede, con una concepción sobria y anglosajona de la noticia que en poco tiempo logró imponerse, según Cercas, sobre “una prensa todavía cubierta por la pátina casposa del franquismo”.
Es evidente que el autor cuenta desde la admiración; a pesar de ello, no elude algunos de los aspectos menos luminosos ni polémicos de estas cinco décadas. Al mismo tiempo, reflexiona sobre el vínculo de la prensa y el poder y entre el periodismo y la literatura, dos actividades que emplean la escritura, pero tienen características propias: la inmediatez y el apego a los hechos en el caso del periodismo. “Como debe contar la batalla mientras sucede, el periodista está obligado a escribir con rapidez”, abunda, mientras que el columnista y más aún el narrador manejan otros plazos.
A diferencia de su anterior libro El loco de Dios en el fin del mundo, este último es un relato de alguien que lleva 25 años escribiendo una columna para el suplemento dominical. Aunque advierte varias veces que él no es periodista y que incluso ha ido muy poco a la redacción, es evidente que tiene un grado mayor de involucramiento que con el libro sobre el papa, porque ya antes de vincularse al diario fue devoto lector de la publicación convertida en seña de identidad de los progresistas.
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“Era un guiño ideológico, una señal para reconocer a los tuyos al pie del quiosco, en las cafeterías, en el autobús” y “los jóvenes rebeldes” que vivían el destape llevaban su ejemplar “incluso hasta los lugares de batalla”, cita Cercas al más viejo de los periodistas de El País, Manuel Vicent, lúcido y activo ya cumplidos los 90 años.
Además del primer director, José Luis Cebrián, y del filósofo Fernando Savater, otro de los referentes iniciales fue el escritor Francisco Umbral. Hasta poco antes de romper con el diario en 1988, Umbral publicaba su baudelaireana columna Spleen de Madrid, lo primero que Cercas leía cada mañana.
La prensa y el poder (El País y el PSOE)
Un aspecto muy interesante del libro es cómo aborda la siempre compleja relación entre la prensa y el poder.
Según la definición de Cercas, “El País fue en esencia un periódico políticamente socialdemócrata y culturalmente ácrata o libertario” y de alguna manera “un espejo de mí mismo” o también “como si a base de frecuentar sus páginas, yo me hubiera convertido en un espejo de El País”.
Aunque antes de salir a la calle lo llamaban “el periódico de Fraga” (el exministro de la dictadura Manuel Fraga Iribarne, quien fue protagonista político en democracia), lo cierto es que los derechistas quedaron pronto decepcionados porque la publicación, a pesar de su proclamada independencia periodística, mantuvo una relación natural con el Partido Socialista Obrero Español (PSOE).
A lo largo de cincuenta años el vínculo entre el diario y el partido de Felipe González tuvo momentos dulces y otros más tensos, tanto en la faceta periodística como en la empresarial, esta última conducida por Jesús de Polanco hasta su muerte en 2007. Para entonces, El País se había convertido en un poderoso grupo multimedia que recibió acusaciones de haber sido beneficiado durante las muchas veces que los socialistas ocuparon la Moncloa.
Sin saltar por encima de ese tema, Cercas opta por destacar los valores democráticos del diario. Con la autoridad que le da haber escrito sobre el tema en Anatomía de un instante, resalta el papel de El País y de su entonces director Cebrián en la defensa a ultranza de la democracia. Cuando el intento de golpe de Estado que tuvo su mayor exposición pública con el asalto al Congreso de los Diputados encabezado por el teniente coronel de la Guardia Civil Antonio Tejero (fallecido en febrero de este año), el diario adoptó una posición tajante del lado de la Constitución.
“No hay duda de que, durante la tarde y la noche del 23 de febrero de 1981, El País demostró el coraje necesario para defender la libertad hasta el final; tampoco de que ese día acabó de ganarse el título de periódico de la democracia”, escribió Cercas; aunque también recordó que la publicación se equivocó con el expresidente del gobierno Adolfo Suárez, al que acusó de “falta de coraje”, y unos días después tuvo que rectificar, ya que había quedado evidente ante el mundo, a través de la televisión, que con el general Gutiérrez Mellado y el diputado comunista Santiago Carrillo fueron los únicos que no se tiraron al piso al sonar los primeros disparos en el hemiciclo.
En primera persona, Cercas cuenta su ingreso como colaborador de El País casi dos décadas después, en 1997, cuando ya vivía en Barcelona. Entonces en la Moncloa mandaba el Partido Popular, “heredero de la derecha posfranquista”, luego de que España fuera gobernada durante casi tres lustros por el PSOE en “un período que arrancó con la euforia política, económica y cultural simbolizada por el ingreso a la Comunidad Económica Europea y los Juegos Olímpicos de Barcelona, y que acabó con la depresión propiciada por el torbellino de acusaciones con fundamento de corrupción política y terrorismo de Estado que tumbó al gobierno socialista”.
El libro no elude la guerra comercial (y judicial) que se produjo entre El País y el periódico El Mundo, con epicentro en la adjudicación de la televisión por cable, en la cual el diario perdió credibilidad por su defensa de intereses empresariales.
Además de las referencias políticas, hay menciones a escritores de todo el mundo: Juan Carlos Onetti, el cubano Guillermo Cabrera Infante, Oscar Wilde, William Faulkner, Octavio Paz, García Márquez y naturalmente a Vargas Llosa, quien con una columna en el diario peruano El Comercio dio un fuerte impulso a la difusión de la obra de Cercas a comienzos del siglo XXI.
Independencia al contar la batalla
Sobre el final, además de referencias a la corrupción que ha vuelto a rodear ahora al presidente del gobierno, Pedro Sánchez, y sobre todo al expresidente José Luis Rodríguez Zapatero, el libro retoma dos temas cruciales de esta época: la independencia de los medios y la credibilidad en medio de la vorágine de mensajes. “Es cierto que, a la hora de dar noticias, internet y las redes sociales son mucho menos fiables que un buen periódico”, pero “lo que les cuesta mucho más trabajo hacer, en el supuesto que sepan hacerlo, es reflexionar sobre la batalla y discernir su sentido en la guerra, porque (…) habitan una realidad acelerada donde nadie aguarda a que la batalla concluya y el polvo se pose en el suelo y permita contabilizar las bajas”.
Respecto a la independencia, recurrió al actor Harrison Ford cuando fue interrogado por un periodista sobre el cine: “Créame, la independencia completa no existe”. Sin embargo, completa Cercas, “hay que pelear todos los días por ella”.