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    Llega a La Cretina 'Perra vida, dulces sueños', retrato almodovariano de dos rotos en su laberinto

    La comedia dramática del español Miguel Ángel Morillo es definida por su director, Alfredo Goldstein, como "una obra torrencial", inspirada "lejanamente" en el clásico 'La vida es sueño'

    “Un hombre y una mujer al borde del ataque de nervios”, sería un posible título almodovariano. Aunque uno más preciso sería “Un hombre y una mujer en pleno ataque de nervios”. Él y ella son dos personajes sin nombre, completamente desbordados por la vida. Cada uno lo exterioriza a su manera. Él, saturado y desbocado, harto de todo, en un espiral de nihilismo. Ella, vencida, doblada por las circunstancias y en una fase cercana al delirio, aunque su actitud contiene una posible salida resiliente y redentoria. Cecilia Sánchez y Pablo Robles componen con gran calidad actoral a este par de seres rotos sin (aparente) remedio. Los dos trabajan en la misma empresa, en diferentes áreas, pero están igual de quemados. Él ha perdido a su esposa, ella viene de perder a su madre. Los dos están absolutamente chalados, limados, pasados de rosca. Y esa condición está impresa en el ADN dramatúrgico de la obra, verborrágica, excesiva, sobrecargada; al decir de su director, torrencial.

    Con estas fichas en el tablero comienza Perra vida, dulces sueños, obra del dramaturgo español Miguel Ángel Morillo que se estrenó a mediados de 2025, dirigida por Alfredo Goldstein. La realización está a cargo de We Producciones y al contar con el apoyo del Programa de Fortalecimiento de las Artes de la Intendencia de Montevideo integró en enero la grilla del festival Montevideo de las Artes. En febrero tendrá tres funciones en La Cretina (Soriano y Quijano), los miércoles 11, 18 y 25 a las 20.30 (entradas en RedTickets a $ 550).

    Goldstein es un gran seguidor de Morillo, de quien ya había dirigido dos títulos anteriormente: en 2003 Hamlet García, con Jorge Temponi, Mariana Lobo, Luis Lage y Carla Grabino, y en 2007 I love Clint Eastwood, una obra formidable que interpretaron Leandro Núñez y Tabaré Rivero. Para Goldstein, Morillo tiene la doble cualidad de hacer “reír y reflexionar” sobre temas como “la vida cotidiana, los sometimientos, las obligaciones, las rutinas, los sueños y nuestros choques con las frustraciones”.

    Consultado por Búsqueda sobre la elección de esta obra para volver a traer a la escena uruguaya a este ácido autor ibérico, Goldstein respondió: “Durante todos estos años, después de I Love Clint Eastwood, mantuve el vínculo con Miguel y él hace pocos años me mandó esta, que es parte de una trilogía hecha a pedido de dos actores españoles. Las tres están basadas lejanamente en tres clásicos: Perra vida… está basada en La vida es sueño, la segunda, que se llama La vida en llamas, está basada en Macbeth y la tercera, llamada Mambo, en Medea”.

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    Cecilia Sánchez en Perra vida, dulces sueños.

    Cecilia Sánchez en Perra vida, dulces sueños.

    Él está llegando tarde al trabajo, no escuchó el despertador y perdió el ómnibus. Mientras corre, en vano, hacia la parada, piensa en voz alta sobre el sentido de la vida, el sentido de vivir para “trabajar, dormir, trabajar, dormir, trabajar, dormir”, en los 50 minutos de ida y 50 de vuelta que cada día pasa en el ómnibus, en el odio acérrimo que siente por su jefe, en la necesidad de callarse porque precisa el dinero y en el sueño imposible de ganarse el Cinco de Oro.

    Ella, más analítica y menos explosiva, piensa en vaguedades como el efecto gravitatorio de la Luna en el cuerpo humano, del mismo modo en que ejerce influencia sobre el agua del mar y provoca las mareas. En tono de relato confesional, describe su proceso interno, cómo volvió a preocuparse por el cuidado personal después de pasar mucho tiempo cuidando a su madre enferma y, en consecuencia, postergando su bienestar. Leyéndole el horóscopo a su madre comenzó a interesarse “por estas cosas de la astronomía (sic)”. Así se refiere a la astrología, los signos, la simbología cósmica, la influencia de la orientación de los astros en la vida cotidiana.

    A Goldstein, quien además de director teatral es profesor de Literatura y durante mucho tiempo ejerció la crítica, siempre le gustó el estilo de Morillo. “Primero porque es un teatro torrencial, con un humor sin tapujos. Tiene mucho de almodovariano, de los primeros tiempos de Almodóvar, aquellas etapas irregularmente maravillosas de su cine, con todas sus irreverencias. Morillo se maneja muy bien con el teatro de ambiente urbano, con personajes reconocibles que perfectamente se pueden trasladar a cualquier lugar del mundo, con las penurias cotidianas del caso”.

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    Pablo Robles en Perra vida, dulces sueños.

    Pablo Robles en Perra vida, dulces sueños.

    La obra juega, según el director, “con dos personajes que vendrían lejanamente de Segismundo y Rosaura (protagonistas del clásico de Calderón de la Barca) y que trabajan en la misma empresa. Él es sometido por un jefe maltratador y ella, la secretaria del director general que toma la decisión de vengarse de su jefe. En ese encierro en el que viven, él dice que a través del sueño puede entrar en el mundo de la libertad y cuando se despierta vuelve a la cárcel de la realidad. La obra transita entre esos dos mundos: la cárcel cotidiana y unos sueños que a veces están inspirados en ídolos musicales”.

    Una de las señas de identidad de Morillo es la inclusión en sus obras de íconos musicales y cinematográficos, como hizo con Clint Eastwood, Marilyn Monroe, Michael Jackson y Madonna. En Perra vida… son Roberto Carlos y Barbra Streisand, verdaderos tótems de la canción romántica con auge en los años 70 y 80.

    “En esos sueños, y en esa voluntad de salir de la cotidianidad —explica Goldstein—, de todo ese barullo y vértigo laboral que no desean, está la clave de la obra, así como Segismundo se maneja entre la cueva en la que lo han encerrado y el palacio real (de Polonia) al que lo llevan, creyendo que está en la realidad, pero después dándose cuenta de que la vida es el sueño, aunque ese sueño no se concrete. Por eso esta obra maneja un humor descacharrante, que linda con el absurdo y el grotesco”.

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    Pablo Robles y Cecilia Sánchez en Perra vida, dulces sueños.

    Pablo Robles y Cecilia Sánchez en Perra vida, dulces sueños.

    Para Goldstein, Morillo es una “rara avis en el teatro español”. Y así lo fundamenta: “No es un hombre que esté en el mainstream de los autores españoles, es un hombre de 50 años que se maneja con determinados códigos que mantiene y que ya he visto en varias de sus obras; es un autor que trabaja muy bien los monólogos y que sabe enlazar las historias de cada uno de los personajes. Por eso el suyo es un teatro atractivo, que llega al público de manera directa, pero que al mismo tiempo tiene una fuerte crítica social y una fuerte impronta de sátira a todo lo que significa la esclavitud del mundo contemporáneo”.

    El director también reflexionó sobre estos dos personajes y sobre la interpretación de Robles y Sánchez: “El teatro siempre es mucho más interesante cuando habla de los perdedores, y estos personajes rotos, estos perdedores, son los mismos que somos cualquiera de nosotros; de alguna manera, algo de él o de ella tenemos en nuestro día a día: el tema de llegar tarde al trabajo, el sometimiento a los jefes, las estafas que pueden ocurrir en una empresa, las pérdidas familiares, el amor por los horóscopos. Todo eso está mezclado en ellos dos y eso permite a los actores una enorme libertad en la expresividad, pero también les exige un trabajo de precisión absoluta, por ejemplo, en el juego de movimientos en espejo permanente de los personajes entre sí. Estos dos seres son representativos de lo que somos nosotros en cualquier momento de la vida o cuando llegamos a determinada edad y nos damos cuenta de que hemos perdido una cantidad de años en algo que no nos gustaba. Él dice que ha estado 30 años en un trabajo de mierda, en un lugar en el que solo está envejeciendo y cada vez gana menos y trabaja más. Muchas de las preguntas que se hacen son preguntas retóricas y son preguntas muy atractivas para el público”.

    Goldstein eligió a Sánchez y Robles por haber trabajado antes con ambos, aunque es la primera vez que actúan juntos: “Los conozco muy bien, los dos tienen una enorme expresividad, son muy graciosos, saben jugar muy bien entre la comedia y la tragedia, tienen un manejo fantástico del escenario y una trayectoria que hace que puedan jugarse enteros en estos personajes torrenciales. Creo que les aportan a esos personajes una credibilidad permanente, entre la exageración y la naturalidad, entre la quietud y el movimiento exasperado, entre la desesperación y la euforia. Todos esos tránsitos, tanto Pablo como Cecilia los manejan perfectamente y hacen que la puesta tenga una gran llegada a los espectadores, que ríen y se divierten mucho, también se angustian por lo que sucede, y eso también permite que la obra tenga una pequeña salida. No es una puerta cerrada sin escapatoria para estos dos personajes: pueden pensar que no todo está perdido y que en algún momento las cosas puedan llegar a ser diferentes”.