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    La crisis le sacó la “careta” a un Uruguay que el Frente Amplio presentaba “como mucho mejor” de lo que “lamentablemente” está

    La oposición esperaba en Lacalle Pou al “perfecto neoliberal” y ahora está descolocada porque la corre “por izquierda” con algunas medidas, dice el senador Penadés, que considera natural que haya “chisporroteos” entre los socios de la coalición

    Los laberínticos pasillos del Palacio Legislativo parecen más fríos y más desolados que de costumbre. Poca gente deambulando en los corredores, solo algunos funcionarios solitarios, todos con sus barbijos puestos. Una escenografía cinematográfica en ese edificio majestuoso. Efectos de la pandemia.

    El senador blanco Gustavo Penadés recibe a Búsqueda en su despacho. “Esto nos puso a todos patas para arriba”, admite, pero subraya que hay oportunidad en la crisis. Por ejemplo, un “mayor sentido de la responsabilidad” y de la “delicadeza de la hora” de todo el sistema político. Y también una aceleración forzosa de los procesos. Para Penadés, si algo tuvo de bueno esta crisis sanitaria fue poner a prueba los reflejos de un gobierno de coalición en sus primeros días de andamiaje. En plena negociación para empezar a discutir la ley de urgente consideración, Penadés —que es el coordinador de la bancada oficialista— subraya que hay un principio de acuerdo para que el debate comience en mayo y se haga de manera presencial. “En algún momento el gobierno tiene que retomar su agenda y el país, su funcionamiento”, señala. Y se proyecta, con muchas interrogantes, en lo que será el día después de la pandemia y el desafío de atender la crisis de un sector social que estaba caminando sobre un pretil y que el Frente Amplio ocultaba. “Es como que se cayó un telón que nos pretendía mostrar un país donde las cosas no estaban tan mal”.

    Lo que sigue es un resumen de su entrevista con Búsqueda.

    ¿Cómo es articular con la oposición en este escenario tan particular?

    —A ver, yo creo que esto tiene pros y contras. Una de las cosas a favor es que en esta pandemia le ha aflorado a todo el mundo un sentido de la responsabilidad mucho mayor. Y entonces el sistema político y el Parlamento han pospuesto discusiones que no se entendían como prioritarias. Y eso, aunque parezca mentira, ha facilitado bastante la tarea. Se ha facilitado el diálogo para temas importantes. Por ejemplo, el proyecto de ley que permite la postergación de las elecciones municipales pudo lograrse producto de que todo el mundo asumió la delicadeza de la hora. Y eso facilitó mucho. Se trabajó casi que en equipo. Lo mismo con la creación del Fondo Coronavirus. Hay que reconocer que en estos meses ha habido un gran sentido de la urgencia en la que estamos y todos los partidos han respondido. Y el Frente Amplio respondió también.

    ¿Todo eso no se quiebra con estos últimos encontronazos por la ley de urgencia?

    —Pero yo creo que ahí hay un tema que es el siguiente: Hay que aprender a convivir, no sé hasta cuándo, con lo que se dice muchas veces públicamente y con lo que se termina acordando en el Parlamento. La ley de urgente consideración va a llegar más temprano que tarde y hemos logrado avanzar sobre acuerdos que nos permitan que el trabajo en el Senado sea presencial. Y se va a trabajar en los 45 días de tal forma que se pueda satisfacer lo máximo que se pueda los requerimientos de comparecencia, tanto del Poder Ejecutivo como de las delegaciones que haya que invitar o soliciten ser recibidas. La idea es trabajar lo más normal que se pueda. Eso ya está acordado con el Frente Amplio.

    Entonces hay una crítica política afuera que no tiene su correlato con lo que pasa acá adentro.

    —Yo lo que digo es que hay un clima en el que por supuesto las diferencias están presentes, pero se puede dialogar y acordar.

    La mayor crítica de la oposición es que todavía no es el momento de discutir esta ley.

    —En algún momento el gobierno tiene que retomar su agenda y el país su funcionamiento, con los recaudos sanitarios pertinentes y con todo lo que permita cuidar la salud pública, etcétera, etcétera, el país va a funcionar. La ley de urgencia es una pieza muy importante para el gobierno. Y como es una pieza muy importante, seguramente se va a empezar a trabajar en ella en el mes de mayo.

    Hay una cuestión de ir apurando los plazos también.

    —Esencialmente lo que pasa es que la Constitución marca 45 días. Lo que no podemos es arriesgarnos a que ocurra un imponderable en el transcurso de esos 45 días. Por eso se postergó hasta ahora la discusión. Por suerte se está empezando a ver que las medidas adoptadas por el gobierno para aplanar la curva de contagios vienen dando resultados positivos, nos alienta a pensar que mayo es un mes en el que podemos empezar a trabajar en la ley de urgente consideración.

    Gustavo Penadés

    También se viene la Ley de Presupuesto y la Rendición de Cuentas. ¿Siente que gran parte del gobierno se juega ahora?

    —Creo que queda claro —abstraigámonos por un momento de la realidad que causa el coronavirus—, que desde el Poder Ejecutivo se pretendía apretar el acelerador a fondo en el primer año. Y eso estaba marcado por tres leyes fundamentales: la ley de urgencia, la de Presupuesto y la Rendición.

    ¿Cómo viene la articulación con la coalición?

    —Hay que ver que esto es producto de que nos ha ganado la emergencia, todavía no hemos tenido mucho tiempo para funcionar como pretendemos funcionar, que es en una gran sintonía de coordinación entre los partidos que integramos la coalición. Existen reuniones periódicas que pretendemos intensificar y agrandar para evitar cortocircuitos. Ahora, lo que tenemos que tener claro es que somos cinco partidos distintos. Y al ser cinco partidos distintos, sin lugar a dudas que chisporroteos va a haber, son los chisporroteos naturales.

    ¿Cabildo Abierto es un socio incómodo?

    —Nuevamente, hay diferencias entre el mundo de la comunicación y el mundo de la realidad política. Aquí adentro el relacionamiento con los legisladores de Cabildo Abierto ha sido absolutamente normal. No hay ningún problema. Lo que hay que ajustar quizás son los mecanismos de funcionamiento y comunicación. Pero la coalición funciona muy bien en cuanto a la predisposición que hay. Por supuesto que en estos primeros meses empiezan a aparecer los temas naturales de todos los gobiernos, que son la designación de responsabilidades y los proyectos de ley que tienen que atender. Todo eso sazonado nada más y nada menos que con la aparición de una pandemia que puso todo patas para arriba.

    —¿Cómo tomó las declaraciones de Guido Manini Ríos de estas horas sobre la condena a militares acusados de violar los derechos humanos en dictadura?

    —A ver, en el marco de una fecha muy especial y en el marco de lo que ellos entienden que es una actitud de la Justicia que entienden no es igual para todos los ciudadanos, hizo un manifiesto en la media hora previa. Tiene todo el derecho de hacerlo. Se podrá compartir o no, pero tiene el derecho de hacerlo.

    ¿Cómo se imagina el día después de la pandemia a nivel de gobierno?

    —Va a ser una época en la que el gobierno va a estar enfrentando una serie de desafíos muy importantes. No me animaría a decir que alguien sabe qué es lo que va a pasar el día después. ¿Qué consecuencias va a tener el parate que estamos viviendo desde el punto de vista económico? Hay un debate sobre si esto va a tener un efecto rebote en el fondo y va a pegar para arriba.

    Esa es la visión más optimista.

    —Bueno, ayer leía un informe que decía que este año el país estaría en dos puntos del PBI en caída y el año que viene estaría en cinco de crecimiento. Eso estaría hablando de un efecto rebote muy importante. Creo que vamos a estar enfrentando una situación muy particular que está vinculada a cómo atender a los sectores más golpeados por la crisis, algunos sectores de la clase media que estaban al borde de caer. El desafío es construir una red de contención. Ahora, es muy fácil decirlo, hacer demagogia, pero es muy difícil hacerlo. Además, el margen de acción está muy acotado producto de cómo recibimos al país en materia económica. Es verdad que había espalda para endeudarse, pero también es verdad que teníamos un déficit de cinco puntos del PBI.

    —¿Ahí el desafío es seguir aumentando el déficit o no?

    —El problema es que seguir aumentando el déficit tiene sus consecuencias. ¿Cómo van a actuar las calificadoras de riesgo después de la pandemia? ¿Serán tan exigentes como lo eran antes? Yo creo que hay una gran oportunidad, porque como esto es un fenómeno de carácter global, si existieran liderazgos mundiales, tendrían que estar pensando en un Plan Marshall global. ¿Cómo vamos a hacer con la oportunidad que se nos brinda dentro de la tragedia que nos está tocando vivir? Tenemos que tratar de hacer de esto una oportunidad para todos y no solamente para los países más ricos. Ahora, si eso no fuese así, la situación se puede complicar. Porque si vamos a pensar que lo primero que van a hacer las grandes economías es cerrarse para tratar de autoabastecerse y de esa forma reactivar sus mercados internos… y bueno, eso a los países que vivimos de las ventas de servicios y commodities la situación se nos pone con el viento en la puerta. Creo que hay una definición central que hizo el presidente cuando se le preguntó si estaba pensando en gravar el capital y dijo que ese es el sector que nos va a ayudar a salir. Hay que tener mucho coraje para decir eso en un país donde el igualitarismo y el discurso naif nos ha ganado. Es una definición muy profunda, ¿no?

    La izquierda reaccionó duramente ante esta declaración.

    —Es que justamente, en esa visión igualitaria… A mí lo que más me ha sorprendido de la crisis que provocó el coronavirus es cómo se cayó un telón que nos pretendía mostrar un país donde las cosas no estaban tan mal. ¿Por qué digo esto? Porque con 35 días de parate no se puede generar la crisis social, de gente recurriendo a los merenderos, a las ollas populares. Había un Uruguay real detrás de las cifras que nos vendieron. Esta crisis terminó por sacarle la careta a un Uruguay que se nos quería presentar como mucho mejor del que hoy lamentablemente tenemos. Y eso expone las debilidades y una herencia muy complicada que hoy tenemos del Frente Amplio.

    Gustavo Penadés

    ¿Y cómo cree que se comportará la oposición en ese día después?

    —Yo veo a un Frente Amplio al que le costó darse cuenta, pero se dio cuenta de la delicada situación que el Uruguay está atravesando. Creo que hay gente dentro del Frente Amplio que está genuinamente preocupada y hay sectores que están trabajando con mucha responsabilidad. Otros no tanto, pero la generalidad sí. Creo que lo que pasó también es que Luis Lacalle Pou los desconcertó.

    ¿Por qué?

    —Porque creo que ellos tenían un estereotipo de Lacalle Pou que respondería a aquello de la revista El Dedo, manual del perfecto neoliberal. Y pensaban que Lacalle Pou encuadraba ahí y que iba a venir por un camino. Y la crisis presentó a un presidente que se animó a plantear cosas que los terminó por correr por izquierda. A ver, que terminó siendo lo suficientemente pragmático para escaparse del casillero en donde el Frente pretendía creer que lo tenía. Y eso también lo desconcertó. Lacalle Pou es un tipo muy pragmático. Y muy audaz.

    —¿Y ese pragmatismo del presidente no desdibuja al Partido Nacional?

    —No, si hay algo que define al Partido Nacional es el pragmatismo. Yo comparto todas las medidas que ha adoptado el gobierno. No me siento incómodo con ninguna. El partido tiene muy profundamente presentes sus principios, su historia y de dónde viene, y por eso tiene la comodidad de hacer esto. Y vamos a utilizar herramientas que para algunos serán de derecha y para otros de izquierda. Y las vamos a utilizar igual. La pandemia nos permitió poner en práctica eso y también nos exigió acotar los tiempos de acomodamiento que un gobierno tiene por delante. Y eso ha hecho que todo el mundo trabaje en equipo. Se han cometido errores, calculo que sí; se van a cometer, calculo que también. Ahora, en la coalición no hay que tenerles miedo a los disensos. Va a haber disensos que van a ser discutidos y van a ser subsanados. No es nuevo, pasó en estos 15 años y en otros gobiernos, no hay que dramatizar sobre eso. Esa va a ser una lógica que va a pretender vender el Frente, pero en estos 30 días se demostró que se puede gobernar en coalición. Y este es un partido a cinco años, no a dos meses. El cortoplacismo es muy mal consejero en la política. En esto hay que pensar más allá de la loma.

    Información Nacional
    2020-04-16T00:00:00

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