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    Al agro se lo acusa “desmedidamente” por las cianobacterias y las críticas le hacen “muchísimo mal” a la imagen de Uruguay

    El agro está bajo ataque. Los comentarios en las redes sociales, las voces que desde la academia los apuntan con el dedo, las discusiones, a veces sin información precisa, sobre la responsabilidad de los agroquímicos y la culpa de la soja. Todo esto en medio de una realidad que acompaña: cianobacterias en todas las playas de los principales departamentos costeros en plena temporada de verano y malos antecedentes, con varios eventos severos ocurridos en el pasado en la cuenca del río Santa Lucía.

    Ante las críticas, el Ministerio de Ganadería Agricultura y Pesca (MGAP) responde y defiende al sector.

    Al agro “se lo señala desmedidamente”, dijo a Búsqueda Federico Montes, director General de Servicios Agrícolas del MGAP. “Se acusa a un sector que está haciendo muchísimas cosas, que está tratando de ser responsable con su producción, y se los quiere mostrar como que son los que están contaminando”, afirmó.

    En Uruguay, de 17,3 millones de hectáreas, 16,4 millones están dedicadas al sector agropecuario. De ese total, 13,5 millones están destinadas al sector ganadero y en el entorno del millón de hectáreas al cultivo de soja.

    “No digo que la soja no tenga responsabilidad, o que toda la agricultura no tenga la responsabilidad”, dijo. Pero “cuando se dan determinadas condiciones de precipitaciones monumentales —donde no solo en Uruguay puedes observar que arrasan los suelos que tienen nutrientes y va a los ríos y arroyos que ya tienen nutrientes—, y además la temperatura cambia y está a unos grados más, el agua no tiene la salinidad que suele tener y pasa a estar más dulce, a lo que se suma el debe con el saneamiento” que tiene Uruguay, la responsabilidad sobre lo ocurrido este verano se comparte, planteó Montes. “Es un conjunto de cosas”.

    Para Fernando García Préchac, director General de Recursos Naturales del MGAP, los estudios científicos son los que demuestran que la agropecuaria uruguaya “no es el único malo de la película”.

    Monos y camalotes

    Para el ministerio hay cuestiones que se consideran poco y que es necesario poner en la balanza. La primera es que no todo lo que ocurre en el país es consecuencia de lo que pasa en su territorio. Cuando en 1995 en Kiyú (San José, sobre el Río de la Plata) aparecieron monos, víboras coral y camalotes, la razón se hizo evidente. Vinieron por el río Paraná.

    Según el análisis transfronterizo realizado en 2015 por hidrólogos de la Universidad de Porto Alegre, la Cuenca del Plata aloja el 70% del PBI de los países que la integran. En cuanto a su extensión (12.972 millones de kilómetros cuadrados), Brasil y Argentina ocupan el 75% y Uruguay el 8,5%.

    “Sí es cierto que por cercanía a la costa, lo que hacemos acá es lo que está más cerca”, pero el aporte de los países vecinos no es despreciable, opinó García.

    El informe concluye que “tiene afectaciones de extensión general” con aportes que llegan desde el río Paraná y Uruguay. En la zona de Minas Gerais está el área industrial agrícola más pesada de Brasil, que vierte al Paraná. El río Paraguay recorre Bolivia y Brasil, y en el Pilcomayo está la zona minera. Todo confluye, es un “fenómeno natural”, planteó García.

    Según el informe, en la cuenca del Río de la Plata hay “contaminación difusa que proviene principalmente de la agricultura de Argentina”. Hay “alta cantidad y volumen de sedimentos, alta concentración de nutrientes, favoreciendo los últimos las floraciones algales que se presentan en zona costera”. Si bien este curso de agua “tiene gran capacidad de asimilación” por ser muy amplio, las “descargas de gran contenido orgánico y patógeno” sin una gestión adecuada “pueden generar problemas en playas”.

    Saneamiento

    En Google Earth­ es posible ver con claridad, gracias al color verde flúor, las zonas con cianobacterias. La cañada en la que desembocan las piletas de decantación de la zona de viviendas Mevir, a las afueras de Juanicó, cruza por los viñedos del Establecimiento Juanicó y llega al arroyo Canelón Chico, que luego termina en el río Santa Lucía. Riqueza de nutrientes, eutofización, agua dulce: un ambiente propicio para las cianobacterias.

    “El debe” del saneamiento en Uruguay es uno de los grandes problemas asociados a la mayor cantidad de nutrientes que favorece el crecimiento de las cianobacterias, planteó Montes. “Es injusto y desmedido cómo se le apuntó al sector agrícola con este tema de las cianobacterias. Me parece desmedido decir que se tiene que revisar la agricultura en Uruguay y la fertilización cuando hay otros dos factores que no son nada menores”, defendió, como el saneamiento y el aporte por agua de contaminación desde países vecinos.

    Además, las acusaciones le hacen “mal” a Uruguay cuando tiene que salir a vender sus productos fuera del país, porque afectan la imagen del país. “Hay que ser tremendamente cuidadosos, todo el mundo lee lo que sale en estos países”, planteó.

    “No es responsable dar argumentaciones desesperadas y fundamentalistas, hay que ser cuidadosos porque después cuesta mucho revertir ese partido”, agregó.

    Es que el tema también preocupa en el exterior. Los mercados internacionales cada vez se fijan más en la forma en que se produce y quieren asegurarse de que haya un cuidado por el medioambiente —que se produzcan alimentos preservando los recursos naturales—. Por eso para el MGAP la preocupación es doble, explicó Montes.

    Desde el ministerio han apoyado iniciativas para, por ejemplo, disminuir el uso de insecticidas en el cultivo de soja y usar insectos para combatir plagas, aunque aún es algo incipiente. Hay mucho trabajo por hacer, como mejorar la forma de realizar la rotación de cultivos que podría derivar en menos malezas, y un menor uso de insecticidas.

    Agroquímicos

    Juegan un papel en la contribución de contaminantes al agua, pero hablar a nivel general de agroquímicos resulta una palabra demasiado amplia. A García no le gusta, y el término agrotóxico menos. La mayoría son herbicidas para combatir malezas.

    “¿Se puede hacer algo diferente? Creo que sí, tal vez podamos mejorar la rotación de cultivos y lograr herramientas que den mejor marco al productor para financiarlo. Estamos en los inicios de las conversaciones”, adelantó Montes. “Siempre podemos mejorar”.

    “Existe a nivel del MGAP y del sector agrícola un compromiso de reducción del uso de agroquímicos, eso es mucho. ¡Hay que empezar por el compromiso!”, planteó Montes.

    Los informes de la Dirección Nacional de Medio Ambiente (Dinama) de 2015 concluyen que hay un alto nivel de “cumplimiento de los estándares” al analizar cantidades de glifosato, atrazina y otros componentes químicos que se usan para el agro. Los agroquímicos o derivados no representarían niveles de riesgo en su concentración en agua. Sin embargo, el parámetro de mayor incumplimiento es el de fósforo total.

    El problema con el excesivo aporte de fósforo del agro está más vinculado a la lechería y a las praderas. Los planes de uso y manejo del suelo son una forma de abordar el problema. García destacó que no en vano esta política recibe un gran reconocimiento internacional, incluso de la organización de las Naciones Unidas para la Agricultura (FAO).

    El plan elaborado por el gobierno para la cuenca del río Santa Lucía incluye mayores exigencias para el sector lechero, como la obligación de hacer un plan de fertilización, aunque aún no están todos incluidos. García advirtió que llevará “no menos de 20 años” ver resultados de las políticas que se han comenzado a aplicar.

    Del trabajo del MGAP “se ve poco y se escucha poco”, opinó.

    La soja no requiere tanto fósforo como otros cultivos; más se usa en praderas y al plantar alfalfa, por ejemplo. Montes opinó que la “tan cuestionada soja, no es la que genera exceso de fósforo”. Con respecto al fenómeno de las cianobacterias en enero y febrero, dijo que “la fertilización en soja se da entre setiembre y octubre. En diciembre queda muy poquito. Ya se solubilizó y la planta lo tomó”, argumentó Montes. No obstante, si bien usa menos fósforo que otros cultivos, la superficie con plantaciones de soja es muy grande, reconoció.

    En paralelo, en Uruguay se están desarrollando microorganismos para solubilizar el fósforo en soja.

    Los sedimentos, originados en la erosión de los suelos, son el principal contaminante de aguas superficiales, explicó García, que fue profesor titular de Suelos y Aguas y decano de la Facultad de Agronomía de la Universidad de la República. Además, no todos los problemas son actuales.

    En la zona sur del cauce del Santa Lucía está la zona históricamente más erosionada de Uruguay y los sedimentos que llegan al agua la enriquecen de fósforo. García comentó que durante años hubo una creencia “cultural” entre los agrónomos que utilizaban grandes cantidades de fósforo en cultivos. Creían que se quedaría en el campo sin consecuencias ambientales.

    Cianobacterias en cursos de agua hay en todo el país. Grupos ambientalistas han hecho hincapié en la contaminación del río Negro. Según el último informe sobre el río Negro publicado por Dinama en enero, los números demuestran que los niveles de fósforo no son mayores que en los registros de Santa Lucía y revela el cumplimiento de los estándares en sustancias utilizadas por el sector agropecuario.

    El nitrógeno es otra preocupación, y la cuenca lechera y los vertidos de las ciudades generan aportes.

    Riego

    El riego es una de las principales necesidades que tiene la agricultura, además de un sistema de seguros y mejoras en la rotación de cultivos, según Montes. Los prejuicios vinculados a que los embalses para riego pueden suponer focos de cianobacterias se deben combatir con garantías que “parte están dadas y parte hay que desarrollarlas”.

    Salud, Ciencia y Ambiente
    2019-03-07T00:00:00

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