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Al regresar a Montevideo el miércoles 29 de agosto de 1984 luego de una breve visita a su país, el embajador de Estados Unidos en Uruguay Thomas Aranda respondió a la pregunta de un periodista que quiso saber si era cierto que el Departamento de Estado había expresado la preocupación de su gobierno por la demora en la liberación de Wilson Ferreira Aldunate. La respuesta de Aranda fue: “Nosotros no nos hemos querido entrometer en definir posiciones. Lo que sí nos interesa es que el caso del señor Ferreira sea procesado definitivamente y con el aspecto legal debido”.
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Las declaraciones del embajador causaron un profundo desagrado en filas nacionalistas, que consideraron que Aranda planteaba los términos del problema de acuerdo a la “tesis Sanguinetti”, en lugar de plantearla entre quienes están por una democracia sin ningún tipo de exclusiones y quienes han transado con el régimen aceptando la proscripción de Ferreira, del Partido Comunista y de otros sectores del Frente Amplio. Posteriormente la Embajada emitió un comunicado aclaratorio, pero la irritación de los blancos continuó, al punto que Alberto Zumarán, Juan Raúl Ferreira, León Morelli y Horacio Muniz, director del nuevo diario blanco “El Nuevo Tiempo”, se negaron a participar en una cena a la que habían sido invitados por el encargado de negocios, segundo funcionario en jerarquía en la representación de Estados Unidos, Richard Melton.