No hay tiempo para empezar a actuar: el calentamiento global ya llegó y se está haciendo sentir. Esta es la principal conclusión de la 22a Conferencia de las Partes de la Convención de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP22), realizada en Marrakech (Marruecos) entre el lunes 7 y el viernes 18 de noviembre. Un tema clave discutido en estos días fue que las compensaciones económicas no se otorguen solo a países desarrollados y que no se deje todo en manos de iniciativas privadas, sino que se creen mecanismos reales de adaptación ante el calentamiento.
El lunes 14 la Organización Meteorológica Mundial (OMM) emitió un informe enfocado en los primeros nueve meses de 2016. “Estamos batiendo todos los récords de calentamiento desde que empezó el siglo. Lo hemos hecho tanto en el año 2015 como durante los primeros nueve meses de 2016”, dijo Petteri Taalas, secretario general de la OMM, quien advirtió sobre la necesidad de invertir en estrategias de mitigación y adaptación al cambio climático, pues los desastres naturales aumentarán.
De acuerdo al informe, el año terminará con una temperatura media global de 1,2 por encima de la media del período 1961-1990, que se toma como referencia. Esto indica que 16 de los 17 años que tuvieron temperaturas más altas se dieron durante este siglo. Hubo zonas árticas rusas con medias de entre seis y siete grados más que las medias históricas y zonas árticas y subárticas en Canadá, Rusia y Alaska que estuvieron por lo menos tres grados arriba de los registros históricos. También creció el calentamiento de los océanos y la concentración de dióxido de carbono, que en 2015 trepó por primera vez en la historia a un promedio de 400 partes por millón (ppm).
En la COP22 los representantes del Banco Mundial presentaron un informe sobre reducción de efectos climáticos y recuperación que indica que el impacto de los desastres naturales extremos genera pérdidas que equivalen a U$S 520.000 millones anuales y conduce a la pobreza a alrededor de 26 millones de personas por año. “Si vives entre el 20% de la parte más pobre de tu país, tienes dos veces más posibilidades de que tu casa sea arrasada en un desastre natural”, afirmó Stephane Hallegatte, economista jefe del Banco Mundial que reconoció, además, que la hipótesis más optimista resultaría grave.
Para el marroquí Salaheddine Mezouar, presidente de la COP22 y ministro de Exteriores, esta conferencia internacional es una chance para que los países más vulnerables tengan voz frente a los cambios del clima, en particular los países africanos y los estados insulares. “Es urgente actuar ante estas cuestiones relacionadas con la estabilidad y la seguridad”, dijo en una charla en la que señaló que la COP22 debe ser una “conferencia de la acción”.
El principal cometido de esta COP22 es ratificar el Acuerdo de París (2015) y animar a los países a comprometerse con la economía de bajo carbono y recuperar la voluntad de llegar a acuerdos históricos. Un tema clave fue el avanzar en temas de financiamiento climático, especialmente en lo relacionado a proyectos que combinen financiación pública y privada.
Tras años de negociaciones se llegó al Acuerdo de París, firmado en diciembre de 2015, para beneplácito de la sociedad civil, los políticos y activistas. El documento estableció objetivos hacia los que “solo se puede avanzar con el abandono total de combustibles fósiles a 2050”, según expresó la organización Greenpeace en aquel momento. El acuerdo tiene 12 páginas con estipulaciones que comenzarán a regir a partir de 2020 y fue apoyado por los 195 países de la negociación. Además se creó otro documento de 19 páginas en el que establecen tareas a realizar antes de 2020.
Algunas conferencias trabajaron concretamente sobre el factor económico. El lunes 14 el Grupo de Financiamiento Climático (GFLAC) realizó la conferencia “Los retos de la implementación del acuerdo de París en América Latina”, del que participaron la abogada del GFLAC Andrea Rodríguez, la investigadora de Climate Service Center de Alemania, Tania Guillen, la coordinadora general de GFLAC, Sandra Guzmán, y la investigadora del Instituto de Derecho Ambiental y Desarrollo Sustentable de Guatemala, Alejandra Sobenes.
Uruguay y la agricultura.
La titular del Ministerio de Vivienda, Ordenamiento Territorial y Medio Ambiente (Mvotma), Eneida De León, explicó ayer miércoles en el segmento de alto nivel de la Coalición para el Clima y el Aire Limpio, cuál es la situación de Uruguay. “Nuestro país está particularmente expuesto a los efectos del cambio climático porque nuestra economía se basa en el sector agropecuario y en el turismo. El cambio climático impacta nuestras infraestructuras y centros urbanos localizados en zonas costeras, y la población más vulnerable es la más afectada. Somos un país en desarrollo y que emite tan solo un 0.05% de las emisiones globales, siendo una realidad injusta la dureza de los impactos que recibimos del clima en relación a nuestra responsabilidad en las emisiones”, dijo De León.
“Para Uruguay, la respuesta al cambio climático es una prioridad política. (…) Nos importa defender los derechos humanos de todos los uruguayos, pero también ser solidarios con aquellos pueblos vulnerables que ven relegadas sus oportunidades de desarrollo”, puntualizó la ministra. Destacó positivamente el avance institucional en este sentido, con la creación de la Secretaría Nacional de Ambiente, Agua y Cambio Climático y del Gabinete Nacional Ambiental, que se suman al Sistema Nacional de Respuesta al Cambio Climático creado en 2009. “Esto habilita que las instituciones públicas, privadas y sociedad civil puedan coordinar y articular acciones” para ir definiendo una Política Nacional de Cambio Climático hacia el 2050.
La delegación uruguaya para la COP22 estuvo presidida por el Mvotma en las dos semanas de la cumbre. En el primer tramo participó Jorge Rucks, subsecretario del Ministerio. También participaron delegados del Ministerio de Relaciones Exteriores, el ministro de Ganadería, Agricultura y Pesca, Tabaré Aguerre, y una técnica de esa cartera.
“Esta COP tenía una característica particular que era la búsqueda de implementación del Acuerdo de París al cual se había llegado en la COP21 el año pasado. Evidentemente tenía un carácter totalmente diferente”, explicó a Búsqueda Jorge Rucks. “Por eso el objetivo fue la constitución de una nueva área de preparación para la implementación de los Acuerdos de París: el grupo de trabajo APA. Se consideraron los aspectos relativos al propio proceso del órgano que va a implementar los acuerdos”.
En la primera semana, Uruguay participó del Grupo de los 77 + China para lograr un consenso entre los países no desarrollados que funcionan en ese contexto y llevar las posiciones que surgieron de ese grupo a las plenarias y a los cuerpos de discusión de la propia convención. “Sobre esa base, como país defendimos un proceso que mantenga el espíritu positivo del Acuerdo de París y que de alguna manera se reflejara en la programación del trabajo, dejando un espacio para que en la COP del 2017 se haga un seguimiento de cómo lo han ratificado los países que hasta el momento no lo han hecho, y que en el 2018 se tenga la oportunidad de que se cierre con la aprobación de todos los instrumentos de implementación que se desarrollaron y discutieron durante estos dos años”, explicó Rucks.
Otra preocupación de estas jornadas de trabajo fue que los acuerdos logrados en París se implementen de manera “balanceada”, agregó el jerarca. “Se manejó mucho el concepto de balanceado al considerar los aspectos de mitigación de los efectos del cambio climático. Para que la adaptación de los países a este cambio y el desarrollo de los instrumentos de implementación sean balanceados en cuanto a financiación, cooperación técnica y formación de capacidades”.
Por otra parte, Rucks señaló que un tema relevante que se discutió fue el de la agricultura y la seguridad alimentaria en relación al cambio climático. “Lo que se buscaba en el Acuerdo de París era que se asegurara a aquellos países que producen alimentos en condiciones especiales en el proceso de evaluación de emisiones de gases de efecto invernadero”.
Rucks señaló que en esta COP Uruguay trabó una alianza muy fuerte con países de la región, particularmente con Argentina y Brasil, en pos de tener un proceso de discusión primero en el grupo de países no desarrollados o en desarrollo, para lograr un consenso en temas de agricultura. “Sin embargo, eso cuando se llevó a la discusión en el plenario, no tuvo andamiento por desacuerdos con países desarrollados, y quedó abierta la discusión”, dijo Rucks.
El jerarca destacó la importancia de haber avanzado en el posicionamiento como país. “Lideramos una posición de defensa de los países productores de alimentos, en el sentido de dar un espacio en el marco de todos los instrumentos de la COP para que sean considerados países como el nuestro, con las condiciones particulares que tenemos como productores de alimentos. Y que se tenga en cuenta el tipo de emisiones de gases invernadero que tenemos vinculadas más a la producción y a los factores biológicos, que tienen ritmos de ajustes diferentes y en algunos casos elasticidades muy bajas para poder ser modificados”.
En cuanto a cómo podrá afectar a las negociaciones ambientales la victoria de Donald Trump como presidente de Estados unidos, Rucks puntualizó que al momento de desarrollarse la COP22, la delegación del país del norte seguía siendo la designada en la administración actual. “La posición de Estados Unidos no se modificó en el marco de la convención. Es cierto que las opiniones públicas de quienes ganaron las elecciones en ese país en relación a cambio climático reflejan visiones discrepantes con las que se han venido sustentando por parte de la actual administración. Va a tener un impacto necesariamente, pero no lo podemos predecir”.
“Quedamos con un sabor positivo en relación al trabajo de los países en desarrollo y con una situación de enfrentamiento en temas importantes con los países desarrollados, particularmente en el tema de agricultura que para Uruguay es muy importante”, concluyó Rucks.