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“Es un campo extremadamente nuevo. Es un tratamiento no convencional que puede revolucionar el mundo de la medicina, es tratar la cabeza desde el intestino. Quién lo hubiera imaginado, ¿no?”. Así describió a Búsqueda el neurocientífico uruguayo Mauro Costa Mattioli el impacto de su hallazgo publicado hace una semana en la revista científica Neuron y sobre el que luego escribió The Economist.
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Hace años que Costa-Mattioli, director del Centro de Investigación del Cerebro en la Facultad de Medicina de Baylor, en el Centro Médico de Texas, Estados Unidos, investiga con el fin de explorar un novedoso tratamiento para el autismo que mostró resultados positivos en ratones. Tan auspiciosos fueron que el camino a seguir sería probarlo en humanos.
A la bandeja de entrada de su correo electrónico ya llegan mails de padres de chicos autistas que solicitan información, que aseguran que el hallazgo de Costa Mattioli los ha ayudado y puede cambiarles la vida. Él es cauto y les advierte que aún hay mucho por estudiar.
Bacteria eficaz
En su último trabajo el científico analizó si la bacteria Lactobacillus reuteri podía recuperar el comportamiento con ratones autistas que enfermaban por diferentes motivos. Para sorpresa del científico, que esperaba resultados positivos en solo algunos ratones, todos mostraron mejoras en su interacción social tras recibir esta bacteria.
“Sin importar cuál es la razón por la cual el ratón tenía un comportamiento autista, la bacteria es eficaz”, destacó Costa Mattioli. Eso quiere decir que si se llega a probar que lo mismo ocurre en humanos, el impacto sería muy grande porque “todo el espectro sería susceptible supuestamente”, planteó.
Ahí está el desafío. Costa Mattioli se encuentra en la búsqueda de cómo dar los siguientes pasos y listo para dar el “gran salto”. Considera que su trabajo ha llegado a un punto tal de evidencia que amerita comenzar a hacer estudios clínicos con humanos. Esto es costoso y delicado. La planificación de cuánta cantidad de la bacteria debería recibir un individuo con autismo para mostrar efectos positivos es uno de los grandes desafíos. Es costoso y una primera etapa de trabajo superaría el millón de dólares, según estima Costa Mattioli.
El tema es que esta bacteria ya está disponible en el mercado, se promociona como beneficiosa para la piel, el pelo y para mejorar el colesterol. A Costa Mattioli le preocupa que los padres de chicos autistas les administren la bacteria a sus hijos en cantidades arbitrarias. Hay diferentes cepas de esta bacteria, y por resultados que aún no están publicados Costa Mattioli sabe que no todas resultaron eficaces
Además, las dosis deberían ser motivo de un estudio científico serio.
Conexión
El trabajo publicado en Neuron demostró el efecto generalizable de esta bacteria para mejorar el comportamiento social. En segundo lugar, demostró parte de los mecanismos por los cuales la bacteria actúa.
El nervio vago es uno de los más grandes y largos en el cuerpo, y conecta el intestino con la cabeza. “Encontramos que cuando cortamos esa conexión, la bacteria es incapaz de tener el efecto de recuperar el comportamiento social. Mostramos el mecanismo por el cual la conexión (cabeza-intestino) ocurre”, resumió Costa Mattioli.
“El nervio lleva a una parte del cerebro donde se produce una hormona llamada oxitocina (que se genera en animales que están socializando). Esta oxitocina tiene proyecciones hasta un área de placer. Vemos que los animales son asociales cuando no tienen receptores para la oxitocina en el área del placer, no les da placer interaccionar”, explicó el científico. Cuando esto ocurre, la bacteria no es capaz de recuperar la interacción, “demostrando que la bacteria lo que hace es comunicarse desde el intestino hacia la cabeza por el nervio vago”, añadió.
Si bien hay otros investigadores trabajando en posibles tratamientos para el autismo administrando oxitocina, esta mejora la interacción social en ratones solo transitoriamente y a las horas regresan a su estado anterior. Incluso después de un tiempo, por más que se les siga administrando, deja de tener efecto. El trabajo de Costa Mattioli apunta a aumentar la cantidad de oxitocina endógena, es decir, la que la persona tiene en el cuerpo “no de manera transitoria sino persistente”, planteó.
“Si es eficaz, este tratamiento puede cambiar no solo la manera en que pensamos con respecto al autismo sino también cómo tratarlo”, dijo Costa Mattioli. Es que tratar las enfermedades de la cabeza mediante una bacteria del intestino no estaba dentro de sus planes. “A veces, como en la vida, los hallazgos son sorprendentes y hay que seguirlos, con pasión, dedicación y una gran ilusión”, reflexionó.