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    Cristianos uruguayos fuman menos que la media; la religión es un factor “protector”, según estudio hecho por médicos y economistas

    Convivir con otros fumadores incrementó la posibilidad de consumir tabaco; el riesgo se multiplicó por 14 cuando en el hogar fumaban dos personas y 22 veces si lo hacían tres, según investigación de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de la República

    ¿Existe una relación entre el consumo de tabaco y la religión en Uruguay? ¿Fuman menos quienes creen en Dios? Estas preguntas no tenían respuesta porque la relación entre el tabaquismo y la religión “es un tema que no estaba estudiado”, comentó a Búsqueda la doctora Elba Esteves, integrante del Fondo Nacional de Recursos.

    No estaba estudiado hasta ahora, porque un grupo de investigadores, médicos y economistas uruguayos publicó resultados de un trabajo titulado “¿Quiénes fuman en Uruguay?”, en el que encontró una relación entre la religión y el tabaquismo.

    Quienes se definen como católicos, cristianos no católicos y creyentes en Dios sin confesión fuman menos que el resto de la población. La religión actúa como un factor “protector” para no consumir tabaco, según sus autores.

    “Es una de las novedades de este trabajo. En nuestro país nunca se había investigado esta asociación entre tabaco y religión”, destacó Esteves, una de las autoras del trabajo.

    “Cuando hay normas, reglas de vida que la persona se pone, por el motivo que sea, esto ayuda a controlar conductas. Uno de los problemas de las adicciones en general es la falta de límites, porque la persona tiene dificultad para ponerlos. En cambio si está adherido a una creencia esto necesariamente lleva a tener ciertos límites”, explicó Esteves. Por eso no es tan relevante exactamente a qué religión se apega. “No importa tanto qué religión sino que haya un cuerpo de normas de vida a las cuales la persona adhiere. Tiene que ver con escalas de valores y formas de encarar la vida con reglas”, agregó la médica.

    La investigación fue realizada por Esteves junto al cardiólogo Edgardo Sandoya, del Centro para la Investigación para la Epidemia de Tabaquismo (CIET), y los economistas Máximo Rossi y Patricia Triunfo, del Departamento de Economía de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de la República. Tomaron los datos de la Encuesta Nacional de Hogares Ampliada de 2006 que tiene una muestra de 259.000 personas en todo el país, 38% en zona metropolitana, 31% en el interior urbano y 19% en zonas rurales.

    “Los dos resultados más importantes son la gran influencia de la familia que fuma y la religión. Estos son los impactos más importantes para la gente. Si hay religión la probabilidad de fumar es mucho más baja”, dijo a Búsqueda Máximo Rossi, economista del Departamento de Economía de la Facultad de Ciencias Sociales.

    Por ejemplo, el 23,6% de la población fuma, pero entre los cristianos no católicos los fumadores solo representan un 14,6% y entre los católicos 20%.

    Según concluyeron los investigadores, el menor índice de tabaquismo en quienes pertenecían a alguna de las religiones analizadas “podría estar relacionado con el cuerpo de normas que implica la pertenencia a una religión, así como la contención o autocontrol de consumos adictivos a partir de la fe”. Este hallazgo es similar a lo observado en otros estudios en el mundo con musulmanes en Malasia y budistas en Tailandia, donde en ambos grupos la religión y los guías espirituales desalientan el fumar.

    En otros casos estudiados en Uruguay, como el consumo de drogas, la criminalidad y la corrupción, la religión también incide y aleja a los individuos de este tipo de conductas.

    “En actividades que uno podría catalogar como negativas —como el consumo de drogas, la criminalidad y la corrupción— la religión es un contrapeso muy importante, es como un elemento de contención”, destacó Rossi.

    El economista explicó que en otras investigaciones se comprobó que no solo importa que las personas tengan una creencia religiosa: el efecto es aún mayor cuando la persona demuestra una práctica religiosa, como ir a la iglesia.

    Al apegarse a una religión el individuo identifica “lo que es el control social y reconocer a una autoridad”. Este “controlador es Dios”, explicó Rossi.

    Los modelos de religión realizados por economistas en el mundo indican que las personas se vuelven más religiosas a medida que aumentan la edad y se ven más cerca de la muerte.

    En la clasificación la religión judía no fue tomada en cuenta como factor protector simplemente por una cuestión numérica: eran muy pocos en esta muestra estudiada como para encontrar una asociación significativa.

    Fuman en casa.

    Convivir con otros fumadores incrementó la probabilidad de ser fumador, concluyó la investigación. Tras analizar varios factores, “la existencia de fumadores en el hogar fue el elemento que más aumentó la probabilidad de fumar”, concluyó el estudio.

    “Ahí se ve el rol modélico de la familia. Se tiende a repetir lo que hacen las personas que son un modelo. ‘Si en casa está bien visto, ¿por qué no fumar?’ piensan”, dijo a Búsqueda Edgardo Sandoya, cardiólogo e investigador del CIET. Por eso, si fumar en un hogar está mal visto, seguramente “desestimule” a la persona. Los adolescentes pueden probar pero después no continuar fumando, agregó.

    El mayor riesgo de fumar en familias en que hay personas que fuman “tiene que ver con la imagen que se transmite en la casa y los valores del consumo de tabaco. Más allá de que los padres le puedan transmitir a un hijo que no es bueno fumar, si el niño se crió en una familia en la que ‘cuando papá tiene un problema fuma o cuando papá está contento fuma’, el chico va internalizando que el cigarrillo ayuda a solucionar problemas o a tranquilizarse si se está nervioso. Forma un cúmulo de creencias que son previas al consumo y determina las decisiones que se toman después”, expresó Esteves.

    Cuantas más personas fumen en la casa más fuerte es el mensaje. Este dato se ve en los números.

    Vivir en casa de fumadores aumenta el riesgo de fumar, pero es importante saber cuántos fumadores hay en el hogar. Según el estudio se multiplicó “por 14 el riesgo cuando fumaban otras dos personas en el hogar y unas 22 veces si lo hacían tres o más”.

    Esteves aclaró que siempre hay excepciones de hijos que tienen padres fumadores y ellos no consumen tabaco.

    De todos modos, estos datos no pertenecen solo a los adolescentes, también muestran los resultados de adultos. Quiere decir que incluso el adulto que convive con otros fumadores tiene más probabilidad de mantenerse fumando.

    “Percibe menos la necesidad de cambio, mientras que si convive con otras personas no fumadoras, está viendo otros modelos y formas de vida que le hacen cuestionarse su propia conducta. Si otros fuman refuerzan la conducta”, reflexionó la médica.

    Por otra parte, quienes más fuman son los casados (37%), seguidos de los divorciados (33%) y los solteros (28%). Las personas entre 20 y 60 años tuvieron un riesgo de consumo aumentado en más del 60% con respecto a los de mayor edad.

    Inicio del consumo.

    ¿Por qué comenzar a fumar? El uso de tabaco está “influenciado y determinado” por varios factores. En la adolescencia los chicos pueden asociar el tabaco con el mundo adulto y de glamour en la etapa “preparatoria del consumo”, o sea, antes de comenzar a fumar. Por otra parte, “los jóvenes que necesitan factores externos para reforzar su autoconfianza muchas veces son más vulnerables al consumo de tabaco”, explicó Esteves.

    Este factor individual está relacionado a la imagen que tiene la persona sobre el fumar. Por ejemplo, también ocurre que fumar está asociado a la delgadez.

    La población de fumadores en general tiene un peso promedio menor que no fumadores, pero “no quiere decir que sea un peso saludable, porque el cuerpo trabaja forzado”, explicó Esteves.

    Los factores sociales que inciden al comenzar a fumar son el efecto de los pares, el tabaquismo en el hogar y la pertenencia religiosa como un factor protector, entre otros. Además hay aspectos medioambientales —como las medidas de control en el entorno—, culturales y económicos. Está demostrado que para los adolescentes una medida de control del inicio del consumo de tabaco es el aumento de precios.

    Salud
    2013-04-11T00:00:00

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