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Pasaron seis meses desde que se confirmó el primer caso de coronavirus en Uruguay. A mediados de marzo se cerraron escuelas, se suspendieron los espectáculos y las aglomeraciones, se instaló el teletrabajo y buena parte de los comercios cerraron sus puertas. Asustados por las imágenes que llegaban desde Europa, muchos acataron las recomendaciones del gobierno y se recluyeron en sus casas. El tránsito y la circulación bajaron de forma drástica, creció el desempleo y proliferaron las ollas populares para alimentar a la población más vulnerable.
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Medio año después, la situación es muy diferente y el ánimo de la población y de las autoridades es optimista. El temor dio paso a una cautela responsable, y de a poco los uruguayos retomaron sus actividades habituales, aunque con tapabocas y alcohol en gel. El gobierno, mientras define protocolos sanitarios para la vuelta de distintos sectores de actividad, sigue recordando que la batalla no está ganada y pide prudencia.
Sin embargo, la “evolución favorable” de la pandemia dio paso a que las autoridades se propongan nuevos objetivos. Con la situación controlada, el gobierno considera que llegó el momento de estudiar los casos invisibles. Es decir, la población que se contagió de Covid-19, pero que no tuvo síntomas, por lo que no forma parte de las estadísticas.
Ayer miércoles las autoridades del Ministerio de Salud Pública (MSP) y los integrantes del Grupo Asesor Científico Honorario (GACH) se reunieron por segunda vez para definir cómo implementar los testeos serológicos que detectarán la “circulación silenciosa” del Covid-19. Según informó a Búsqueda Rafael Radi, doctor en Medicina y Ciencias Biológicas e integrante del GACH, el objetivo de los encuentros es determinar a quiénes y de qué manera se realizarán los análisis, que permitirán identificar los casos asintomáticos y así conocer la ruta y la expansión de la pandemia en el territorio nacional.
Si bien la fecha de inicio de los testeos aún no está definida, las autoridades consideran que ya se alcanzó el punto “correcto” para comenzar a utilizar los 45.000 kits desarrollados por la Universidad de la República y el Instituto Pasteur de Montevideo en julio.
“De ahora en adelante todo lo que vamos a hacer tiene un nivel de riesgo, pero hay que pensar en una gestión de riesgo inteligente. Estamos entrando en una etapa donde los test serológicos pueden ser útiles para monitorizar a aquellos que no detectás por los test convencionales”, explicó Radi.
A diferencia de los test PCR, elegidos como método de diagnóstico principal, estos análisis (que detectan los anticuerpos) servirán para identificar a las personas que transitaron la enfermedad sin presentar síntomas y por tanto no fueron diagnosticadas. Con muestras de sangre y en laboratorios clínicos estándar, los test también funcionarán para monitorear la respuesta de anticuerpos en personas vacunadas, una vez que la vacuna esté disponible. Una sola muestra permitirá distintas líneas de análisis. “La importancia de los test serológicos es que se pueden utilizar, por un lado, en grupos focalizados como el personal de la salud y, por el otro, en estudios más randomizados en la zona metropolitana. Se podrán aplicar de forma aleatoria por estratos de edad y región del país, por ejemplo”, agregó Radi.
Según explicó, la comunidad internacional de especialistas considera “clave” que en la etapa de desconfinamiento se haga un seguimiento de los adultos jóvenes para evitar las “cadenas silenciosas”. Es que si son asintomáticos, pueden pasar “a tres o cuatro generaciones de transmisión” antes de que aparezcan señales de alarma, indicó. Así, se complejizaría el trazo de la ruta epidemiológica y la identificación del origen de un posible foco. “Ya ocurrió en países europeos y es muy difícil volver para atrás”, añadió Radi.
Foto: Nicolás Der Agopián / Búsqueda
La cadena silenciosa.
La producción en masa de los kits serológicos fue financiada por la Agencia Nacional de Investigación e Innovación y el Fondo de Convergencia Estructural del Mercosur, y contó con el apoyo del Banco Interamericano de Desarrollo y el MSP. El equipo se puso a la orden para producir la demanda necesaria y prevé desarrollar cerca de 250.000 kits. La inversión costó $ 8 millones y demandó el trabajo de 46 investigadores.
Los primeros 45.000 kits están a la espera del uso de las autoridades, que en los primeros seis meses de la emergencia sanitaria se concentraron en detectar, aislar y detener el avance de la pandemia. “Antes de asumir, previmos el alcance del virus y preparamos al sistema para su llegada. Nos ofrecieron distintos tipos de test, pero como los de sangre no eran los mejores para detectar el coronavirus, elegimos el PCR. La atención estuvo y está en los brotes”, dijo a Búsqueda José Luis Satdjian, viceministro de Salud.
El pasado 14 de agosto se llegó al máximo de hisopados en un día, con 3.899 pruebas, y en las últimas dos semanas hubo un aumento en la curva de contagios. Ayer miércoles se registraron 31 casos nuevos. De los 24 en Montevideo, 10 son militares que llegaron de una misión del Congo y están en un área de aislamiento.
La cifra no es alarmante. Sergio Rico, director nacional del Sistema Nacional de Emergencias, dijo a Búsqueda que los casos están “controlados” y dentro de lo esperado. “El aumento de contagios está dentro de lo pronosticado y no tiene que ver con la Noche de la Nostalgia. Ni siquiera se podría hablar de un brote, hubo tres o cuatro pequeños focos”, señaló. Sin embargo, no hay que olvidar los tapabocas ni el distanciamiento social. “Sería prematuro aflojar porque no hemos terminado con el proceso; estaríamos manejando mal el riesgo”, añadió Radi.
El próximo reto será el control sanitario en las elecciones departamentales de fines de setiembre y la elaboración de un protocolo para el turismo. Ayer miércoles, en conferencia de prensa, el presidente Luis Lacalle Pou anunció que había encargado a los científicos un plan de verano para reabrir las puertas en un continente con altos niveles de contagio. “Será un desafío”, anticipó Satdjian.