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    En tiempos de “escepticismo”, políticos y técnicos lograron “reglas claras” para cumplir con el acuerdo de cambio climático

    “Amenazado”. Así está hoy el Acuerdo de París sobre cambio climático que se firmó en 2015, opinó Ignacio Lorenzo, director de Cambio Climático del Ministerio de Vivienda, Ordenamiento Territorial y Medio Ambiente, que regresó hace una semana de Polonia, donde, en el marco de las Naciones Unidas, se negociaron las reglas para la implementación del acuerdo.

    Mientras Estados Unidos, uno de los principales emisores de gases de efecto invernadero, anunció que se retiraría del acuerdo, en Europa el surgimiento de ultraderechas nacionalistas que le dan la espalda al mundo globalizado y abogan por el proteccionismo, enturbian el panorama. Es que el acuerdo, para llevarse a cabo, necesita de consenso, de la buena voluntad de todos los países y de gobernantes comprometidos en impulsar una reconversión de la matriz productiva para reducir emisiones y tomar medidas para adaptarse a las consecuencias del cambio climático, como las sequías, las inundaciones y el aumento del nivel del mar.

    “Estamos en un momento de mayor escepticismo” y es en ese contexto que trascurrió la Conferencia de las Partes (COP) realizada en diciembre en Katowice (Polonia), señaló Lorenzo. Pese al contexto poco propicio, y “si bien el esfuerzo colectivo está lejos de ser el que se debe alcanzar”, la conferencia logró definir “reglas claras y un proceso de implementación”, afirmó. “Son las dos caras de la moneda”, valoró.

    El objetivo del Acuerdo de París, que entró en vigencia en 2016, es mantener el aumento de la temperatura en este siglo por debajo de los dos grados centígrados e impulsar los esfuerzos para que sea incluso por debajo de los 1,5 grados. Hasta el momento los países han planteado sus líneas de trabajo y esfuerzos a realizar, pero son insuficientes.

    El objetivo del Acuerdo de París, que entró en vigencia en 2016, es mantener el aumento de la temperatura en este siglo por debajo de los dos grados centígrados e impulsar los esfuerzos para que sea incluso por debajo de los 1,5 grados.

    “Es un desafío que tenemos sobre la mesa y hay algunas luces. Los europeos han bajado sus emisiones, incluso Estados Unidos por su estructura económica, menos industrial y más de servicios, también lo ha hecho. Casos como el de Uruguay, que consolidan la agenda de las energías renovables, comienzan a surgir y China encuentra ahí un nicho de negocio”, resumió Lorenzo.

    De todos modos las metas trazadas en el marco del acuerdo “son un punto de partida insuficiente” para lograr el objetivo de mantener a raya el aumento de la temperatura. El acuerdo prevé que cada paso que se dé debería estar acompañado de mayor “ambición”, algo que la ciencia reclama, comentó Lorenzo.

    Negociación

    La preparación para esta reunión fue larga: dos años y medio. Desde 2015 las negociaciones internacionales en el marco de la Convención Marco de Cambio Climático se han centrado en cómo bajar a tierra, ponerle reglas y plazos a un acuerdo que marcó el rumbo, pero al que le faltaba contenido sobre cómo ejecutarlo.

    Es que el Acuerdo de París tiene una particularidad. No indica exactamente qué metas tienen que cumplir los países sino que creó un sistema en el que cada uno plantea qué es lo que va a hacer y lo presenta ante la Convención en un documento conocido como Contribuciones Nacionalmente Determinadas (NDC, por su sigla en inglés). A partir de eso se crean reglas comunes a todos y mecanismos para que los países en desarrollo cuenten con el dinero necesario para poder ejecutarlas. Sobre estas y otras cuestiones se viene negociando y se avanzó mucho en la última reunión anual, la COP24, que se realizó en diciembre.

    “Lo que se terminó de acordar ahora son las reglas de implementación, la letra chica del Acuerdo de París. Ahora tenemos ese libro de reglas, se organizó el trabajo”, explicó Lorenzo. Uruguay ha participado de cada una de las instancias de negociación en los últimos dos años y medio y cuenta con un grupo específico para preparar estas negociaciones, en el que participan el Ministerio de Vivienda, Cancillería y otros organismos públicos y ministerios.

    Grupos

    Hay unos cuatro grandes bloques en los que los países se agrupan para negociar. Se distribuyen por la similaridad en su visiones y en general también coinciden en sus estructuras productivas y nivel de desarrollo. Estos son: la Unión Europea, el grupo Umbrella (Estados Unidos, Australia, Canadá, Japón, Nueva Zelanda), el Environmental Integrity Group (México, Suiza, Lichstenstein, Mónaco y Corea) y el más grande, el de los países en desarrollo G-77+China, en donde está la mayor diversidad.

    Más allá de estos grandes grupos, a la interna existen divisiones. Uruguay hace dos años que negocia junto con Argentina y Brasil. El trabajo técnico comenzó a mediados de 2016 y el grupo hasta el momento solo se ha fortalecido. Presentó propuestas con posiciones conjuntas en varios momentos de la negociación para que sean tomadas en cuenta en el texto final. El trabajo no se hace en el ámbito del Mercosur porque Paraguay está participando del grupo de países del Pacífico. “Queremos reglas robustas, reglas claras basadas en conocimiento técnico”, contó Lorenzo. Ahora la comunidad internacional está expectante por Brasil ya que su presidente electo, Jair Bolsonario, se mostró contrario a impulsar medidas sobre cambio climático.

    Logros

    En cuanto a la adaptación de los países a las consecuencias del cambio climático, en la conferencia se logró establecer un instrumento para que los países puedan presentar sus prioridades en ciclos de cinco años, acompañadas de sus NDC. ¿Por qué es importante?

    “En un escenario de vulnerabilidad e impacto sirve para ver cuáles son los temas esenciales que los países tienen que llevar adelante. A nivel doméstico nos ayuda a ordenarnos, a priorizar, a planificar. A nivel internacional les permite a los países informar sobre sus necesidades para marcar una prioridad global, por ejemplo, de financiamiento y conocer las necesidades de los países en desarrollo. Es relevante porque el Acuerdo de París no es solamente un acuerdo de mitigación (reducción de emisiones) sino también de adaptación y financiamiento”, explicó Lorenzo. No había hasta ahora un “documento sintético” sobre este tema, añadió.

    El Acuerdo de París tiene una particularidad. No indica exactamente qué metas tienen que cumplir los países sino que creó un sistema en el que cada uno plantea qué es lo que va a hacer y lo presenta ante la Convención

    Además, como cada país propone lo suyo, el acuerdo plantea evaluar el “balance mundial”, es decir, cada cinco años estudiar cómo se vienen cumpliendo las promesas, y para eso el orden es clave.

    “Sentimos que es un resultado robusto y que da claridad. Habilita a que pueda ser realizable acá y en Burundi. Uruguay puede a través de esto decir cuáles son sus circunstancias, sus impactos, sus prioridades y necesidades de financiamiento. Fue un logro de la COP24 en el que Argentina, Brasil y Uruguay estuvieron liderando”, dijo Lorenzo.

    Uruguay está elaborando su plan de adaptación. Está trabajando en tres áreas: agro, ciudades y costas. Hay países que aún no han empezado este trabajo y solo una decena lo han terminado.

    Dinero

    Para poder adaptarse mejor a los impactos del cambio climático se necesita dinero. En esta COP24 se definió que el Fondo de Adaptación (creado en la década de 1990 en el Protocolo de Kyoto, que establecía metas de reducción de emisiones para países desarrollados) pase a formar parte del Acuerdo de París. Este fondo se nutría principalmente de una tasa que venía del mercado de carbono conocido como Mecanismo de Desarrollo Limpio. Ahora el fondo se reforzó con nuevas donaciones (US$ 129 millones) y se espera que en 2019 se concreten varias más.

    “Era una de las decisiones que había que tomar en la COP24, que el fondo pasara a servir el Acuerdo de París”, dijo Lorenzo. Se trató de “una decisión muy política”, añadió.

    Uruguay ya recibió casi US$ 10 millones de este fondo para el sector agropecuario con miras a estar mejor preparados para enfrentar la sequía. Se realizaron intervenciones en el basalto y en las sierras del este del país, en sectores ganaderos de poca profundidad de suelo y muy afectados por la sequía. Hubo ayuda para obras de tanques de agua, capacitaciones técnicas y también formación sobre el manejo más racional de pastizal para que sea resiliente a la sequía. El trabajo lo ejecutó el Ministerio de Ganadería con un grupo de productores a los que ayudó a mejorar sus prácticas.

    Uruguay está elaborando su plan de adaptación. Está trabajando en tres áreas: agro, ciudades y costas. Hay países que aún no han empezado este trabajo y solo una decena lo han terminado.

    Por otra parte, Uruguay está terminando de redactar con Argentina un proyecto sobre adaptación en el río Uruguay que presentaría en marzo para solicitar financiamiento por US$ 15 millones. Gran parte del dinero sería para generar soluciones que hagan que el impacto de las inundaciones no sea tan grande sobre la población, con propuestas para mejorar la calidad de las viviendas, asesoramiento técnico para las instalaciones eléctricas y reformas, entre otros temas. En Uruguay el plan es comenzar por Paysandú.

    En paralelo a este fondo se lanzó el primer reaprovisionamiento del Fondo Verde para el Clima y el plazo para aportar finalizará en 2019. Es el principal fondo para temas climáticos. Alemania y Noruega, dos de los grandes contribuyentes, prometieron más dinero. En la conferencia surgió la propuesta de que además de dinero de países desarrollados, el fondo pueda recibir aportes de gobiernos locales subnacionales de Estados Unidos o fundaciones.

    Estados Unidos había prometido aportar US$ 3.000 millones durante la administración del expresidente Barack Obama, pero solo llegó a los US$ 1.000 millones. Iba a ser el principal donante. Luego Donald Trump anunció que no daría más dinero y que iniciaría el proceso para salir del Acuerdo de París, un trámite que lleva años.

    Lorenzo contó que en esta COP los técnicos estadounidenses participaron de las negociaciones como cualquier otro equipo negociador, embarcados en lograr afinar el Acuerdo de París.

    Gases

    En el capítulo de la mitigación, la reducción de gases de efecto invernadero fue otro de los temas negociados en la COP24. “Había que negociar reglas claras para las NDC porque cada uno presentó lo suyo, entonces el mensaje central en reglas de mitigación fue que cuando cada uno presenta metas les dé seguimiento, y que haya indicadores que les den sustento”, explicó Lorenzo. La solución fue “simple y aceptable” para que sea “comprensible por la comunidad internacional”, opinó.

    Uruguay está construyendo un mecanismo de monitoreo, reporte y verificación de sus NDC para darle mayor “claridad” al proceso, visualizar logros y demostrar lo logrado en esta administración.

    Salud, Ciencia y Ambiente
    2018-12-27T00:00:00

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