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    Esperando la ola

    Dieciséis uruguayos competirán en el Mundial de surf en California; con poco aporte estatal y de privados y federaciones que necesitan profesionalizarse, el deporte vive y lucha

    Para algunos, el surf es tirarse al mar, remontar olas, sentir el viento contra el pecho, el sabor del agua salada en la boca y es, también, un símbolo de vacaciones. Para otros, pararse en la tabla es sinónimo de torneos, superación y disciplina. Ese es el deporte que crece cada día más en Uruguay, en clave freestyle o competitivo. La Unión de Surf del Uruguay, conocida en la jerga playera como la USU o la Unión a secas, confirmó que este sábado 27 de octubre al 4 de noviembre un equipo de uruguayos sub-16 y sub-18 competirán en el Mundial Junior Surfing Championship organizado por la International Surfing Association (ISA) en Huntington Beach, California. A diferencia de otros deportes con torneos mundiales, como el de fútbol o básquetbol, el de surf se realiza todos los años, pero la novedad es que por primera vez desde 2013 el seleccionado llevará competidores por cada categoría y podrá sumar puntaje completo.

    Con la excusa del Mundial Juvenil, galería conversó con diferentes agentes que conforman el surf uruguayo para conocer en detalle las características, luces y sombras, proyecciones y frustraciones de esta disciplina. Se estima que actualmente existen  unas mil personas que surfean al menos 10 veces por año en Uruguay y que hay al menos cinco profesionales que compiten por lo menos tres veces al año y pueden vivir del surf.
    El surf tiene dos grandes caras. La primera se conforma por un deporte practicado en Uruguay, con una gran base de seguidores que llenan las playas en invierno y verano y viven una vida completamente independiente a lo institucional. La otra, a escala competitiva, lucha. “El primero vive una buena vida y el otro lucha. Es un mercado chico, un país futbolero, conservador. En esos términos es más difícil ser un competidor en Uruguay y dedicarte al 100 por ciento y sacar surfistas profesionales apoyados. Hay cosas que logran luchando, pero lo hacen. Hay buena calidad de surfistas, hay historia y montón de cosas positivas y admirables del surfing uruguayo. Pero son pocos los que compiten en alto nivel”, dice Pablo Zanocchi, editor jefe de Duke, sitio web específico en surf.

    El torneo que organiza la ISA, al que irán los jóvenes uruguayos, es el principal encuentro juvenil. Esta asociación es la encargada de desarrollar el campeonato mundial en conjunto con la Federación Olímpica, por ser parte del Comité Olímpico Internacional, y la Asociación Panamericana de Surf. Esto significa que reúne condiciones de torneo olímpico, pero no profesional. Aquellos que se enfrascan en discusiones por el decanato del fútbol uruguayo, sabrán distinguir qué implica una y la otra. Por otra parte, la World Surf League (WSL) es la organizadora del circuito profesional mundial. Allí la USU no tiene injerencia.

     

     

    Para participar en los torneos de la ISA es necesario contar con una representación nacional reconocida por las autoridades del país, en este caso, la Secretaría Nacional del Deporte (SND). La USU cumple con esta condición y con el requisito de ejecutar los circuitos nacionales de surf que funcionan como clasificatorios de las competiciones internacionales. Federico Deal, actual presidente de la USU, explicó que establecen cuatro fechas por verano, lo mínimo requerido en categoría mayor y juvenil para clasificar a los mundiales. En cambio, en el circuito profesional, cada competidor, de acuerdo con sus condiciones, sponsors o poder adquisitivo, evalúa si participar o no en competiciones. Si se hace un paralelismo con el tenis, la ISA sería la Copa Davis y el WSL el ATP.

    El año pasado, el Mundial Junior se hizo en Japón y la selección uruguaya concurrió con un equipo reducido por los costos que debía afrontar: fueron cinco jóvenes y un entrenador financiados por sus familias. Para este mundial, la subvención de los nueve que conforman el plantel y Francisco Pérez del Castillo, el coach, deriva del dinero de las inscripciones en los torneos locales, los sponsors y, de parte de los participantes, venta de rifas y subvención entre ellos de acuerdo con su poder adquisitivo. Según Deal, el costo de ir a California con el equipo ronda entre los 25.000 y 30.000 dólares.

     

    Como a otros deportes nacionales, el Estado otorga aportes. En 2016 y 2017, la USU recibió de la SND 6.000 dólares y en 2018, 10.500 dólares. Según Zanocchi, Uruguay se encuentra en el penúltimo lugar en Latinoamérica en cantidad de aportes estatales recibidos, por encima de Venezuela. Y Perú, Argentina y Brasil son los países que más dinero obtuvieron en 2018 para el desarrollo del deporte, seguramente con vistas a los Juegos Panamericanos de Lima 2019 y a las Olimpíadas de Tokio 2020.
    Aunque los números hablan por sí solos, para Deal, “no se puede depender solo del Estado, decir que papá-gobierno se hace cargo de todo. Tenemos suficiente valor para poder ofrecer un producto de calidad”. Desde que la nueva dirección de la USU asumió a comienzos de 2017 se planteó como objetivo autofinanciarse para demostrar que hay un producto deportivo interesante para ofrecer a los sponsors y así atraer a privados. Entre otras consecuciones de la actual dirección de la USU fue realizar trasmisiones de las competiciones nacionales en alta calidad y para todo el mundo en vivo. “Más allá de que el Estado tiene que aportar, el sector privado juega el papel más importante. Creemos en el valor del  producto deportivo y apostamos a masificarlo. En función de eso hicimos un contrato con Vera Más que tomó los derechos de transmisión en vivo de los eventos. Eso potenció el surf a escala nacional y mundial porque lo vieron casi 50 países en el mundo, corroborado por Google Analytics. Hoy, la realidad es es que si no fuera por Fábricas Nacionales de Cerveza, Antel y Vera Más, no habría surfing uruguayo. No sería financiable hacer los eventos”, asegura Deal.

     

    Máximo y Gonzalo Vargas.

     

    Para Zanocchi, las federaciones y los gobiernos son el centro de la cuestión: “Por un lado, el apoyo al surfing de parte del gobierno debería ser mayor. Si bien no es el fútbol, trajo algunas alegrías y se practica mucho en Uruguay, es un deporte grande para el país. En ese sentido, entiendo que hay recursos que no se están volcando. Por otra parte, me parece que es un negocio interesantísimo para las empresas porque es un símbolo de dinamismo, juventud y vida sana”. Los entrevistados coinciden en que el surf está lejos del estereotipo de vagos o drogadictos que primó en los comienzos. “Antes era muy hardcore, underground y vinculado al skate. Los surfistas eran rebeldes. No era un deporte popular, sino extremo, de gente ‘rara’. Hoy es masivo, está asociado a la buena calidad de vida, a estar en contacto y respetar la naturaleza. Estamos en un punto de quiebre con las viejas generaciones. Para surfear en Uruguay te tenés que levantar muy temprano porque de tarde hay viento y no se puede”, dice Pérez del Castillo.

    Sin embargo, con respecto a los aportes de privados, y dando por sentado que significan un atractivo para las empresas, hay surfistas que sí logran atraerlos y vivir de montar tablas. “Algunos saben venderse muy bien y otros no. Me parece que Lucas Madrid es un referente como surfista y como profesional. Es mérito de él. Da cuenta de que la oportunidad de mercado está. Las empresas no van ir a buscarte, hay que moverse. Hay quienes consiguen mejores oportunidades, pero hay un nicho para explotar por ambos, empresas y surfistas. No hay que estar siempre vendiendo rifas”, dice Zanocchi.

    Para algunos, el quid de la cuestión respecto a los recursos es contar con una Unión fuerte. “La clave está en la profesionalización. Escapar de que hay gente que gane plata en la USU y viva de trabajar ahí; que no se mire con mala cara que alguien gane dinero por organizar campeonatos y cobrar inscripciones, por ejemplo. El presidente actual, Federico Deal, tiene muy buenas ideas, pero la vida lo persigue como a todos: tiene que darle de comer a una familia, trabajar y no gana un sueldo por su cargo. Tampoco quiere ganarlo. Estoy seguro que hasta que no haya un gerente que se dedique a gestionar las cosas no se va a poder avanzar. La comunidad surfera uruguaya tendría que aceptar que una persona cobre 50.000 pesos de sueldo y pagárselo con gusto. Siempre va haber alguien que diga ‘este se la lleva de arriba y no hace nada’. Esa es la respuesta para tener una federación fuerte. Mientras tanto, como hace 15 o 20 años, se pone huevo”, analiza Zanocchi.

    Por otra parte, el presidente de la USU, dice: “Desde que asumimos, consideramos que nuestra labor era de servicio público y para el desarrollo y que la Unión no estaba en condiciones aún de afrontar costos fijos importantes, como un sueldo. Hasta que no veamos que realmente es sustentable, no tiene sentido contratar a alguien. Y tampoco que nosotros cobremos. Todos los que integramos el directorio tenemos actividades paralelas. Yo me dedico a la gastronomía. Apostamos a que en el siguiente período, que sería 2019 y 2020, se invierta en contratar un gerente que se ocupe de una gestión profesional. Que nosotros nos pongamos un sueldo no me parece honrado”.

     

     

    Las personas que forman parte del colectivo del surf uruguayo coinciden en que a veces es un entorno cruel. “Se recrimina a empresarios que venden implementos porque para algunos se aprovechan de la imagen del surf. Es como una especie de puritanismo. A veces los surfistas creen que al comercializar artículos vinculados al deporte, hay que retribuírselo. Y podés vender una zapatilla que a la gente le gusta y no es obligatorio invertir nada”, dice Zanocchi. “El año pasado el único sponsor relacionado al surf fue La Isla, que toda su vida apoyó porque le gusta el deporte. Siempre le pegan porque no aporta lo suficiente o porque vive de eso y no deja su granito de arena. Así es la idiosincrasia uruguaya. No tiene explicación. En mi caso, por ejemplo, soy nuevo en gestión deportiva y la USU. Me metí por una cuestión de responsabilidad, de poder aportar desde mi actividad privada. Con eso apoyo diferentes eventos y etapas”, dice Deal.

     

    “Antes los surfistas eran rebeldes. No era un deporte popular, sino extremo, de gente ‘rara’. Hoy es masivo, está asociado a la buena calidad de vida, a estar en contacto y respetar la naturaleza. Estamos en un punto de quiebre con las viejas generaciones. Para surfear en Uruguay te tenés que levantar muy temprano porque de tarde hay viento y no se puede”. Francisco Pérez del Castillo, coach

     

    Los viajeros

    Federico del Castillo está involucrado con la parte competitiva del surf. Al trabajar durante años con el Circuito Nacional de la USU y la elaboración de tablas de surf profesionales, terminó como entrenador de este mundial juvenil. “Yo no soy un coach de surf estrictamente, pero como los conozco muy bien a ellos y a los padres, me sumo y aporto desde un rol más vinculado a la gestión”, dice.
    La USU tiene dos grandes objetivos: el primero es realizar los campeonatos nacionales y el segundo es conformar selecciones nacionales para representar a la USU, es decir, a Uruguay, en la ISA. Para eso, la Unión confecciona un listado según cómo clasifican los surfistas en el ranking de las categorías sub-18 y sub-16. “Tenemos pocas chicas que surfean. Las tres que van que son sub-16 y compiten en ambas categorías. La única que es sub-18 es Delfina Morosini, que no puede viajar. No solo es la campeona sub-18 sino que es la campeona nacional por tercer año consecutivo. Para nosotros es realmente una pena que no vaya”, dice Pérez del Castillo.

    Para Zanocchi, la ausencia de Morosini es una gran pérdida en esta competencia. “Ella era la estrella de esta selección y creo que esta edición será menos competitiva que la anterior. Sin embargo, este año va el equipo completo. A Uruguay siempre le quedaba un hueco en cero y era muy negativo. Por otro lado, arranca una generación nueva y hay que ver cómo es su desempeño. La pasada era muy competitiva. Para mí, el principal talento, si tuviese que poner a un favorito, es Máximo Vargas. Él va por la sub-16”, dice Zanocchi sobre el actual campeón nacional en su categoría. Para el coach, en sub-18, hay que prestar especial atención a Agustín Zanotta, un surfista de La Paloma.

    En el Mundial Junior Surfing Championship quienes alcanzan los primeros puestos son, por lo general, australianos, estadounidenses y hawaianos, y brasileros. Luego hay europeos que se destacan y países como Argentina, Costa Rica o Sudáfrica. Las potencias tradicionales son Australia y Estados Unidos y en los últimos años se agregó Brasil. Los peruanos cada año mejoran su desempeño, pero todavía no se consolidan como los tres anteriores.

    Federico Deal asegura que Uruguay en categoría juvenil no está cerca del nivel mundial: “Aspiramos a entrar al top 20. Van casi 45 países. Queramos agarrar experiencia, ver cómo es la exigencia y darnos cuenta de en qué posición estamos”.