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    Existe un “círculo vicioso” entre la diabetes y la depresión, y la obesidad es como el viento en una tormenta: “Lo agrava todo”

    En una historieta una mamá “gorda inmensa junto a su hijo, también gordo inmenso, están comiendo sandwiches. A la mamá le preguntan: ¿Qué quiere ser su hijo cuando sea grande? Ella responde: diabético”, relató el médico endocrinólogo León Efrain Litwak, subdirector de la carrera de Médico Endocrinólogo en la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires.

    Litwak, investigador, docente y jefe de la Sección Diabetes y Metabolismo del Servicio de Endocrinología en el Hospital Italiano de Buenos Aires y ex presidente de la Sociedad Argentina de Diabetes, opinó que a la diabetes le cabe ser llamada una “epidemia silenciosa” porque cada vez hay más gente que la padece y además porque los síntomas no se hacen evidentes hasta avanzada la enfermedad en quienes padecen “diabetes tipo 2”.

    Es una enfermedad crónica que tiene como uno de sus principales factores de riesgo la obesidad. Como existe un problema en la forma en que el cuerpo produce o utiliza la hormona insulina, el azúcar en sangre —glucosa— no ingresa en las células y se mantiene en el torrente sanguíneo. Este proceso se conoce como “resistencia a la insulina”. La diabetes tipo 1 ocurre cuando el organismo no produce la insulina. Esto hace que la glucosa se acumule en la sangre en vez de entrar a las células.

    Hay casi 370 millones de personas con diabetes en el mundo y se espera que en el año 2030 haya casi 500 millones. Además, la diabetes se detecta en gente cada vez más joven, un desafío para los pediatras y los médicos de familia, que son quienes ahora deben estar atentos para diagnosticar la enfermedad, y para los ministerios de educación, que deberían promover políticas preventivas y educativas, destacó el especialista argentino, que viajó a Uruguay para capacitar a colegas el viernes pasado en el Hospital Maciel.

    A continuación un resumen de la entrevista que mantuvo con Búsqueda.

    —Usted ha investigado sobre la relación entre la diabetes y la depresión. ¿Qué asociación encontró?

    —Quienes tratamos personas con enfermedades crónicas tenemos que informarle al paciente que no se va a curar pero que puede mejorar su calidad de vida y evitar que se instalen complicaciones.

    Con mi grupo de investigación empezamos a observar que los diabéticos tenían mucha más depresión que los no diabéticos. El 60% de los diabéticos tienen algún grado de depresión.

    Demostramos que se debe no solo a un tema anímico, sino que tiene un sustrato orgánico. Hay un trastorno en la secreción de hormonas —cortisol y la ACTH— que genera depresión. A su vez esta disfunción empeora la glucosa. Es un círculo vicioso: la diabetes genera depresión y la depresión profunda puede descontrolar la diabetes.

    Este es el circuito en donde estamos trabajando. Hemos buscado marcadores genéticos y de función cerebral. Encontramos que hay una alteración de los circuitos cerebrales; lo hicimos con investigadores básicos. Concretamente, la depresión y la diabetes se asocian, todavía no sabemos exactamente lo del huevo y la gallina, ¿quién empieza el juego?

    —¿Qué conexión existe entre la disfunción eréctil y la resistencia a la insulina según sus estudios? ¿Cómo incide la testosterona?

    —Se sabe que una de las complicaciones de la diabetes en el hombre es la disfunción eréctil. Hace 15 años comencé a ver pacientes que no estaban tan comprometidos en su diabetes o que recién comenzaban y tenían disfunción eréctil siendo jóvenes.

    Armamos un grupo de estudio y empezamos a investigar al diabético que todavía no presentaba síntomas. Vimos que tenía disfunción eréctil. El segundo paso fue tratar de encontrar cuál era el mecanismo. Sabemos que la resistencia a la insulina provoca una falta de respuesta vascular. El que tiene insulino-resistencia dilata menos sus arterias, por eso tienen más tendencia a los infartos. En el pene la situación es totalmente inversa, la vasodilatación es lo que genera la erección y si falla no se produce. Pudimos ver que estos pacientes tenían resistencia a la insulina. El tercer paso fue ver si mejorando la resistencia a la insulina mejoraba la disfunción y lo demostramos.

    Independientemente de este problema de insulino-resistencia, los pacientes tenían niveles normales pero bajos de testosterona, siempre en el límite inferior. Se agregó otro problema hormonal. En este momento estamos trabajando porque parecería que la insulino-resistencia impide la secreción de ciertas hormonas (hipofisarias) que hacen que la testosterona esté baja. El síndrome metabólico, la diabetes y la prediabetes comprometen también la secreción de testosterona. Nos va a llevar un tiempo más de estudio. La disfunción es otra causa de depresión en el varón.

    —¿En las mujeres también existe disfunción sexual?

    —Es un enigma siempre. Lo estamos estudiando porque si pasa en el hombre seguro en la mujer tiene un correlato. Le altera la sexualidad, la fertilidad. La insulino-resistencia en la mujer puede causar la poliquistosis ovárica. Tal vez la falta de ovulación y de fertilidad en la mujer sea atribuible a la insulino-resistencia.

    —¿Cuál es el vínculo entre la obesidad y la diabetes?

    —Cuando hay sudestada llueve mucho y hay tormenta. La tormenta y el exceso de agua pueden producir una inundación pero lo que agrava todo es el viento. Entonces la obesidad es el viento, lo agrava todo: la diabetes, la hipertensión. La obesidad per se no es factor único de producción de la diabetes pero la empeora muchísimo.

    —Usted ha participado en varios estudios para probar drogas antes de su salida al mercado. ¿Cuán importante es para usted que los médicos en Latinoamérica participen de estos estudios?

    —El avance de la medicina es como una mesa que tiene varias patas. La más importante es la investigación básica independiente; cualquier investigación en biología, en medicina, que el investigador hace porque quiere, no tiene en cuenta a los pacientes. La investigación clínica ocurre cuando uno ve un fenómeno, trata de explicarlo y tiene una cierta utilidad para el paciente. Así hemos investigado la depresión, por ejemplo. La investigación farmacológica es una línea totalmente externa. Se propone en base a las necesidades de los pacientes diseñar algún medicamento que resuelva el problema, que baje el colesterol, que suba la presión, o lo que fuera.

    Un buen médico que hace docencia, investigación y asistencia necesariamente tiene que estar involucrado con los tres tipos de investigación. Debe ser esencialmente un buen investigador clínico, debe tomar en cuenta los informes de los básicos y mirar con mucho interés lo que desarrolla la industria farmacéutica porque en última instancia va a impactar sobre el paciente. Sin la farmacológica tendríamos muy poco avance en la terapéutica.

    Para nosotros fue muy importante participar en muchos de estos trabajos que implicaban una mejoría para el paciente, por ejemplo, en insulina inhalatoria y medicamentos que mejoran la glucosa sin bajar la glucemia —umbral adecuado—. Estos trabajos son tan estrictos que ayudan a formar al investigador clínico, le sacamos un provecho muy importante.

    Critico mucho a aquellos grupos médicos que se instalan pura y exclusivamente para hacer investigación farmacológica, y existen. No concibo la medicina fuera de ese contexto triple de medicina institucional, docencia, investigación y asistencia. Ahí están los vasos comunicantes.

    —Usted ha investigado sobre la mortalidad temprana en diabetes tipo 2. ¿Por qué ocurre?

    —El cálculo es que un diabético mal controlado vive de 6 a 10 años menos que una persona no diabética. Es muchísimo. Qué lo acorta no se sabe exactamente, pero son personas con enfermedades vasculares. Además, depende si esa persona lleva un estilo de vida saludable, toma los medicamentos adecuadamente y se hace los controles.

    El 70% del gasto o más se produce en los últimos años de la enfermedad. Si uno interviniera en los primeros años se evitaría un gasto futuro. Es una política de Estado que nadie la ve, o la ven pero la dejan pasar. El político que impulse el cambio no va a ver resultados inmediatos y no le sirve eso.

    En Argentina aparecemos como uno de los países de menor mortalidad en el mundo falsamente, nadie muere de diabetes porque no lo ponen en el carné de defunción. El país tiene ley de protección al diabético pero no funciona. Las tiritas para medir la glucemia no llegan al paciente porque el puntero político del barrio se la va a dar a quien él quiere. De pronto llegan partidas de medicamentos a los referentes del programa y se los guardan en la casa y los reparten a su manera.

    —Eso es corrupción.

    —Tal cual. Es una pena porque es una corrupción que ni siquiera beneficia a nadie porque muchas veces esos medicamentos se terminan venciendo en la casa de la persona que los tendría que haber distribuido. Estamos trabajando con el gobierno para introducir medicamentos nuevos pero la velocidad de crecimiento de la enfermedad va por un lado y se parece más a una liebre y las respuestas de las autoridades a una tortuga. Así no vamos a ganar la carrera.

    Salud
    2013-05-02T00:00:00

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