Las medidas a tomar para evitar el uso innecesario de antibióticos son variadas. “Hay que vacunarse porque así vamos a enfermar menos. Los médicos van a necesitar diagnosticar menos y dar menos antibióticos y como población estaremos consumiendo menos antibióticos”, indicó. Por otra parte, las resistencias “las comemos y no nos damos cuenta” y llegan, por ejemplo, en alimentos mal lavados. Lavarse las manos, lavar las frutas y verduras antes de consumirlas son medidas sencillas que evitan problemas de salud. Además, por supuesto, consultar a un profesional en caso de necesitarlo y no automedicarse, por mencionar algunas recomendaciones al alcance de todos.
“La gente piensa que este tema le corresponde a otro, que es el gobierno que tiene que regular, que son los médicos que dan mal los antibióticos, siempre es el otro el que hace las cosas mal que me perjudican a mí, pero en este caso no es así”, destacó Vignoli.
Los antibióticos que consumen las personas luego son eliminados por la orina, se los lleva el saneamiento junto a las bacterias que lograron sobrevivir al embate y terminan en las aguas. Los antibióticos que usa el ganado terminan en las heces y orina en el suelo junto a las bacterias que sobrevivieron, la lluvia los barre y también terminan en los cursos de agua. Además, una vez en el medioambiente las bacterias son capaces de “intercambiar su material genético, incorporar nuevos genes, y así se empiezan a generar las superbacterias, las multirresistentes a antibióticos”, resumió Vignoli.
Pollos, terneros y humanos.
Los antibióticos matan bacterias. Los betalactámicos son un tipo muy utilizado de antibióticos porque son muy seguros; entre ellos está la amoxicilina, uno de muy frecuente uso. Hay otros tipos que se usan para faringitis o también para infecciones en personas internadas en CTI. Por otra parte, las betalactamasas son enzimas producidas por bacterias y son las responsables de resistir la acción de los antibióticos.
A medida que fueron surgiendo bacterias capaces de resistir antibióticos, se empezaron a desarrollar nuevas generaciones de antibióticos para combatirlas. Así hay cefalosporinas (antibióticos betalactámicos) de segunda, tercera, cuarta generación, por mencionar uno. El problema es que han surgido superbacterias que han logrado resistirlos también.
A partir del 2006 comenzó a llegar a la región una enzima llamada CTX-M-15, que produce resistencia a cefalosporinas y también afecta la acción de quinolonas (otro grupo antibiótico muy usado por ejemplo para infecciones urinarias).
Hay diferentes mecanismos por los que las bacterias adquieren la capacidad de resistir los antibióticos. El genoma de una bacteria puede mutar y con el cambio surgir la resistencia. En segundo lugar, el material genético puede pasar de una bacteria a otra. Puede ocurrir en otros casos que haya virus que infecten bacterias y sean los que promuevan el intercambio de los genes y propicien la resistencia y por último puede explotar la bacteria ante el uso de antibióticos, diseminar su material genético y otras bacterias tomar partes y recombinarlas con las propias y así surgir resistencia.
Un grupo de investigadores uruguayos, entre los que está el equipo de Vignoli, comenzó un trabajo que está arrojando sus primeros resultados e indicios. Han comenzado a estudiar la presencia de genes transferibles resistentes a colestina, otro de los antibióticos que se utilizan en CTI. El mecanismo de resistencia fue descrito recién a fines de 2015. “La colestina era el último antibiótico que teníamos para pacientes en CTI, era el que se usaba en combinación con todos”, destacó Vignoli.
Pero la resistencia llegó. Comenzaron un estudio en más de 10 instituciones de salud entre las que se encuentran el Hospital de Clínicas, el Hospital Pereira Rossell, el Hospital Maciel, el Hospital de Durazno e instituciones privadas en Maldonado y Colonia, entre otras. “Ya sabemos que (la resistencia) está, la hemos detectado, y ahora queremos saber cuánto”, explicó Vignoli. Comenzaron a analizar muestras de personas atendidas en estas instituciones que padecen infección urinaria para estudiar la presencia de estos genes resistentes, un trabajo que se hace junto con el Laboratorio de Salud Pública, del Ministerio de Salud Pública (MSP). Buscan en muestras de orina microorganismos que producen betalactamasas de uso extendido y microorganismos que producen carbapenemasas (otra enzima vinculada a la resistencia a antibióticos). Los buscan en las bacterias E. coli y Klebsiella pneumoniae.
Por otra parte, un trabajo que realiza el grupo de Pablo Zunino del Instituto Clemente Estable en coordinación con el Instituto de Higiene, consiste en buscar en el ganado, en terneros con y sin diarrea, estas resistencias en la bacteria E. coli.
Comenzaron a ver cuáles eran las E. coli que causaban diarrea y a estudiar la presencia de resistencia antibiótica en ellas. “No encontraron resistencia a colestina todavía, sí encontraron resistencia a quinolonas y a cefalosporina de tercera generación en terceros”, informó Vignoli.
El trabajo de los investigadores incluye otra línea de trabajo: los pollos. Han empezado a analizar partidas de pollitos bebé de un día que ingresan desde Brasil para ser utilizados como reproductores en la industria avícola uruguaya. Los pollos son colocados en cajas para transportarlos a Uruguay. Los investigadores analizaron la materia fecal que queda en los “fondos de caja” de los recipientes.
“Todavía no publicamos los resultados, tenemos los avances. Estamos buscando y ya estamos encontrando betalactamasas de espectro extendido y resistencia transferible a quinolonas”, anunció Vignoli. “Todavía no tenemos estudiado si las bacterias que entran resistentes luego se diseminan en Uruguay. ¿Qué pasa con esos pollitos que están yendo a las plantas? ¿Y los que después terminan en avícolas? No sabemos cómo se disemina lo que entra de ‘contrabando’ en ese tubo digestivo”, planteó el investigador. Por lo pronto, esto deja en evidencia que el problema no es únicamente humano o solamente animal.
“Estamos recién empezando a completar el álbum de figuritas”, dijo Vignoli al contarles a otros colegas investigadores sobre su trabajo durante el seminario. “No tenemos una real dimensión, nos estamos aproximando, pero todo lleva plata y hay pocas soluciones”, agregó.
En el caso de los pollos, ¿cuál debería ser la decisión correcta?, ¿cómo debería reaccionar el país ante esta evidencia? Hay “intereses de por medio”, está la industria, hay un mercado que los consume y además siempre hay gente dispuesta a “buscar culpables”, planteó Vignoli. El problema no está solo en los pollos, es mucho más grande.
Plan nacional.
“Es una problemática grave, importante, que tiene connotaciones para la salud pública”, pero que no es exclusiva del sector salud, dijo a Búsqueda Raquel Rosa, directora general de Salud del MSP. “Hay distintos niveles de mal uso de los antibióticos: en agricultura, en animales, en medioambiente. Hay un sobreuso, un uso indiscriminado. A veces se utiliza en un animal sin pensar que podría tener repercusión en antibióticos en humanos”, planteó Rosa.
Hace dos semanas, el gobierno anunció la elaboración de un plan conjunto contra la resistencia antimicrobiana que involucrará al Ministerio de Ganadería, el MSP y el Ministerio de Medio Ambiente. Cada uno trabajó el tema por su lado. Las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud apuntan a coordinarse. El plan incluirá ejes de trabajo como formación a profesionales y concientización a la población para un uso prudente, vigilancia de infecciones y resistencias y acciones gubernamentales al respecto.
Esto impulsará acciones en todas las áreas. Por ejemplo en salud, comenzará a funcionar un sistema de monitoreo de consumo en los prestadores de salud y farmacias comunitarias para poder saber cuántos antibióticos está consumiendo la población y dónde están siendo obtenidos.
Para Vignoli a este grupo de trabajo debería sumarse el Ministerio del Interior y los involucrados en el control de fronteras para evitar que ingresen por contrabando al país. Por otra parte, lamentó la ausencia del tema en la agenda 2020 elaborada por el gobierno. “Nos complica muchísimo para presentar proyectos, para poder investigar y conseguir financiación para trabajar en resistencia”, planteó durante el seminario. Por ejemplo, este año el MSP abrió con la Agencia Nacional de Investigación e Innovación (ANII) el Fondo Nacional de Salud para temas enmarcados en la agenda 2020. Los investigadores que trabajan en resistencia antimicrobiana no pudieron presentarse, pese a que proyecciones internacionales prevén que el problema no deje de crecer hasta 2050.
Salud, Ciencia y Ambiente
2018-11-29T00:00:00
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