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Comer una sola papa frita es muy difícil. Generalmente apenas se ingiere una surgen las ganas de comer una segunda, luego una tercera y otra cuarta. Esto se debe a un proceso que se desencadena a nivel cerebral llamado hiperfagia hedónica, un mecanismo mediante el cual se come por placer más que por hambre. Así lo explicaron un grupo de científicos que experimentaron con ratas comiendo papas chips. Estos resultados fueron presentados hace tan solo dos semanas durante la reunión anual de la American Chemical Society, una de las asociaciones científicas más grandes del mundo.
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Experiencias como estas hay muchas en el mundo y cada vez más los científicos se están viendo obligados a justificar frente a la opinión pública la necesidad de experimentar con animales. Algunas organizaciones contra el maltrato animal en los países desarrollados son muy violentas, una tendencia que está empezando también a surgir en Latinoamérica. Por ejemplo, el investigador brasileño Rovilson Gilioli, del Centro Multi Institucional de Bioterismo (Cemib) en la Universidade Estadual de Campinas, dijo a Búsqueda que su universidad está en medio de un juicio “promovido en el Ministerio de Salud Pública por activistas” que acusan a la institución de malos tratos por experimentar con animales con fines de investigación, cuando en realidad “son criados en condiciones muy buenas, hay control y monitoreo del ambiente”.
Uruguay no estuvo exento de protestas, y grupos en contra de la experimentación con animales se han manifestado frente al Instituto de Investigaciones Biológicas Clemente Estable (IIBCE) y al Institut Pasteur de Montevideo.
Es una historia que viene de Europa “y se ha contagiado acá. Está bien que haya control de la sociedad, pero algunos son violentos y eso es criticable”, dijo Flavio Zolessi, docente e investigador de la Facultad de Ciencias (Fcien) y del Institut Pasteur. “En Inglaterra viví este epicentro; es el peor lugar, son violentos hasta incendiar autos y atacar gente. Es importante que la sociedad sepa lo que se está haciendo y que entiendan para qué”, opinó Zolessi.
Evitar el sufrimiento.
En 2009 el Parlamento uruguayo sancionó la Ley de Experimentación Animal (Nº 18.611) con fines de docencia e investigación científica.
Para tratar estos temas se creó la Comisión Nacional de Experimentación Animal (CNEA), integrada por representantes de diversas instituciones y organizaciones vinculadas a la ciencia.
Trabajan para asegurar que los animales vivan en bienestar, incentivar la reducción del número de animales que se usan, “evitar el sufrimiento físico innecesario” y promover “la investigación en alternativas al uso de animales de investigación”, según lo define la CNEA, que otorga licencias para utilizar animales en experimentación y lleva un registro de las instituciones habilitadas. Entre ellas se encuentran varias facultades de la Universidad de la República como Veterinaria, Medicina, Química, Ciencias y Agronomía, otras privadas como el Centro Latinoamericano de Economía Humana (Claeh) y el Instituto St. Claire’s College, el Centro Uruguayo de Imagenología, el Laboratorio Tecnológico del Uruguay (Latu), Laboratorios Microsules y Laboratorios Santa Elena, los institutos de investigación Pasteur y Clemente Estable, entre otros centros de investigación nacional.
Sylvia Corte, docente de la sección Etología de la Facultad de Ciencias e integrante del CNEA detalló en un trabajo presentado en Punta del Este que “los animales no solo deben ser mantenidos en condiciones de bienestar y disminuir al máximo” el sufrimiento durante los procedimientos para poder “realizar buena ciencia” y obtener “buenos resultados”, sino porque “no es ético provocarles sufrimiento si puede evitarse o aliviarse”.
Es que los animales sienten. La ciencia reconoce que los individuos con sistema nervioso central tienen capacidad para sentir dolor y placer.
Por eso a la hora de sacrificar a los animales utilizados para experimentación se elige con cuidado la forma de matarlos.
Dilemas éticos.
“Es importante que todos lo digamos fuerte y lo asumamos. La legislación no resuelve dilemas éticos, está para regular y hacer posible esta actividad útil y necesaria en condiciones controladas. Está saldado. Amerita que se siga haciendo por los beneficios que resultan de la investigación con animales”, dijo a Búsqueda la doctora en Medicina y en Biología Ana Silva, investigadora asociada y encargada de la Unidad Bases Neurales de la Conducta del Departamento de Neurofisiología en el IIBCE. Silva es la presidenta del CNEA.
Cuando se les va a realizar cirugía, a aplicar fármacos o anestésicos, así como la forma en que se va a realizar la eutanasia, todo debe estar regulado. De hecho existen “tablas de anestésicos” por grupos y especies, existen recomendaciones.
“Sí que matamos, el tema está en cuándo, cómo y en qué condiciones. Nosotros lo hacemos por sobredosis anestésica —Silva trabaja con peces—. En el mundo del manejo del bioterio se ve con buenos ojos no mantener la vida de un animal que no está en su ambiente natural si no tienes un objetivo experimental. Las guías no apuntan penar en el animal como mascota, son otras normas. Por ejemplo, en nuestro tipo de trabajo mantener con vida un animal enfermo está mal”, explicó Silva.
“No usamos animales si podemos evitarlo, tratamos de minimizar el número y nos aseguramos de que no haya sufrimiento animal”, dijo a Búsqueda Liliana Gadola, profesora agregada de Nefrología y de Fisiopatología de Facultad de Medicina de la Universidad de la República.
Allí realizan investigación en cultivos celulares como método alternativo, aunque otras veces necesitan recurrir a animales.
“Respetamos al animal y es importante que no se enferme y esté confortable”, tanto para el bienestar del ser vivo como para lograr buenos resultados en la investigación.
“El primer aire acondicionado del Departamento de Fisiopatología fue para el bioterio (sitio en donde se crían y mantienen los animales). Nos preocupamos porque estén bien alojados y si se hace alguna maniobra el animal está dormido con anestesia general”, aclaró Gadola, que integra el Comité en Facultad de Medicina que discute, revisa y aprueba los proyectos que involucran uso de animales.
En el Institut Pasteur hay 3.000 ratones para experimentación y su Comité de Ética controla que se cumpla con las pautas aprobadas.
La investigadora del Cudim, Patricia Oliver, explicó que se hace todo lo posible para no injuriar al animal y que para sacrificar a los roedores se utilizan sobredosis de anestesia.
La magister en Ciencias Biológicas Melitta Meneghel, encargada del Laboratorio de Sistemática e Historia Natural de Vertebrados en la Fcien aclaró que en su área de trabajo, cuando hay serpientes que tienen tumores, se las intenta operar.