Tener sobrepeso u obesidad aumenta el riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares, circulatorias, diabetes, cáncer y problemas osteomusculares. Además, el obeso tiene más hipertensión y colesterol que la población normal.
“Tenemos datos de encuestas duras nacionales, pero queríamos saber cómo se percibía la gente y nos dimos cuenta de que las personas tienen una baja percepción de su peso en general. Pero claro, nos preocupa más los que tienen sobrepeso y obesidad. Son los casos más complicados, a los que tenemos que llegar, porque tienen una altísima comorbilidad —varios trastornos— y patologías, como la cardiovascular”, destacó Zelarayan.
De un total de 57 millones de muertes en 2008, 17 millones fallecieron debido a enfermedades cardiovasculares, según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS). En Uruguay la enfermedad cardiovascular es la primera causa de muerte; en 2010 representó el 29,5% de las muertes y superó la mortalidad por cáncer, según datos de la CHSCV. La enfermedad cardiovascular, además de provocar la muerte, es causa de invalidez. “Es un problema de salud pública”, enfatiza el informe.
Obesos.
La obesidad es una enfermedad cuya característica principal es el exceso de grasa corporal. En general, la aparición de esta enfermedad se acompaña del aumento de peso, aunque no todo aumento de peso es igual a obesidad. Por eso es necesario conocer la composición corporal.
La medida más utilizada en la práctica clínica es el Índice de Masa Corporal (IMC), que se obtiene por la relación entre el peso (kilogramos) y la altura (metros) al cuadrado, detalla el informe. De acuerdo con esta escala, una persona tiene sobrepeso cuando su índice iguala o supera 25 (por ejemplo, una persona que mide 1,60 y pesa 80 kilos) y es obeso si iguala o supera los 30 (por ejemplo, que mide 1,60 y pesa 97 kilos). Cuanto mayor es el índice más posibilidad tiene la persona de desarrollar morbilidades (trastornos) asociadas al exceso de grasa.
Los resultados obtenidos fueron muy similares a los últimos datos disponibles de la Encuesta Nacional de Factores de Riesgo, representativa de todo el país debido a la metodología conocida como Steps. La encuesta de Edenred y la CHSCV reveló que el 45% de los trabajadores tenían un índice de masa corporal normal (en Steps fue el 40%), el 36,1% de los trabajadores encuestados tenían sobrepeso (en Steps fue el 35,3%) y el 17,8% fue calificado como obeso (21,8% en Steps).
La mayoría de las personas con índice normal eran mujeres, mientras que dentro del grupo de obesos y personas con sobrepeso la mayoría eran hombres. Los investigadores observaron que el índice de masa corporal iba creciendo a medida que aumentaba la edad, datos que también coinciden con la metodología Steps.
Obesos no se reconocen.
Hay distintos tipos de obesidad. La obesidad grado I es la más leve y la grado II es la obesidad mórbida. Dentro de los encuestados que padecían obesidad grado 1, el 27% percibía que su peso estaba “un poco pasado”, mientras que el 65% consideraba que tenía “sobrepeso” y solo los restantes 6,5% pensaban o sabían que eran obesos.
En total hubo 163 casos de obesidad grado II (el 5% de los encuestados). Menos de la mitad de estos obesos mórbidos (40,5%) reconocieron su “grado real de obesidad”; no tienen “una idea clara de la magnitud de su sobrepeso”, dice el informe.
“Es posible pensar que la mayor parte de los obesos I y II, al no reconocer su enfermedad, no puedan establecer estrategias para un tratamiento”, concluyó el estudio.
“El desconocimiento o la ignorancia de su obesidad puede convertirse en una barrera para buscar tratamiento. La causa puede ser falta de diagnóstico médico adecuado según su obesidad, pero otra consideración puede ser el estigma de la obesidad. La resistencia a autodenominarse obeso puede generar barreras a la aceptación de la propia enfermedad y al tratamiento”, señaló Zelarayan.
“La mitad de los obesos consultan al cardiólogo pero no sabemos si lo consultan por obesidad o por sus comorbilidades. Además, tengo la impresión de que los médicos tratan los otros trastornos pero inciden poco en la obesidad”, agregó el especialista.
Una encuesta de la CHSCV que se dará a conocer pronto concluyó que “no hay un encare para el tratamiento del problema de la obesidad”, ni por el lado del obeso ni por el médico ni por el sistema de salud.
“Es muy importante que el obeso se reconozca y consulte por obesidad y que el sistema esté preparado para recibirlo y tratarlo de forma integral”, destacó Zelarayan. El Fondo Nacional de Recursos instaló en 2012 una policlínica para la obesidad para pacientes cardíacos que está empezando a funcionar.
Quieren cambiar.
La encuesta recabó información sobre el interés personal de las personas en modificar su peso.
“Se vio que casi la totalidad de las personas que se perciben con sobrepeso u obesidad desean modificar su peso. Pero también el 30% de los que perciben su peso como normal tienen interés o desean cambiarlo”, constató el estudio.
Es decir, muchas de las personas con un índice de masa corporal normal desean cambiar su peso “y/o se perciben con sobrepeso”.
“No sabemos por qué lo quieren modificar, si por estética o salud, pero es un punto a favor”, dijo Zelarayan.
Por otro lado, más del 85% de aquellos que se perciben obesos o efectivamente tienen algún grado de obesidad desean modificar su peso.
“En suma, hay interés marcado en cambiar el peso en aquellos que se perciben obesos y que efectivamente lo están —según el IMC—. Pero hay un grupo grande de obesos que desconocen o no perciben su obesidad. Se observa, por tanto, una desajustada percepción de la propia obesidad”, concluyó el estudio.
Actividad física.
El 49,5% de los trabajadores respondieron que se consideraban personas “activas” en cuanto a actividad física. La proporción de personas que se perciben como activas disminuye a medida que aumenta su IMC. Más de dos tercios de las personas con algún grado de obesidad respondieron no ser físicamente activas.
“Es un punto favorable que se reconozcan mayoritariamente como sedentarios”, dice el informe.
Algo menos del 50% de los obesos consideran que su alimentación es adecuada en cantidad. “Es obvio que hasta que no cambien esta percepción de su hábito alimentario no podrán superar este factor de riesgo cardiovascular”, dijo Zelarayan.
La comisión concluyó que “los tiempos de comida que transcurren en el trabajo pueden ser una buena oportunidad de intervención para promover buenas conductas”.
Salud
2013-01-17T00:00:00
2013-01-17T00:00:00