En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, tu plan tendrá un precio promocional:
* Podés cancelar el plan en el momento que lo desees
¡Hola !
En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, por los próximos tres meses tu plan tendrá un precio promocional:
* Podés cancelar el plan en el momento que lo desees
¡Hola !
El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
¿Cómo pensamos? ¿Cómo razonamos? ¿Con qué capacidades nacemos? Estas son solo algunas preguntas que llevaron a la psicóloga Ana Martín a embarcarse en un trabajo de investigación con bebés que fue publicado hace un mes en la prestigiosa revista Science. La publicación es resultado de unos siete años de trabajo del grupo liderado por Luca Bonatti desde la Universidad Pompeu Fabra de España.
¡Registrate gratis o inicia sesión!
Accedé a una selección de artículos gratuitos, alertas de noticias y boletines exclusivos de Búsqueda y Galería.
El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
“Al día de hoy hay un montón de investigadores que piensan que no es hasta que el niño empieza a dominar el lenguaje que tiene determinadas capacidades para resolver ciertos problemas. Pero hay gente que dice que no, que quizá las capacidades de razonamiento son las que incluso pueden potenciar la adquisición del lenguaje”, dijo a Búsqueda Martín, investigadora de la Universidad Pompeu Fabra de España e integrante del equipo de Bonatti.
El grupo del Centro de Cognición y Cerebro que integra Martín se afilia a la idea de que los niños tienen capacidades “extraordinarias” incluso antes de poder hablar. Pero esto es difícil de probar y por eso han tenido que diseñar un sofisticado sistema para evaluarlo en bebés y también en adultos, que les valió el reconocimiento de sus colegas y del mérito necesario para publicar en Science, revista que no suele contener trabajos de psicología. “Es la primera vez que se testean habilidades de razonamiento con una tarea no lingüística” en niños que aún no hablan, planteó Martín.
El grupo del Centro de Cognición y Cerebro que integra Martín se afilia a la idea de que los niños tienen capacidades “extraordinarias” incluso antes de poder hablar.
La importancia de los resultados es “doble”, opinó Martín. “De repente nos damos cuenta de que los niños preverbales pueden hacer operaciones lógicas, pero además podemos medir este proceso mientras se realiza”, destacó. Viene a echar luz sobre aspectos del “origen del pensamiento”, sobre “las unidades fundamentales” que juegan un rol en la forma en que los seres humanos manejan la información que reciben, planteó la investigadora, estudiante de doctorado dentro del Departamento de Tecnologías de la Información y la Comunicación de la universidad española.
Martín es española, vivió en Uruguay y trabajó como investigadora en Facultad de Ingeniería y en el Centro de Investigación Básica en Psicología de la Facultad de Psicología de la Universidad de la República (Udelar). Una de sus primeras experiencias como investigadora fue en la Udelar con el trabajo en desarrollo de software y hardware para niños con parálisis cerebral y en el desarrollo de una herramienta para poder realizar la detección temprana de niños con trastornos de atención por hiperactividad. “El contacto con este ambiente académico me ayudó a encontrar lo que me gustaba”, comentó Martín, que una vez de regreso a España se interesó por cómo se desarrolla el cerebro y comenzó su doctorado en Pompeu Fabra.
Bebés y adultos.
“¿Qué capacidades tenemos?, ¿qué podemos hacer?, ¿cómo nos desarrollamos? ¿Hasta que no aparece el lenguaje a partir de los dos años no podemos razonar sobre eventos elementales (como indicaron algunos teóricos aún vigentes)? Y si es así, ¿qué hay antes? Es un campo bastante desconocido”, planteó Martín. Lo es porque no se han tenido las herramientas adecuadas para estudiarlo y porque una de las teorías psicológicas más influyente (de Jean Piaget) sobre el desarrollo hablaba sobre las “pocas habilidades” del ser humano al nacer y antes de poder hablar.
Teorías previas indicaban que la capacidad de razonar estaba directamente vinculada al lenguaje y que por lo tanto estaba condicionada a que el niño pudiera hablar. Sin embargo, la investigación apuntó a conocer más sobre las capacidades con las que los seres humanos nacen y demostró que los bebés son capaces de razonar y de hacer deducciones antes de comenzar a hablar.
“Lo difícil de la investigación con bebés no es solo la pregunta sino cómo vas a medir la respuesta”, comentó Martín.
Teorías previas indicaban que la capacidad de razonar estaba directamente vinculada al lenguaje y que por lo tanto estaba condicionada a que el niño pudiera hablar.
Los científicos diseñaron una serie de escenas que invitaban a razonar sobre la identidad de un objeto que estaba parcialmente escondido. Realizaron seis estudios con bebés de 12 y 19 meses y también hicieron uno con adultos. Analizaron con la tecnología eyetracker cómo los niños y adultos seguían con la mirada ciertos objetos en pantalla y midieron si existía dilatación de la pupila (que se utiliza para evaluar si está ocurriendo un esfuerzo cognitivo durante la tarea que esté realizando en ese momento). En un tipo de escenas los participantes debían deducir cuál era la identidad del objeto escondido y en otras escenas el objeto se había escondido a la vista del participante y no era necesaria deducción alguna.
Los investigadores observaron que tanto los bebés más pequeños preverbales como los adultos reaccionaban de manera parecida al mirar las escenas ante los mismos estímulos visuales.
“Vimos que el efecto pupilar es similar en niños y adultos. El comportamiento es muy parecido en los tres rangos de edad. 12 meses, 19 meses y mayores de 18 años, entonces esto nos hace pensar que la evidencia conductual es bastante compartida, que esta capacidad para razonar es relativamente estable a lo largo del desarrollo”, resumió Martín.
“Utilizamos este paradigma porque a los bebés no les podemos preguntar qué es lo que piensan acerca de las escenas porque son niños preverbales. Teníamos que encontrar un indicador conductual” que brindara información sobre lo que “está pasando en su cognición”, explicó la investigadora.
Los investigadores observaron que tanto los bebés más pequeños preverbales como los adultos reaccionaban de manera parecida al mirar las escenas ante los mismos estímulos visuales.
Un grupo de niños y adultos recibieron “escenas cargadas de ambigüedad y cuando les proporcionamos información o pistas para poder deducir cuál es el objeto ambiguo escondido dentro de un recipiente, observamos que hay una mayor respuesta de dilatación de la pupila, que está muy asociada al esfuerzo cognitivo”, agregó.
La inferencia es la capacidad para deducir, es decir, la capacidad de combinar la evidencia disponible para alcanzar una solución a partir de un contenido, es una evaluación que realiza la mente. Las mediciones sobre el recorrido que hacían los niños y adultos al observar las escenas (la inspección ocular), el tiempo de mirada y la dilatación de la pupila son interpretados como “marcadores de los procesos de esta actividad deductiva, porque hemos controlado que no se deba a otro tipo de procesos que se estén realizando en ese momento”, explicó Martín.
La información generada aporta al debate acerca de cómo se vincula el pensamiento con el lenguaje y qué ocurre antes de que los bebés sepan hablar.
Estos resultados podrían a futuro ser útiles para estudiar la forma en que se interactúa con los niños durante los primeros años de vida y tomar los datos en cuenta a la hora de incorporar prácticas de estimulación. “No hay que dejar de hacer cosas por pensar que quizá ellos no lo vayan a entender sino ofrecerles la mayor riqueza posible. No sobreestimularlos pero sí brindarles oportunidades y observar cómo ellos observan a su vez el mundo”, opinó Martín.
Capacidades extraordinarias.
Previo a esta investigación, otros trabajos de colegas demostraron que los bebés tienen capacidades “sorprendentes” antes de poder hablar, como notar cuando una experiencia visual viola leyes físicas (cuando en una imagen ven un objeto que atraviesa una barrera o pared), comprenden cuando algo es más o menos probable y también son capaces de generar hipótesis, comentó Martín.
“Los bebés poseen capacidades extraordinarias para abordar hipótesis sobre eventos complejos y modificarlos racionalmente cuando se enfrentan con evidencia inconsistente. Estas capacidades sugieren que los bebés pueden usar representaciones lógicas elementales para enmarcar” y despejar hipótesis, plantearon los investigadores españoles en el trabajo publicado en marzo en Science. “Los bebés de 12 y 19 meses miran por más tiempo los resultados inconsistentes”, concluyeron.
“Al momento de realizar la deducción, las pupilas de los niños se dilataban y sus ojos se movían hacia el objeto ambiguo” cuando los niños se encontraban intentando deducir qué objeto era al que le veían solo una parte, detallaron los científicos en el trabajo. “Los resultados sugieren que estructuras intuitivas y lógicas vinculadas a la interpretación de escenas dinámicas podrían ser parte” del entretejido de la “mente humana”, concluyeron en el trabajo.