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    Los niños que no dejaron de dibujar

    Con una serie de obras basadas en canciones de autores nacionales, el colectivo de ilustradores uruguayos Iluyos, fundado en 2009, presenta la muestra “Álbum” en la Alianza Francesa

    Una tribu de niños que se convirtieron en adultos sin dejar de dibujar, y que, al crecer, hicieron de su afición, de su habilidad, un trabajo profesional. Esta es una posible definición del colectivo Iluyos, que surge al hablar con varios de los ilustradores de literatura uruguayos que componen sus filas. Otra está a la vista y abre el blog que los presenta y expone algunos de sus trabajos: “Nos nucleamos en torno a este nombre un tanto raro porque es cosa de ilusos pensar que se puede vivir de la ilustración de literatura infantil en este país. Es cosa de ilusos creer que dibujando un libro se puede cambiar el mundo. Es cosa de ilusos seguir luchando contra los molinos. Pero eso somos: por ahí un poco ilusos, pero convencidos de que este es un camino posible: ¿qué duda cabe?”, dice el post.

    Formado en 2009 por un grupo de ilustradores entre los que aparecen nombres como Alfredo Soderguit, Sebastián Santana, Magdalena Sayagués, Óscar Scotellaro y Verónica Leite, Iluyos surgió como plataforma de intercambio entre creadores acostumbrados a trabajar en solitario. En esta historia protagonizada por “iluyos” e “iluyas” —así se autodenominan los miembros—, la producción de la película “Anina”, basada en el libro de Sergio López Suárez, marcó un antes y un después. Porque fue el disparador de una lista de temas sobre los cuales los autores, provenientes del diseño gráfico, la animación y las bellas artes, tuvieron la necesidad de investigar y debatir, por ejemplo, cuestiones vinculadas a los derechos de autor, la presupuestación, el trato con las agencias y las editoriales, las técnicas y las referencias artísticas. Y fue con estos motores que se amplió el colectivo. También porque, para crearla animación, el equipo original—encabezado por el director, Soderguit, y el director de arte, Santana— reunió a ilustradores jóvenes que al poco tiempo se transformaron en la nueva camada de Iluyos.

    Si bien a veces se reúnen en talleres, los “iluyos” suelen contactarse por mail. Actualmente, desde que decidieron abrir el espectro a “ilustradores” y deshacerse de la etiqueta de “infantiles”, son más de 40 integrantes que no solo trabajan en la industria editorial, también diseñan publicidades, afiches, juegos y escenografías, y muchos se dedican a la docencia.

    En los últimos siete años, Iluyos realizó proyectos colectivos, como las exposiciones “Soy un iluyo, soy una iluya” (2012-2013), “Niñez, patrimonio de la humanidad” (2012-2014), “¡A la calle!” (2013), en el marco del 4º Salón de Ilustración Imagenpalabra de Colombia. Y ahora también presenta “Álbum”, en la Alianza Francesa: una muestra que expone obras basadas en canciones uruguayas y creadas por 12 de los ilustradores con distintos estilos visuales y técnicas plásticas: Soderguit, Santana, Claudia Prezioso, Cristian Moreira, Daniela Beracochea, Denisse Torena, Eugenia Assanelli, Juan Manuel Díaz, Leandro Bustamante, Sabrina Pérez, Santiago Germano, Valentina Echeverría.

    Además de la participación en la campaña del “No a la baja”, entre las principales acciones en conjunto que destacan los “iluyos”, está la de haber conseguido que el premio Bartolomé Hidalgo en la categoría “libro-álbum” incluyera una estatuilla para el ilustrador. Este año lo ganó Genoveva Pérez por “Arriba en las ramas”.

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    DENISSE TORENA

    Se escucha sonido ambiente de feria. Regateos. Ofertas. Encuentros. Murmullos. Y a los doce segundos entra la música. Hay coros, piano, guitarra, bajo, batería y acordeón, y la voz de la cantautora Gabriela Rodríguez que narra la vida de un sábado de mañana en Palermo. Así empieza la canción, con un personaje con la cara recién lavada y cincuenta pesos en el bolsillo. “La feria de Palermo”, del disco “Mujer de agua”, es el soundtrack que en la exposición “Álbum” acompaña al dibujo de Denisse Torena.

    Denisse siempre quiso dedicarse al dibujo y se recuerda de niña jugando a ser funcionaria de Disney. Después estudió Bellas Artes, se especializó en diseño gráfico, se dedicó a la docencia y realizó sus primeros trabajos de ilustración para la banda El enclave: ella proyectaba diapositivas dibujadas mientras sonaba música instrumental. Cuando tuvo suficientes obras como para generar un portfolio, lo presentó en todas las editoriales que conocía. La llamaron de dos, y una, Banda Oriental, le dio lugar a propuestas. Así incursionó en la ilustración editorial, con una serie de librillos de plástica para niños publicados en la revista “La Mochila”. En el proceso de creación, que incluyó entrevistas a creadores, conoció a Soderguit, que la incorporó al equipo de “Anina” y al colectivo Iluyos.

    Denisse es coautora de libros como “Crónicas de la nada”, escrito por Silvia Soler, la reedición de “Perico”, de Juan José Morosoli, “Guidaí en un duelo a muerte”, de Adriana Cabrera Esteve, y “Hojas de otoño”, de Horacio Cavallo, entre otros.

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    DANIELA BERACOCHEA

    Hay una casa oscura, completamente negra, perdida en medio de un papel desgastado y con arrugas. Es ahí, dentro de ese refugio minúsculo, donde sucede todo; y todo, en esta historia, significa libertad. En la imagen no hay banderas, pájaros volando, cadenas que se rompen a la fuerza ni estallidos; hay una casa que propone introspección, nada más. La ilustración, de Daniela Beacochea, está inspirada en el tema “Vamos a liberarnos”, de la joven uruguaya Luana Méndez, y tiene como principal disparador los versos “Me quedaré en algún rincón de mí, para entender, para poder llenarlo al fin”.

    Daniela se transformó en “iluya” a mediados de 2011, tras ganar un Fondo Concursable del Ministerio de Educación y Cultura junto al escritor Horacio Cavallo por el libro “Clementina y Godofredo” (Topito Ediciones). Con sus colegas ilustradores, dice, comparte el mismo origen: “Todos los iluyos, como todos los niños, dibujamos desde chicos; pero ninguno de los iluyos dejamos de dibujar, seguimos a pesar de los años, a pesar de las frustraciones”.

    De adolescente, Daniela, que quería ser matemática, convivía con una libreta de hojas blancas. Fue en un fin de semana en Piriápolis, cuando acompañó a una amiga a la casa de su tío, el artista y maestro de escuela Didaskó Pérez, que él vio sus dibujos, le sugirió seguir el rumbo de sus trazos y le explicó que el arte también puede ser una profesión. Ahí, en medio de esa conversación, decidió anotarse en Bellas Artes, a lo que le siguieron estudios en animación, diseño de personajes, dibujo e ilustración. Actualmente, además de ilustrar libros de literatura infantil y publicaciones en revistas, Daniela trabaja como directora de arte, escenógrafa y diseñadora para publicidades y discos de música.

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    JUAN MANUEL DÍAZ

    Cada vez que se va a encontrar con un “iluyo”, Juan Manuel Díaz agrega libros infantiles a su mochila. De ahí surgen charlas, intercambios. Esta vez lleva “El maravilloso Mini-Peli-Coso”, de la ilustradora bolognesa Beatrice Alemagna, y “La cosa perdida”, del australiano Shaun Tan, autores que mira con lupa.

    Juan Manuel nació en una familia de artistas. Su tío, el pintor y dibujante Guillermo Fernández, fue su maestro, junto a otros talleristas como Álvaro Amengual y Hugo Alíes. De adolescente, cuenta, era consumidor voraz de cómics y novelas gráficas, y lector asiduo de los anuarios de la Sociedad de Ilustradores de Estados Unidos. Cuando cumplió 20 empezó a estudiar diseño gráfico en la Universidad ORT y después trabajó como diseñador freelance hasta que se topó con la ilustración y este arte interpretativo ganó terreno en su vocación.

    Coautor de libros como “La hora del chocolate”, de Magdalena Helguera; “Médanos”, de Camilo Baráibar, y “Una aventura patológica”, de Diego Mejía, actualmente Juan Manuel trabaja como ilustrador y diseñador para estudios de diseño, agencias de publicidad, medios impresos y digitales y editoriales. Para la última exposición de Iluyos, ilustró el tema “Llueve”, de Alberto “Mandrake” Wolf. Acompañando el ritmo y la letra de Los Terapeutas, la imagen muestra una cascada de imágenes urbanas —hay calles, faroles, escaleras, una luna, baldosas, montes, rocas, ventanas, agua— que desembocan en un rostro de perfil enmarcado y fácilmente identificable: el pelo, los lentes, la fisonomía de su barba, todo indica que se trata de “Mandrake”.

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    EUGENIA ASSANELLI

    “Persistente exploradora vocacional que probó varios platos de cada una y se quedó con la más antigua, aquella que la mantenía en vela cuando era una niña de cinco años con los dedos manchados de témperas y crayolas”, así se presenta Eugenia Assanelli en el blog de Iluyos. Y, cuando lo hace en revista galería, vuelve a pasar por alto sus estudios en la Escuela Municipal de Arte Dramático, el Instituto de Actuación de Montevideo, la Escuela Municipal de Bellas Artes y el Instituto de Profesores de Artigas donde cursó profesorado de Literatura: “En esto de la ilustración, soy autodidacta”, dice.

    En 2008 la convocaron para realizar su primer trabajo como ilustradora, y el cineasta Germán Tejeira le recomendó contactarse con Soderguit para asesorarse en temas de presupuestación. Fue a través de ese vínculo, después de debutar en la ilustración infantil con el libro “Pato y Bepa” (Alfaguara), que se unió a Iluyos.

    Para “Álbum”, Eugenia ilustró “Como la luz de tus ojos”, de Jorge Lazaroff. “Trabajé mucho con niños de contextos críticos (entre sus proyectos hay, por ejemplo, colaboraciones con el Centro CAIF Los Pitufos y la ONG Giraluna), y la historia de este niño que nace en un conventillo y vive en la calle me movilizó”, dice antes de explicar el último impulso que la llevó a decidirse por el tema: “Fue un comentario que escuché desde la ventana de mi casa: ‘A estos ñeris les queda corta la cadena perpetua’”.

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    SANTIAGO GERMANO

    Un día Santiago Germano se topó con el disco “Días de Blues”, de la banda uruguaya fundada en 1972 e integrada por Jorge Barral, Daniel Bertolone y Jorge Graf. Lo encontró, lo escuchó y se detuvo en el cuarto tema: “Cada hombre es un camino”. Porque algo en la música, en los casi tres minutos de introducción, y en la letra, ya en la primera estrofa, le disparó una seguidilla de imágenes que, pensó, tenían que ser traducidas a trazos.

    “Cada calle es un camino / Cada camino es un hombre / Cada hombre es una selva / Una selva es un islote”, repetía mientras su imaginación proyectaba posibles dibujos. Entonces decidió ilustrar el tema y participar en la muestra “Álbum”, para rendir homenaje, dice, “a los primeros artistas que tocaron blues en Uruguay y que generaron su propia voz (en español) a través de una música que solo se escuchaba en inglés”.

    Santiago dibuja —también ilustra y anima— desde niño. Fue después de estudiar animación tres años en la Universidad ORT, además de trabajar en el diseño de juegos infantiles, que se integró al equipo de la película “Anina”. Ahí conoció a Soderguit y Santana. Y ahí, también, se vinculó con la literatura y se integró, en 2011, al colectivo Iluyos.

    GALERIA
    2016-10-20T00:00:00

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