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    Los tests genéticos que se hacen “por deporte” son un “negocio” y sus resultados “una idiotez”, con recomendaciones obvias

    “Veo una originalidad, una polenta y pasión por la ciencia que no se ven en los países centrales. A veces, en esos países los estudiantes de doctorado están faltos de pasión y toman su tarea como una cosa más rutinaria. En nuestros países hay mucha pasión puesta y eso se ve. Junto con la capacidad, es un cóctel explosivamente bueno”, dijo sobre los jóvenes científicos uruguayos y argentinos el biólogo molecular Alberto Kornblihtt.

    El científico argentino es investigador y docente de la Universidad de Buenos Aires y dirige el Instituto de Fisiología, Biología Molecular y Neurociencias del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet).

    Kornblihtt es además miembro del Consejo Científico Internacional del Institut Pasteur de Montevideo y viajó a Uruguay para participar en el taller de discusión que realizó días atrás la institución para comenzar a delinear su plan estratégico 2020-2025 con el objetivo de trazar un rumbo en su contribución a la salud.

    A continuación, un resumen de la entrevista que Kornblihtt mantuvo con Búsqueda:

    —Dice que los jóvenes científicos y estudiantes de doctorado en Uruguay y Argentina tienen más “polenta y pasión” que muchos en los países desarrollados. ¿Las necesidades hacen que se luche con más entusiasmo?

    —Sí, porque se quiere demostrar que se puede. Una de las cosas que nos hacen a nosotros y a nuestros estudiantes ser apasionados, inteligentes y pujantes tiene que ver con estar en la periferia. Es una periferia posible porque si no hubiera nada en la universidad, no hubiera instituciones como esta (en referencia al Pasteur), no tendrían nada que hacer. Hay un deseo de demostrar que desde nuestros países periféricos se pueden publicar buenos trabajos, ser citado y ser conocido por otros investigadores.

    —Se define de izquierda y contrario a las políticas de Mauricio Macri y sus recortes en ciencia y tecnología. En Uruguay, Tabaré Vázquez firmó un compromiso de campaña de llegar al 1% del PBI para la ciencia en el período, pero no lo cumplirá. ¿Qué opina?

    —Eso nunca se cumple. Macri también lo prometió. Vázquez es médico… Dificultades de financiamiento de la ciencia hemos tenido siempre. Es difícil convencer al establishment, a los gobiernos y sectores que vienen del estudio de la economía que vale la pena invertir en ciencia cuando no hay garantías de resultados concretos pasado mañana. En Argentina, en los gobiernos de Néstor Kirchner y de Cristina Kirchner tuvimos períodos de expansión, en el monto de subsidios, en los ingresos de investigadores al Conicet, en los 190.000 metros cuadrados de refacciones y nuevos edificios. Era un período de florecimiento, no era perfecto pero era de expansión. Macri aplica políticas de ajuste, mantiene al ministro (Lino Baraño), que cambia su discurso y justifica el ajuste.

    —Eso ocurre en el gobierno de Macri. Pero en Uruguay, que es en un gobierno de izquierda, no se llega al 1%.

    —No puedo calificar si el gobierno de Uruguay es de izquierda a pesar de que es el Frente Amplio (FA). El FA es muy amplio y tiene distintos sectores. Sí puedo decir que Macri es de derecha. En Argentina estamos presentando una carta a las autoridades y hemos conseguido que 1.200 investigadores de todo el mundo firmen y hay 17 premios Nobel al día de la fecha.

    —¿Se la van a entregar al gobierno?

    —Sí, aunque una versión ya fue difundida, pero no le dieron pelota. El hecho de que haya 17 premios Nobel firmando nos da mucha fuerza.

    —Pero dijo que no les dieron pelota...

    —Bueno, pero nos da fuerza a nosotros (los científicos), porque (los Nobel) trabajan en ambientes de mucha excelencia y consideran que vale la pena apoyar la defensa de la ciencia en Argentina. En ese sentido nos da fuerza.

    —El uso de la información genética en el siglo XXI presenta varios puntos polémicos, como los transgénicos y los tests genéticos para humanos, ¿cómo lo ve?

    —Sí hay debate, pero le pongo un ejemplo. Hoy en día, los jeans, los vaqueros, están gastados con una enzima que es una celulasa. Proviene originalmente de un hongo. El gen del hongo que la codifica se clona en bacterias y la enzima se produce por un cultivo bacteriano. Sirve para lavar los jeans, es un commodity, un producto que tiene un valor de mercado. Es una técnica de ingeniería genética que modificó una bacteria para que produzca una enzima que blanquea los jeans. Así hay miles de ejemplos. En salud, no todas las enfermedades son hereditarias, muy pocas lo son, y las que tienen un componente genético no siendo hereditarias tienen también un componente ambiental importante. Hay otras que son solamente ambientales, como si te infectas con un virus. James Watson, uno de los que aportaron para el descubrimiento del ADN, todavía vive y cumplió 90 años. Lo observó todo. Ese descubrimiento no es un hito de la biología y la medicina, es de la humanidad. Antes de conocer la estructura del ADN sabíamos que los hijos se nos parecían pero no sabíamos por qué. Ahora entendemos las bases moleculares de la vida, de la herencia, entendemos que no hay nada sobrenatural ni mágico, que no es más que física y química. Pero hay que tener cuidado de que la población no reciba el mensaje de que todo es hereditario y todo es causado por los genes.

    —¿A veces llega el mensaje equivocado?

    —Sí, porque hay un deseo inconsciente en el público, y en el periodismo, de asignarles a los genes un poder que no siempre tienen. Hay una fascinación por el determinismo. Es la misma fascinación que hace que una pareja desee fuertemente tener un hijo biológico cuando quizás tiene dificultades para tenerlo o detectó alguna enfermedad que podría heredar el bebé. La paternidad es la que se ejerce, la paternidad y la maternidad biológica son deseables pero no son imprescindibles.

    —Hay una moda por conocer la información genética de cada uno, se venden tests que las personas pueden hacerse si desean. Se ha transformado en una tendencia en Estados Unidos. ¿Es puro negocio?

    —Sí, estoy convencido de que es un negocio. Mayormente lo es. Si la secuenciación del genoma del individuo le va a permitir a su médico tomar una decisión distinta de la que había tomado antes de secuenciarlo (sin esos datos), entonces es indicada la secuenciación de un genoma o realizar una batería de tests de ADN genéticos. Si después de obtener esa información, el médico sabe que no debe usar tal droga sino otra para curar ese cáncer o que debe cambiar la frecuencia del control, recomendar no tener hijos o controlar a los hermanos y hermanas de esa persona, si la información es útil para el médico porque cambia un procedimiento terapéutico o pronóstico, entonces sí obviamente hay que hacerlo, pero si es deportiva, no.

    —¿Hay mucho deporte?

    —Sí, hay tests genéticos que se venden y la gente que tiene plata paga para tenerlos. Les dice que tienen un 10,5% más de predisposición a tener hipertensión, un 12,8% más de predisposición a obesidad y un 17,4% más a tener una enfermedad cardiovascular. “Por lo tanto, le recomendamos que haga ejercicio, que coma una dieta baja en grasas y se controle el corazón todos los años”. ¡Eso es una idiotez! Yo lo llamo la apología de lo obvio, porque es bueno que aunque no te hagas hecho el test igual hagas ejercicio, comas sano y te controles el corazón porque sos un ser humano y ¡no sos inmortal! Hay un poco de negocio basado en ese determinismo, en esa fantasía, en promover el conocimiento de tu propio genoma, o de tus propias variantes genéticas, porque supones que así vas a poder prevenir enfermedades o mejorar tu calidad de vida. La verdad es que en la mayor parte de los casos no hay nada que no sea lo obvio. Además, le creas al paciente la ilusión de que porque estás haciendo una técnica sofisticada de avanzada va a tener una mejor expectativa de vida o de cura. Eso puede ser cierto en los casos en que está probado (su utilidad), pero si no va a dar información útil para el médico es contraproducente. Es un test que al médico no le cambia nada y que al paciente lo ilusiona en que le pueda cambiar algo.

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