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    Químicos detectaron la presencia de pesticidas en agua de lluvia por primera vez en Uruguay; hay insecticidas y un fungicida

    Paysandú, 2018. Los investigadores colocaron pluviómetros, instalaron unos botellones color ámbar para recolectar el agua de lluvia y esperaron. La lluvia comenzó a caer y, tras analizarla en el laboratorio, detectaron algo que sospechaban pero nunca habían probado: contenía pesticidas. Detectaron la presencia de los insecticidas imidacloprid y malaoxón (que surge de la degradación del pesticida malatión), y el fungicida propiconazol. El estudio se realizó en la ciudad de Paysandú, en donde viven unas 76.000 personas y a las afueras en una zona rural.

    “Si hablamos de la presencia de pesticidas en el agua de lluvia, es inevitable pensar en el ciclo del agua. Entonces, este fue el planteo: ¿es posible que podamos encontrar pesticidas en el agua de lluvia?”. La respuesta es sí, y demuestra que “de algún modo el pesticida ingresó en el ciclo del agua”, dijo la química Natalia Besil, asistente del Laboratorio de Análisis de Contaminantes Traza en el Polo Agroalimentario y Agroindustrial de la Facultad de Química en el Centro Universitario Regional Litoral Norte, ubicado en Paysandú. Besil comunicó estos resultados durante la última edición del Congreso Uruguayo de Química Analítica.

    La atmósfera es una de las principales vías de transporte de residuos de pesticidas. La emisión de estos productos ocurre principalmente en la etapa de su aplicación. Puede ocurrir que estos se rocíen sobre un cultivo y que, como algunos de los compuestos son muy volátiles, estos dejen de encontrarse en estado líquido y pasen al aire. Pero el tema es que no desaparecen, no se van. El vapor de agua está en el aire y la lluvia los hace regresar. A nivel de suelo los pesticidas pueden escurrir hacia cursos de agua. Esta agua puede evaporarse y eventualmente volver a caer en forma de lluvia pero esta vez con pesticidas.

    La atmósfera es una de las principales vías de transporte de residuos de pesticidas. La emisión de estos productos ocurre principalmente en la etapa de su aplicación.

    Hay diferentes tipos de pesticidas y algunos compuestos son especialmente volátiles. El viento contribuye y pueden pasar del suelo al aire.

    Cuando las gotas que se aplican sobre un cultivo son muy pequeñitas, el propio viento en vez de ayudar a que la gota se deposite en el suelo, la vuela en el aire, se incorpora a las nubes y después con la lluvia cae. “Esta es la forma más habitual de que llegue. Es un tema sumamente complejo. Ocurre en todo el mundo y está muy asociado a las técnicas de aplicación, al tamaño de partícula de la gota. Por eso el Ministerio de Ganadería controla la aplicación”, dijo a Búsqueda otro de los autores del trabajo, Horacio Heinzen, profesor titular de Farmacognosia y Productos Naturales de la Facultad de Química de la Universidad de la República.

    La investigación titulada Determinación de residuos de pesticidas en agua de lluvia fue realizada por Besil, Franco Rivero, Ricardo Hladki, María Verónica Cesio y Heinzen. El grupo de profesionales pertenece al Departamento de Química del Litoral en Paysandú, a la Cátedra de Farmacognosia y Productos Naturales del Departamento de Química Orgánica de la Facultad de Química de la Universidad de la República y al Polo de Desarrollo Universitario Abordaje Holístico sobre el Impacto del uso de Agroquímicos en el Centro Universitario Regional Norte en Paysandú.

    Se ha reportado la presencia de pesticidas en el agua de lluvia en distintas partes del mundo: Estados Unidos, Unión Europea, incluso en Argentina, entre otros. Es un tema de actualidad que preocupa. En 2018 el mejor trabajo científico publicado en la revista de la Sociedad Americana de Química Analítica fue uno que detectaba imidacloprid en agua potable en Estados Unidos.

    Si bien se sabe que ocurre en varias partes del mundo, “nadie lo había medido acá”, en Uruguay, destacó Heinzen.

    Análisis positivo

    El objetivo de este trabajo fue determinar la presencia de residuos de pesticidas en agua de lluvia recolectada en un área rural y en una zona urbana en el departamento de Paysandú. Fueron varios los puntos de recolección de muestras: uno en la ciudad y los demás a unos 10 kilómetros. Uno en donde se encuentra la Estación Experimental Mario Cassinoni en un área de laboratorio y oficinas, otro en una zona contigua en la que hay praderas mejoradas, un tercero en un área de tambo y otro en un área destinada a estudiantes de Agronomía dentro de la estación.

    Para poder recolectar el agua de lluvia los químicos eligieron botellas color ámbar para que la luz solar no afectara el contenido recolectado. Las instalaron a 1,1 metros del nivel del suelo (para poder medir además cuánto llovió). El agua caía primero en embudos.

    Los investigadores ajustaron y validaron una nueva metodología analítica para poder estudiar los pesticidas. Les permitió evaluar 56 de ellos. El glifosato no fue evaluado debido a la metodología analítica utilizada, pues requiere una específica.

    Analizaron 18 muestras tomadas entre mayo y julio de 2018 y detectaron la presencia de malatión, maloxón, imidacloprid y propiconazol en concentraciones menores a 15 nanogramos por litro.

    Hay diferentes tipos de pesticidas y algunos compuestos son especialmente volátiles. El viento contribuye y pueden pasar del suelo al aire.

    El imidacloprid es un tipo de insecticida con un efecto residual prolongado en el suelo. Se usa en el control de plagas y para la producción agropecuaria, por ejemplo, de cereales, de granos como la soja y en huerta. Está catalogado como “moderadamente tóxico” por la Organización Mundial de la Salud (OMS) y está prohibido en Francia desde hace unos 20 años. Fueron varios los casos en que detectaron imidacloprid y las diferencias en las concentraciones encontradas fueron pocas. Variaron entre 5 nanogramos por litro y 14.

    El propiconazol combate la presencia de hongos en cultivos y se usa por ejemplo en cítricos. Este fungicida estuvo presente en 10 de 18 muestras analizadas.

    El caso del malaoxón “es interesante” porque como tal no se aplica, es producto de la transformación del malatión, un insecticida organofosforado que se oxida por acción de la luz solar y como resultado se obtiene el malaoxón, explicó Besil. Se detectó su presencia el 19 de julio en una concentración de entre 5 y 7 nanogramos por litro. La degradación por acción de la luz solar puede ocurrir, por ejemplo, cuando el malatión llega a la nube, planteó Heinzen. El malaoxón es muy inestable y es más tóxico.

    El malatión se puede usar para el control de hormigas y para evitar insectos en cereales almacenados como maíz, sorgo y otros. Está dentro de la lista de pesticidas que la OMS anunció como “probablemente cancerígenos” para humanos. Si bien es permitido en Uruguay, su uso ha disminuido en el agro en los últimos años y se utiliza en frutales. En Argentina sí tiene un uso más extendido.

    Por hectárea

    El grupo de trabajo realizó el cálculo para estimar la cantidad de pesticidas en agua de lluvia por hectárea. Es “una forma de calcular la carga total de pesticidas que para imidacloprid osciló entre 0,77 y 2,52 miligramos por hectárea”, informó Besil.

    En el caso del malaoxón la carga total del pesticida fue de entre 2,75 y 3,85 miligramos por hectárea.

    Si bien las cantidades encontradas en las muestras de agua de lluvia son bajas con respecto a los límites permitidos, al calcular la carga de pesticidas que estaría cayendo por hectárea, las cifras son “considerables” en algunos casos, evaluó Heinzen. El nivel encontrado en agua de lluvia de imidacloprid acumulado es unas 100 veces menor al de una aplicación común. De todos modos, no hay normativa para agua de lluvia. Además, “hay que destacar que no siempre llueve lo mismo ni se encuentra lo mismo”, agregó Heinzen.

    El docente e investigador miró la hoja impresa con los resultados del cálculo de imidacloprid por hectárea y continuó reflexionando.

    Este número “no es tan chico para considerar la superficie global”, opinó Heinzen. Al “considerar el volumen global muestra presencia de pesticidas en el ambiente, no es poco”, agregó.

    Todo el sistema de confección de los niveles toxicológicos permitidos se hacen para garantizar un nivel aceptable de seguridad e inocuidad para la salud y el ambiente. Con la normativa vigente el nivel de aceptación para compuestos persistentes y tóxicos para agua de superficie, como ríos o arroyos, son 5 nanogramos por litro de las sustancias incluidas en la normativa de la década de 1970. Los químicos en este estudio detectaron valores superiores, de hasta 14 nanogramos por litro, de imidacloprid por ejemplo, pero claro, este pesticida no está en la lista de la normativa, que tiene más de 40 años. En este caso puntual es un compuesto de menor toxicidad que los que menciona la normativa. Además es medianamente persistente y la norma se ocupa solo de los altamente persistentes, siguiendo lineamientos internacionales. Se está trabajando para actualizar el viejo texto. Si bien hay en Uruguay una reglamentación nueva de 2012, no derogó completamente la anterior.

    ¿De dónde vienen?

    La zona está rodeada de actividad agropecuaria y también está próxima a la frontera argentina. Los investigadores manejan la posibilidad de que estos pesticidas originalmente puedan venir tanto de Uruguay como del vecino país.

    “De acuerdo con la distribución de los vientos del invierno en la región, uno de los caminos de las nubes de lluvia es, desde el Chaco paraguayo, atravesando la mesopotamia y el norte de la provincia de Santa Fe en Argentina hasta nuestro país. Por lo que la presencia de pesticidas en aguas de lluvia se debe a prácticas agrícolas no solamente de Uruguay sino de toda la región”, plantearon los autores en el trabajo.

    “¿Por qué están en agua de lluvia? Nosotros asumimos que se debe a derivas de aplicaciones cercanas a las lluvias”, planteó Besil.

    El equipo continuó tomando muestras y la propuesta es analizar un año entero de registros y evaluar si la presencia de pesticidas tiene algún vínculo con las estaciones del año. Heinzen informó que profundizarán los estudios de la incidencia del viento para analizar un origen, ya que hay grandes extensiones de producción agropecuaria en Brasil y Argentina también.

    “Por lo que hemos visto, los que se detectaron en el agua de lluvia son los principios activos que se usan en la región y que se aplican en las grandes extensiones” en Uruguay y sus países vecinos, planteó Heinzen.

    “Queremos ver cómo la agricultura extensiva y otros cultivos pueden estar afectando, o no, la carga que podemos encontrar de pesticidas en agua de lluvia”, planteó Besil.

    Salud, Ciencia y Ambiente
    2019-05-02T00:00:00

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