—¿Sentiste algo ayer?
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acá—Yo no sentí nada.
—Sí, ¿cómo no? si vibró todo. Primero se oyó una explosión y después el movimiento. Parecía la fase final del centrifugado del lavarropas. Como una explosión fuerte, no un trueno, porque además no venía de arriba. Antes de que pasara vi luces en el cielo.
—Yo no vi nada, ni sentí nada. Estaba durmiendo, ni me desperté.
Este tipo de diálogos se generaron el viernes 25, después de que la noche anterior, en torno a las 23.30 horas, se produjera un sismo de magnitud 3 (2,98 más precisamente) en la escala de Richter con epicentro entre Toledo y Las Piedras, Canelones, a unos 20 kilómetros del centro de Montevideo.
El aire de esa noche era denso, sin viento y no se oía ningún pájaro. Algunos cuentan que los animales domésticos fueron los primeros en reaccionar y “presentir” el episodio, con gatos y perros que se escondieron o aullaron minutos antes del temblor. Muchos buscaron respuestas en las redes sociales, contando lo que sucedió y preguntando dónde más se había sentido el sismo. Un rato más tarde se conocieron las declaraciones de la doctora en Ciencias Geológicas Leda Sánchez, de la Facultad de Ciencias, que confirmaba el suceso. En la población no faltaron otras hipótesis preliminares, así como algunas teorías enigmáticas (una bomba, una explosión luminosa en el cielo, etc.). Los vecinos cercanos al epicentro pensaron que el estruendo se debía a alguna maniobra militar del Batallón N°14 de Toledo.
Sánchez explicó a Búsqueda que la fuente fue natural: “Son fallas que se reactivan, se mueven y liberan las tensiones que van acumulando durante años”.
Laura Reynoso vive en Sauce, en la ruta 33 del kilómetro 27 y dijo a Búsqueda que sintió el sismo como algo breve. “Mi esposo estaba en el living con unos amigos y yo estaba afuera en el patio. Era una noche preciosa. Primero me llamaron la atención unas luces que se veían arriba de las nubes, no eran nítidas sino como algo que alumbraba la nube. Llamé a mi esposo pero él no logró verlas. Llamé a un amigo y él sí las veía y me dijo que serían del reflector del Estadio Centenario, pero yo no sé. Al rato apoyé los brazos en una mesa de hormigón y ahí sentí el ruido que parecía de un avión que hubiera roto la barrera del sonido, pero cuando vino el temblor me dí cuenta de que no era. La mesa vibró bastante. Se me pasó por la mente: un sismo o una bomba que repercutió acá”.
Según Sánchez, de acuerdo a la información procesada, la visión de luces en el cielo correspondió solamente a un 0.2% del total de testimonios.
Con una población que no está acostumbrada a experimentar sismos, este mismo año, el 23 de marzo se produjo un sismo de 6 grados con epicentro en el Cerro de Montevideo, cuyos efectos quedaron circunscriptos a esa zona de la ciudad.
En 2014 Sánchez informó que entre marzo de 2013 y marzo de 2014 se registraron 23 movimientos sísmicos de baja intensidad (ver Búsqueda Nº 1.779). Los datos provenían del Observatorio Geofísico Aiguá (OGA) que registraba “eventos muy pequeños que se localizan en un radio de entre 40 y 80 kilómetros de la estación ubicada en Aiguá. También identificaron explosiones de canteras y terremotos ocurridos en otros países”, dijo la investigadora.
El viernes 25 en conferencia de prensa, Sánchez le agradeció a la población toda la información brindada y al Sistema Nacional de Emergencia por haber gestionado la comunicación con quienes aportaron su testimonio.
Esa medianoche, con los datos aún en procesamiento, Sánchez indicó que podía afirmar que a las 23.29 horas se produjo “un evento sísmico de magnitud local 3”, sin consecuencias sobre infraestructuras edilicias. “La profundidad del hipocentro o del foco sería de unos pocos kilómetros”, agregó.
Los datos se obtuvieron gracias al sismómetro instalado en la Estación Sismológica PHIA, próxima a la ciudad de Aiguá, Maldonado. También usaron los registros de las estaciones acelerométricas del Ministerio de Industria, Energía y Minería (MIEM), ubicadas en el Cerro de Montevideo y en Sarandí del Yi en Durazno. En la conferencia aclaró que restaba buscar los registros de Santa Teresa y Paso de los Toros y datos provenientes de Brasil.
“Al ubicarse nuestro país en una región geológicamente estable, de intraplaca, alejado de las zonas tectónicas donde se generan la mayoría de los terremotos importantes y el vulcanismo, se ha asumido erróneamente que no nos van a afectar nunca los terremotos. Aunque Uruguay es un país con bajo riesgo sísmico, el mismo no debe considerarse nulo”, advirtió Sánchez. “Nuestra región ya ha experimentado terremotos y vuelve a hacerlo en esta oportunidad, por suerte de baja magnitud. Esto destaca la real dimensión de la importancia de los estudios sismológicos”. Finalmente, agradeció el apoyo del Servicio Geográfico Militar, del MIEM, de la Facultad de Ciencias, de la Universidad de San Pablo, de la Unesco y del Centro Regional de Sismología para América del Sur.
Sánchez estima que sobre la semana próxima tendrán novedades sobre nuevos datos. “Estamos mejorando la posición del epicentro, la localización, la profundidad y la magnitud, porque fuimos a buscar más datos y recibimos información de Brasil y Argentina. Terminar de procesar lo generado por dos estaciones nos llevó desde las 12 de la noche hasta las 6 de la tarde del día siguiente, entonces también lleva tiempo analizar los registros de las otras tres estaciones, más los datos de otros países”.
Sánchez señaló además, que hicieron consultas con servicios sismológicos de otros países, como México y Perú, a los que enviaron datos para determinar si podían aportar información nueva. “No hay que olvidarse de que nosotros recién arrancamos en este tema, y es nuestro primer evento importante. Y en este caso fue sentido por las personas, en comparación con otros que hemos detectado pero no son percibidos: los marcamos y todo termina ahí. Entonces, en este hay que dar una respuesta formal al evento”.
Luego de que el equipo de trabajo determine con precisión el epicentro, irán a la zona a hacer un estudio de terreno para ver si hay alguna evidencia de la ruptura, que no siempre es posible encontrar. “De todas formas tenemos que hacerlo porque es parte del protocolo de trabajo. Entre más acotado esté el epicentro, menos kilómetros tenemos que recorrer. Nos facilita las cosas enfocarnos en un punto grande antes que en una zona”. Los técnicos quieren determinar la profundidad también para ver qué tipo de ruptura hubo y el valor de la magnitud del sismo. Los dos sismos, el del Cerro y el de Canelones, no implican que esas zonas sean “propensas” a movimientos de tierra.
La experta valora como positivo que hoy están más equipados. “Si pensamos cómo estábamos en el evento del Cerro y cómo estamos ahora, nos encontramos exponencialmente mejor. Con el primero, solo teníamos el sismómetro que de casualidad estaba en Montevideo y nos permitió encontrarlo. Si no lo hubiéramos tenido en Montevideo, más allá de todo el ruido que registró, no hubiéramos podido medirlo. Ahora, en cambio, hubo cinco estaciones instaladas y el panorama cambia sustancialmente”.
La geóloga precisó que si bien hay equipos, en este momento no tienen “la cantidad de gente necesaria” para esta tarea, porque además quienes están trabajando no se dedican solo a la sismología.
Agregó que a partir del evento del Cerro comenzaron a trabajar con personal del Sistema Nacional de Emergencia (Sinae) y Presidencia y ya están procediendo como en otros países, en los que el informe lo aporta el Sinae. La información tiene que pasar primero por ahí para que luego la transmitan. Sánchez se refirió a que como estos fenómenos son nuevos, están ajustando la comunicación de lo que encuentran. “Como pasó con el Cerro, cuando dijimos que el epicentro estaba en Punta de Sayago, que es la zona donde está la regasificadora, pudo generar suspicacias que nada tienen que ver con la realidad, porque fue un evento natural. Yo hubiera preferido que fuera artificial, porque en ese caso podés corregir los errores. Si es natural, no se puede corregir a la naturaleza y decirle ‘acá no me tiembles, temblame en otro lado’ ”.
La investigadora prefería no pensar que esa zona registrara sismos “porque es una zona poblada” e implica riesgos para la gente. “Del grupo yo era la que estaba más convencida de que era artificial, hasta que el colega me explicó que no era una explosión y me argumentó por qué. Ahí estaba jugando lo subjetivo”.
Sánchez dijo que la “mala interpretación” tuvo que ver con que al estar la Facultad de Ciencias tan cerca del evento (a menos de 15 kilómetros en línea recta), el pasaje de las ondas daba una imagen que parecía más una explosión que un sismo. Cuando fueron filtrando la imagen quedó claro que era un sismo natural. Si es natural, dijo la geóloga, significa que hay un conjunto de fallas que se están moviendo y se producirán otros eventos. Sin embargo, aclaró, no hay manera de predecir un sismo. “Cuando rompe en un lado quiere decir que va a romper en otro, y quizás en otro, y también pueden pasar 20 años sin que se mueva nada. No lo sabés”, puntualizó.
El equipo de trabajo está procesando más de 3.000 informes, entre los formularios de la página web y los correos electrónicos recibidos. Están cuantificando la información de cómo lo sintieron para hacer un “mapa de zona” y así ver qué experimentaron en diversas zonas. “En algunos casos primero fue el ruido, en otros el movimiento. El ruido se debe a la ruptura de la tierra. Cuando estamos muy cerca del epicentro es muy común que se escuche el ruido asociado al evento sísmico. Los datos se ingresarán a una planilla Excel para empezar a clasificar y filtrar con el fin de hacer un mapa con colores que refleje todo el espectro”, señaló.
De más de 3.000 testimonios, cuatro vieron luces: algunos refieren que eran blancas y otros celestes. “Todavía no lo hemos estudiado, pero hay efectos del cuarzo que pueden despedir luces. Con las descripciones humanas también hay que tener cuidado con este tipo de información”, indicó Sánchez.
Respecto a lo que se dijo de que el terremoto no ocasiona ruido, la geóloga aclaró que sí, que el ruido se siente cercano al epicentro debido a la ruptura, que se va propagando, moviendo las estructuras edilicias. “Por eso hay gente que siente solo el temblor, solo el ruido o las dos cosas al mismo tiempo”, concluyó.